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Carlos I, un reinado de máxima prosperidad

Cuando en 1516 muere su abuelo Fernando el Católico, el cardenal Cisneros insta al adolescente Carlos a que acuda cuanto antes a España.

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Carlos I llegó a España como extranjero, de apellido germánico y lengua francesa, sin hablar una palabra de castellano, y voluntariamente se hispanizó. Como dice su biógrafo Manuel Fernández Álvarez: "Aquel Carlos de Gante se acabó convirtiendo en Carlos de Yuste".

El joven Carlos I, por Bernard van Orley

Cuando en 1516 muere su abuelo Fernando el Católico, rey de Aragón y gobernador de Castilla y las Indias, el cardenal Cisneros insta al adolescente Carlos a que acuda cuanto antes a España.

La situación política era inestable. Los flamencos de Felipe el Hermoso habían dejado mal recuerdo por su avaricia. Y en Castilla había nacido en 1503 y se estaba criando el infante Fernando, llamado así en honor a Fernando el Católico. Era hijo también de Juana la Loca, pero tres años más joven y con el castellano como lengua materna. Carlos lo envió a Flandes en 1518.

En Carlos se unen las herencias de los Trastámara y los Habsburgo. Por los primeros, España, media Italia y las Indias recién descubiertas. Por los segundos, Flandes, el Franco Condado y Austria. En 1520, además, fue elegido emperador, es decir, caudillo político de la Cristiandad. Un título más de honor que de soberanía.

Larga lista de enemigos

Tantos territorios y tanto poder supusieron también muchos enemigos. El principal, Francisco I de Francia, que no dudó en aliarse con los turcos para combatir a Carlos. El segundo, los príncipes alemanes que se adhirieron a la herejía luterana. Tan pronto como en 1521, después de asistir en Worms a un debate con Lutero, Carlos se comprometió a defender a la Iglesia católica. Y el tercer enemigo, los ya citados turcos.

De nuevo Fernández Álvarez nos dice que el César Carlos fue "el gran defensor de Europa contra la enemiga turca y contra los disidentes internos".

Después de la victoria carolina frente a las Comunidades, en todos sus proyectos y campañas participaron de manera entusiasta los españoles. Hernán Cortés le escribió que era emperador de dos mundos.

Entre las victorias y los logros de su reinado sobresalen:

  • Las conquistas de los imperios de México y Perú.
  • El asentamiento del poder naval y militar español a ambos lados del Atlántico.
  • La formación del sistema de consejos de la monarquía, que perduró hasta principios del siglo XIX.

  • La primera vuelta al mundo.

  • El freno a los turcos en Europa y los piratas musulmanes en el Mediterráneo.

  • La convocatoria del Concilio de Trento, que reforma a la Iglesia y es su guía hasta el Concilio Vaticano II.

Entre sus fracasos:

  • La expansión de los protestantes en Centroeuropa.

  • Las cuentas públicas, siempre pendientes de los envíos de oro y plata de las Indias.

  • La alteración de sus planes dinásticos: los Habsburgo se acaban dividendo en dos ramas, la española y la austriaca. Para mantener su unidad política, se pactan los enlaces matrimoniales entre ambas.

Carlos sale de la Historia con un gesto sublime: abandona voluntariamente el poder en una serie de abdicaciones entre 1554 y 1556. Mientras está en Flandes, distribuye sus dominios entre su hijo Felipe, que recibe España, las Indias, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, Milán y Flandes; y su hermano Fernando, al que le tocan Austria y el Imperio.

Después se traslada a España por mar y a Laredo, el mismo puerto al que había llegado en 1517. De ahí, sigue un largo viaje a Yuste.

Mientras en un lejano monasterio de extremeño el emperador se preparaba a rendir cuentas a Dios de sus actos, otros monarcas retirados son conocidos por sus juergas o sus viajes. Carlos murió en septiembre de 1558.

El español, lengua de categoría internacional

Carlos I, retratado por Tiziano

Entre los muchos logros del reinado del César Carlos, está el de haber convertido el español en lengua de categoría internacional, otra muestra de su españolización. Este acontecimiento se produjo en el Vaticano el Lunes de Pascua de 1536. Carlos estaba en Roma desde hacía unas semanas y había sido agasajado por su victoria sobre el pirata Barbarroja en Túnez en el verano anterior. Allí había encontrado cartas cruzadas con Francisco I en la que el francés le informaba de los planes de Carlos. Además, Francisco amenazaba con invadir Milán, cuyo duque, Francisco Sforza, había muerto sin descendencia.

El César se presenta ante el papa Pablo III y su cortejo de cardenales y embajadores, y pronuncia en español un discurso que dura una hora y sin más ayuda que unas notas. En ese discurso censura a Francisco, cuyos embajadores estaban presentes, su colaboración con el Turco y su belicismo, y exige la paz entre los cristianos. Para solucionar las disputas propone incluso un duelo personal entre él y Francisco, quien no acepta. Además, cubre de elogios a sus vasallos españoles, por su valor y su lealtad.

En ese acontecimiento había dos embajadores franceses: uno ante el Papa y otro ante el César. El acreditado ante el Papa dijo que no entendía el parlamento de Carlos, porque desconocía el español. Y el emperador contestó:

Señor Obispo, entiéndame si quiere y no espere de mí otras palabras que de mi lengua española; la cual es tan noble, que merece ser sabida y entendida de toda la gente cristiana.

Yo sólo puedo decir: Amén.

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