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Pedro de Tena

Las utopías socialistas, las tribus, el Estado y los niños (II)

Sólo en las utopías de referencia más remotas del socialismo aparecen algunas alusiones a comportamientos comuno-tribales.

Pedro de Tena
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Sólo en las utopías de referencia más remotas del socialismo aparecen algunas alusiones a comportamientos comuno-tribales.
Anna Gabirel con otros miembros de la "tribu" | EFE

Sólo en las utopías de referencia más remotas del socialismo aparecen algunas alusiones a comportamientos comuno-tribales aunque no directamente a la inutilidad o desaparición de la familia. Luego se diluyeron en el socialismo utópico desacreditado por Engels en su famoso panfleto Del socialismo utópico al socialismo científico. Ni siquiera siguieron en el anarquismo, en origen férreo defensor de la familia y de la libertad de ésta frente al Estado, incluso el comunista. Nada de tribalismo fue practicado en el socialismo real de la Europa del Este y la URSS. Tampoco en el socialismo comunal bolivariano que, aunque habla de comunas de raíz indigenista, mantiene la familia como eje de usufructo de bienes comunales y convivencia.

El socialismo, llamado utópico por Engels, que floreció desde finales del siglo XVIII hasta el segundo tercio del siglo XIX, apenas planteó comportamientos comunales si exceptuamos a Fourier y sus falansterios, donde, por cierto, cada habitante no tenía que vivir en común más que en la medida que quisiese. Eso sí, exhibió extrañas teorías sobre los niños (según él, ya que les gustaba la porquería lo mejor era que recogieran la basura basados en el principio de la no coerción educativa, algo que retomó Manuela Carmena en Madrid en su asombrosa iniciativa memorable de niños colilleros). Las cooperativas de Robert Owen nunca fueron comunas.

A los "utópicos", escandalizados por el sufrimiento de los niños en la primera revolución industrial donde llegaron a trabajar en las industrias primitivas hasta 14-16 horas diarias con muchas muertes y accidentes, les preocupaba la familia como elemento vertebrador de la sociedad y el futuro de sus hijos. Incluso cuando defendían el fin del derecho de herencia o el acabóse del derecho de primogenitura lo hacían para amparar a la familia, como fue el caso de los saintsimonianos, que incluso se organizaron como una familia con padre y madre si bien con amor libre. Fue también el caso de Sismondi, y el de Flora Tristán, que quería educación y familia, no hijos en común.

Los anarquistas, como Willian Godwin, Proudhon o Bakunin incluso tenían dudas acerca de la conveniencia de una educación pública estatal, hoy admitida incluso por las derechas más moderadas. Es más, se oponían al Estado ("el más frío de todos los monstruos", dijo de él Nietzsche) y defendían a la familia. La enseñanza impuesta, para ellos, era tan perversa como el gobierno impuesto. De hecho, la hostilidad hacia el Estado como poder centralizador y totalitario fue constante en todo el anarquismo. Incluso el anarcomunismo de Kropotkin que trataba, ingenuamente, de ser voluntario y no disciplinario como el derivado del marxismo.

Los utopistas cristianos, socialdemócratas anticipados, como Lammenais, defendían al individuo, a la familia y su propiedad como elementos intrínsecos de la libertad si bien matizados por la intervención estatal. El comunismo utópico de Etienne Cabet en su Viaje a Icaria quería explícitamente mantener la familia.

El Manifiesto Comunista, de Marx y Engels, por cierto, hablaba de abolición de la herencia, de impuestos progresivos, de educación pública, pero no de fin de la familia o nueva organización tribal de la sociedad. Lasalle, socialista asimismo alemán como Marx, defendía la herencia al estilo alemán, no romano. Tampoco el cartismo inglés, padre del laborismo, quería acabar con la familia. En el socialismo belga del Barón de Colins, sus partidarios anhelaban, estos sí, que que los niños al llegar a la edad de dos años fueran entregados por sus padres al cuidado del Estado, pero no de una tribu.

En realidad, la puesta en cuestión de la familia llamada "patriarcal" partió de Engels, en su libro El origen de la familia, la propiedad y el Estado. Engels, basado en la obra de Lewis H. Morgan, constató el carácter histórico de las formas familiares con lo que no descartaba la evolución de la "familia burguesa", expresión que sólo utiliza una vez en todo el libro, hacia la aparición de nuevos tipos de "familias". Como condiciones previas, debían darse nuevas formas de producción económica y social, el fin de la propiedad privada de los medios de producción y la nueva configuración de un Estado socialista.

De todos modos, Engels sí subrayó la "derrota" histórica del sexo femenino y aunque se refirió a "matrimonios en club" lo hizo en fases primitivas y salvajes de poligamia y poliandria. Sin embargo, dejó la puerta abierta a una recuperación de la gens, lo más parecido a un modo de organización tribal, si bien en una forma superior no concretada y una vez superado el momento histórico de la propiedad privada y del Estado burgués.

Ciertamente, las nuevas condiciones sociales y económicas han transformado a la familia conocida, pero ni siquiera la educación pública ni la emancipación de la mujer han terminado con la familia en su forma tradicional más o menos nuclear como fuente de atención, educación y asistencia primordial de los hijos. De hecho, la familia, muy especialmente en España, se ha consagrado como el mejor sistema de afecto y de seguridad social para sus miembros.

¿De dónde puede proceder la tribufilia de Anna Gabriel además de las ingenierías sociales de antiguas utopías? Reconozco que es un enigma teórico. Ni siquiera el comunalismo bolivariano, sobre todo el de Bolivia, donde se ha contrapuesto el sistema comunal al liberalismo, tiene que ver con el fin de la familia como tal, que sigue siendo propietaria de los frutos de su trabajo aunque muy encorsetada por la comuna. Incluso las comunidades errantes y libres de Walden, la utopía de Thoreau, eran familias.

Es más, Orwell, poco sospechoso de conservadurismo, temía la perversión de instinto familiar en los sistemas comunales:

El instinto sexual era peligroso para el Partido y éste lo había utilizado en provecho propio. Habían hecho algo parecido con el instinto familiar. La familia no podía ser abolida; es más, se animaba a la gente a que amase a sus hijos casi al estilo antiguo. Pero, por otra parte, los hijos eran enfrentados sistemáticamente contra sus padres y se les enseñaba a espiarlos y a denunciar sus desviaciones. La familia se había convertido en una ampliación de la Policía del Pensamiento.

Miedo da, Dios no le oiga.

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'Un mundo feliz'. | Archivo

Lo más cercano al fin de la familia está descrito por Aldous Huxley en Un mundo feliz en términos muy tribales, hasta el punto que "madre vivípara" era considerada una expresión obscena.

Y añade Huxley:

-Intenten imaginar lo que significaba vivir con la propia familia. Lo intentaron; pero, evidentemente, sin éxito.
- ¿Y saben ustedes lo que era un hogar? Todos movieron negativamente la cabeza.

Desde luego, el sueño tribal, ingenuo o no, utópico o peor, de la líder de la CUP puede proceder, más que del socialismo clásico, de un mal digerido Huxley, de un más que sobreactuado anarquismo contracultural, muy lejano del anarquismo clásico (que por cierto tuvo gran influencia en la Cataluña anterior a la Guerra Civil) y se da la mano con las secuelas de algunas interpretaciones del movimiento hippy muy influyentes en el izquierdismo catalán donde el tema de la supuesta felicidad de las comunas contrapuestas a la "infelicidad" conservadora de la familia habitual fue muy aclamado en los años 70.

En todo caso, parece mas un regreso al pasado que un progreso al futuro para el que la familia, a pesar de sus cambios y problemas, parece seguir siendo una fuente de identidad, intimidad, afecto, libertad y propiedad. Panoramas sin ella, pueden ser horribles. Recuerden a Bradbury y su Farenheit 451:

La herencia y el medio ambiente hogareño puede deshacer mucho de lo que se inculca en el colegio. Por eso hemos ido bajando, año tras año la edad de ingresar en el parvulario, hasta que, ahora, casi arrancamos a los pequeños de la cuna.

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