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Sykes-Picot, el tratado de la Gran Guerra que resiste al ISIS

Se cumplen cien años de El Acuerdo de Asia Menor, un tratado secreto que despedazó el Imperio otomano. El ISIS ha declarado que eliminará de las fronteras "impuestas" después de la Gran Guerra a la nación árabe.

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Mark Sykes y François Georges-Picot | Wikipedia

El primero de los Catorces Puntos expuestos por el Presidente de EEUU Woodrow Wilson a principios de 1918 para establecer la paz entre las naciones en guerra establecía la erradicación de los tratados secretos. De nada sirvió, porque el III Reich y la Unión Soviética pactaron en 1939 el reparto de Europa Oriental y en octubre de 1944 Winston Churchill ofreció a Stalin dividirse los Balcanes en ‘esferas de influencia’ (concepto inventado por el primer ministro británico) calculadas incluso en porcentajes.

Los mismos aliados de Wilson habían suscrito varios tratados secretos. Por ejemplo, el Tratado de Londres (abril de 1915), que sobornaba al Gobierno italiano, hasta entonces neutral, con su incorporación a la Entente constituida por el Imperio británico, Rusia y Francia, a cambio de recibir diversos territorios bajo soberanía de los Habsburgo. El que nos ocupa en esta ocasión es el Acuerdo de Asia Menor, más conocido por los nombres de sus negociadores, los diplomáticos Mark Sykes y François Georges-Picot, que despedazaron el Imperio otomano. El acuerdo merece recordarse no sólo porque acaba de cumplir cien años, sino también porque ha habido y hay tropas españolas en esa región del mundo: en Irak, Líbano y Turquía.

Berlín y Londres: la subversión y el caos

La Gran Guerra produjo la ‘movilización total’, tan bien descrita por Ernst Jünger en sus libros, de las sociedades implicadas. Uno de los aspectos de esta movilización total fue el recurso de los Gobiernos implicados a medidas antes insospechadas. Por ejemplo, la clase dirigente alemana, luterana y aristocrática, promovió la declaración de yihad por parte del sultán otomano Mehmed V a los musulmanes que eran súbditos de sus enemigos; también introdujo a los bolcheviques de Lenin en Rusia; y azuzó a los nacionalistas irlandeses. Como ha escrito Stanley Payne (La Europa revolucionaria), fue el Berlín de los Hohenzollern el que desarrolló el primer proyecto de revolución mundial, antes que el Moscú comunista.

En esta situación, la elite británica repitió una conducta en política internacional que le había llevado al diplomático Juan Donoso Cortés a decir en 1849 que "Inglaterra, en vez de predicar la estabilidad, predicó en todas partes las revueltas".

Durante el siglo XIX, Londres había sido el protector del Gran Turco en la comunidad internacional frente a rusos, austriacos y franceses para conservar indemne su ruta a la India. Sin embargo, la adhesión de los otomanos a los Imperios Centrales condujo, primero, a negociaciones entre el alto comisionado británico en Egipto, Henry McMahon, y el jerife de La Meca, Hussein bin Alí, comenzadas en julio de 1915, para que los árabes se sublevasen contra los turcos a cambio de recibir el apoyo europeo para la formación de un gran reino árabe independiente, con capital en Damasco y dirigido por él; y, luego, al reparto del Imperio otomano.

Las negociaciones entre Sykes y Picot comenzaron en noviembre de 1915, más tarde se unieron a ellas una representación de Rusia, y terminaron en marzo de 1916. Las potencias beneficiadas firmaron el acuerdo final el 16 de mayo de 1916. Unos días después, en junio, cuando los Aliados ya habían decidido que no iban a consentir un reino árabe entre los ríos Eúfrates y Tigris al este y el Mediterráneo al oeste, comenzó la sublevación árabe, dirigida por Faisal, tercer hijo del jerife.

Los bolcheviques cuentan el secreto

Los británicos se adjudicaban los territorios de los actuales Irak, con los yacimientos de petróleo en el norte ya en funcionamiento, y Jordania; los franceses, Siria, con Damasco, y Líbano; y los rusos recibían Constantinopla, los estrechos de los Dardanelos (para tener libre acceso al Mediterráneo) y Armenia; y Tierra Santa quedaba bajo una administración internacional. Los Gobiernos aceptaron el reparto. En abril de 1917, París y Londres aceptaron a Roma en la mesa del banquete y le sirvieron el suroeste de Anatolia.

Aunque el Acuerdo Sykes-Picot se mantuvo secreto para no animar los esfuerzos militares turcos ni desencantar a los árabes, la opinión pública lo conoció gracias a los bolcheviques. En cuanto se hicieron con el poder, los rojos, que deseaban la paz con Alemania y Austria a la espera del estallido de la revolución en Europa, con la finalidad de introducir cuñas entre los Aliados publicaron en noviembre de 1917 varios tratados secretos, uno de ellos éste.

Ante la reacción de los árabes, París y Londres tuvieron que elaborar una declaración en 1918 en la que se comprometían a asistir al establecimiento de Gobiernos nativos en Siria y Mesopotamia (nombre que se daba entonces a Irak). En los tratados de paz posteriores (el de Sèvres en 1920 y, después de la guerra de Independencia Turca, dirigida por Kemal Atatürk, el de Lausana en 1923), la nueva república turca conservó Constantinopla (rebautizada como Estambul), los estrechos y Armenia, además expulsó al ejército griego que había conquistado Esmirna. La Sociedad de Naciones atribuyó a Inglaterra y Francia los territorios que se habían asignado en el Acuerdo Sykes-Picot, pero bajo la forma jurídica de mandatos.

Faisal trató de que los franceses reconociesen su monarquía, incluso aceptando una especie de protectorado sobre ella, pero en 1920 le expulsaron de Damasco por la fuerza de las armas. Los británicos acogieron a su antiguo aliado y como consuelo le nombraron rey de Irak (1921-1933). Otro hermano de Faisal, Abdullah, recibió la corona de Jordania; éste es el único país que gobierna la dinastía hachemita, después haber custodiado La Meca y Medina durante cientos de años.

Jordania y Siria aguantan más que Yugoslavia

El ISIS ha declarado que uno de sus objetivos es la eliminación de las fronteras "impuestas" después de la Gran Guerra a la nación árabe. Pero los Estados nacidos del reparto del Imperio otomano han sobrevivido hasta ahora, mientras que en Europa, los Estados más asociados el sistema de Versalles, Checoslovaquia y Yugoslavia, se desmembraron dos veces por causa de las diferencias entre los pueblos que los formaban y las invasiones de sus vecinos, hasta desaparecer definitivamente en los años 90 del siglo pasado.

Como contraste, el reino de Jordania, al que desde su independencia (1921) siempre se pronosticó su desaparición, es uno de los países árabes más estables, pese a su pequeñez, su demografía (en él viven dos millones de palestinos) y su situación geográfica; y también se puede citar a Siria, que ha soportado unida cinco años de guerra civil.

Curiosamente, en la Segunda Guerra Mundial, mientras Turquía permaneció neutral (declaró la guerra a Alemania el 1 de marzo de 1945, para adherirse a las Naciones Unidas), los territorios asignados por Londres y París causaron problemas militares a los Aliados. En Irak, nominalmente independiente desde 1932, se produjo en abril de 1941 un golpe de Estado encabezado por el ex primer ministro Rashid Alí para expulsar a los británicos y alinearse con el Eje. Una vez aplastada esta revuelta, Londres lanzó en junio la Operación Exporter para apoderarse del Mandato de Siria, controlado por la Francia de Vichy; en esta campaña, poco difundida, murieron más de 10.000 combatientes. Ya bajo control aliado, Líbano se separó y declaró independiente en 1943 y Siria lo hizo en 1945.

En los años 40 aparecieron los otros principales elementos que definen el Oriente Medio actual. El primero, la alianza entre la casa de Saud y la presidencia de EEUU, realizada por el primer rey de Arabia Saudí, Abdelaziz bin Saud (en 1926 había derrotado al hijo de Hussein bin Alí que le había sucedido como rey del Hiyaz), y el progresista Franklin Roosevelt en febrero de 1945. Y el segundo, el establecimiento de Israel en 1948 por la ONU.

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