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Fernando Navarro García

Por favor, no insistan: Hitler y Elvis están muertos

No hay duda de que, con las pruebas hoy en día disponibles, es seguro que Hitler se suicidó en el búnker de la Cancillería el 30 de abril de 1945.

Fernando Navarro García
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Periódicamente surge algún autor, presunto investigador histórico, que nos regala un nuevo descubrimiento acerca de la supervivencia de Hitler y de su huida a Iberoamérica. Este tipo de artesanos de las seudociencias ocupan un nivel ligeramente superior al de quienes sostienen que Elvis está vivo y cuentan con unos gramos más de legitimidad que quienes aseguran que Jesús era un extraterrestre barbudo. Lamento aguar la fiesta de lo Misterioso y lo Oculto, pero la noticia es falsa, no importa el número de veces que anualmente se publique. Aprovecho para recordar que también la supervivencia de Elvis o el Jesús extraterrestre son invenciones sin fundamento científico alguno.

En cuanto al tema que hoy nos ocupa de la muerte de Hitler, no hay duda de que con las pruebas hoy en día disponibles es seguro que Hitler se suicidó en el búnker de la Cancillería el día 30 de abril de 1945, a las 15.30 horas. Y me apresuro a repetir "con las pruebas que hoy tenemos" pues mañana todo podría cambiar si se descubriese algo sorprendente y novedoso que nos obligara a revisar la historia. Pero obstinarse hoy en negar su suicidio sobre la base de unas fotocopias supuestamente "desclasificadas por el FBI" y de un mezcladillo de teorías y cotilleos sin soporte documental o testifical acreditado no es ni científico ni histórico ni serio.

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Hitler y su amante, Eva Eva Braun

La desinformación puede llegar desde lugares aparentemente respetables: hace poco desde la cadena de televisión Canal Historia se difundió un documental en donde indirectamente legitimaban esta pintoresca teoría de la conspiración. Es verdad que Canal Historia lleva un tiempo prestando más atención a los OVNIS, a la Atlántida y a los extraterrestres que a la Historia de toda la vida (con menores cuotas de audiencia), pero el simple hecho de emitir un programa especial dedicado a la supuesta supervivencia de Hitler y su fuga a Sudamérica es ya un paso enorme para aumentar la confusión entre una población de homo videns que mayoritariamente se informa a través de la televisión y las redes sociales.

Realizaré un repaso rápido de los elementos probados acerca del suicidio de Hitler, sobre la base de lo que hoy conocemos:

1. Sus restos. El 9 de mayo, las tropas del mariscal Zhukov localizaron los cuerpos calcinados de Hitler y Eva Braun en los jardines de la Cancillería. La historia de su guarda y custodia es, en verdad, algo rocambolesca. Los documentos que certificaban la muerte de Hitler y los actos de identificación de sus restos y los testimonios de los testigos fueron presentados al dictador soviético Stalin el 16 de junio de 1945, si bien el Gobierno de la URSS nunca los hizo públicos (recordemos que eran tiempos de Guerra Fría). Los restos de Hitler fueron conservados en un cuartel militar soviético de Magdeburgo hasta que en 1970, Yuri Andropov decidió incinerar los restos y arrojarlos al río Elba. Sin embargo, se conservaron dos fragmentos de la zona craneal que fueron custodiados en los archivos centrales del Servicio Federal de Seguridad (FSB, antigua KGB).

De los dos fragmentos existentes hoy en día de su cráneo, uno de ellos ha resultado ser de una mujer de menos de cuarenta años, pero el otro (una parte de mandíbula) si está acreditado ser de Hitler. Existen radiografías de la dentadura de Hitler muy próximas a la fecha de su suicidio y ello ha permitido confirmar que el resto de mandíbula pertenece a Adolf Hitler.

Yuri Jristofórov, jefe del Archivo del FSB, declaró en 2011 a la agencia Interfax que las autoridades rusas permitieron que un especialista estadounidense accediera al cráneo de Hitler:

Cuando vino, y para nuestra sorpresa, sacó una radiografía sobre la que no teníamos conocimiento. Parece que hace mucho que estaba en poder de los servicios secretos estadounidenses. Esa radiografía y los fragmentos de cráneo que nosotros guardamos coincidieron completamente.

Por lo tanto, si Hitler escapó del bunker lo hizo sin mandíbula y su vida tuvo que ser un verdadero infierno, incluso para un vegano como él. Paradójicamente las fotos que circulan del supuesto Hitler huido en la Argentina corresponden a alguien con las mandíbulas en su sitio.

2. Su carácter. Su suicidio encaja perfectamente con la conocida pulsión suicida de Hitler ante el fracaso. Están acreditados varios intentos frustrados de suicidio por parte de Hitler, cuando el control de la situación se le iba de las manos. Uno de ellos fue tras el fracaso del Pusch de la Cervecería de 1923 y la tentativa fue en la casa de Ernst Hanfstaengl, su jefe de prensa y a la sazón amigo íntimo (lo cuenta con detalle en sus Memorias Hitler, los años desconocidos). El otro intento de suicidio fue tras el paulatino declive del NSDAP durante las elecciones de 1932-1933. La caída del III Reich fue indudablemente su mayor derrota y su mayor vergüenza (y así consta en su testamento), y en consecuencia el suicidio fue la salida lógica para alguien que solucionaba sus crisis a golpe de tiro en la sien.

3. Su círculo íntimo. En el caso de haber sido un complot, alguno de los numerosos testigos de su muerte pudo retractarse años después. Fueron muchos quienes estuvieron en el entorno más próximo de Hitler durante los preparativos del suicidio y después: Heinz Linge y Otto Günsche (sus ayudantes personales), Traudi Junge (su secretaria) o Erich Kempka (su chofer y amigo desde "los tiempos de lucha"). Ninguno de ellos negó o cuestionó el suicidio de Hitler. Sus declaraciones son incuestionables y resultan coherentes al contrastarse unas con otras. Hay que tener en cuenta que organizar un "falso suicidio" como el planteado, supone necesariamente la implicación de numerosas personas y es improbable pensar que ninguna de ellas desvelaría el secreto al pasar el tiempo... La mayoría de grandes protagonistas del III Reich escribieron sus memorias durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Ninguno de ellos dejó asomar el más mínimo atisbo de duda acerca del suicidio de Hitler y debemos tener en cuenta que la mayoría tenía buenos contactos con personas que estuvieron muy próximas a Hitler durante sus últimos meses de encierro en el búnker. Un secreto compartido con más de uno deja de ser secreto. ¿Es razonable pensar que nadie se fuera de la lengua?

Con esto quiero decir que no siempre lo más evidente es falso. Por ejemplo, durante años se pensó que Martín Bormann - el edecán de Hitler- había escapado de la Cancillería, a pesar de que numerosos testigos afirmaron haberlo visto morir durante la Batalla de Berlín. Nadie les creyó y durante décadas se siguió viendo a Bormann oculto en algún lugar de la Pampa. La realidad se aclaró hace unos años cuando su cadáver apareció en unas excavaciones en Berlín justo en el mismo lugar en el que los testigos de su muerte dijeron haberlo visto caer.

4. La reacción de Goebbels. Hay un dato a menudo ignorado pero que personalmente me parece determinante para no dudar de su muerte: el suicidio de Goebbels, su mujer y sus cinco hijos menores. Goebbels era a la sazón (abril de 1945) el único hombre de confianza de Hitler dentro del búnker. Todos, incluido Speer, Goering y Himmler, le habían traicionado o pensaban hacerlo.

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Adolf Hitler con Josef Goebbels y Otto Dietrich | Cordon Press

Goebbels y Magda siguieron fanáticamente fieles a su Führer hasta el final. Tengamos muy presente que Goebbels no era ningún ingenuo: era una persona astuta, inteligente y perfectamente informada. Si Hitler hubiera tenido un plan de escape simulando su suicidio, Goebbels sin duda lo habría sabido. Nada escapaba al viperino y tentacular ministro de propaganda. Era el Gran-Ojo-que-Todo-Veía del III Reich. Y si Goebbels hubiera sabido que Hitler iba a escapar es evidente que no se habría suicidado con toda su familia. Y lo hizo. Se suicidó justamente cuando verificó que Hitler estaba muerto y bien chamuscado. Fue su última misión al servicio de su ídolo. Los cadáveres de los Goebbels, -por si alguien piensa que también pudo simular su suicidio- se conservaron perfectamente reconocibles, especialmente los niños (no llegaron a ser incinerados).

Así que, por favor, no insistan. Hitler y Elvis están muertos.

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