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La Batalla de Kinsale o de cómo 3.500 españoles 'conquistaron' un trocito de Irlanda

La importante participación española en una guerra en Irlanda a principios del siglo XVII es un episodio muy poco conocido de nuestra historia.

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Un antiguo mapa de la batalla | http://www.yourirish.com/

El pasado 1 de octubre se cumplieron 415 años del inicio de una de las aventuras militares más sorprendentes y desconocidas de la historia de España: la expedición a Irlanda de Juan del Águila y algo más de 4.000 soldados españoles. Su misión era un proyecto ambicioso: apoyar la revolución irlandesa que en ese momento se oponía a la Inglaterra que estaba asentando su dominio sobre la isla –y que siguió dominándola tres siglos más– y que era el gran enemigo de España en el tablero europeo.

La expedición vino marcada por la mala suerte desde el principio: la tormentas –siempre las tormentas– la desviaron de su objetivo inicial, que según algunas fuentes era el puerto de Cork, el más importante del sur de Irlanda. Otras todavía hacen más grave el error y, no sin cierta lógica, apuntan a que el destino natural de la expedición era el norte de la isla, donde estaba el grueso de las fuerzas irlandesas.

La violencia de la galerna, de hecho, incluso llevó a parte de los barcos a tener que volver a Galicia. El resto, con unos 3.500 hombres, arribó a Kinsale, una pequeña ciudad en el sur de Irlanda situada en una bellísima ría que supone un excelente puerto natural. Fueron bien recibidos –no en vano iban a ayudar a los irlandeses– y pronto controlaron completamente la localidad e incluso reclutaron más combatientes, aunque sólo a unos 900 inexpertos y mal armados.

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Unas placas cerca de Kinsale recuerdan la llegada de los españoles | C.Jordá

El plan preveía que el contingente se uniese con el ejército rebelde irlandés, pero éste estaba en Donegal, al norte de la isla, es decir: les separaban 400 kilómetros de un terreno poco poblado, difícil y completamente desconocido por los españoles. Así que la decisión fue fortificarse en Kinsale y esperar allí.

Pronto los ingleses pusieron cerco al contingente español: tomaron las colinas que rodean la ciudad e incluso la bloquearon por mar y también se produjeron algunos combates iniciales, incluyendo una salida fuera de las murallas de los nuestros que fue bastante exitosa desde el punto de vista de los números –causaron cientos de bajas inglesas por muy pocas españolas– pero que no logró romper el cerco.

Llega, o no, la ayuda desde España

Pero a pesar de esa primera victoria la situación era complicada y la ayuda desde España tampoco fue eficaz: cerca de un millar de soldados habían partido de nuevo de Galicia, y de nuevo se encontraron con tormentas que diezmaron el contingente y que les impidieron también llegar a su destino, ya que en lugar de arribar a Kinsale lo hicieron a Castlehaven, a casi 60 kilómetros al sur.

Curiosamente, allí la cosa no fue mal: se venció –incluso cabría decir que se masacró a los ingleses, se habla de 600 bajas–; se tomó la propia ciudad y varios castillos y puertos en las cercanías; y se consiguió la fidelidad de los nobles de la zona y la incorporación de más de 500 soldados irlandeses, pero por supuesto no se rompió el cerco sobre Kinsale.

La otra ayuda que esperaban Juan del Águila y los suyos era la del contingente irlandés que capitaneaban los líderes de la revolución: O’Neill y O’Donnell. Aunque algunos de los rebeles valoraban la posibilidad de dejar que los ingleses se desangrasen en un complicado asedio a Kinsale que, efectivamente, estaba suponiéndoles una auténtica sangría, a finales del mes de octubre decidieron intentar liberar a los miles de valiosos tercios españoles que, una vez en campo abierto, podrían quizá ser decisivos en una guerra que ya duraba varios años.

Se unieron primero con el segundo contingente español en Castlehaven, pero su comandante no quiso abandonar todas las posiciones tomadas –sobre todo los puertos que podrían ser útiles en futuros desembarcos– y sólo cedió una parte de los hombres de los que disponía.

Finalmente, con unas tropas fatigadas después de recorrer cientos de kilómetros a pie, los irlandeses se presentaron en las cercanías de Kinsale para enfrentarse a los ingleses que comandaba Lord Mountjoy, Lord Diputado de Irlanda, es decir, el hombre de la reina Isabel en la isla.

Una carnicería, pero sin traición

La batalla fue una auténtica carnicería. Los historiadores afirman que las bajas de los irlandeses se elevaron a unos 1.200 mientras que las de los ingleses habrían sido sólo una veintena.

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El lugar exacto en el que la batalla tuvo lugar | C.Jordá

Todo pareció aliarse en contra de los irlandeses en aquella noche de Navidad de 1601: en primer lugar no hubo ninguna coordinación entre el ejército que llegaba y los miles de españoles en Kinsale, perdiéndose la oportunidad de atrapar a los de Mountjoy entre dos fuegos.

De hecho al parecer las dos partes de las que se componía el ejército irlandés –la comandada por O’Donnell y la de O’Neill– tampoco lograron coordinarse bien entre sí. El tiempo tuvo asimismo parte de culpa: la batalla tuvo lugar en "una noche inusualmente oscura, húmeda y tormentosa", según el historiador P.W. Joyce, por lo que las tropas irlandesas se dieron casi de bruces con los ingleses quedando en una situación estratégica desfavorable.

Por último, sin que los más experimentados soldados españoles pudiesen participar plenamente en el enfrentamiento, la diferencia en el equipamiento y la experiencia de los contendientes también debió resultar definitiva.

Lo que los historiadores de los últimos tiempos han rechazado es una versión que se ha hecho bastante popular en Irlanda según la cual uno de los irlandeses traicionó a sus compatriotas por una botella de güisqui, pasando al enemigo información que habría facilitado a los de Mountjoy copar a sus enemigos.

Los españoles sitiados en Kinsale en realidad no llegaron a ser derrotados sino que se rindieron unos días después y, de hecho, pactaron unas condiciones inusualmente ventajosas para la época: no sólo se respetaron sus vidas sino que se les permitió conservar sus bienes –incluidas las armas– e incluso se les facilitó transporte para volver a España acompañados por parte de los irlandeses derrotados.

Las consecuencias

La Batalla de Kinsale decidió el resultado de la Guerra de los Nueve Años y, con ella, el dominio de Inglaterra sobre Irlanda que hasta entonces en realidad no se había hecho efectivo a pesar de que los monarcas ingleses reclamaban sus derechos sobre la isla desde varios siglos antes.

Fue el inicio, por tanto, de una dominación que había de mantenerse aún por trescientos años y está considerada como una de las más importantes batallas de la historia del país, junto con otras como la Batalla del Boyne, que marcó el poder de la minoría protestante sobre la mayoría católica en el país.

Quizá, como nos comentaba un historiador local en la propia Kinsale, si Felipe III hubiese creído más en la causa y hubiese enviado un ejército algo más poderoso actualmente en Irlanda se hablaría español en lugar de inglés y quizá, si las cosas hubiesen sido de otra forma Kinsale, habría sido una plaza que intercambiar por Gibraltar siglos después.

Lo cierto es que, el rey mostró ciertas vacilaciones y el esfuerzo bélico no fue todo lo que podía haber sido, pero por otro lado, España había recibido la promesa de un levantamiento generalizado cuando los tercios llegasen a Irlanda, cosa que tampoco ocurrió, con lo que quizá la prudencia del rey y sus consejeros estuviese más que justificada.

Quizá se perdió la oportunidad de hostigar y derrotar al que había sido nuestro enemigo durante casi todo el S XVI, quizá era empresa demasiado complicada en un territorio tan lejano y desconocido.

Lo esencial, en cualquier caso, no es lo que podía haber sido sino lo que fue y que hoy en día se diría que casi hemos olvidado: la importante participación española en uno de los episodios esenciales de la historia de Irlanda y, paradójicamente, el desembarco español en territorio inglés más exitoso en siglos.

Lean sobre Kinsale en nuestro blog Artículos de Viaje: Cuando la Irlanda más auténtica tiene algo de España.

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