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De El Alamein a Trípoli: el cambio de signo

El indiscutido dominio del Eje hasta mediados de 1942, experimentó a partir de octubre y noviembre un cambio de signo.

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Un soldado alemán se rinde ante las tropas británicas en la batalla de El Alamein | Cordon Press

En el primer semestre de 1942 las fuerzas del Eje parecían invencibles. La mayor parte de la Europa Continental estaba en manos de Alemania o de sus aliados. Sus ejércitos llegaban al Cabo Norte en Noruega y, en el sur a la isla de Creta y al Cáucaso donde, con propósito propagandístico, un destacamento de la 1. Gebirgsdivision(Lanz) alcanzó la cima del Elbruz (5.562 m), el pico más alto de la cordillera.

Hasta julio de ese año casi todo habían sido desastres para el Reino Unido: había tenido que retirarse de Francia en Dunkerque en junio de 1940 (Operation Dynamo), pero también de Grecia, en abril de 1941, a la que había acudido para intentar impedir la invasión alemana (Unternehmen Marita), dejando en el intento 1.200 muertos y heridos y 14.000 prisioneros británicos, australianos y neozelandeses. Como colofón en junio siguiente tuvo que abandonar Creta tras el desembarco paracaidista alemán (Unternehmen Merkur u Operación Mercurio), dejando 4.100 muertos y 18.000 prisioneros británicos, australianos y neozelandeses (además de perder 4 cruceros y 6 destructores). Por si fuera poco, el 21 de junio de 1942 los 35.000 defensores de la fortaleza cirenaica de Tobruk, sudafricanos, británicos e indios, se rindieron ante el asalto germanoitaliano que encabezaba el Afrika Korps (Rommel).

Pero el indiscutido dominio del Eje hasta mediados de 1942, experimentó a partir de entonces un cambio radical. Ahora en octubre y noviembre, 75 años más tarde, conmemoramos ese cambio de signo.

¿Qué hacía la Wehrmacht en la Cirenaica? La explicación venía de muy atrás. Italia ocupaba Libia por el Tratado de Lausana de 15 de octubre de 1912 en que el Imperio Otomano le cedió el territorio, tras una guerra iniciada el 4 de noviembre de 1911 (3.200 italianos muertos en combate o por enfermedad; 14.000 turcos muertos y heridos). A la zonas costeras de esa región se trasladaron hasta un total de 100.000 colonos italianos, que ocuparon las tierras de la Tripolitania y la Cirenaica.

En Italia el Rey Víctor Manuel III había aceptado a Mussolini como jefe de gobierno el 29 de octubre de 1922 lo que entrañaba la implantación del régimen fascista, dirigido por Il Duce.

Mussolini, tan incompetente como fanfarrón, que quería aumentar la ya apreciable expansión colonial italiana (Somalia, 1923; Etiopía, 1936; Albania, 1939) había decidido entrar en la guerra junto a Alemania, y emprender su propia campaña de conquistas sin consultar siquiera con su teórico aliado; y ello a pesar de que el propio Estado Mayor italiano le advertía que Italia no estaba ni mucho menos preparada para la guerra. La infantería todavía estaba dotada del fusil de 1891, el Mannlicher-Carcano calibre 6,5 mm.; y los blindados ligeros, los Ansaldo L3 de 3,5 toneladas eran latas de sardinas, más peligrosas para los propios ocupantes que para el enemigo. Los carros más pesados M13 eran en todo caso inferiores a los británicos Churchill, Cruiser y Matilda. La artillería de campaña, de 75 y 100 mm., procedía de la I Guerra Mundial, botín del derrotado Imperio Austro-Húngaro. De las 67 Divisiones solo 3 eran acorazadas y 2 motorizadas. Y lo peor de todo, el combustible para la Reggia Aeronautica y la Reggia Marina era escaso y las posibilidades de obtenerlo de forma regular muy limitadas.

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Mussolini desoyó a sus militares y, tras el ataque a Francia el 18 de junio de 1940, ordenó a Graziani (General Jefe del Norte de África) atacar desde la Cirenaica a la fronteriza Marmárica, la región occidental de Egipto, protectorado británico desde 1882. La ofensiva se inició el 9 de septiembre de 1940, y a los quince días y 100 km de iniciada la que pretendía ser la llegada al Canal de Suez, el Décimo Ejército italiano (Berti) se detuvo y empezó a fortificarse, permaneciendo inactivo.

Entonces, el 8 de diciembre, los 15.000 soldados de la Western Desert Force (O’Connor) contraatacaron (Operation Compass), y empujaron y persiguieron al Décimo Ejército por toda la costa de la Cirenaica, tomando Tobruk, Derna y Bengasi, hasta Beda Fomm, donde tras 800 km de persecución y completando una pinza por el interior del desierto (oasis de Mechili y Msus) cercaron a los italianos el 5 de febrero de 1941 y les obligaron a rendirse, dejando Bergonzoli (que para entonces había sustituido a Berti) 130.000 prisioneros, 400 carros blindados y 900 piezas de artillería. Un oficial británico de los Coldstream Guards informó a sus superiores sobre el número de prisioneros: los generales ocupan 5 acres, los soldados 100 hectáreas. Graziani, apodado El carnicero del Fezzan por el exterminio de la tribu senusita en esa región del sur de Libia, implacable con los indígenas pero incapaz de batirse con los británicos, experimentó una fuerte depresión y se retiró del ejército.

Fue entonces cuando Alemania intervino y la Wehrmacht apareció en el Norte de África. Inmediatamente, el 14 de febrero de 1941, desembarcó en Trípoli la 5. Leichte Division (luego transformada en 21. Panzer Division) que junto con la 15. Panzer Division formó bajo el mando de Rommel el Afrika Korps que salvó del apuro a los italianos, a punto de ya de perder incluso la Tripolitania. A partir de entonces, durante dos años y medio, con diferente composición (le fueron añadidas las 90. y 164. Leichte Divisionen –Divisiones Ligeras-, la Brigada Paracaidista Ramcke) y con diferentes denominaciones: Afrika Korps, Panzergruppe Afrika, Panzerarmee Afrika, Heeresgruppe Afrika -además de varias Divisiones italianas tales como la Bologna, Ariete y la Folgore- Rommel y los sucesivos generales británicos (O’Connor, Cunningham, Ritchie, Wavell, Auchinleck, Alexander y Montgomery) estuvieron enfrentándose en una guerra de movimientos a lo largo de toda la cornisa marmárica, cirenaica y tripolitana en un sangriento rigodón, desde El Agheila (al fondo del Golfo de la Sirte) hasta El Alamein (a 240 km de El Cairo), y desde El Alamein hasta Trípoli; primero de Oeste a Este, luego de Este a Oeste, nuevamente de Oeste a Este, y, finalmente de Este a Oeste. Aproximadamente, 2.000 km en línea.

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Field Marshall Montgomery | Cordon Press
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Inmediatamente, Rommel lanzó el Afrika Korps hacia la Cirenaica en dirección contraria a la que la Western Desert Force británica había seguido persiguiendo al ya destruido Décimo Ejército italiano. Wavell, Comandante en Jefe de Oriente Medio se encontró repentinamente enfrente de un ejército ágil y potente y dirigido por un general muy alejado del modo de combatir de los italianos, que confiaban, sin éxito, en las fortificaciones y los avances frontales; muy al contrario, Rommel llevaba a cabo movimientos envolventes, atacaba por donde no se le esperaba e imprimía vigor al ataque, muchas veces al frente de alguna de sus Divisiones, o de algún grupo táctico constituido ad hoc, bien a bordo de su vehículo de mando Moritz (capturado a los británicos), bien a bordo de su avioneta Fieseler Storch que le permitía hacerse una idea completa de la situación del campo de batalla. En marzo de 1941 a lo largo de la costa tomó Marsa el Brega, el 2 de abril entró en Agedabia, el 5 de abril tomando el atajo se hizo con el oasis de Msus y el día 6 con el de Mechili, el 5 de abril otra vez en la costa había tomado Bengasi, el 17 de abril fracasó ante Tobruk (fortaleza a la que dejó cercada sin por eso cesar en su avance), y el 12 de abril tomó Redotta Capuzzo. Para el 12 de mayo los germanoitalianos estaban instalados en Sollum y en el Paso de Halfaya, en la frontera libio-egipcia, de donde había partido meses antes la desastrosa ofensiva italiana.

Operación Barbarroja

Rommel había llevado al Afrika Korps mucho más lejos de lo que se proponía y de lo que había pensado el OKW. Se le había ordenado (UnternehmenSonnenblume) contener a Wavell y ayudar al frágil aliado italiano. Pero Rommel tenía fama, adquirida en Italia en la Primera Guerra Mundial y en Francia en la Segunda, de explotar todas las oportunidades tácticas que se le presentaran, cualquiera que fuera el grado de riesgo existente. Sus imprevistos avances en el desierto preocupaban en Berlín, y el OKW envió a Paulus a verificar dónde había llegado Rommel y qué iba a hacer. La preocupación del OKW no carecía de lógica si se piensa que el 22 de junio de 1941 Hitler lanzaría la Operación Barbarroja, la invasión de la Unión Soviética.

Mientras tanto Wavell no podía permanecer ocioso si quería conservar Tobruk. Su misión ahora era levantar el sitio y auxiliar a los 15.000 sitiados, la mayor parte de ellos soldados australianos e indios. Por ello, desencadenó tres operaciones sucesivas: Brevity, Battleaxe y Crusader.La primera operación dio escasos resultados: el 16 de mayo los británicos solo pudieron recuperar el Paso de Halfaya a costa de 200 bajas, por 600 causadas a los germanoitalianos. La Operation Battleaxe emprendida el 16 de junio tenía más ambición, pero fue rechazada, debido, entre otras cosas, a que los alemanes conocían los pormenores de la operación. Los británicos sufrieron 970 bajas por 680 bajas alemanas y 600 italianas.

Churchill no podía aceptar esos fracasos y destituyó a Wavell, enviándole de Comandante en Jefe de la India. En su lugar nombró a Auchinleck, que venía, precisamente de dejar ese puesto. El cambio pareció dar resultado y Crusader tuvo éxito, aunque Auchinleck se había tomado su tiempo para reorganizar sus fuerzas, rearmarse y preparar el ataque. Las ofensiva no comenzó sino el 18 de noviembre; el 1 de diciembre los alemanes fueron desalojados de Bir el Gobi y de El Adem, al sur de Tobruk, y la propia fortaleza fue liberada el 4 de diciembre; el 15 de diciembre los británicos acabaron con la resistencia de los germanoitalianos en Gazala, en la costa; y el 24 de diciembre ocuparon, por segunda vez, Bengasi.

Pero aunque los británicos tomaron otra vez el atajo de los oasis de Mchili y Sus, en esta ocasión la pinza no funcionó. El Áfrika Korps no huía, se retiraba ordenada y escalonadamente; para cuando las fuerzas británicas salieron a la costa en Agedabia, ya Rommel había preparado sus fortificaciones tras de las cuales se retiró sin ser molestado hasta El Agheila el 31 de diciembre de 1941. Pero lo importante es que las tropas de Auchinleck habían expulsado a los germanoitalianos de la Cirenaica y habían llegado incluso más allá de a donde había llegado O'Connor once meses antes. Las bajas propias fueron 18.000 frente a 38.000 del Áfrika Korps y unidades italianas. Auchinleck había perdido 800 carros de combate frente a 340.

¿Por qué tardó tanto Auchinlek en atacar a Rommel?

Era necesario aumentar los efectivos y eso llevaba su tiempo. La Western Defence Force que había mandado O'Connor y que contaba con 25.000 soldados se convirtió en el Octavo Ejército, que, al principio, sumó 118.000 hombres, al mando de Cunningham, y luego de Ritchie. Se estructuraba en dos Cuerpos de Ejército, el XIII (Godwin-Austen) y el XXX (Norrie) y encuadraba un total de 7 Divisiones, una de ellas acorazada. Pero decir que ese ejército era británico era un eufemismo: de las siete Divisiones, dos eran sudafricanas, una era neozelandesa, otra india (aunque la India seguía bajo dominio británico), y otra polaca; había además una Brigada francesa.

Al acortarse sus líneas de suministro, el Afrika Korps quedó reforzado. El 5 de enero de 1942 un convoy de nueve mercantes con una fuerte escolta desembarcó carros de combate y combustible. Entonces, el 21 de ese mes Rommel volvió a atacar y el 28 tomó Bengasi, sorprendiendo a los británicos que no esperaban esa reacción. En los meses siguientes se distribuyó entre las unidades el ingente material (combustible, camiones y alimentos) inesperadamente encontrado en Bengasi y se prepararon concienzudamente las tropas. El 26 de mayo el Afrika Korps rodeó la línea de Gazala, que el Octavo Ejército había minado, tomó Trigh Capuzzo, el 11 de junio el fortín de Bir Hakeim (defendido por los franceses), el 16 El Adem y Sidi Rezegh, y el 21, por fin, Tobruk. Siguió hasta Bardia, Marsa Matruh, y Sidi Barrani, ya en Egipto. El 30 de junio los germanoitalianos llegaron a la línea de El Alamein. El Octavo Ejército sufrió 15.000 muertos y heridos, además de perder 1.800 carros de combate. Los alemanes tuvieron un total de 3.360 bajas, muertos, heridos y prisioneros; perdieron 400 blindados.

En el campo británico Auchinleck destituyó a Ritchie y tomó personalmente el mando del Octavo Ejército. El pánico empezó a cundir en El Cairo, donde en algunas oficinas comenzó la quema de documentos, pues nada parecía detener a Rommel. Mussolini quería ya entrar en El Cairo montando un caballo blanco. Se temía incluso que el Afrika Korps no solo llegara al Canal de Suez sino que prosiguiese su ofensiva por la costa mediterránea y, con la ayuda de los países árabes enlazara con el Grupo de Ejércitos A (List) que descendería del Cáucaso y avanzaría por Persia e Irak hasta la Transjordania y Palestina. Tal pinza habría sido logísticamente imposible, pero la idea acariciaba las mentes de los planificadores del OKW y del propio Rommel, y la temían los Generales aliados. Era necesaria una resistencia por parte de Auchinleck. El Canal de Suez, cordón umbilical del Imperio Británico y principal vía de aprovisionamiento del Octavo Ejército, y la base naval de Alejandría, único punto de apoyo de la Royal Navy en el Mediterráneo oriental, no podían caer en manos de los alemanes.

Sin embargo el Afrika Korps había llegado ya al límite. Las tropas estaban exhaustas después de continuos combates, la línea de aprovisionamiento era demasiado extensa y estaba cada vez más expuesta a los ataques de los aviones de la RAF, cercanos a sus propias bases. Por otra parte, África del Norte era un frente secundario y no podía esperar más refuerzos ni en aviones ni en carros de combate ni en tropas (casi todo el material que se fabricaba era destinado al frente ruso). Además, las Divisiones italianas (salvo la Folgore paracaidista) no eran de fiar. A estas alturas cualquier contraataque del Octavo Ejército ponía a sus soldados en fuga o propiciaba su inmediata rendición, como ocurrió con las Divisiones Ariete y Pavía ante contraataques neozelandeses y australianos (Von Thoma decía que los italianos son buenos trabajadores pero no son luchadores. No les gusta el ruido).

Efectivamente, la victoria o la derrota dependía, en gran parte, del aprovisionamiento. Estando cerca de sus bases en Egipto, el Octavo Ejército podía recibir -y recibió sin tasa- todo tipo de material y vituallas (sobre todo carros de combate), por Alejandría o por Suez, donde llegaban los convoyes angloamericanos que recalaban en Freetown y Takoradi (desde donde los aviones volaban a Jartum y a El Cairo) y rodeaban el Cabo de Buena Esperanza llegando a Suez por el Índico. Incluso El Alamein estaba unida por la línea ferroviaria con Alejandría (70 km), lo que facilitaba todavía más la llegada de material y provisiones.

El Afrika Korps, cuando estaba cerca de Trípoli, de Bengasi o de Tobruk podía recibir refuerzos, si los convoyes italianos podían llegar indemnes a puerto. Pero no siempre llegaban. Como ejemplo, el 9 de noviembre de 1941 fue hundida la totalidad del convoy, 7 cargueros; el 21 de noviembre un convoy tuvo que refugiarse en Tarento para evitar los ataques de los submarinos y aviones británicos; el 1 de diciembre se perdieron 3 cargueros de un convoy de 5. Al día siguiente un petrolero con 7.000 toneladas de combustible fue hundido en el mismo puerto de Trípoli, etc. En 1941 se perdieron un total de 753.000 toneladas; en 1942, 943.000.

Pero no parecía tener en cuenta que con sus avances alargaba peligrosamente sus líneas de suministro. No parecía preocuparle la logística. Desde Trípoli, donde desembarcaban las municiones y el combustible, había 1.200 km de carretera, la Via Balbia (Italo Balbo había sido el primer Gobernador de la colonia), con lo que los camiones que traían el combustible consumían a su vez una cuarta parte del carburante transportado.

Las necesidades de material, alimentos y combustible del Afrika Korps ascendían a 30.000 toneladas al mes; las de la Luftwaffe ascendían a 10.000 toneladas de suministros; las unidades italianas y la población civil de la colonia requerían 65.000 toneladas; más de 100.000 toneladas en total. Y el puerto de Trípoli solo podía despachar 45.000 toneladas al mes. Además todo tropezaba en la fortaleza de Malta, de donde partían los aviones y buques que rompían justo en su centro la línea marítima de suministro entre Messina y Trípoli (326 millas náuticas). La ruta entre Tarento y Bengasi (520 millas náuticas) suponía mayor exposición a la RAF y a la Royal Navy; más larga y más expuesta aún era la ruta entre Tarento y Tobruk (620 millas náuticas), y ambos puertos tenían mucha menor capacidad que Trípoli.

Mussolini era renuente a desarrollar la Operación Hércules. Lo paradójico fue que cuando en junio de 1942 el OKW exigió eliminar ese obstáculo, Rommel y Kesselring estaban tan convencidos de la inmediata victoria que pidieron posponer la Operación Hércules, pues entendieron prioritario llegar a El Cairo y a Alejandría. Error estratégico que les costaría la campaña.

Otro factor determinante del curso de la campaña era, lógicamente, la información. Rommel disponía de una fuente valiosísima obtenida por los servicios secretos italianos que incursionaron en la Embajada norteamericana en Roma en septiembre de 1941 (antes de que los EE.UU. entraran en guerra con Italia); se trataba de la cifra del Agregado Militar norteamericano en El Cairo (Fellers), cuyos radiogramas a Washington describiendo el despliegue de las tropas británicas eran leídos por los analistas italianos y alemanes. Justo en junio de 1942 Fellers cambió de cifra, y la fuente se secó.

Otra fuente era el Abteilung 621. Se trataba de una Compañía de Transmisiones que interceptaba las comunicaciones por radio del Octavo Ejército; pero el 10 de julio de 1942 el emplazamiento de la Compañía fue localizado por un avión de reconocimiento y un ataque australiano con blindados acabó con la unidad, destruyendo las instalaciones y capturando a la mayor parte de sus integrantes; su jefe (Seebohm) murió en el combate. El servicio secreto militar alemán, el Abwehr, había conseguido introducir en El Cairo en junio de 1942 a dos espías (Eppler y Sandstede), el equipo Kondor, con transmisores para informar a Rommel, precisamente a través del Abteilung 621, de los movimientos del Octavo Ejército; pero el material recogido al desmantelar la Compañía de Seebohm y los informes de Ultra permitieron a los servicios secretos británicos la captura de los dos infiltrados.

Por parte del Octavo Ejército, Auchinleck disponía de también de una valiosísima fuente de información, además de los habituales reconocimientos aéreos, interrogatorio de prisioneros, etc. Era el sistema ULTRA, que facilitaba a los altos mandos del Ejército británico los contenidos que los criptógrafos y analistas de la Escuela de Cifra de Bletchley Park (Knox, Welchman, Turing, Tutte, Calvocoressi y muchos otros) obtenían de la intercepción de las transmisiones que las unidades de la Wehrmacht hacían mediante sus máquinas Enigma. Ello permitía a Auchinleck prever los movimientos de su oponente.

De modo que el Afrika Korps se lanzó al ataque en El Alamein casi a ciegas y sin, por otra parte, poder hacer movimientos envolventes como el de la batalla de Gazala meses antes, pues la Depresión de Qattara (un enorme farallón de 50 metros a cuyo pie había un intransitable mar de sal) impedía los movimientos. La línea del frente se extendía 65 km entre el Mediterráneo y el borde de la Depresión. Rommel no pudo romper las líneas británicas y los contraataques del Octavo Ejército dejaron la situación en tablas. En la que se puede considerar la Primera Batalla de El Alamein (la cresta de Ruweissat) librada entre el 1 y el 27 de julio, el Afrika Korps tuvo 10.000 bajas entre muertos y heridos; 7.000 de sus soldados cayeron prisioneros. Era, después del de Moscú en diciembre de 1941 (38.000 bajas mortales), el más duro revés padecido por la Whermacht en la guerra hasta ese momento. El Octavo Ejército sufrió 13.000 bajas entre muertos y heridos.

Auchinleck había salvado a Egipto al contener al Afrika Korps pero el Octavo Ejército tenía que reponerse y rearmarse si quería contraatacar y empujar nuevamente a Rommel a la Cirenaica y a la Tripolitania. Churchill, impaciente, viajó a El Cairo y exigió a Auchinleck que contraatacara inmediatamente. Auchileck planteó retrasar la ofensiva hasta septiembre, para poder aclimatar y entrenar a sus nuevas tropas en la guerra del desierto. Entonces Churchill destituyó a Auchinleck. En su lugar, como Comandante Jefe de Oriente Medio nombró a Alexander, y al mando del Octavo Ejército, puso a Gott. Pero el avión en el que éste viajaba a El Cairo fue ametrallado por cazas alemanes y Gott murió. Entonces, para sucederle, Churchill nombró a Montgomery. Y, paradójicamente, el plazo que Churchill había negado a Auchinleck -hasta septiembre- se lo dio, ampliado, a Montgomery -hasta octubre-.

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Montgomery nunca lanzaba a sus soldados al ataque inútil o temerariamente. Buscaba siempre superioridad en material y en hombres. En este caso la tenía. El Octavo Ejército, debidamente reforzado, contaba ahora con 3 Cuerpos de Ejército: el X (Lumsden), el XIII (Horrocks) y el XXX (Leese); lo formaban 200.000 hombres, con 1.500 blindados (entre ellos 600 carros Grant M-3 y 250 Sherman M-4 de fabricación norteamericana y superiores a todos los existentes en África del Norte) y 1.500 piezas de artillería, integrados en 11 Divisiones, de ellas 3 acorazadas. Y, continuando con su carácter multinacional, una de las Divisiones era australiana, otra neozelandesa, otra sudafricana, otra india, otra francesa y otra griega. Durante todo el mes de agosto y septiembre los soldados recibieron intenso entrenamiento físico y técnico, y la moral de la tropa del Octavo Ejército, ya recuperada tras la tenaz defensa de El Alamein en julio, se elevó al máximo, a lo que ayudaron las arengas de Montgomery.

Esta vez, Rommel no podía anticipar los movimientos del enemigo y no podía confiar en las Divisiones italianas. Entonces, el 23 de octubre de 1942 Montgomery, con un contundente y prolongado bombardeo artillero, lanzó la Operation Lightfoot (Operación Pie Ligero); con ataques a lo largo de los pasillos abiertos por los zapadores en los campos de minas; con empleo masivo de los carros de combate apoyados por la Infantería; neutralizando los movimientos de las divisiones acorazadas del Afrika Korps (solo dos y sumando entre ambas 250 carros); con conocimiento cabal del despliegue germano-italiano y de sus movimientos. Y, con clara superioridad numérica, el 5 de noviembre el Octavo Ejército rompió, por fin, las líneas del Eje. Rommel estaba hospitalizado en Alemania y fue sustituido por Stumme. Éste murió tras un bombardeo de la RAF al día siguiente del comienzo del ataque, lo que obligó a Rommel a volver al frente; allí Rommel constató que, si quería salvar su ejército, no tenía más remedio que ordenar una retirada general. Y el repliegue, ordenado y metódico, comenzó y ya no acabaría nunca. En la Segunda Batalla de el Alamein 9.000 mil alemanes e italianos murieron, 15.000 quedaron heridos y 35.000 fueron hechos prisioneros. El Octavo Ejército sufrió 4.800 muertos y 9.000 heridos.

La victoria británica (y de sus antiguos Dominios) había sido esta vez completa. Ya no habría vuelta atrás. Se reafirmaba el dominio de los mares por los Aliados, que podían enviar refuerzos donde querían; desde luego por el Mediterráneo pero sobre todo por el Atlántico y el Índico. Alemania perdería la guerra por una estrategia ayuna de conciencia naval. El III Reich era una potencia terrestre y Hitler no prestaba atención a las indicaciones de Raeder, Jefe de la Kriegsmarine, que entendía prioritario para atacar al Imperio Británico hacerse antes con Gibraltar y Malta.

En las semanas siguientes Montgomery, cauto e infatigable, prosiguió su avance. El 9 de noviembre el Octavo Ejército tomó Sidi Barrani, el día 13 Tobruk (por tercera y definitiva vez), el día 15 Derna, el 20 de noviembre Bengasi (también por tercera y definitiva vez), el 12 de diciembre El Agheila, y el 25 de diciembre la Sirte, en el fondo del golfo. Al conocer la victoria de El Alamein Churchill ordenó que sonaran las campanas de todas las iglesias de la isla. En el ágape del Día del Lord Mayor el 9 de noviembre en la Mansion House, el incansable Primer Ministro discurseó "It is not the end, it is not even the beginning of the end; but it is, perhaps, the end of the beginning" ("no es el fin, no es siquiera el principio del fin; pero es, quizá, el fin del principio").

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Insignia del Octavo Ejército

Para consternación del Eje, además, el 8 de noviembre, pocos días después del comienzo del ataque de Montgomery en El Alamein, los Aliados ejecutaron la Operation Torch(Operación Antorcha) desembarcando en Casablanca, Port Lyautey, Safi, Orán y Argel un total de 110.000 hombres, encuadrados en el Primer Ejército británico (Anderson), que abarcaba el II Cuerpo norteamericano (Fredendall), el V británico (Alfrey), el IX británico (Crocker) y el XIX francés (Koeltz) éste, a su vez, integrado por dos Divisiones argelinas y una marroquí. Todo ello bajo el mando de Eisenhower. La operación era un acierto estratégico pues preveía que los Aliados llegaran a Túnez por el oeste y formaran una pinza con el Octavo Ejército, que se aproximaba a Túnez desde el este, acorralando así al Afrika Korps.

Por cierto que del Mando Aliado tenía una preocupación: España ¿Qué pasaría si nuestro país entraba ahora en la guerra del lado del Eje y conseguía cerrar el Estrecho de Gibraltar, donde estaba el Puesto de Mando de Torch con Eisenhower al frente? El plan Félix-Heinrich (el plan de la Wehrmacht para conquistar Gibraltar) estaba todavía sobre la mesa y podía activarse en cualquier momento. Algunos ministros del Gobierno de Franco, los falangistas Arrese y Girón de Velasco, eran partidarios de declarar la guerra a los Aliados; el anglófilo Gómez Jordana se oponía.

El mismo día del desembarco aliado en Marruecos y Argelia Franco recibió una carta de Roosevelt que, entre otras cosas, decía:

Querido General Franco: por tratarse de dos naciones amigas en el mejor sentido de la palabra……quiero manifestarle sencillamente las razones que me han forzado a enviar una poderosa fuerza militar americana en ayuda de las posesiones francesas del Norte de África…...

Su gran experiencia militar le hará comprender que es preciso que acometamos sin demora esta empresa……con el solo fin de defender a América y evitar el empleo de esas regiones por Alemania e Italia, confiando en que se verán de este modo salvadas de los horrores de la guerra.

Espero que V. confíe plenamente en la seguridad que le doy de que en forma alguna va dirigido este movimiento contra el Gobierno o pueblo de España ni contra Marruecos u otros territorios españoles, ya sean metropolitanos o de ultramar. Creo también que el Gobierno y al pueblo español desean conservar la neutralidad y permanecer al margen de la guerra. España no tiene nada que temer de las Naciones Unidas.

Quedo, mi querido General, de V. buen amigo.

FRANKLIN D. ROOSEVELT

Franco entendió que entrar ahora en la guerra era un dislate. En primer lugar porque los Aliados podrían adoptar represalias invadiendo las Canarias (el Estado Mayor británico tenía preparada la Operation Pilgrim para hacerse con el archipiélago). En segundo lugar porque ya el Caudillo veía que el Eje comenzaba su declive y no tenía intención de que España quedara del lado de los perdedores. Además de que nuestro país estaba exhausto tras la Guerra Civil, falto de alimentos y escaso de petróleo.

En el Protectorado español de Marruecos había en ese momento 140.000 soldados encuadrados en los Cuerpos de Ejército IX Marroquí y X Maestrazgo, con un total de 7 Divisiones de Infantería, además de la Legión (19 banderas o batallones), los Grupos de Regulares Indígenas (20 tabores o batallones) y la Mehala Cherifiana (18 tabores), tropas todas éstas de elevada moral y combatividad pero con escasos medios motorizados y con dificultades para el abastecimiento de combustible. Los carros de combate disponibles eran 31 Panzerkampfwagen I (simples tanquetas) y 27 T-26 rusos, prácticamente sin piezas de repuesto.

De modo que España tuvo que mantener una estricta neutralidad. Y la visita amistosa de Patton a Yagüe en Melilla parecía confirmarla. Pero pronto empezaron las violaciones del espacio aéreo del Protectorado por parte de la USAAF, ante lo que España no podía responder sino con Notas Verbales diplomáticas al principio; y después con artillería antiaérea; incluso en una ocasión, el 8 de marzo de 1943, un piloto español a bordo de un caza Heinkel 112 derribó un cazabombardero P-38 Lightning en la vertical de Uxda, sobre el Río Muluya. Ya el primer día de la invasión aliada el 8 de noviembre de 1942 los pilotos de tres aviones C-47 Dakota que transportaban 60 paracaidistas del Regimiento Aerotransportado 503 confundieron el Atlántico con el Mediterráneo y creyeron aterrizar en Orán, cuando en realidad se posaron en Tetuán, Villa Sanjurjo y Zeluán; los paracaidistas fueron hechos prisioneros e internados en el acuartelamiento legionario de Tahuima, aunque, después de conversaciones entre los gobiernos español y norteamericano, fueron liberados y llevados a Gibraltar. España se quedó con los tres Dakota, que fueron civilizados como DC-3 y utilizados por Iberia en uso comercial en las líneas Madrid-Barcelona y Sevilla-Tetuán.

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Rommel discute las tácticas en el frente libio. | Cordon Press

Lo cierto es que la victoria británica en El Alamein supuso el cambio de signo en la Campaña de África del Norte y acabó con la amenaza del Eje sobre Egipto, el Canal de Suez y los pozos de Petróleo de Persia y del Oriente Medio. La llamada Segunda Batalla de El Alamein elevó la moral de los Aliados y revivió su fe en el triunfo final. No en vano en la Conferencia de Casablanca (21 de enero de 1943) los Aliados exigieron la rendición incondicional de los países del Eje. El laborista Bevan había comentado que Churchill había ganado un debate parlamentario tras otro pero había perdido una batalla tras otra. Ahora Churchill pudo espetarle que antes de El Alamein todo fueron derrotas; después de El Alamein todo fueron victorias.

Y, efectivamente, así fue. Habíamos dejado a Montgomery en la Sirte al finalizar 1942; siguieron encadenándose unos avances tras otros: Trípoli (23 de enero de 1943), Línea Mareth (23 de marzo), Wadi Akarit (6 de abril), Túnez y Bizerta (7 de mayo), Sicilia (10 de julio a 16 de agosto), Salerno (9 de septiembre), etc., etc.

En la sesión de la Cámara de los Comunes del 24 de mayo de 1944 y frente a una indignada bancada laborista Churchill se refirió a España ponderando

Lo beneficiosa que fue su neutralidad entre 1940 y 1942. Por eso no simpatizo con quienes dibujan caricaturas cómicas e incluso groseras del General Franco. Gibraltar no cayó, el Estrecho no se cerró y un mes antes del Desembarco de Casablanca hubo cientos de aviones y decenas de buques a tiro de las baterías de costa españolas. Por eso, el mayor elogio hay que concederlo sin ninguna duda a la decisión española de mantenerse fuera de la guerra…… porque no quiero una Península Ibérica hostil a los británicos y porque no simpatizo con quienes creen inteligente e incluso gracioso ofender al Gobierno de España en cualquier ocasión.

Justo tributo a una política sensata.

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