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La Asamblea Constituyente rusa: una sola sesión

La reacción alemana consistió en invitar a los bolcheviques exiliados en Suiza encabezados por Lenin a llegar a Petrogrado en un tren sellado.

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Asamblea del Sóviet de Petrogrado. | Wikipedia

Durante 1917, Rusia fue un completo caos. Cuando se produjo la revolución de febrero, que derrocó la monarquía, y se formó el Gobierno Provisional, en Berlín se pensó que se trataba de un golpe impulsado por los Aliados, dada la determinación de los nuevos gobernantes con la prosecución de la guerra. La reacción alemana consistió en invitar a los bolcheviques exiliados en Suiza encabezados por Lenin a llegar a Petrogrado en un tren sellado, con la finalidad de que creasen problemas.

Una de las primeras promesas del Gobierno Provisional fue la convocatoria de una Asamblea Constituyente que definiese el nuevo régimen del imperio ruso. Durante los meses siguientes, aplazó las elecciones varias veces por la razón de que habrían perturbado la guerra, aunque estableció unas comisiones electorales provinciales y una ley electoral.

El Gobierno Provisional había fomentado el nacimiento de sóviets (consejos o asambleas) incluso en el Ejército y la Marina, con la intención de debilitar a las fuerzas reaccionarias. Pero en seguida los controlaron los revolucionarios de izquierdas, sobre todo los bolcheviques.

Los bolcheviques pierden las elecciones

A los pocos días de tomar el poder, los bolcheviques ordenaron la realización de las elecciones para la Asamblea Constituyente, que, por supuesto, se contagiaron del desorden reinante. Aunque la Asamblea iba a tener 817 diputados, se eligieron unos 700; la información fue deficiente; hubo distritos que no comunicaron los datos; las votaciones se alargaron varios días y se efectuaron en fechas distintas según los distritos… Por supuesto, se dieron casos de presiones a los votantes, manipulación de los datos y urnas preñadas.

Pese a todo lo anterior, los bolcheviques se llevaron una sorpresa: perdieron. Los campesinos, a los que habían prometido tierra, no les votaron, mientras que su fortaleza estaba entre los obreros y las guarniciones de las grandes ciudades. Obtuvieron sólo 168 escaños y 10,6 millones de votos. Los primeros fueron los Socialistas Revolucionarios, con 17,9 millones y casi 300 escaños. Los mencheviques, 1,1 millones y 18 diputados; los kadetes, 3,2 millones y 17 escaños; los socialrevolucionarios ucranianos, casi 3,5 millones y 81 diputados.

El nuevo Gobierno (denominado consejo de comisarios del pueblo) fue atrasando la apertura de la Asamblea y un sector propuso su disolución. Lenin la sentenció en un artículo en el Pravda: carecía de legitimidad porque en ella habían penetrado los contrarrevolucionarios. Con la estrategia ya fijada para anularla, se convocó la primera sesión para el 5 de enero (18 de enero en el calendario gregoriano), siempre que hubiera un quórum de 400 diputados. Además, se preparó para tres días después el III Congreso de los Sóviets.

En un ejemplo de lo que a partir de entonces serían los métodos de los comunistas de todo el mundo (hacer lo contrario de lo que se proclama), Zinóniev dirigió una campaña de infamias, según la cual la ‘reacción’ pretendía concentrar en la Asamblea Constituyente el poder legislativo para aplicar su programa, que él resumía en "¡Abajo los sóviets!". A la vez, los rojos reunían tropas adictas en Petrogrado, que habrían estado mejor en el frente.

La Unión para la Defensa de la Asamblea Constituyente editó panfletos, periódicos y carteles y organizó manifestaciones para defender el nuevo parlamento.

Lenin y la soldadesca en la Asamblea

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Alexander Kerensky

Unos días antes de la fecha, los bolcheviques impusieron la ley marcial en Petrogrado, acuartelaron tropas, prohibieron manifestaciones de la oposición, trataron de agitar a los obreros y advirtieron de que el inepto Kérenski (el apodo que le había dado Cheka era el de "payaso") había regresado en secreto a la ciudad y preparaba un golpe de Estado.

El 5 de enero, el palacio Táuride, sede de la Asamblea, estaba rodeado de tropas y en la ciudad la Unión había organizado varias manifestaciones para defenderla. Lenin asistió en persona a la apertura para dar las órdenes que fueran necesarias a sus camaradas. La soldadesca bolchevique disparó en diversos puntos de Petrogrado y mató a entre ocho y veintiuna personas. En cuanto Lenin supo que los manifestantes habían sido dispersados, permitió el comienzo de la sesión, ya a las cuatro de la tarde.

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Víctor Chernov

Los bolcheviques trataron de impedir el funcionamiento normal mediante una moción que proponía limitar sus competencias y al perder la votación se retiraron. A continuación se sucedieron discursos interminables. Los guardias, todos de extrema izquierda y muchos ya borrachos, interrumpían los debates y amenazaban con sus fusiles a los diputados. Lenin se marchó a las diez de la noche, sin haber pronunciado una palabra a la Cámara.

A las cuatro de la madrugada, el comisario Pável Dibernko, encargado de la seguridad del Táuride, mandó al jefe de la guardia, un marinero anarquista, que pusiera fin a la reunión. Éste se enfrentó con el presidente de la Asamblea, Víctor Chernov, que sólo pudo prolongar la sesión veinte minutos más. Antes de clausurar ésta, Chernov convocó a los diputados para las cinco de la tarde del 6 de enero. Pero los bolcheviques ordenaron la disolución y la comunicaron mediante el Pravda.

Se acabó la ilusión de la democracia en Rusia

La clausura de la Asamblea apenas produjo reacciones, en contraste, como señala Richard Pipes, con el furor que en París habían causado en 1789 los rumores de que el rey Luis XVI quería disolver los Estados Generales.

Como sigue diciendo Pipes (La Revolución rusa):

...la disolución de la Asamblea Constituyente fue, en muchos sentidos, más relevante para el futuro de Rusia que el golpe de octubre (…) después del 5 de enero ya no podía haber dudas acerca de las intenciones bolcheviques, cuando éstos dejaron inequívocamente claro que no tenían intención alguna de prestar oídos a la opinión del pueblo. No tenían que escuchar la voz del pueblo, porque, en el sentido literal del término, ellos eran ‘el pueblo’.

El 8 de enero, los rojos inauguraron su parlamento: el III Congreso de los Sóviets. Los bolcheviques y sus aliados, los socialistas revolucionarios, tenían el 94% de los escaños; el resto se lo dieron a los socialistas de la oposición, más que nada para tener alguien unos espantapájaros a los que atizar. Este congreso legitimó todas las medidas y los decretos aprobados hasta entonces por el consejo de comisarios del pueblo que presidía Lenin.

La nula resistencia de los compañeros de viaje reforzó la seguridad de los bolcheviques en el uso de la fuerza contra sus enemigos, ya que éstos carecían de voluntad de lucha y de líderes. Desde entonces, destaca Pipes, "la ametralladora se convirtió para los bolcheviques en el principal instrumento de persuasión política".

Los comunistas vuelven a perder en 1993

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Borís Yeltsin

Cuando se volvieron a celebrar elecciones parlamentarias pluripartidistas en Rusia fue casi 80 años después, en 1993. El momento fue después del derrumbe del régimen comunista y la desaparición de la URSS, con Borís Yeltsin en la presidencia de la república. El sucesor del PCUS, el Partido Comunista de la Federación Rusa, obtuvo 6,6 millones de votos, un 12,4%, y 32 escaños en una Duma de 450 diputados.

Entre las fechas de 1917 y 1993, en las democracias populares de Europa, en China, en Cuba, en Corea y en Vietnam, los rojos tomaron el poder mediante elecciones amañadas o golpes de estado.

La conclusión es que los comunistas nunca han llegado al poder por vías democráticas, sino mediante la violencia, porque el pueblo en cuyo nombre dicen hablar, les rechaza. A fin de cuentas, el comunismo es una ideología de intelectuales que no oculta su sed de sangre y de despotismo.

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