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Stalingrado: la catástrofe

El Ejército alemán sufrió a principios de 1943 una de las mayores y, estratégicamente, más decisivas derrotas de la II Guerra Mundial.

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Batalla de Stalingrado | Archivo

En el curso bajo del Volga, en la Rusia europea, a 480 km de su desembocadura en el Mar Caspio, se asienta una ciudad llamada Volgogrado (o ciudad del Volga). Antiguamente se llamaba Tsaritsin. Desde 1925 hasta 1961 se llamó Stalingrado (o ciudad de Stalin). En esa ciudad, de gran importancia industrial y nudo de comunicaciones, el Ejército alemán sufrió a principios de 1943 una de las mayores y, estratégicamente, más decisivas derrotas de la II Guerra Mundial. El 2 de febrero se conmemora el 75º aniversario de esa histórica batalla.

Desde el comienzo

Debemos remontarnos a octubre de 1940, cuando Hitler, que había invadido y ocupado Polonia, Dinamarca, Noruega, Holanda, Bélgica y Francia, se quedó sin iniciativas, sin planes, sin saber qué hacer. Se había lanzado a una contienda sin objetivos definidos y que, por tanto, no tenía fin. Había intentado invadir Inglaterra pero había fracasado, pues su flota había sufrido importantes pérdidas al invadir Noruega (los cruceros Blücher, Königsberg y Karlsruhe y 10 destructores) y el Gran Almirante Raeder había tenido que confesar la incapacidad de la Kriegsmarine para dominar el Canal de La Mancha. Por su parte el Reichsmarshall Göring, que como Jefe de la Luftwaffe ya había fracasado en la eliminación de la bolsa de Dunkerque (26 de mayo a 4 de junio de 1940), fracasó también en la llamada Batalla de Inglaterra (10 de julio a 31 de octubre de 1940), que buscaba la eliminación de la aviación británica como preludio a la invasión de las Islas Británicas.

Finalmente, la negativa de Franco a comprometer a España en la guerra y, por consiguiente, a permitir que la Wehrmacht se apoderarse de Gibraltar desde la Península privó de iniciativas a Hitler, que quedó imposibilitado de derrotar al Reino Unido, confiando en asfixiarlo económicamente mediante su aislamiento con una acción de bloqueo naval en el Atlántico, primero con unidades de superficie y luego con submarinos.

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Fue entonces cuando Hitler decidió volverse contra la Unión Soviética. No parecía que debiera haber rivalidad en ese momento entre Hitler y Stalin: ambos dictadores eran igual de totalitarios y criminales, habían establecido el mismo sistema de campos de internamiento para disidentes (Konzentrationlagern y Gulags, respectivamente), fueron igualmente genocidas (Hitler exterminaría a 6 millones de judíos y a 7 millones de eslavos -polacos, rusos, bielorrusos y ucranianos- y Stalin a 15 millones de polacos, armenios, mongoles, bielorrusos, ucranianos, alemanes del Volga, baltos, tártaros de Crimea, calmucos y chechenos), y colaboraron estrechamente tras repartirse Polonia con un siniestro intercambio de disidentes (los soviéticos entregaron a la Gestapo a los antifascistas que se habían refugiado en Rusia y los nazis entregaron a la NKVD a los anticomunistas que habían huído a Alemania).

Por si fuera poco, la Unión Soviética había prestado ayuda a Alemania para que pudiera rehacer clandestinamente sus ejércitos y burlar así las restricciones impuestas por los art. 160 y ss. del Tratado de Versalles; desde 1929 a 1932, en la base secreta rusa de Lipetsk, a orillas del Voronezh, los Generales alemanes Student, Plocher, Jeschonneky Guderian entrenaron a sus paracaidistas y a sus panzers. A cambio de suministros de cereal, Alemania había entregado a los rusos tecnología militar e, incluso en 1940, el recién construido crucero Lützow completado con un programa de instrucción. Y hasta la madrugada del 22 de junio de 1941 en que comenzó la Operación Barbarroja (la invasión de la Unión Soviética) los trenes rusos estuvieron cruzando la frontera llevando a Alemania los suministros (caucho, petróleo, manganeso, trigo) que, por importe de cientos de millones de Reichsmarks, habían pactado ambos regímenes en sucesivos acuerdos comerciales firmados desde 1934.

¿Por qué Hitler, entonces, traicionó a su aliado y trató de aniquilarle? Lo cierto es que el nacionalsocialismo, además de totalitario, pangermanista y racista, era radicalmente anticomunista, y el ascenso de Hitler y los nazis al poder tuvo lugar teniendo como soporte económico las aportaciones de los industriales nacionalistas y como plataforma ideológica el exterminio de los comunistas alemanes, finalidad hecha pública por todos los jerarcas nazis (Hitler, Göring, Rosenberg, Hess, etc.); con resultados manifestados, entre otros, en la construcción en 1933, en Dachau (Baviera), del primer campo de concentración para los alemanes comunistas, de los que ya antes de la guerra más de 30.000 fueron ejecutados o murieron por maltrato o inanición. Hitler había ampliado su espacio vital o Lebensraum rompiendo tratados y mintiendo a italianos, austriacos, polacos, belgas y británicos, por lo que no vio inconveniente en hacer lo mismo con los rusos.

El plan y la invasión

De modo que ya en julio de 1940 (recién derrotada Francia) el OKW tenía preparada la invasión en un plan (Operación Fritz) que fue aprobado por Hitler, ahora con el nombre de Operación Barbarroja, en diciembre de ese mismo año. Se trataba de iniciar la invasión a mediados de mayo de 1941, aunque las operaciones en los Balcanes (invasión de Yugoslavia y Grecia) retrasaron la ofensiva hasta junio, una demora que después se reveló crucial.. El OKW estimaba que el Ejército Rojo sería derrotado en dos o tres meses, y Halder (Jefe del Estado Mayor) estaba convencido de que para finales de octubre de 1941 la Wehrmacht habría conquistado toda la Rusia europea al oeste de una línea que se extendía desde Arcángel, sobre el Dvina Septentrional, a 30 km del Mar Blanco, hasta Astracán en el estuario del Volga, a 100 km del Caspio ¡una distancia de 2.626 km! No había Ejército en el mundo capaz de mantener un frente de dicha extensión.

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Foto aérea del bombardeo de Stalingrado

La invasión (un ejército de 3.800.000 de hombres -alemanes y aliados- encuadrados en 3 Grupos de Ejército y apoyados por 2.500 aviones de caza y bombardeo) suponía el mayor despliegue de tropas nunca habido y en sus comienzos pareció tener un éxito espectacular. La ofensiva tenía 3 objetivos divergentes: los países Bálticos y Leningrado al norte, Rusia Blanca y Moscú al centro y Ucrania, Kiev y las costas de los Mares Negro y de Azov al sur. Los Grupo de Ejércitos Centro (Von Bock) y Sur (Von Rundstedt) llevaron a cabo ataques relámpago (Blitzkrieg) envolventes mediante los que obtuvieron 300.000 prisioneros en Minsk, 200.000 en Smolensko, 520.000 en Kiev, 600.000 en Vyazma, etc. Sin embargo, cuando en agosto sus tropas se encontraban a 320 km de Moscú, Hitler (que ya desde enero de 1938 se había hecho así mismo Jefe del OKW) cambió de estrategia y, contra el criterio de sus Generales paralizó el ataque a Moscú y ordenó priorizar el ataque a Ucrania y al Cáucaso.

Entonces el estancamiento que supuso el cambio de planes y la resistencia cada vez más tenaz del Ejército Rojo, determinó que cuando se reanudó la ofensiva en septiembre de 1941 se hubieran perdido tres semanas cruciales. El otoño se echó encima, las persistentes lluvias embarraron los caminos y los avances se enlentecieron y, sobre todo, aunque la Stavka (o Alto Mando de la URSS) había perdido 50 Divisiones, disponía todavía en toda Rusia de más de 360 Divisiones que la inteligencia militar alemana (el Abwehr del Almirante Canaris) no había sabido localizar. Tampoco se había enterado el Abwehr de la aparición del nuevo carro de combate ruso, el T-34, dotado de cadenas muy anchas, cañón de 76,20 mm y blindaje frontal de 47 mm contra el que los cañones contracarro (37 mm) y los de los mejores blindados alemanes (PzKpfw IV, 75 mm) tenían poco que hacer. Además, las tropas alemanas no estaban equipadas para el invierno, por lo que las congelaciones dispararon el número de bajas. Así, cuando Von Bock atacó Moscú fue rechazado por las tropas de los Frentes Occidental (Zhukov) y de de Briansk (Zakharov y Cherevichenko), que le causaron más de 35.000 bajas mortales, además de 130.000 heridos (el 40% de ellos por congelaciones) y 9.800 prisioneros (aunque las bajas del tenaz Ejército Rojo fueron tres veces mayores).

Cambio de planes

Rechazado el Grupo de Ejércitos Centro, en diciembre de 1941 Hitler destituyó a Von Brauschist y se nombró a sí mismo Jefe del Ejército, con lo que ostentó hasta la derrota final en abril de 1945 ambos mandos, el del conjunto de las Fuerzas Armadas (OKW) y el del Ejército (OKH), con las gravísimas consecuencias de desatención a las opiniones de sus Estados Mayores y los Generales en el campo de batalla, sobre el terreno. Entonces, reorientó la ofensiva y prescindió de un cercano objetivo político y estratégico (Moscú) para lanzarse sobre un lejano objetivo económico (la cuenca del Donetz con sus minas de carbón) y el Cáucaso (con su petróleo).

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Efectivamente, en la primavera y el verano de 1942, el Grupo de Ejércitos Sur fue dividido en dos. El Grupo A (List) por el sur, debía llegar al Cáucaso; el Grupo B (Von Weichs), más al norte, debía dirigirse a Stalingrado. Allí, en el canal que une el Don y el Volga en Kalach convergerían a finales de agosto el Cuarto Ejército Panzer (Hoth) y el Sexto Ejército (Paulus). El ataque a la ciudad, brutalmente bombardeada por la Luftwaffe sin previo aviso durante una semana (con muerte de 40.000 civiles), permitió a los alemanes llevar inicialmente la mejor parte y adueñarse del 90% de la ciudad. Era una ciudad alineada con el Volga a lo largo de 50 km.

Pero el avance alemán se enfrentaba a una terca resistencia; las tropas rusas del 62º Ejército (Chuikov) no cedían más que cuando los soldados morían; si flaqueaban y se retiraban eran detenidos por la NKVD y enviados a los batallones disciplinarios (para desactivar minas en tierra de nadie y otras labores de parecido riesgo), lo que disuadía de cualquier intento de chaqueteo (10.000 desertores fueron fusilados). Además los propios escombros y socavones producidos por los bombardeos servían a los defensores para atrincherarse. Lo soviéticos hicieron uso eficaz de francotiradores que seleccionaban sus objetivos (preferentemente militares con graduación). El más famoso, el ruso Zaytsev eliminó él solo a 257 militares alemanes. Finalmente, a un elevado coste de bajas propias y enemigas y con combatividad y profesionalidad germánica, el Sexto Ejército tomó el centro de Stalingrado, consiguió llegar al río y ocupó toda la ciudad. Hitler exultaba; había conquistado la ciudad de su peor enemigo, la encarnación del mal, su némesis, Stalin.

Los combates

Pero Chuikov retenía dos puntos importantes: la fábrica de tractores y la fábrica Octubre Rojo, ambos edificios con la espalda al Volga. Se combatía cuerpo a cuerpo, a la bayoneta, con cuchillos, lanzando bombas de mano de recinto en recinto y de piso en piso, y las posiciones eran conquistadas y perdidas, y otra vez tomadas en el espacio de pocas horas. La bajas alemanas aumentaban mientras que el Ejército Rojo parecía tener reservas inextinguibles que Chuikov iba poco a poco administrando sin lanzar contraataques masivos. Chuikov, que se mantenía en la orilla oriental del río (no tenía otra defensa en profundidad) enviaba todas las noches embarcaciones a la orilla occidental para alimentar con refuerzos, munición, alimentos, etc., a las dos fábricas.

La situación estratégica del Sexto Ejército se tornó delicada. De los 360.000 soldados que lo integraban quedaban en noviembre 265.000; los restantes habían sido baja, por muerte, heridas (incluidas las congelaciones) o por haber caído prisioneros. El OKH no había previsto que las líneas de contacto de Paulus eran excesivamente largas: por el noroeste, 650 km a lo largo del Don hasta Voronezh, de donde había partido la ofensiva en el verano; por el sur, otros 650 km hasta el Terek. Nadie se había preocupado de averiguar qué tropas rusas había enfrente de esas líneas; el Abwehr no había proporcionado información al respecto, y Paulus tampoco había hecho reconocimientos; se limitó a esperar. Las patrullas de reconocimiento de los aliados rumanos avisaron de concentraciones de tropas soviéticas en la otra orilla del río pero el OKH no dio importancia a la información.

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Infantes de marina desembarcan en la orilla del Volga

En realidad el 62º Ejército se había convertido en yunque, esperando que otras unidades operaran como martillo sobre el invasor. Y, de pronto, el martillo llegó y golpeó con fuerza. El 20 de noviembre de 1942, Zhukov lanzó la Operación Urano, consistente en romper con ataques masivos la línea del Don, defendida por el Octavo Ejército italiano (Gariboldi) y por el Tercer Ejército rumano (Dumitrescu), ambos de menor combatividad y, sobre todo, carentes del material adecuado; y romper también la línea del Terek, defendida por el Cuarto Ejército rumano (Constantinescu) envolviendo así a las unidades de Paulus. Los Frentes del Sudoeste (Vatutin), Don (Rokossovsky) y Stalingrado (Yeremenko), que totalizaban 1.500.000 soldados, 890 blindados y 3.500 piezas de artillería, se lanzaron al ataque en dos puntos, a 80 norte y sur de Stalingrado en los flancos del Sexto Ejército, y barrieron a los Ejércitos rumanos e italiano; por mucha resistencia que opusieran éstos nada podían hacer los antitanques de 37 mm contra las masas de carros T-34 que encabezaban el ataque.

El cerco

Los tres Frentes soviéticos penetraron profundamente en las líneas atacadas y formaron una pinza que se cerró a 80 km al oeste de Stalingrado, justo en Kalach, donde una avanzadilla soviética sorprendió a los centinelas alemanes y se hizo con el puente sobre el Don. Ello significaba el aislamiento de los 250.000 soldados que en ese momento (23 de noviembre) le quedaban al Sexto Ejército. A partir de ese momento el OKH hizo planes para que los sitiados rompieran el cerco por el oeste y alcanzaran las líneas alemanas.

El invierno ruso (que ya había hecho estragos el año anterior en el ataque a Moscú) volvió a sorprender a los soldados alemanes todavía sin ropa de abrigo y con botas de clavos (que facilitaban la congelación de los pies) mientras que los soldados soviéticos estaban equipados con botas forradas con fieltro, de las que los Estados Unidos habían entregado a Rusia 18 millones de pares (según Keegan). Por otra parte, al perder el puente de Kalach, no podían llegar por tierra los suministros de alimentos, munición, material sanitario y ropa, con lo que el Sexto Ejército quedó cada vez más debilitado, al tiempo que Zhukov estrechaba el cerco y reducía la bolsa con continuos bombardeos artilleros y ataques repentinos y concentrados.

El rescate fallido

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Prisioneros alemanes en 1943

El 10 de diciembre Von Manstein (Jefe del recién constituido Grupo de Ejércitos del Don) ordenó que el Cuarto Ejército Panzer (Hoth) atacara desde el oeste (Operación Tormenta de Invierno) para aproximarse a los sitiados y romper la bolsa, creando un doble pasillo aéreo y terreste por el que pudiera escapar la mayor parte del Sexto Ejército (como se había hecho en Demyansk, al sur del Lago Ilmen, entre febrero y abril de 1942); pero Hitler, a pesar de las insistentes peticiones de Von Manstein, prohibió a Paulus moverse de donde estaba, declaró a Stalingrado fortaleza (Festung Stalingrad), le ordenó resistir hasta el final y, aconsejado por Jeschonnek y Göring, le prometió refuerzos y relevos mediante un puente aéreo. El 24 de diciembre el intento de Hoth de llegar a Stalingrado quedó en las orillas del Alksay a 50 km de la bolsa, y como lo sitiados no hicieron ningún esfuerzo por salir, Von Manstein ordenó a Hoth retirarse ¿Qué habría ocurrido si Paulus hubiera desobedecido la orden de Hitler? Rommel lo hizo en El Alamein, Guderian ante Moscú y Von Rundstedt en Rostov. Pero Paulus era irresoluto (era apodado por sus compañeros de armas Fabius Cunctator, Fabio el Dubitativo) y mucho menos capaz de una decisión radical en sus circunstancias. Tampoco era seguro que forzando una salida al encuentro de Hoth hubiera podido salvar lo que quedaba del Sexto Ejército.

Pero el puente aéreo también fue ineficaz. Cuando los aviones (la mayor parte eran Junker-52) se aproximaban a los aeródromos de Gumrak y Pitomnik en el interior de la bolsa quedaban a tiro de la artillería antiaérea soviética, las circunstancias meteorológicas hacían difícil la navegación, el despegue y el aterrizaje, y el cansancio de la tripulaciones y la fatiga del material disminuían notablemente la capacidad y la frecuencia de los vuelos. Göring, una vez más, fracasó. De las 680 toneladas diarias que el prepotente Reichsmarschall prometió solo llegaban 100 al día. Se perdieron 550 aviones y 1.000 tripulantes. Como, por otra parte, el Ejército Rojo seguía llevando las líneas hacia el oeste de Rusia (Operación Pequeño Saturno) avanzando hacia la cuenca del Donetz (afluente del Don) la distancia que tenían que volar los Junker era cada vez mayor. En noviembre despegaban desde el aeródromo de Tatsinskaya, a 270 km de Stalingrado; a partir de la destrucción del aeródromo el 23 de diciembre por los blindados soviéticos los aviones de la Luftwaffe tenían que volar desde Salsk, a 400 km.

Fue a partir del 30 de diciembre cuando los sitiados perdieron la esperanza de ser rescatados. Los combates callejeros y de bloque en bloque en el interior de la bolsa continuaban con la misma saña e intensidad, pero en esta ocasión los rusos llevaban la mejor parte; se sabían más numerosos, mejor alimentados, mejor equipados, con más munición y vencedores; los alemanes estaban desmoralizados, no estaban acostumbrados a vivir ni a combatir a -40º, estaban mal alimentados y sin munición. Paradójicamente, los que en septiembre habían sido sitiadores eran ahora sitiados, empujados al río, al Volga, porque el cerco ruso se estrechaba por el oeste; y ahora al otro lado del río no había refuerzos sino enemigos.

Al estrecharse el cerco, los aeródromos cayeron en manos de los rusos, el 16 de enero Pitomnik y el 23 Gumrak; a partir de entonces los suministros tuvieron que lanzarse en paracaídas, que a veces caían fuera de la bolsa, en manos de los sitiadores. Las raciones diarias disminuyeron drásticamente: 75 g de pan, 200 de carne de caballo (incluyendo los huesos), 24 g de verdura, 12 g de manteca, 11 g de azúcar y 1 cigarrillo. Empezaron las muertes por inanición, y aumentaron los suicidios; también se prodigaron las deserciones. La más destacada fue la de Von Seylitz-Kurbach, General Jefe del LI Cuerpo, el 27 de enero de 1943 quien se había mostrado partidario de desobedecer a Hitler y romper el cerco y quien tras su entrega a los rusos dirigió la Liga de Oficiales Alemanes y el Comité por Alemania Libre, organizaciones prosoviéticas que se dedicaron desde el cautiverio a hacer propaganda derrotista y a convencer a los demás prisioneros alemanes de las maldades del nacionalsocialismo y de las bondades del bolchevismo. Paulus pronto seguiría los pasos de su subordinado y se integraría en la Liga y en el Comité.

El final

El 15 de enero de 1943 Hitler ascendió a Paulus a Capitán General (Generaloberst) y el 30 de enero a Mariscal de Campo (Generalfeldmarschall) al tiempo que le recordó que en la historia de Alemania no había habido ningún Mariscal que se hubiera rendido. Pero la situación había llegado al límite y el 31 de enero Paulus se rindió (acaso esta vez desobedeció al Führer en revancha por no haberle permitido romper el cerco) y rindió ante Zhukov los 110.000 soldados que quedaban del Sexto Ejército. El 2 de febrero cesaron los combates. Todo acabó. La Wehrmachttuvo 250.000 muertos. De los dos Ejércitos rumanos (el Tercero y el Cuarto) murieron 30.000 soldados y cayeron prisioneros 70.000. El Octavo Ejército italiano sufrió 87.000 bajas mortales y 30.000 heridos. De los 110.000 alemanes prisioneros, en 1955 solo regresaron a Alemania 6.000; los restantes murieron por maltrato, congelación o por inanición en los campos de trabajo o en las marchas hacia dichos campos. De los 3 millones de prisioneros alemanes en Rusia en el total de la campaña (1941 a 1945) 300.000 murieron de la misma forma (téngase en cuenta que dos millones de prisioneros soviéticos murieron por las mismas causas en los campos nazis).

Las bajas del Ejército Rojo en la batalla de Stalingrado alcanzaron 1.100.000. Ciertamente, a la Stavka no le importaba lanzar al frente un número de soldados prácticamente infinito -eran carne de cañón rápidamente instruida, muy disciplinada y fácilmente reemplazable- siempre que ganaran la batalla conquistando el terreno y destruyendo al enemigo. No sin motivo en 1945 Stalingrado fue proclamada Ciudad Héroe de la Unión Soviética.

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Avión Junker 52

Chuikov llevó a su 62º Ejército (ahora denominado 8º Ejército de Guardias) durante todo el resto de la guerra (la Gran Guerra Patriótica en la historiografía rusa) hasta las puertas de Berlín, donde el 30 de abril de 1945 recibió la rendición del General Weidling el 2 de mayo de 1945. Zhukov continuó sus victorias en Kursk (julio de 1943), la Operación Bagration (verano de 1944), Vístula-Oder (febrero de 1945) y Berlín (mayo de 1945) donde el 8 de mayo recibió la rendición de Keitel en nombre de todas las fuerzas armadas del III Reich; fue proclamado, entre otras muchos honores y condecoraciones, cuatro veces Héroe de la Unión soviética. A pesar de sus méritos, o precisamente por ello, en 1946 cayó en desgracia con Stalin y no fue rehabilitado hasta la muerte de éste y la llegada de Kruschev al poder en 1953. Paulus fue llevado al Tribunal de Núremberg para testificar contra Keitel y Jodl por sus crímenes de guerra.

Con perspectiva

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Mariscal Paulus prisionero

Las consecuencias estratégicas de la caída de Stalingrado fueron enormes. Supuso el comienzo de la derrota inevitable del III Reich. Si El Alamein (octubre-noviembre de 1942) fue el punto de inflexión en África del Norte, Stalingrado lo fue en el frente ruso. Hasta entonces Hitler había mantenido la iniciativa aunque otros factores (resistencia británica, incapacidad italiana, supresión de la regencia yugoslava) le hubieran obligado a modificarla. Desde ahora Alemania no tenía otra opción que defenderse a ultranza de los ataques que se le venían encima desde el este, desde el sur (Sicilia, península italiana) y, al año siguiente, desde el oeste (Normandía).

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Zhukov, condecorado

Hitler, autoproclamado OKW y OKH, que interfería en los planes de los Estados Mayores de los Ejércitos en el propio campo de batalla hasta el nivel de Cuerpo de Ejército y de División, fue el responsable de la catástrofe y de la derrota final. Había desoído las teorías del principal pensador militar prusiano, Von Clausewitz. Entre ellas la de la guerra de objetivos limitados y la del Schwerpunkt o punto de gravedad, lo que implicaba la máxima concentración de objetivos, tratando siempre de golpear en el punto más débil del enemigo. Al plantearse el OKW tres metas absolutamente dispares y distantes entre sí (Leningrado, Moscú y Kiev) dispersaba sus fuerzas sin concentrarse en ninguno de los tres objetivos; y al simultanear los ataques a Stalingrado y a los campos petrolíferos de Maikop (al norte del Cáucaso y a 700 km de Rostov) extendía sus líneas hasta hacerlas insostenibles. Hitler perdió el Sexto Ejército en Stalingrado pero estuvo a punto de perder también el Grupo de Ejércitos A; se trataba de 800.000 soldados que tuvieron que retirarse desde Maikop y que por muy poco se libraron de quedar atrapados en el Kubán y de llenar los campos de concentración soviéticos.

Nadie podía imaginar que la alianza de dos criminales dictadores (Hitler y Stalin) para repartirse Polonia daría lugar años más tarde a la peor catástrofe humana de todos los tiempos.

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