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Cervera: él no fue el culpable

¿Pretendió el jefe de Gobierno perder la escuadra en un solo golpe y cuanto antes para concluir la guerra antes de que alcanzase a España o de que se sublevasen carlistas y republicanos?

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El Almirante Pascual Cervera y Topete

Estados Unidos entra en guerra con la decadente España de la Restauración no porque ésta hubiera sido vencida en Cuba y Filipinas, sino porque había ganado. Antonio Cánovas del Castillo, presidente del Consejo de Ministros desde 1895, mandó a Filipinas al general Fernando Primo de Rivera y a Cuba al general Valeriano Weyler, que sometieron a los rebeldes, en el primer caso por la negociación y en el segundo por una exitosa campaña militar.

En agosto de 1897, un pistolero anarquista italiano, Michele Angiolillo, asesinó a Cánovas: Le sucedió el progresista Práxedes Sagasta, con el que el político conservador había formado el turno de partidos. Sagasta también fue entre 1876 y 1881 gran maestre de la masonería.

Una de las primeras decisiones de Sagasta fue, en octubre, la sustitución de Weyler (atacado por la prensa progresista y republicana española y por la imperialista de EEUU) por el general Ramón Blanco, más ‘pacifista’.

Objetivo de EEUU desde 1807

Tan pronto como en 1807, el tercer presidente de EEUU, Thomas Jefferson, declaró al ministro acreditado de Inglaterra que Cuba acabaría siendo parte de la nueva república. ¡Y eso cuando hacía treinta años de la ayuda de España a la independencia de las trece colonias! Los ofrecimientos por parte de Washington para comprar la isla se sucedieron.

¿Y qué hicieron los distintos gobiernos españoles? Casi nada. España se desangró en varias guerras, que destruyeron su economía, su demografía y su soberanía. Por otro lado, la sacarocracia cubana, que tonteó con la anexión a EEUU hasta que la esclavitud fue abolida en este país, movió sus peones para mantener sus privilegios: en la casa real, en la prensa, en la política, en el ejército… Uno de los espadones del reinado de Isabel II, el general Serrano, que luego fue regente de España, casó con una cubana, Antonia Domínguez y Borrell y el Partido Conservador recibía dinero de Cuba.

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Ilustración para la prensa de la destrucción de la flota española

Para hacerse una idea de la incompetencia de los políticos españoles y de la sangría que representaban las guerras coloniales, en la de los Diez Años (1868-1878) murieron 100.000 soldados españoles, de los que sólo el 10% lo hizo por heridas de guerra o en combate; el 90% falleció por enfermedades. Una proporción ésta mayor que la de la guerra civil de EEUU, que fue de dos tercios.

La Restauración trajo paz a un país que con el cantonalismo republicano había provocado ya risa en las cancillerías extranjeras. Pero poco más. España no era un socio de confianza y su política exterior estaba controlada por Londres y París. Cánovas, que se negaba a concesiones en Cuba ni buscó alianzas, ni construyó una flota poderosa.

Si Cuba se mantuvo bajo soberanía española hasta finales del siglo XIX se debió a la oposición de Inglaterra a que EEUU penetrase en el Caribe y a las divisiones en la república norteamericana.

Un jefe que no creía en su misión

Cuando en 1897 unos EEUU reconstruidos vieron que la excusa para saltar sobre la perla de las Antillas se diluía, redoblaron su injerencia. En febrero de 1898, el estallido del acorazado Maine en el puerto de La Habana (por causas internas y no por un sabotaje español) les dio el motivo para declarar la guerra en abril siguiente.

Inmediatamente, la flota del almirante Dewey, ya preparada en Hong-Kong, bajo amparo británico, hundió el 1 de mayo la pequeña escuadra del contraalmirante Montojo en Cavite.

El Gobierno de Sagasta decidió enviar una escuadra al Caribe y como almirante jefe escogió a Pascual Cervera (1839-1909), un marino experimentado, que había servido en Filipinas y Cuba y combatido contra los cantonales, a pesar de que se pronunció en contra de la operación, pues prefería mantener los barcos en Canarias y la Península.

Mal comienzo. El jefe elegido no creía en la misión. En el viaje al Caribe, se acumularon los fallos: faltaron carbón y municiones, los mejores barcos se quedaron en España… Cervera burló el bloqueo de la armada de EEUU, pero aunque su destino era La Habana se refugió en Santiago, una ciudad, además, rodeada de insurgentes. Mientras se justificaba ante Madrid y buscaba carbón, le bloqueó el almirante Sampson.

Cervera no fue Blas de Lezo

En otro ejemplo de ineptitud del mando español, el general Arsenio Linares, comandante de Santiago, mantuvo 10.000 soldados en la ciudad, mientras dejaba en las débiles posiciones exteriores de San Juan y Caney a unos pocos cientos de hombres. Estas unidades, en las que hubo marinos de la escuadra de Cervera, contuvieron durante el 1 de julio a una fuerza norteamericana de varios miles de hombres. Los españoles estaban armados, aparte de con su valor, con un modelo de rifle Máuser, mejor que el que tenían los invasores.

Tanto el general Blanco en La Habana como los políticos en Madrid ordenaron a Cervera salir de la bahía con la excusa de la inminente caída de la ciudad. El almirante obedeció y el 3 de julio, de día, sus barcos salieron uno por uno por la estrecha bocana. Para los norteamericanos fue como tirar al blanco en una feria; sólo tuvieron un muerto.

Como Cervera sabía la suerte que iba a correr su escuadra, ordenó que los barcos navegasen pegados a la costa, para facilitar a las tripulaciones su abandono. A pesar de ello, los muertos se acercaron a los 350. Entre éstos, destaca el capitán del destructor Furor, Fernando Villaamil, uno de los pocos mandos con espíritu ofensivo, que había propuesto conducir la escuadra a las costas de Estados Unidos.

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El Infanta María Teresa, 1898

Cervera iba en el buque insignia, el Infanta María Teresa, el primero en salir de la bahía y el primero en ser hundido. Fue hecho prisionero por sus enemigos y elogiado por ellos ¡como un héroe! No es sorprendente, ya que les había entregado una gran victoria; lo sorprendente es que semejante alabanza se cite en España con orgullo. El marino permaneció prisionero en EEUU varios meses y luego regresó a su patria.

¿Podía Cervera haber imitado a Blas de Lezo en Cartagena de Indias, es decir, haber bloqueado la entrada a la bahía y empleado los más de 2.000 hombres de las tripulaciones para la defensa terrestre de Santiago hasta que en un mes hubiera empezado la temporada de huracanes?

La casta política y militar condujo de una manera tan lamentable la guerra que surgieron las sospechas sobre sus intenciones. ¿Por qué el masón Sagasta ordenó a Blanco que rindiera su gran ejército sin combatir?, ¿pretendió el jefe de Gobierno perder la escuadra en un solo golpe y cuanto antes para concluir la guerra antes de que alcanzase a España o de que se sublevasen carlistas y republicanos? Otro factor es que el comercio en el Atlántico estaba interrumpido, lo que ocasionó subidas del precio de trigo y del pan en Europa al faltar el grano de EEUU. Por último, Inglaterra vigilaba y no le venía mal una España aún más débil en Gibraltar, una de las cinco llaves que cerraban el mundo, según el almirante Fisher.

Tan poca confianza tenía Cervera en sus superiores que guardó los telegramas cursados con ellos y otros documentos, y los publicó en 1899.

Almirantes fusilados y degradados

En Inglaterra se fusiló al almirante John Byng en 1757 por haber perdido la isla de Menorca. El almirante Husband Edward Kimmel, comandante en jefe de la flota de EEUU en el Pacífico cuando Japón la atacó en Pearl Harbor, fue degradado por el presidente Roosevelt. Una comisión le consideró culpable de negligencia y de inacción. Otros tres presidentes (Nixon, Reagan y Clinton) rechazaron las peticiones de los familiares de Kimmel de rehabilitarle y devolverle su rango anterior.

Yo no pido semejantes castigos para Cervera, porque los mayores responsables del 98 fueron los políticos civiles de la Restauración. Pero creo que como nación tenemos que dejar de honrar a vencidos que son aplaudidos por el enemigo al que tenían que derrotar.

No hay que ir a la época del Imperio para encontrar a personajes como Blas de Lezo o Hernán Cortés; también en los siglos XIX y XX hubo héroes, como Osvaldo Capaz, que ocupó Ifni; la compañía de esquiadores de la División Azul que cruzó el lago Ilmen bajo el fuego enemigo y con -40º; o Ángel Sanz Briz, que salvó a miles de judíos.

Basta de tener como modelos a perdedores como Cervera y a cretinos como Rubianes.

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