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Katyn, 75 años de crímenes y mentiras comunistas

Los polacos no perciben como tal la “liberación” sino más bien como la sustitución del totalitarismo nacional-socialista alemán por el nacional-comunista ruso.

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Exhumación de los cadáveres, 1943 | Cordon Press

Rusia no cesa de protestar ante el gobierno de Polonia porque los polacos no paran de desmontar los monumentos soviéticos. De los más de quinientos memoriales en homenaje al millón y medio de soldados soviéticos muertos durante la "liberación" de Polonia de la ocupación nazi apenas quedan la mitad. Pero el problema es que los polacos no perciben como tal la "liberación" sino más bien como la sustitución del totalitarismo nacional-socialista alemán por el nacional-comunista ruso.

Así, el embajador ruso ante la OSCE ha pedido que se respeten "monumentos a los que dieron sus vidas por el pueblo polaco y liberaron a los prisioneros de los campos de concentración nazis". La cuestión, como suele suceder en política, es que en la "memoria histórica" de los polacos está mucho más viva la represión sufrida por culpa de los comunistas que la "liberación" de los nazis. Y un capítulo esencial para que los comunistas tengan todavía peor prensa en Polonia que los nazis reside en lo que pasó en Katyn.

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En dicha localidad rusa más de 22.000 oficiales y miembros polacos del Ejército y la élite cultural fueron asesinados por el Ejército Rojo, por orden directa de Stalin, de un tiro en la nuca y enterrados en fosas comunes. Todo ello en secreto. Al crimen del asesinato se le sumó la infamia de la mentira que durante generaciones hizo que los polacos creyeran que habían sido los nazis los culpables de la atrocidad (lo que era, por otro lado, muy creíble dada la ferocidad con la que los alemanes nazis se habían empleado contra los polacos, a los que consideraban un pueblo inferior al que podían convertir en esclavos).

Fue una película la que abrió los ojos finalmente al mundo, y a los propios polacos que habían sido adoctrinados en una escuela controlada desde la URSS: Katyn, de Andrzej Wajda. La película, que se puede ver en la plataforma online Filmin, empieza con tres títulos. El primero,

"El 1 de septiembre de 1939. Alemania atacó Polonia"

El segundo,

"El 17 de septiembre el Ejército Rojo entró por el este de Polonia, según el pacto secreto entre Alemania y la URSS"

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De esta forma Wajda ataca desde el principio el "relato" que trata de situar a la URSS como liberadora de Polonia contra la barbarie nazi, dejando claro que los comunistas y los nazis fueron aliados para destruir las democracias liberales, en general, y a Polonia en particular. Con estos dos carteles se aniquilan lustros de adoctrinamiento comunista pro soviético que había tratado de colar la mentira de que los comunistas habían "liberado" a los polacos, cuando, en realidad, habían formado parte de la primera agresión y no hicieron sino continuar la dictadura, solo que cambiando las banderas.

El tercer cartel rompe otro sesgo, el que asocia "campo" con nazis:

"Más de 22.000 polacos prisioneros del Ejército Rojo en los campos de Starobielsk, Oststaszkowo y Kozielsk fueron fusilados por orden de Stalin en 1940"

Y termina:

"Durante más de medio siglo la URSS no reconoció este crimen"

(más concretamente hasta que Gorbachov hizo de Hércules en los establos soviéticos). La historia comienza el 17 de septiembre de 1939 con dos columnas de polacos que se encuentran en mitad de un puente. A unos los persigue el Ejército Nazi; a los otros, el Ejército Rojo. La esposa de un oficial de una compañía de ulanos será la protagonista individual, junto a su hija, de la tragedia colectiva. En la primera secuencia, cree reconocer el abrigo de su marido cubriendo un cuerpo. Cuando lo levanta, descubre que no es el ningún cadáver sino la imagen de un Cristo.

Por otro lado, el diario del oficial en el que se registra que Moscú no había firmado la Convención de Ginebra. También, el encuentro entre los "camaradas" nazis y comunistas. Mientras que el comunismo iba a durar para siempre, los nazis, más humildes, sostenían que el Reich solo duraría 1000 años. No es esta la única de las "microhistorias" a través de las cuales se relata el atentado del "terror Rojo" durante el año que transcurre desde la invasión nazi-comunista y el asesinato masivo en el bosque de Katyn. El trailer de la película expresa a la perfección el equilibrio que se produce entre el drama de las distintas familias y la épica del asesinato.

Putin depositó una corona de flores en un monumento a los masacrados en Katyn. Lo que no deja de ser una paradoja dado que fue la NKVD la que realizó el asesinato masivo y que Putin también ha conmemorado los 100 años del nacimiento de la Cheka, la policía secreta soviética. Por cierto, es en este contexto en el que se ha aprobado en el Parlamento polaco la ley según la cual es un delito culpar a la "nación polaca" del genocidio judío así como hacer mención a los campos de exterminio en relación a "lo polaco" (más allá de la mención a polacos concretos). Y es que los polacos, como muestra esta película, se consideran ellos mismos tan víctimas como de los nazis y los comunistas como los demás grupos masacrados.

Por otra parte, cabe recordar que para Hannah Arendt

"El súbdito ideal del régimen totalitario es el individuo para el cual la distinción entre realidad y ficción, entre verdad y mentira, no existe"

Con la película Katyn, Wajda nos muestra que la mejor rebelión contra el totalitarismo de cualquier signo es la revelación de la verdad. Porque, retomando la imagen de Jesús crucificado al principio de la película, lo que nos viene a decir la película es que la verdad es la que nos hace libres. Y que aunque Stalin consiguió asesinar a los miles de oficiales polacos sin embargo no conseguirá que su mentira, más de 22.000 veces repetidas, se convierta en verdad. También que nunca hay que perder la esperanza. Dice una polaca instalada en las poltronas de la "Polonia popular", es decir, comunista:

"Polonia nunca será libre. Nunca"

Una vez más, los totalitarios, los mentirosos, los que odian la libertad, pierden. Y el cine da testimonio de ello. Contra Godard, el cine puede llegar a ser la verdad a 24 fotogramas por segundo.

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