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Pedro de Tena

La novia del heroico Daóiz: una incógnita de la historia de España (II)

Conocer su nombre rinde honores a quien vio su vida familiar truncada por los bayonetazos franceses y decidió ser fiel al recuerdo de su prometido.

Pedro de Tena
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Conocer su nombre rinde honores a quien vio su vida familiar truncada por los bayonetazos franceses y decidió ser fiel al recuerdo de su prometido.
Muerte de Daoiz y Velarde | Archivo

Antes que nada, confesemos que no hemos logrado en el breve período de tiempo del que hemos dispuesto, averiguar la identidad de esta novia utrerana del héroe de la Guerra de la Independencia por lo que esta incógnita de la vida de Daóiz, que tampoco han despejado la historiografía nacional ni la local, sigue viva. Ni siquiera en la historia conocida de Utrera hay constancia de quién fue esta joven que muerto el novio prefirió el cenobio. Por cierto, la Universidad de Sevilla no contempla la especialidad de historia local, que sí existe en otras Universidades de España.

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Monumento a Luis Daoiz y Pedro Velarde en la Plaza del 2 de Mayo de Madrid.

Uno de los escritores más concienzudamente documentados sobre el dos de mayo, Arturo Pérez-Reverte, admite la existencia de esta novia.Autor de una novelación sobre los acontecimientos del dos de mayo de 1808 titulado Un día de cólera, recoge que "el Abuelo, como llamaban al capitán Daóiz, nació "en Sevilla hace cuarenta y un años, comprometido en fecha reciente con una señorita andaluza de buena familia" y que "es hombre de aspecto pulcro y agradable, aunque de baja estatura, pues mide menos de cinco pies".

Pérez Reverte no menciona, sin embargo, que esa señorita se metió a monja tras la muerte de Daóiz, pero recrea un episodio de la lucha, que podría querer ser mágico y clarividente, en el que una monja animosa, sor Eduarda, grita desde su reja:

—¡Vivan los oficiales y los soldados españoles!¡No desmayen, que Dios los mira desde el Cielo!... ¡Allí los espera a todos!

Luis Daóiz, en la novela, observaba a la monja asomada a la ventana, temiendo que una bala fría o un rebote de metralla la despachara al otro mundo como ocurrió en el caso real de Manuela Martín de Lara, y aceptó una medallita de su parte inclinando la cabeza como saludo.

También se refiere a Concha, la prometida de Pedro Velarde.

Como cada mañana antes de acudir a su destino en la junta de Artillería, el capitán Pedro Velarde y Santillán, santanderino de nacimiento, veintiocho años de edad —la mitad de ellos vistiendo uniforme, pues ingresó como cadete a los catorce—, da un rodeo, y en vez de ir directamente de su casa en la calle Jacometrezo a la de San Bernardo, toma la corredera de San Pablo y pasa por la calle del Escorial. Hoy lleva en el bolsillo una carta para su novia —Concha, con la que tiene promesa de matrimonio—, que enviará más tarde a Correos.

Inmediatamente después, descubre la existencia de la misteriosa María Beano, viuda de un capitán, también de Artillería, madre de cuatro hijos aún menores, varón y tres hembras y "exenta de sospechas desfavorables". Pero lo cierto es que cada mañana, sin faltar un solo día, el oficial Velarde pasa ante su balcón, y cada tarde la visita en su casa. Francisco Umbral, más conciso, se refiere a la novia viuda de Velarde. Pero esa es otra historia también por escribir, aunque, al menos, tenían nombre.

La novia de Daóiz sigue enclaustrada en el misterio y en el anonimato. ¿Qué interés tiene conocer su nombre? Además de rellenar el vacío de la historiografía nacional y su ausencia en la biografía del capitán sevillano, se trata de rendir honores a quien vio su vida familiar truncada por los bayonetazos franceses y decidió ser fiel al recuerdo de su prometido. Historia menuda, cierto, pero ¡menuda historia!

Al menos, hay que subrayar, lo hemos intentado. Conocedores de que en la Utrera de 1808 existían tres congregaciones religiosas femeninas – Clarisas, Dominicas y Carmelitas -, rastreamos su destino actual. El convento de las Carmelitas sigue en Utrera, pero Clarisas y Dominicas, se han trasladado a otras poblaciones más habitadas de Sevilla. Naturalmente, había que suponer que la joven habría tomado los hábitos en alguna de las comunidades conocidas por ella en su localidad de residencia, Utrera.

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Retrato de Daoiz

Por tanto, a todas ellas les mandamos el siguiente correo electrónico: "Estimadas señoras, mi nombre es Pedro de Tena Alfonso y soy periodista de Libertad Digital. Con motivo del 250 aniversario del nacimiento de Luis Daóiz, el héroe de la Guerra de la Independencia, estoy buscando la identidad de su prometida, una joven noble de cuna de Utrera que tomó los velos de monja cuando su novio murió el 2 de mayo de 1808 en Madrid. Ofició la ceremonia el cardenal de Sevilla Judas José Romo Gamboa. Nadie conoce aún su nombre y me preguntaba si fue ésta la Orden en que ingresó esta chica… He supuesto que ingresaría en alguna orden o congregación conocida. Si tienen alguna noticia, les ruego me lo hagan saber". Lamentablemente no siquiera han correspondido al mensaje.

Ya que no podíamos encontrar el nombre de esta joven, nos propusimos trazar un plan o estrategia de investigación que permitiera encontrar su identidad. Contamos para ello con Julio Mayo Rodríguez, especialista en historia local y probablemente el mejor conocedor de la historia de algunas de las agrovillas más importantes de la campiña sevillana, entre las que se halla Utrera.

Julio Mayo nos refirió que habría, en primer lugar, que tratar de determinar el contexto general una vez admitida la hipótesis de la existencia de una prometida, algo que reconocen incluso los descendientes actuales de Daóiz. En ese caso, habría que prestar atención especial a Utrera, que, además, fue una muy destacada localidad en la Guerra de la Independencia. De hecho, en mayo de 1808, las Juntas Generales y el general Castaños decidieron retrasar líneas de Carmona a Utrera para, desde ahí, emprender el camino a Bailén donde libraron la famosa y victoriosa batalla contra el general Dupont.

Podría investigarse qué personalidades y familias utreranas recibieron al general Castaños y le ayudaron en su corta estancia en la villa. Hacía apenas unas semanas de los acontecimientos del Parque de Monteleón en Madrid y es de suponer que, siendo la familia de la novia de Daóiz de la nobleza utrerana, estuviese presente en aquellos hechos. Al menos, podría determinarse un grupo de apellidos entre los que podrían estar los de la familia de la prometida del héroe.

Igualmente, convendría tiene con conocimiento extenso de la vida conocida del capitán sevillano, sus relaciones personales y militares y comprobar qué contactos había tenido con amigos y conocidos nacidos en Utrera. Con todo ello, habría que acotar el campo a cuatro o cinco familias utreranas con el fin de poder precisar a cuál de ellas perteneció la joven. Imprescindible para ello sería el acceso a los archivos familiares de las seleccionadas por disponerse de mejores indicios.

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Daoiz y Velarde en la cripta de la Iglesia de San Martín de Madrid


Además, la única carta conocida de Luis Daóiz es la que remitió a su hermana años antes de su muerte y en ella le hablaba de las modas y peinados que se llevaban en Cádiz ("en la cabeza se estila dos moños en dos peinetas, el que se pone delante casi sobre el tupé debe ser de seis varas de colonia y el de detrás debe ser hecho de una banda de gasa"). Contemplando que el viaje de Sevilla a Jerez y a Cádiz conllevaba necesariamente una parada en Utrera, donde la existencia de muchas y célebres fondas, invitaban al refrigerio, no es de extrañar que Daóiz hubiera pernoctado en Utrera en algunas ocasiones.

En cualquier caso, el trabajo principal de la investigación debería centrarse en:

a) El Archivo de Protocolos Notariales de Utrera que está en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla. Allí se guardan documentos como convenios o cartas de dotes, alquileres, compras y ventas o testamentos, que pueden ser útiles y desvelar tal vez las relaciones de Daóiz con familias de Utrera.

b) Los archivos de los conventos, especialmente de los Libros de profesiones de fe, para tratar de confirmar qué jóvenes de Utrera habían ingresado en ellos por aquellas fechas. Deben estar intactos porque los franceses no sometían a exclaustraciones ni a daños los conventos femeninos.

c) El Archivo General del Arzobispado de Sevilla, que es muy rico en documentación de visitas a conventos femeninos por parte de las autoridades eclesiásticas, lo que podría concluir en la determinación de los apellidos de las monjas de Utrera.

d) Especial importancia tendrían los Libros de Órdenes Sagradas porque deben contener los días precisos en que el Cardenal Arzobispo de la época, en este caso, el cardenal Romo Gamboa, impuso velos a las nuevas religiosas.

En fin, valga el esfuerzo por encontrar el nombre de una muchacha a la que el destino no le reservó siquiera la posibilidad de conllevar la categoría de viuda de Daóiz. Ni siquiera sabemos cómo era. Por eso nadie podrá componerle versos como los que el descendiente de su prometido, Fernando Villalón-Daóiz y Halcón, le compuso a los ojos de una niña blanca, blanca:

Negros faroles sus ojos.
Su boca roja granada.
Cuchillito su nariz
sobre el labio apernacada.

Dos rosas en los oídos.
Dos hoyuelos en la barba.
De negra noche, dos trenzas
sobre los hombros de malva.

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