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Raymond Aron y Mayo del 68

Raymond Aron ha quedado como la voz discordante, el intelectual que se atrevió, en medio de aquellas turbulencias, a nadar contracorriente.

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Los sucesos de mayo de 1968, como todas las jornadas revolucionarias de Francia, no se pierden en la bruma del pasado, quedan presentes, heroicos o burlescos según el humor de los hombres, para seguir levantando pasiones.

¿Qué significaba ese temblor de tierra que durante algunos días amenazó derrumbar el imponente edificio levantado por diez años de gaullismo?

(Raymond Aron. "Memorias", 1983)

Al comenzar este año 2018 en la prensa francesa corrió el rumor de que Emmanuel Macron quería conmemorar los cincuenta años del Mayo de 68. De todas partes llovieron críticas. Para unos, solo podía servir para resucitar viejas querellas; para otros, se trataría de una penosa reunión de septuagenarios melancólicos; para unos terceros, ofrecería una nueva oportunidad de revuelta a los eternos vendedores de falsas ilusiones. Y es que, pasado medio siglo, aquella revolución que, según Raymond Aron, no lo fue pero que estuvo a punto de llegar a serlo, sigue levantado pasiones opuestas entre los franceses.

En la memoria colectiva de aquella aventura revolucionaria Raymond Aron ha quedado como la voz discordante, el intelectual que se atrevió, en medio de aquellas turbulencias, a nadar contracorriente. Sus artículos en Le Figaro en los meses de mayo y junio y la publicación, a primeros de agosto de 1968, de su libro La révolution introuvable fueron una bofetada para las autoridades académicas y para todos esos intelectuales que habían optado por dejarse llevar por la corriente revolucionaria. Nunca se lo perdonaron.

Mucha gente de mi generación piensa que ya va siendo hora de desmitificar aquella pseudo revolución estudiantil. Y para ello, qué mejor que recordar los argumentos que expuso el eminente pensador y escritor francés en aquel libro que él consideró siempre como un "libro de combate".

Es difícil explicar las reflexiones de Raymond Aron sobre los acontecimientos de mayo sin tener presente el relato de lo que fueron. De ahí que haya decidido dividir mi reseña sobre aquel famoso libro de Aron en dos partes. En la primera haré un resumen más o menos pormenorizado de lo que aconteció en Francia en aquel mes de mayo de 1968. Y dedicaré una segunda parte a los comentarios y reflexiones que el intelectual francés hizo, en caliente, sobre lo que él llamó "los acontecimientos de Mayo"

Parte primera. Los acontecimientos

De Nanterre a la Sorbona. La violencia se apodera de las calles

Los disturbios en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de Nanterre comenzaron ya en 1967. El motivo principal de las quejas de los estudiantes era la implantación de la reforma del Ministro de Educación, Christian Fouchet. Una reforma de la enseñanza superior que introducía medidas consideradas "segregadoras" y "selectivas", o sea intolerables para la izquierda pedagógica.

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Estudiantes en Nanterre, 1968

El 22 de marzo de 1968, Cohn-Bendit, alumno de Sociología de Nanterre y futuro líder de Mayo del 68, junto con una decena de alumnos, toman el anfiteatro de la Universidad, y proclaman el movimiento de los "Enragés du 22 mars" ( "Los indignados del 22 de marzo").

El jueves 2 de mayo se organiza una manifestación "anti-imperialista" en Nanterre. Un comando de "indignados" recorre la Facultad de Letras gritando slogans y exigiendo a los alumnos que desalojen las clases. La situación se hace insostenible y el Decano cierra la Universidad.

Los "indignados" marchan entonces hacia París y, en el transcurso de la mañana del viernes, día 3, toman la Sorbona. Al día siguiente, a petición del Rector, la policía desaloja la Universidad.

Al desalojo de la Sorbona le sigue una semana de auténtica locura. El Barrio Latino se convierte en un campo de batalla. Las manifestaciones, cada vez más numerosas y violentas, son repelidas con brutalidad por la policía. Se producen numerosas detenciones y los heridos de ambos bandos (estudiantes y policías) se cuentan por centenas. A pesar de ello, el gobierno se mantiene firme. "¡El poder no recula!", era la frase preferida del General De Gaulle.

La noche del viernes 10 la violencia alcanza extremos intolerables. Todo son carreras de un lado a otro y detonaciones de cócteles molotov. Los estudiantes levantan barricadas en el boulevard Saint Germain. A las dos de la mañana, el ministro de Justicia, Louis Jox, decide mandar quinientos efectivos de las Compañías Republicanas de Seguridad (CRS), especializadas en disturbios violentos con la orden de restaurar la paz en las calles. A las 2 y 10 minutos de la madrugada la carga comienza, las barricadas van cayendo una a una entre gritos de los manifestantes, "¡CRS=SS!".

A las 5 y media Cohn-Bendit se dirige por radio a su gente dando la orden de dispersión. El sindicato obrero más poderoso de Francia, la CGT (de filiación comunista), convoca una huelga general para el lunes 13 de mayo.

El sábado los parisinos amanecen preguntándose "¿acaso nos hemos vueltos locos?"

El gobierno capitula

A las 7 de la tarde de ese sábado, el Presidente del Gobierno, George Pompidou, que había salido de París el día 2 de mayo rumbo a Irán, aterriza de vuelta en el aeropuerto de Orly. Al pie del avión le esperan unos ministros de caras pálidas y con expresión de catástrofe. El desaparecido vuelve dispuesto a gobernar una situación que algunos de sus ministros consideran ya insostenible. Pompidou anuncia por la televisión que la Sorbona abrirá sus puertas el lunes.

El lunes 13, mientras los estudiantes se encierran en una Sorbona convertida en un museo de la Revolución, la huelga general paraliza los servicios públicos.

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A mediodía, trescientas mil personas recorren las calles de París gritando: "58-68, dix ans, c’est assez!" "Au revoir mon general!" ("58-68, diez años, ya es bastante" "Adiós mi general").

De Gaulle, convencido de que, al final, los comunistas pondrán orden, decide mantener el compromiso de un viaje a Rumanía y abandona París el 14 de mayo.

En la noche del miércoles 15 los contestatarios ocupan el Teatro Nacional, el Odéon.

El día 18 el General regresa de su viaje dispuesto a poner fin a la rebelión: "¡La reforma, sí, ‘la chienlit’ no!"

La chienlit, término arcano resucitado por el General, tiene un inmediato efecto bumerang. "La chienlit c’est lui!" gritan los manifestantes cada vez más envalentonados. De Gaulle, desesperado, promete que se dirigirá a la Nación el día 24 a las 8 de la tarde.

En el atardecer del 24 de mayo, De Gaulle se dirige a los franceses por la radio. Por primera vez en muchos años, el orador tan amado no consigue transmitir ni emoción ni seguridad. De Gaulle es consciente de su fracaso. "J’ai mis à coté de la plaque" ("Me he ido por los cerros de Úbeda") dice al retirarse del micrófono.

Al desafortunado discurso sigue una noche de espanto. La comuna revolucionaria cruza el Sena hacia la orilla derecha ("la rive droite"), prende fuego a la Bolsa e invade las calles más elegantes de París sembrando el pánico entre la burguesía que hasta ese momento había contemplado el espectáculo revolucionario de sus "chicos" no sin cierta simpatía.

Las negociaciones de Grenelle y el mitin de Charlétey

Tras el fracaso del discurso del General, el Primer Ministro Pompidou toma las riendas y convoca a patronos y sindicatos en la sede del Ministerio de Trabajo de la calle Grenelle dispuesto a iniciar una negociación. Después de dos días de discusiones, los trabajadores de la Renault se resisten a dialogar. Finalmente, el día 27 se llega a un acuerdo verbal que no consigue poner fin a las huelgas.

Mientras tanto, el sindicato de estudiantes, la UNEF (Unión Nacional de Estudiantes de Francia) y las organizaciones de izquierdas han conseguido autorización del gobierno para celebrar un mitin el lunes 27 por la tarde en el estadio parisino de Charlétey. Asisten 40.000 personas, entre ellos, líderes sindicales y algunos políticos, como Michel Rocard o Pierre Mendès France.

Por su parte, el Partido Comunista, al ver que va perdiendo protagonismo, decide convocar una manifestación para el miércoles 29.

Huida y regreso del General

Entre la mañana del miércoles 29 y la tarde del jueves 30 el Presidente de la República va a estar desaparecido. Se sabe que voló a Baden-Baden para entrevistarse con el general Massu, comandante en jefe de las fuerzas armadas francesas en Alemania, y que pasó la noche del miércoles en su residencia privada de Colombey-les-deux-Églises, pero sobre lo que hizo verdaderamente en esas treinta y seis horas críticas, durante muchos años no ha habido más que especulaciones.

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A su regreso, el jueves 30 de mayo a las cuatro y media de la tarde, de Gaulle se dirige por radio a los franceses. Anuncia la disolución de la Asamblea, la convocatoria de nuevas elecciones generales y la posible convocatoria de un referéndum, pero, sobre todo, esta vez sí, por su tono y por su actitud de firmeza, es su General el que les habla. Una hora después de la alocución radiofónica la plaza de la Concorde empieza a llenarse de gente. Más de medio millón de personas sale a la calle para aplaudir al General.

La vuelta al orden

El orden social se ha restablecido pero la Sorbona sigue ocupada. La Comuna no está dispuesta a disolverse por el mero anuncio de unas elecciones.

El 12 de junio de Gaulle disuelve por decreto once movimientos de extrema izquierda. Tras una nueva noche de barricadas se ordena la evacuación de la Sorbona y del Odéon.

Las elecciones generales se celebran el 23 de junio, con la segunda vuelta el 30 de junio. El partido de la derecha (UDR, Unión de Demócratas por la Republica) obtiene 354 de los 487 escaños (en marzo de 1967 sólo habían conseguido 243). El partido de Mitterrand se queda en 57 escaños y los comunistas en 34.

Raymond Aron, en sus análisis hechos en caliente en aquellos mismos días, diría que el triunfo había sido, más que del partido gaullista, del partido del orden.

Notas aclaratorias:

En español "introuvable" significa "que no se pudo encontrar".

Fouchet fue Ministro de Educación desde noviembre de 1962 hasta abril de 1967 en que fue sustituido por Alain Peyrefitte. Fouchet pasó entonces al Ministerio de Interior.

Chie-en-lit (literalmente, "caca en la cama") era un personaje típico del Carnaval de París que se disfrazaba con una camisa de dormir manchada de mostaza por detrás. "La chienlit", como sustantivo femenino, entra en la política cuando de Gaulle lo utiliza en 1944 en su entrada a París y se puede traducir por agitación, desorden.

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