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El mineral sueco: Guerra en el Norte

Cuando en la I Guerra Mundial, Rusia, ya en manos de los bolcheviques, tuvo que firmar la paz con los Imperios centrales.

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WikipediaRey Haakon VII

Empecemos por un país nórdico. Finlandia nunca había sido un estado independiente. Integrado el territorio en la Suecia de los Vasa, el Tratado de Nystad (30 de agosto de 1721) que puso fin a la Gran Guerra del Norte entre Suecia y Rusia atribuyó a esta última potencia la tierra de los fineses, que pasó a ser el Gran Ducado de Finlandia dentro del Imperio Zarista. Cuando en la Primera Guerra Mundial, después de que en 1917 el Imperio de los Romanov quedara diluido, Rusia, ya en manos de los bolcheviques, tuvo que firmar la paz con los Imperios centrales (Alemania, Austria-Hungría) el Tratado de Brest-Litovsk (3 de marzo de 1918) por el que perdía Finlandia, además de otros muchos territorios (los Países Bálticos, la Besarabia, la Volinia, etc.). Y Finlandia, una vez independiente, después de ensayar la fórmula monárquica de estado en 1918 (tras la renuncia del propuesto Príncipe Federico Carlos de Hesse, el Mariscal Mannerheim actuó como regente), adoptó la forma de república.

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Mariscal Gustav Mannerheim

El criminal pacto germano-soviético que permitió el comienzo de la II Guerra Mundial (o pacto Ribbentrop-Molotov, Moscú, 23 de agosto de 1939) dio carta blanca a Stalin para recuperar lo que había perdido Lenin en Brest-Litovsk. Así, el nuevo sátrapa soviético presionó a Finlandia para que le cediera territorios fronterizos de los que, decía, dependía la seguridad de la U.R.S.S (el istmo de Carelia, la fortaleza de Viipuri, etc.). Al rechazar Finlandia dichas exigencias, la Unión Soviética atacó a la joven república el 30 de noviembre de 1939. El Ejército Rojo alistaba 1.000.000 soldados encuadrados en 4 Ejércitos (el Séptimo, el Octavo, el Noveno y el Decimocuarto) que comprendían 70 divisiones con 2.000 carros de combate T-26, BT-5 y KV-1 (todo ello bajo el mando de Meretskov, luego destituido y relevado por Timochenko) frente a 200.000 soldados finlandeses encuadrados en los Cuerpos de Ejército II y III (Östermann), IV (Hägglund) y el Grupo Norte (Tuompo) que comprendían 10 divisiones (incluidos Guardias de Frontera y reservistas) y sin material blindado relevante.

Vamos a otro país, escandinavo. Suecia es fronteriza con Finlandia desde la Laponia, en la confluencia de la frontera con Noruega, (69° N), siguiendo el curso del Torneälven hasta Haparanda (66° N), a lo largo de sus 570 km. Al sur de esta última ciudad se abre el Golfo de Botnia, la rama más septentrional del Báltico, que separa a Suecia de Finlandia por mar.

En la orilla occidental del golfo se ubica el puerto de Luleå, por donde Suecia exporta el mineral de hierro que extrae de las inextinguibles minas de Kiruna y Gällivare. Su principal comprador durante la II Guerra Mundial era Alemania, que satisfacía con estas importaciones el 60% de sus necesidades. Durante el conflicto Suecia se mantuvo formalmente neutral, lo que le permitía comerciar con cualquiera de los países en pugna, suministrándoles, a su riesgo, materiales, armas y pertrechos. Pero el golfo de Botnia se hiela en invierno (aproximadamente de noviembre a mayo) y la navegación se hace imposible; entonces el hierro se transporta por ferrocarril, a través de la frontera con Noruega, hasta el puerto de Narvik (el antiguo Victoriahavn), en la cabecera del Ofotfiord, a solo 30 km de la frontera. Desde allí los buques cargueros navegan a lo largo de la costa hasta puertos alemanes, bien entrando al Báltico por el Skagerrak, el Kattegat y el Sund a los puertos de Lübeck y Stettin, bien entrando al Mar del Norte a los puertos de Bremen y Hamburgo, pero siempre por aguas territoriales noruegas, suecas y danesas, todas neutrales.

Otro país nórdico. Efectivamente, Noruega era también neutral. Había sido una provincia danesa desde 1536. Por el Tratado de Kiel de 14 de enero de 1814 Dinamarca tuvo que ceder Noruega al Rey de Suecia, quedando ambos países bajo un mismo monarca, Carlos XIII de Suecia y II de Noruega. Cuando se rompió esa unión dinástica con Suecia el 7 de junio de 1905, el príncipe Carlos de Dinamarca, hermano de Christian X de Dinamarca fue proclamado, tras un plebiscito, Rey de Noruega con el nombre de Haakon VII. El territorio noruego comprendía también en el Ártico las Spitzbergen, la Isla del Oso y la Isla de Jan Mayen.

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Y terminemos con la escandinava y también neutral Dinamarca. Su territorio también se extendía a las Islas Feroe, Islandia (en unión dinástica) y Groenlandia y, sobre todo, tenía la llave del Báltico en los estrechos del Sund, el Gran Belt y el Pequeño Belt.

Los entonces cuatro países nórdicos eran neutrales y lo habían sido durante la mayor parte del Siglo XIX (con la excepción de Dinamarca en las Guerras Napoleónicas entre 1807 y 1813 y en la guerra por el Schleswig-Holstein en 1864). Por todo ello, hasta el 9 de abril de 1940, un ataque al tráfico marítimo por aguas de Noruega, Suecia y Dinamarca por parte de los franco-británicos constituiría un acto contrario al Derecho Internacional.

El mineral y la invasión

¿Qué ocurrió en el 9 de abril de 1940? Nada menos que la invasión de las neutrales Dinamarca y Noruega por la Alemania nacionalsocialista. Pero vayamos a los antecedentes, ahora al otro lado de la península escandinava.

El ataque que el Ejército Rojo lanzó contra Finlandia en noviembre de 1939 a través del istmo de Carelia (entre el golfo de Finlandia y el lago Ladoga) fracasó completamente al estrellarse los soviéticos contra la Línea Mannerheim, tenazmente defendida por las tropas finesas. Al otro lado del lago, en la Carelia septentrional, los invasores no tuvieron mayor éxito. La infantería finesa, moviéndosesobre esquís y en guerrillas en las que abundaban los francotiradores, fueron capaces de aislar y aniquilar una a una las unidades del Ejército Rojo, no habituado hasta entonces a ese tipo de guerra invernal, con una logística muy pobre (el punto sobre el que se centraban los fusileros finlandeses) y, sobre todo, desconociendo los rusos el terreno, boscoso y pantanoso, que dificultaba el movimiento de los carros blindados. Por su parte, los finlandeses compensaban su carencia de armas contracarro con improvisadas botellas llenas de gasolina cerradas con una mecha de trapo, denominadas por ellos mismos desde entonces cócteles molotov (en consideración a Vyacheslav Molotov, ministro de Exteriores soviético).

La opinión pública de Francia y el Reino Unido se sentía solidaria con la débil pero heroica Finlandia, que era capaz de plantar cara al gigante bolchevique. Entonces los gobiernos francés y británico se plantearon enviar tropas para reforzar las defensas finesas, con tanta mayor justificación cuanto que la Sociedad de Naciones había expulsado de su seno a la Unión Soviética y había pedido a los miembros de la Sociedad que ayudasen a Finlandia. El problema era cúando: el transporte habría de ser primeramente naval, luego terrestre y otra vez naval; el despliegue de las tropas sería necesariamente lento y podía llegar demasiado tarde. Y el problema también era por dónde: el Báltico era prácticamente el mare nostrum alemán y, por otra parte, ni Noruega ni Suecia, neutrales, autorizaban el paso de tropas extranjeras por su territorio (aunque Suecia después permitiría descaradamente dicho tránsito a unidades de la Wehrmacht entre Noruega y Finlandia y entre Alemania y Noruega).

Sí habría sido teóricamente posible desembarcar una fuerza expedicionaria francobritánica en Liinamahari, en la región de Petsamo, el único acceso que Finlandia tenía al Mar de Barents, en el Ártico; pero ese puerto cayó pronto en poder del Ejército Rojo, por lo que aun esa mínima posibilidad quedó frustrada.

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Winston Churchill

Sin embargo, ni el Reino Unido ni Francia podían permanecer impasibles ante el tráfico de mineral de hierro por aguas territoriales noruegas, prácticamente delante de sus narices. Ese mineral iba a convertirse en acero con el que construir barcos de guerra y fabricar carros de combate y otros vehículos blindados, además de piezas de artillería para la Wehrmacht. Francia y el Reino Unido, tenían el pretexto de acudir en ayuda de Finlandia (aunque, como se ha dicho antes, no se sabía cómo iban a llegar hasta allí) y buscaban, con esa excusa, desembarcar tropas en Noruega.

Aunque, para entonces, marzo de 1940, Finlandia ya había caído. El 1 de febrero el Ejército Rojo había lanzado una, esta vez irresistible, ofensiva en un sector de 10 km del extremo sur de la Línea Mannerheim, en las cercanías de Summa, con una masiva concentración artillera y 120.000 soldados encuadrados en 14 divisiones, todo ello acompañado de bombardeos aéreos sobre Helsinki. No había poder humano que pudiera contrarrestar esa ola de fuego y metralla que duró dos semanas sin interrupción; la Línea Mannerheim acabó por quebrarse y luego romperse. Entonces, el 6 de marzo de 1940, antes de que fuera demasiado tarde y las tropas soviéticas pudieran extenderse por Finlandia y ocuparan todo el país, Mannerheim pidió la paz. Stalin hizo firmar a los fineses el Tratado de Moscú (12 de marzo de 1940) por el que Finlandia perdió a favor de la Unión Soviética la mayor parte del Istmo de Carelia (unos 12.000 km²) con las ciudades de Viipuri, Antrea, Enso y Käkisalmi y una parte importante de la costa del Lago Ladoga, además de parte de la región de Salla en la Carelia Oriental, varias islas en el Golfo de Finlandia y la mitad occidental de la Península de Pescadores en la costa del Mar de Barents. La llamada desde entonces Guerra de Invierno había causado a los fineses 25.000 muertos militares y civiles, y 45.000 heridos, desaparecidos y prisioneros; y a los soviéticos 175.000 militares muertos y 50.000 heridos, desaparecidos y prisioneros.

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Rey Haakon VII y el Príncipe Heredero Olaf

Por fin, los Gobiernos británico (Chamberlain) y francés (Daladier), decididos ya a desembarcar tropas en Noruega, fijaron la fecha del desembarco para la tercera semana de marzo de 1940 y como objetivos del desembarco seleccionaron los puertos de Stavanger, Bergen, Trondheim y Narvik, al tiempo que la Royal Navy minaría las aguas noruegas (además de las entradas al Báltico por el Skagerrak y el Kattegat). Se decidió aplazar el desembarco al día 8 de abril.

Pero ese aplazamiento fue fatal; porque cuando el Gobierno noruego se disponía a formalizar la protesta por el minado de sus aguas, en la noche del 8 al 9 los buques alemanes se acercaron a los puertos noruegos seleccionados para la invasión: precisamente Oslo (la antigua Christiania), Trondheim, Bergen, Narvik, Kristiansand, Årendal, Egersund y Stavanger. A las 05.15 del 9 de abril comenzó el desembarco de tropas, con escasa oposición costera y naval rápidamente anulada. Pocas horas más tarde una compañía de paracaidistas se lanzaba sobre el aeródromo de Stavanger-Sola, apoderándose del mismo, y otras dos compañías hacían lo propio –con algún retraso- con los de Oslo-Fornebu y Oslo-Kjeller donde inmediatamente después aviones de la Luftwaffe (la Fuerza Aérea alemana) comenzaban el desembarco de las tropas del XXI Cuerpo de Ejército (Von Falkenhorst) encargado de invadir y ocupar Noruega. En total, la Luftwaffe desplegó entre bombarderos, transportes y cazas 800 aparatos.

La única resistencia significativa fue la de la fortaleza costera de Oscarsborg en el fiordo de Oslo. El comandante, Eriksen, decidió sin esperar a que le llegaran órdenes (nunca le llegarían) cañonear al convoy alemán que, en la oscuridad de la noche, se adentraba en el canal. El bombardeo hizo blanco en el crucero pesado Blücher (Kummetz) que fue hundido. Un día después los convoyes franco-británicos desembarcaron sus tropas en los puertos que los alemanes no habían ocupado: Namsos, Ålesund, Åndalsnes y Tromsø. De modo que dos ejércitos, el alemán y el franco-británico pugnaban simultáneamente por ofrecer a Noruega una protección frente al otro invasor que Noruega no había solicitado en ningún caso.

Pero las invasiones simultáneas no habían sido casualidad. Meses antes, el 16 de febrero de 1940 el destructor HMS Cossack (Vian) había abordado en aguas noruegas al mercante alemán Altmark (Dau) que llevaba a Alemania a 300 prisioneros británicos que el acorazado Admiral Graf Spee (Langsdorff) había tomado en sus correrías atlánticas y transbordado al Altmark antes de su absurdo hundimiento en aguas del Río de la Plata. Berlín protestó airadamente por lo que en puridad constituía una violación de la neutralidad noruega; por lo que para proteger a una Noruega que no tenía medios de hacerse respetar Hitler (nada respetuoso del Derecho Internacional) ordenó el 26 de febrero al Oberkommando der Wehrmacht (OKW o Alto Mando de las Fuerzas Armadas) la Operación Weser (o Weserübung), es decir la invasión y ocupación de Dinamarca y Noruega.

Cuando a finales de Marzo de 1940 los preparativos para la invasión estaban en marcha un servicio de escuchas dependiente del Ministerio del Aire alemán, el Forschungsamt, interceptó una comunicación diplomática entre París y Helsinki que hacía referencia a que una fuerza expedicionaria británica estaba preparada para invadir Noruega. Hitler entendió la urgencia del caso y el 2 de abril ordenó a Göring (Jefe de la Luftwaffe) y a Raeder (Jefe de la Kriegsmarine) que desembarcaran tropas en Dinamarca y en Noruega el 9 de abril. Es decir, que ambos bandos venían preparándose desde tiempo atrás para la invasión; la diferencia era que los británicos desconocían los planes alemanes pero los alemanes sí conocían las intenciones de los británicos.

Volvamos ahora al hundimiento del crucero Blücher en el fiordo de Oslo (cañoneo paradójicamente efectuado con piezas alemanas Krupp de 280 mm). Con el Blücher perdieron la vida unos 1.300 marineros y soldados alemanes de la fuerza que iba a ocupar Oslo, además de todos los funcionarios de la Gestapo que iban a hacerse cargo de la represión nazi. La pérdida del Blücher retrasó en un día la ocupación de la capital, lo que permitió que Haakon VII, el Príncipe Olaf, una mayoría del Storting o Parlamento, y el Gobierno se pusieran a salvo de los invasores y se refugiaran a 150 km al nordeste de la capital, en Elverum (donde una compañía de la Guardia Real rechazó a una compañía de paracaidistas alemanes que perseguía al Rey y a su séquito) y, finalmente, en Nybergsund, todavía 60 km más al nordeste, a donde acudió el Embajador alemán, Bräuer, para conseguir que Haakon VII aceptara la protección alemana y nombrara presidente del gobierno a Vidkung Quisling (un nazi noruego colaboracionista que se había postulado ante el propio Hitler para dirigir una Noruega ocupada).

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El rey Haakon, de acuerdo con su Gobierno y con los parlamentarios que le habían acompañado, se negó a firmar la propuesta y publicó un comunicado en el que se proclamaba como el único dirigente legítimo, con su Gobierno, que continuaba la lucha contra el invasor y desautorizaba a Quisling y a la autoridad alemana ocupante. En represalia el 11 de abril aviones de la Luftwaffe redujeron Nybergsund a cenizas.

Haakon VII, el Kronprinz Olaf y el Gobierno escaparon ilesos. Estaban solo a 25 km de la frontera con Suecia. Sin embargo, el Gobierno sueco advirtió al rey Haakon que si entraba en Suecia sería detenido e internado en un campo de prisioneros. Los huidos tuvieron entonces que refugiarse en los bosques y en distintas localidades del país hasta que por el Gudsbrandalen consiguieron llegar a Molde y desde ahí en barco costero a Tromsø, 189 millas náuticas por encima del Círculo Polar Ártico.

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General Edward Dietl

El 7 de junio el Rey, el Príncipe y el Gobierno pudieron embarcar en el crucero HMS Devonshire (Mansfield) y llegar a Inglaterra, donde Haakon VII y su Gobierno pudieron dirigir la lucha y coordinar la resistencia contra la ocupación. El 10 de junio los restos del Ejército noruego se rindieron. Solo el destructor HNoMS Sleipner (Ullring) y 9 lanchas guardapescas pudieron escapar de los alemanes y refugiarse en el Reino Unido, donde continuaron la lucha encuadrados en la Royal Navy. Además (lo que sería de mucha mayor importancia operativa) el Gobierno noruego en el exilio puso a disposición de las autoridades británicas los aproximadamente 1.000 buques de la marina mercante noruega, una de las mayores del mundo, que habían escapado a la invasión alemana con sus 25.000 tripulantes. Ello supuso una enorme aportación al esfuerzo aliado en la formación de los convoyes marítimos del Atlántico y del Ártico.

Simultáneamente, el mismo 9 de abril tropas alemanas, las Divisiones de Infantería 170 (Wittke) y 198 (Röttig) y una compañía de paracaidistas de la 7. Flieger Division de la Luftwaffe, habían ocupado Dinamarca en 6 horas.

El rey Christian X (hermano de Haakon VII) viendo que la resistencia sería inútil ordenó la rendición de sus tropas. En los escasos combates el ejército invasor tuvo 2 muertos y el ejército danés 16. Dinamarca quedó de facto como protectorado alemán.

Los combates

Entre tanto, el desembarco simultáneo de alemanes por un lado y franco-británicos por otro en Noruega produciría inevitables enfrentamientos. En Narvik (punto crucial de toda la operación, pues allí se embarcaba para Alemania el mineral traído de Suecia) la División de Montaña 3 (Dietl), primera en ocupar la plaza, se vio cercada por la denominada Rupertforce (Mackesy) integrada por británicos (24ª Brigada de Guardias) y franceses (13ª Media Brigada de la Legión Extranjera y 27ª Media Brigada de Cazadores Alpinos), por la Brigada Independiente de Alta Montaña de Polonia (Szyszko-Bohusz) y por la División de Infantería 6 de Noruega (Fleischer) llegados el 14 de abril pero superiores en número (25.000 soldados aliados frente a 5.000 combatientes alemanes).Dietl y los suyos quedaron cercados y aislados por mar, pues la escuadra británica había pulverizado la flotilla alemana de destructores que había llevado a la infantería alemana a Narvik.

Aunque reforzados por la marinería de los destructores hundidos y por paracaidistas de la 7. Flieger Division llegados más tarde, los ataques aliados fueron tan intensos que las tropas de montaña alemanas tuvieron que evacuar Narvik en una retirada escalonada. La situación llegó a tal punto que Dietl fue autorizado por el OKW a retirarse al otro lado de la frontera con Suecia (a 43 km) donde los restos de la 3. Gebirgs Division serían internados como prisioneros. Sin embargo, súbitamente y cuando los alemanes combatían ya con la frontera a sus espaldas, el 7 de junio los aliados abandonaron el campo (la situación general empeoraba por momentos y las tropas se necesitaban en Francia) dejando sola a la División noruega de Fleischer. Los alemanes recuperaron Narvik sin disparar un tiro y el Ejército noruego, sintiéndose traicionado, se rindió.

También el 14 de abril los franco-británicos desembarcaron en Namsos la Mauriceforce (Carton de Wiart) compuesta por la 146ª Brigada de Infantería (británicos) y la 5ª Media Brigada de Cazadores Alpinos (franceses); y en Åndalsnes la Sickleforce (Paget) compuesta por las 15ª y 148ª Brigadas de Infantería (británicas) con la intención de atacar en pinza desde el norte (190 km) y desde el sur (320 km) la estratégica plaza de Trondheim –para entonces en manos alemanas-. Pero los alemanes contrarrestaron estos desembarcos cortando el paso a la Mauriceforce en Verdal y en Hegra; contra la Sickleforce, que había tomado Åndalsnes, los alemanes dirigieron una fuerza mixta de paracaidistas e infantería desde Oslo, una vez más por el Gudbrandsdalen, a lo largo de Lillehammer y Dombås. Tras intensos combates y bajo constantes e irresistibles ataques de la Luftwaffe y de los blindados alemanes los aliados se vieron superados y reembarcaron –abandonando las dos plazas- el mismo día, 2 de mayo. De modo que el Ejército alemán quedó dueño de toda Noruega. La fuerza ocupante, denominada ahora XXI Grupo y más tarde Vigésimo Ejército de Montaña, alcanzaba la cifra de 300.000 soldados (sin contar con los efectivos de la Kriegsmarine y de la Luftwaffe).

La campaña de Noruega había terminado mal para los franco-británicos, que no habían obtenido el resultado pretendido: cortar la vía de suministros de mineral de hierro desde Narvik hasta los puertos alemanes; tampoco habían podido ayudar a Finlandia, si es eso lo que verdaderamente pretendían y no era un mero pretexto para desembarcar en Noruega. Pero a los alemanes tampoco les había salido gratis la batalla. Habían perdido tres cruceros (el Blücher, el Karlsruhe, y el Königsberg) y 10 destructores, prácticamente la mitad de los que poseía la Kriegsmarine. En total, las tropas alemanas sufrieron 2.600 muertos y 1.600 heridos, en tierra, mar y aire. De los militares noruegos 860 fueron bajas mortales y 950 heridos, además de 400 civiles muertos en los bombardeos indiscriminado de las poblaciones, fusilados en represalia por sabotaje o por oponerse a la invasión sin ser fuerza armada. Los franceses, británicos y polacos tuvieron un total de 3.400 bajas (muertos, heridos y desaparecidos).

La perspectiva y las responsabilidades

La adquisición de una plataforma costera tan extensa como la noruega daba al OKW amplias posibilidades tanto para sus fuerzas navales como aéreas. La Luftwaffe podía vigilar gran parte del Mar de Noruega, del Mar de Groenlandia y del Mar de Barents; por el oeste, todo el mar desde el Cabo Norte hasta las Islas Frisias, en la costa occidental de Alemania; y por el este hasta las cercanías de la frontera ruso noruega en Kirkenes; sus aviones FV-200 de largo alcance podían bombardear, minar, e informar a sus submarinos de la posición de los convoyes aliados, así como de las incidencias meteorológicas. Era tentador observar que el aeródromo de Stavanger-Sola estaba a 300 millas náuticas de la base naval británica de Scapa Flow, en las Orcadas. Los convoyes británicos en el Mar del Norte podían sufrir ataques de la aviación alemana, demasiado cercana para las previsiones anteriores al estallido de la guerra.

El problema era que en ese momento ni la Luftwaffe tenía suficientes aviones (se habían perdido 260 aparatos, de los cuales 86 eran de transporte) ni la Kriegsmarine suficientes barcos para continuar las operaciones. Los aviones se necesitaban para la campaña de Francia, entonces en su cénit; y en cuanto a los efectivos navales, desde el primer momento, antes incluso de la Operación Weser, Raeder había reconocido que la flota alemana era notoriamente insuficiente para lanzarse a la conquista del Atlántico. El III Reich había provocado una guerra para la que no estaba preparado. La carencia de portaaviones le impedía proyectar las fuerzas que, desde Noruega, debieran haber saltado, en buena lógica estratégica, a las Feroe y a Islandia (Operación Ikarus). Esos objetivos –entonces prácticamente indefensos- fueron ocupados por los Royal Marines británicos el 13 de abril y el 10 de mayo de 1940 precisamente para evitar su ocupación por los alemanes.

En definitiva, el objetivo principal de la invasión de Noruega por la Wehrmacht alemana, a saber: el mantenimiento del suministro de mineral de hierro por Suecia se consiguió plenamente aunque estuviese sujeto a ataques esporádicos de la fuerza aeronaval británica. Solo en noviembre de 1944, cuando ya la guerra estaba perdida para los nazis, Suecia dejó de exportar el mineral a Alemania, también debido a las intensas presiones diplomáticas norteamericanas y británicas.

Grove y Beevor estiman que en Noruega se mantuvieron más tropas que las que la utilidad estratégica del país merecía. Efectivamente, el OKH (Alto Mando del Ejército) creía que el acantonamiento de más de 300.000 soldados en Noruega que formaban el Vigésimo Ejército de Montaña (Dietl, luego Rendulic y luego Böhme) como fuerzas de ocupación y maniobra era un alto precio a pagar. El OKH habría preferido enviar algunos de dichos efectivos a otros frentes donde eran más necesarios (en un futuro inmediato la ofensiva en los Países Bajos, Bélgica y Francia, la posible invasión de las Islas Británicas. En un futuro más remoto, África del Norte, los Balcanes, etc.). Pero para el OKW (superior al OKH) esas tropas eran necesarias: para proteger las bases de los acorazados y submarinos que salían al Atlántico y al Ártico; para proteger las numerosas instalaciones de la Luftwaffe; para controlar a una población hostil que ejercía la resistencia pasiva, cuando no el sabotaje; para combatir a los comandos anglo-noruegos que incursionaban en las costas; para desarrollar operaciones bélicas en Laponia; y, sobre todo, para evitar una invasión aliada.

De hecho (aunque esto se produjo más tarde) esos temores estaban fundados. En noviembre de 1942 los espías alemanes capturados, reconvertidos (como alternativa a la horca) y controlados por el MI-5 (contraespionaje británico) hicieron llegar a Alemania informes detallados sobre una inminente invasión aliada en Noruega, lo que contribuyó a encubrir la Operation Torch (desembarco aliado en el Norte de África). En la primavera de 1943 Hitler y Göring seguían temiendo esa posible invasión, y pedían a la Abwehr (servicio secreto alemán) informes sobre las concentraciones de tropas en Escocia, lo que el MI-5 alimentó, esta vez para encubrir la Operation Husky (desembarco aliado en Sicilia); y en la primavera de 1944 el MI-5 repitió el engaño con la Operation Bodyguard mediante la que creó un ficticio Cuarto Ejército angloamericano que invadiría Noruega desde Escocia y desde Islandia; esta vez para encubrir la Operation Overlord (desembarco aliado en Normandía).

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Lo cierto es que existía un plan, la Operation Jupiter para invadir Noruega mediante desembarcos en Trondheim y en los aeródromos de Porsanger y de Petsamo (ambos en la Laponia muy al norte de la península escandinava). El plan era una opción patrocinada por Churchill, que siempre fue amigo de operaciones periféricas, como el desembarco en el norte de África, la invasión de Sicilia del resto de Italia, el desembarco en Rodas y la toma del Dodecaneso, Salónica y los Balcanes, el desembarco en la lejana Gallípoli en la I Guerra Mundial, etc., y que se oponía a desembarcos frontales como el que debía tener lugar en Normandía. Verdad es que los Estados Mayores norteamericano y británico disuadieron al intrépido Primer Ministro, pero el plan existió.

De modo que, por un lado, la amenaza real o ficticia de un desembarco anglo-norteamericano en Escandinavia retuvo en Noruega a 300.000 soldados alemanes que eran más necesitados en otros frentes. Por otro lado, la amenaza real de los submarinos y acorazados alemanes escondidos en los fiordos de Noruega y prestos a salir al Atlántico o a lanzarse contra los 78 convoyes aliados en el Ártico retuvo en Scapa Flow a varios acorazados y cruceros británicos que eran requeridos en otros mares, como el Atlántico Sur, el Índico o el Pacífico.

Como colofón político se produjo una curiosa doble carambola. La iniciativa y la dirección de la intervención en Noruega correspondió a Churchill en su condición de Primer Lord del Almirantazgo. Chamberlain, Primer Ministro, no era partidario de tal intervención pero la presión de su homólogo francés, Daladier, y, naturalmente, del propio Churchill le hicieron ordenar el envío de las tropas, así como su reembarque semanas después. La operación se consideró un fracaso (ciertamente lo fue) y los parlamentarios liberales y laboristas exigieron responsabilidades a Chamberlain, que tuvo que dimitir. Y ¿quién fue llamado por el rey Jorge VI a formar nuevo gobierno?.....Churchill, quien, a su vez, llamó a Chamberlain a formar parte del Gabinete con un cargo honorífico.

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Frente a los episodios de muerte y destrucción descritos, la ocupación de Islandia por los británicos (Operation Fork) anticipó los mejores momentos de la guerra de Gila: Unos 400 infantes de marina desembarcados del crucero HMS Berwick (Palmer) llegaron al puerto de Reikiavik en varios botes. Su Comandante, Sturges, saltó a tierra y pidió cortésmente (Would you mind…..?) al único Policía que había en el muelle que dispersara a los curiosos que se arremolinaban porque sus hombres iban a desembarcar para ocupar Islandia; el Policía atendió amablemente (Certainly, sir……) a lo solicitado pero advirtió a Sturges que estaba violando la neutralidad del país (como toda fuerza armada había 60 Policías en todo el país). Los marines desembarcaron y Sturges, impertérrito, y algunos de sus soldados se dirigieron al Consulado alemán y tocaron con los nudillos a la puerta; abrió el Cónsul Gerlach y se le hizo saber que quedaba prisionero; el personal del Consulado y 62 tripulantes de mercantes alemanes refugiados en Islandia quedaron también prisioneros, y fueron llevados todos al Reino Unido. Afortunadamente, ninguna baja.

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