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El PSOE recurre a Franco para confiscar la Catedral-Mezquita de Córdoba

Entre las sorpresas que contiene el informe y permiten hacernos una idea de la descomunal incultura de sus redactores es que concluye que el Vaticano puede "vender libremente (sic) el bien". Wikipedia, por piedad.

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El exdirector general de la Unesco Federico Mayor Zaragoza y la alcaldesa de Córdoba, Isabel Ambrosio, entre otros | EFE

Estamos gobernados por plagiadores, mentirosos y bipolares.

Unos días después de que la vicepresidenta Carmen Calvo se alegrase de la aprobación por el Congreso del decreto-ley de exhumación del general Franco, conocemos un informe sobre la ‘no propiedad’ de la Catedral de Córdoba por parte de la diócesis redactado por una comisión de ‘expertos’ de la que ella ha formado parte y que cita a Franco para acumular argumentos a favor de la titularidad estatal.

Si fuera verdad que el mismísimo Caudillo de España se planteó en 1972 la entrega de la Catedral a los musulmanes como la Casa de Saud o los iraquíes del Partido Baaz (durante su visita a España en 1974, Sadam Husseinvisitó la Catedral), debió de ser únicamente por el asunto del petróleo. O sea, por dinero. Comportamiento idéntico al del Gobierno de Sánchez con las fragatas y las bombas que vende a Arabia Saudí.

La comisión de expertos organizada por el Ayuntamiento de Córdoba (¿cuánto se ha pagado a sus miembros?) con acreditados progresistas de cartilla no tiene entre ellos ni un perito en Derecho Hipotecario, disciplina árida y aburrida, pero de conocimiento imprescindible si se habla de registros y de títulos de propiedad de inmuebles.

Al menos es de agradecer que entre sus suposiciones y fabulaciones no hayan incluido la frase atribuida al emperador Carlos V cuando vio el crucero: "habéis destruido lo que era único en el mundo y habéis puesto en su lugar lo que se puede ver en todas partes". Frase falsa, inventada en el siglo XVIII por Juan Gómez Bravo en su Catálogo de los obispos de Córdoba, y repetida desde entonces por todos los ‘eruditos a la violeta’ y anticlericales.

Abderramán I la ocupó

El edificio de lo que fue la mezquita aljama de Córdoba se alza sobre los restos de la Basílica de San Vicente, construida durante el reino visigodo. Ya el primer Omeya, Abderramán I, aplicó a los cristianos españoles (mayoría en Al-Ándalus hasta el siglo X, después de que las matanzas, las conversiones para huir de la ‘dimma’ y la emigración al norte les hubiese reducido a minoría) el mismo tratamiento que a otros cristianos conquistados por su dinastía en Asia Menor, Egipto o Tripolitania: sumisión legal, destrucción de la mayoría de sus templos y apoderamiento de los más destacados. Una estrategia cruel y despiadada para demostrar a los conquistados quiénes eran los nuevos amos.

En el 785 el nuevo emir se apoderó de la basílica, el principal templo cristiano de la ciudad, dio cierta cantidad de oro a los cristianos y construyó la mezquita principal de Córdoba, para lo que llamó a arquitectos del imperio de Oriente y usó columnas arrancadas de edificios romanos y godos para decorar el nuevo templo. Como parte de su guerra de terror, Abderramán solía exhumar y quemar los cuerpos y las reliquias que se hallaban en las iglesias (conducta parecida a la de los socialistas en el siglo XX y quizás en el XXI). Más tarde, se realizaron varias ampliaciones, la última de las cuales la efectuó Almanzor en el 991.

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Mezquita-Catedral de Córdoba

En 1236, el rey Fernando III el Santo conquistó Córdoba. Una de las primeras decisiones de los castellanos y leoneses, que prueba el carácter restaurador del movimiento de expansión, fue la de ‘re-consagrar’ la mezquita como catedral dedicada a María Madre de Dios. Tal como se había hecho en otras ciudades liberadas de los Omeya y se haría en Sevilla y Granada. Las primeras obras de mano cristiana correspondieron a la Capilla Mayor (1489) y el crucero (1523-1606).

El tráfico mercantil y los BIC

Según el informe, en todos los siglos posteriores a la entrada de Fernando III, la Monarquía castellana primero, la Corona española después y el Estado español por último, retuvieron para sí la propiedad del templo cordobés. Sin embargo, los ‘expertos’ no pueden aportar ningún documento.

Entre las sorpresas que contiene el informe y permiten hacernos una idea de la descomunal incultura de sus redactores (uno de ellos, Federico Mayor Zaragoza, rector… franquista, pero rector) es que concluyen que si se admitiese la propiedad por el cabildo, el Vaticano (¡!) dispondría de "facultad, por ejemplo, para vender libremente (sic) el bien". Al estar declarada la Catedral Bien de Interés Nacional desde 1882, está excluida del tráfico mercantil, su venta no es posible y el titular tiene la obligación de facilitar inspecciones y visitas públicas y de pedir permiso a la Administración para cualquier obra. Wikipedia, por piedad.

En estos años recientes, diversas Administraciones han reconocido la propiedad de la Catedral por el Cabildo. Por ejemplo, la Junta de Andalucía, que solo existe desde 1981, lo hizo en 1991 en un convenio con el cabildo la titularidad eclesiástica del templo. También han reconocido la propiedad el Ayuntamiento de Córdoba, la Dirección General de Patrimonio del Ministerio de Hacienda, un juzgado local y la Comisión Europea.

Si la Catedral no aparece en ningún inventario de bienes públicos del Estado ni del Ayuntamiento y tampoco es del cabildo, ¿a quién pertenece? ¿Hay que recurrir a la sabiduría de Rodríguez Zapatero, el que dijo que la tierra no era de nadie, salvo, quizás, del viento? ¿A quién se están pagando las entradas?

Un regalo de la izquierda al ‘islam moderado’

La izquierda española está empeñada en apoderarse de la Catedral y ofrecerla a ese ‘islam moderado’ con el que sueñan algunos como Juan Luis Cebrián, autor de la imperecedera expresión "insidiosa Reconquista", a la que atribuye haber eliminado la posibilidad de una ignota"civilización mediterránea, ecuménica y no sincretista".

Ya en 2007, coincidiendo con la Alianza de Civilizaciones puesta en marcha y financiada por Zapatero, El País publicó un editorial sugiriendo el uso conjunto del templo por los cristianos y los musulmanes. Desde entonces, los consejos, las ofertas que no se pueden rechazar y las amenazas han caído sobre el obispo, don Demetrio Fernández (uno de los mejores de España), y el cabildo.

Otro editorial de siete años más tarde advertía a la diócesis de que "esta gestión sectaria del monumento (sic) no hace sino reforzar los argumentos de quienes reclaman que la mezquita, como patrimonio de todos los andaluces, vuelva (sic) a ser de titularidad pública".

Aparte de los elementos pro-musulmán y anti-católico hay, en mi opinión, otro más: un toque a la jerarquía para que eche una manita en la exhumación de Franco de la abadía del Valle de los Caídos, so pena de sufrir una nueva desamortización. En el caso de que los obispos cediesen, sólo ganarían unos años (o unos meses) de paz, de esa ‘tolerancia’ de que disfrutaban los cristianos bajo los Omeya.

Supongo que muchos españoles se encogerán de hombros ante un Gobierno que profana tumbas y señala edificios que confiscar, porque, piensa, son ‘cortinas de humo’ o bien ‘¡qué más da!’. Estos inconscientes deberían pensar que si un Gobierno puede decidir dónde reposan los restos de un jefe de Estado que le desagrada o si confisca una catedral con culto, podrá vaciar los cementerios de toda España y apoderarse de las viviendas de los que aseguran que "en España nunca pasa nada".

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