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La Misa del Gallo y otras tradiciones navideñas

Oscuridad, velas encendidas, cantos en una lengua muerta y como culmen el sacerdote que deposita al Niño en el pesebre vacío hasta entonces.

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Entre los reproches que se les debe hacer a los reformadores del siglo XVI, desde Lutero a Calvino, no es menor: la destrucción del arte religioso cristiano en nombre de un supuesto retorno a la pureza de los primeros tiempos (cuando el papado era hereditario, por cierto) y la lucha contra la idolatría. Incontables pinturas, retablos, órganos, tallas, estatuas, tapices, partituras, vidrieras y edificios fueron destruidos en una magnitud tal que sólo se repetiría en la revolución francesa y las guerras napoleónicas. Ya dijo Nicolás Gómez Dávila que la iglesia primitiva era la excusa favorita de los herejes. La reacción a la reforma entre los católicos trajo cientos de mártires y en el arte las maravillas del Barroco, extendidas desde Praga hasta Lima.

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En el siglo XX mucho de lo que había sobrevivido a los fanáticos y las guerras y también de lo creado en los siglos posteriores fue arrumbado por la propia Iglesia después del Concilio Vaticano II. La ‘primavera del Concilio’ no llenó las iglesias; las vació y además las volvió más feas, a causa de la construcción de auténticos engendros y el desprecio al patrimonio acumulado, tanto material como inmaterial. En España, por ejemplo, el clero se olvidó de Tomás Luis de Victoria, llamado el ‘compositor de Dios’, y lo sustituyó por la obra de Cesáreo Gabaraín, el ‘cura de las ciclistas’, cuyas canciones eran adecuadas para cantar con panderetera o guitarra.

Aunque el Concilio Vaticano II definió la liturgia como "la cumbre a la que tiende toda la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza", ésta también sufrió un proceso de degradación hasta quedar convertida en una especie de capricho que cada sacerdote aplica a su gusto (el domingo 9 de este mes asistí a una misa en la que el sacerdote modificó la fórmula de la consagración del vino para pronunciar un inclusivo "por muchos y muchas"). El papa Benedicto XVI fue el último que trató de recobrar la dignidad de la liturgia, impulsando la tímida recuperación que había comenzado Juan Pablo II del rito romano tradicional, simbolizado en el uso del latín en vez de las lenguas vernáculas y la presencia del cura de espaldas.

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Misa del Gallo, 2010

Si los Salmos proclaman la belleza del Señor y la dulzura de su Casa, estremece pensar las razones por las que muchos cristianos están convirtiendo los templos en lugares incómodos y feos y eliminando todo lo bello, como si hubiesen decidido hacer de este mundo antesala del purgatorio… o del infierno. Espero que el lector me disculpe si vuelvo a citar un aforismo de Gómez Dávila: "Al repudiar los ritos, el hombre se reduce a animal que copula y come".

Cuándo se pone el Nacimiento

Hasta antes de que irrumpieran la prisa y la televisión, la tradición establecía que los nacimientos se colocaban cualquier día después del 7 de diciembre, fiesta de la Virgen de Concepción, pero sin el Niño, que se depositaba la noche del 24 de diciembre. Los Reyes Magos llegaban al belén el 6 de enero, en la Epifanía, que conmemora la manifestación pública de Jesucristo a los hombres, junto con su bautismo por San Juan Bautista y su primer milagro, en las bodas de Caná. El nacimiento, o al menos el Niño, se mantenían en las casas hasta el 2 de febrero, fiesta de la Virgen de Candelaria (patrona de Canarias), en recuerdo de la presentación del Niño en el Templo de Jerusalén.

Con el día de Navidad concluyen las cuatro semanas de Adviento o venida, que abren el año litúrgico (desde el III y hasta el siglo VI o VII comenzaba el 25 de marzo porque se creía que en él Dios había creado el mundo, la Virgen María había concebido a Jesús y el Mesías había muerto en la cruz) y preparan a los fieles para la Natividad o nacimiento del Señor.

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Soldados franceses durante la Primera Guerra Mundial celebrando la Misa del Gallo

Otra de las tradiciones que se están perdiendo es la de la Misa del Gallo a medianoche, pues es habitual que muchas parroquias adelanten la celebración unas horas.

La Misa del Gallo se trata de una vigilia, es decir, de un oficio que se reza la víspera de una celebración importante de la Iglesia. Como recogeMario Righetti en su Historia de la Liturgia su nombre original (vigiliae) se refiere a la primitiva oración nocturna. En la alta Edad Media tomó el nombre de Officium nocturnale o Nocturnorum. En Roma, en Milán y en Jerusalén comenzaba a una hora indicada generalmente con el término ‘ad galli cantum, ad gallicinium’ (que no hay que tomarlo al pie de la letra), y terminaba hacia el alba: ‘a primo gallo usque mane’.

Oscuridad, velas encendidas, cantos en una lengua muerta y como culmen el sacerdote que deposita al Niño en el pesebre vacío hasta entonces. Algo grande y hermoso ha ocurrido y hemos sido testigos.

Feliz Navidad.

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