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Augusto Ferrer-Dalmau habla durante la presentación del documental sobre su obra

El Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo presentó el jueves el documental Augusto Ferrer-Dalmau, pintor de batallas.

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Augusto Ferrer-Dalmau. / Archivo

En algún momento de la historia la guerra dejó de ser pintada, hasta que llegó Augusto Ferrer-Dalmau (Barcelona, 1964). Porque su obra dialoga perfectamente con la de otros artistas enormes, que dejaron constancia de las hazañas de su tiempo y terminaron de consolidar el arte pictórico como la mejor herramienta para representar la historia. Ferrer-Dalmau llegó para rellenar el vacío que dejaron esos gigantes cuando, una vez desaparecidos, nadie vio necesario continuar con su estela.

Para reconocer su trabajo, y viendo en él la percha perfecta para acercar la historia a la gente, el Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo presentó el pasado jueves el documental titulado Augusto Ferrer-Dalmau, pintor de batallas. En el acto estuvo el artista, y también allí concedió una entrevista a este medio, de manera animada. La conversación sucedió como sigue:

P: ¿Cómo es que hagan un documental sobre ti?

Bueno, más que un documental sobre mí, es un documental sobre la pintura y sobre la historia de España. Yo sólo me limito a pintar unos hechos que acontecieron y que son de todos. Entonces, no es un documental sobre mí. Yo soy la herramienta que pinta nuestra historia, nada más.

P: Hombre, pero es indudable que el documental está centrado en tu figura…

Sí… En mi obra… Pero tampoco yo lo veo así, sinceramente. Yo no creo que sea un homenaje, sino más bien un punto de vista divulgativo de la historia, o de las imágenes de la historia de España. Para mí eso es lo bonito. Todo lo que sea difundir la historia de España lo es.

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P: Para historiadores y para escritores uno de los temas más interesantes a la hora de trabajar la historia es el de la famosa objetividad, y la imposibilidad de llegar a ella. ¿Funciona igual para un pintor?

La pintura es más objetiva, porque se limita a plasmar un acontecimiento. Si pinto, por ejemplo, El precio de la victoria, que son los heridos y los caído en combate en el hospital de campaña de la batalla de Bailén, estoy siendo objetivo. Es lo que hay: unos señores que están amputándole la pierna a uno, otros que están heridos… Si hago una carga de caballería también estoy siendo objetivo. Una carga de caballería es una carga de caballería. Yo no puedo exagerar la historia, porque tampoco mi pintura es alegórica, donde aparecen los generales grandiosos y los soldados impolutos que se pintaban antiguamente. La mía es una pintura lo más realista posible, que intenta buscar la instantánea del momento.

P: Claro, pero sacar una instantánea objetiva de acontecimientos que sucedieron hace tres siglos parece complicado, también.

Sí, es complicado, la verdad. Lo que pasa es que yo tengo la suerte de que me asesoro de grandes documentalistas y de gente que ha estudiado al detalle hasta los uniformes que llevaban. Ellos me corrigen y me ayudan a ser lo más exacto posible. A veces me han dicho, por ejemplo: Augusto, esto no era así. Estos tíos iban sin zapatos… Su ayuda es fundamental, porque yo tengo que ser objetivo, y tengo que contar las cosas como eran. Es una cuestión muy simple, a fin de cuentas: como no tengo que contar los antecedentes políticos y sólo me limito a representar la batalla en sí, mi deber tiene que ser, al menos, el de ser lo más objetivo posible.

P: El documental plasma la importancia de la pintura bélica a lo largo de la historia del arte. Después, de pronto, surge un vacío, y al cabo de bastante tiempo apareces tú, de nuevo… No sé si existen más pintores en la actualidad que trabajen temas militares en sus obras…

A raíz de aparecer yo han aparecido otros pintores que siguen la línea, tanto más jóvenes como más mayores. Pero cuando yo abrí el melón en su día era un bicho raro. Mucha gente me preguntaba por qué hacía eso. Y yo lo hacía porque existía un vacío en la historia de España. Estudiaba historia y descubría muchas hazañas bélicas, pero luego buscaba la imagen y no la encontraba. El vacío que tenemos aquí es muy grande, definitivamente. Es decir, tenemos cuadros encargados por reyes y por generales, pero no nos podemos comparar con la pintura francesa o la inglesa, que tienen una pinacoteca espectacular, de toda su historia.

P: ¿Incluso de la actual? ¿Continúan pintando su historia?

Sí. Claro que continúan. Lo que pasa es que la fotografía ha sustituido a la pintura. Y bueno, la fotografía ha sustituido a la pintura en las batallas del momento, pero lo que pasa es que ellos ya tienen una historia pintada en su totalidad. A nosotros, sin embargo, nos falta muchísimas historia por pintar… Quizás por eso yo pinto sobre todo temas del pasado.

P: Es llamativo, porque hablas de la pintura bélica como si fuese de bichos raros, y se me antoja que en estos momentos el realismo también lo es.

Te voy a poner un ejemplo. El cuadro de La patrulla, fotográficamente, no se puede hacer. Porque cuando tú haces una fotografía no puedes manipular a tu antojo los elementos compositivos. La pintura sin embargo permite crear la escena. Yo puedo encuadrar a los personajes como a mí me interesan, con las posturas que yo quiero, en ese momento… Con la pintura puedes manipular la realidad. Las escenas que pinto no las podría fotografiar jamás en la vida, pero sí puedo componerlas.

P: Lo decía por la impresión que podemos tener los menos entendidos. Muchas veces nos sorprendemos de que la mayoría de pintores actuales cultiven estilos que son hijos directos de la pintura contemporánea del siglo XX. Cuadros muy difíciles de valorar. Sucede sin embargo que cuando vemos cuadros como los tuyos, o los de Antonio López, apreciamos automáticamente la destreza evidente del pintor…

Claro. Yo siempre digo lo mismo. La gente va al circo a ver a un señor hacer el triple salto mortal sin red, no va al circo a ver a un tío columpiándose. La dificultad entonces siempre es valorada. Todo lo que sea complicado. Lo que no esté a mano de cualquiera. Luego el mundo del arte es muy subjetivo: hay tendencias, gente que pinta otras cosas… El arte no deja de ser un elemento de decoración, y constituye un sector en el que se manejan inversiones y cifras muy importantes. La verdad es que es un mundo que yo desconozco. Pero yo siempre valoro a un artista por la dificultad, aunque sé que en esto cada uno valora lo que considera.

P: ¿Hacia dónde van las nuevas corrientes pictóricas?

Actualmente no hay una corriente. Cada uno hace lo que quiere. Lo que sí veo es que la pintura tiene que ir hacia una técnica en la cual la fotografía no pueda competir. Tienen que ser disciplinas paralelas, pero nunca cruzarse.

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P: ¿Cómo innova un pintor que cultiva el realismo, y además la temática bélica?

Bueno, conmigo yo creo que comienza una corriente que podría denominarse la del pintor de batallas. Esto, ya de por sí, no deja de ser una innovación. Sucede una cosa, y es que cuando yo comencé a pintar, cuando cultivaba el paisajismo y seguía la línea de Antonio López, muchas veces no me consideraba consideraba más que un copista. Copiaba cosas que la fotografía podía hacer mejor que yo. Entonces, yo consideré como una cosa novedosa ofrecerle al espectador algo que nunca había visto y jamás podría ver. Esa fue mi aportación dentro del mundo del arte. Quizás por eso me hicieron académico de Bellas Artes de Sevilla. Me recuerda a una cosa que me pasó, un día, que me vino un chaval jóven a preguntarme qué podía pintar que fuese diferente. Yo le dije que, si le gustaba el realismo, pintase, por ejemplo, la Gran Vía madrileña en el año 1800. Claro, él me contestó que eso era demasiado difícil… Y es que la dificultad de un proyecto como ese no es únicamente técnica; requiere mucha investigación y mucha manipulación. Pero creo que es fundamental intentar hacer cosas así. Porque el arte, entre otras cosas, consiste en hacer cosas nuevas, en deslumbrar, y en cautivar a la gente.

P: Se me ocurre que la única disciplina que puede competir con la pintura a ese respecto es el cine. Bueno, competir, o servir de inspiración, también.

Hombre, claro. El cine consigue cosas espectaculares. Lo que pasa es que en España tenemos la desgracia de que nuestros acontecimientos bélicos nunca han sido plasmados en el cine. Y los que han sido plasmados, lo han sido con presupuestos muy bajos. ¡Qué pena no tener un Hollywood, con la historia que tenemos! Pero nada… es que no tenemos medios. Y la única forma a nuestro alcance de representar nuestra historia es la pintura. También porque es mucho más barata.

P: Se me antoja que otra de las razones por las que nuestro cine no ahonda en nuestra historia bélica es porque las Fuerzas Armadas, e incluso las Fuerzas de Seguridad, no tienen demasiada buena fama en todos los círculos sociales españoles.

Yo pensaba lo mismo. Pero me he dado cuenta de que a la gente de la calle le gusta. A fin de cuentas las películas de acción de Hollywood, y las películas bélicas americanas tienen mucho público en todos lados. A la gente le gustan las películas de aventuras, de acción, de tiros…

P: Me refería más al patriotismo, tal vez. Eso es lo que parece que chirría.

El patriotismo está dentro de nosotros. Todos los españoles en el fondo somos patriotas, y nos sentimos orgullosos de ser lo que somos, pero a veces tenemos que rascar un poco para descubrirlo. Un ejemplo muy revelador sucedió en 2010, cuando España ganó el Mundial. Si lo recuerdas, había banderas españolas por todos lados. Yo vivía en Cataluña en aquella época y parecía aquello… nada que ver con lo que hay ahora. Entonces, lo que quiero decir es que el patriotismo está dentro de nosotros, lo que pasa es que está muy tapado, muy dormido.

P: El ejemplo famoso de que basta con encontrarse con un español fuera de España para convertirse en el más patriota del mundo.

¡Exacto! Te encuentras con un español fuera, en un sitio recóndito, y acabáis los dos haciendo una peña. Porque sale de pronto el orgullo, el sentimiento compartido de venir de la misma tierra, del mismo pueblo… Definitivamente, la gran mayoría de los españoles, por no decir el 99,9 por ciento, son patriotas. Lo que pasa es que hay que rascarles un poquito el corazón. Estando en España es más difícil ser patriota. Pero es que cómo no vamos a estar orgullosos de nuestro pueblo y de nuestros antepasados. Cómo no vamos a sentirnos orgullosos de lo que hicieron nuestros abuelos. Por supuesto que lo estamos.

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