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Así era el barco con el que España consiguió dar la primera vuelta al mundo

La réplica exacta de la Nao Victoria, la legendaria embarcación que dio la primera vuelta al mundo, recorre los mares para mostrar su historia.

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En el interior de la Nao Victoria, el primer barco en dar la vuelta al mundo

En Europa, hace cinco siglos, la búsqueda de especias era una fuente de ingresos considerable, un bien que podía ser similar al petróleo en la actualidad y por eso era el principal motivo por el que se organizaron las arriesgadas expediciones en los siglos XV y XVI. Pero para conseguirlo había que realizar un largo viaje a la otra punta del mundo, al único lugar donde se producían: las llamadas Indias Orientales, que hoy en día correspondería a la zona de Indonesia y Filipinas. Más en concreto un lugar muy señalado en los mapas de la época, las Islas Molucas o Islas de las Especias.

Para burlar el bloqueo de los turcos en el Mediterráneo España y Portugal se lanzaron a buscar nuevas alternativas marítimas parar encontrar las preciadas especias, sin depender de las caravanas que cruzaban Asia.

Surge la figura de Fernando de Magallanes, portugués de nacimiento, que aparece durante este tiempo para poner en práctica una hazaña oceánica casi imposible de llevar a cabo. Al igual que hizo Cristóbal Colón unos años antes, se presenta ante el rey Manuel de Portugal y le propone su ambicioso proyecto pero este, en lugar de devolverle sus años de servicio y dedicación a la casa real, lo desprecia y no le da oportunidad de hablar.

Lejos de rendirse, decide cambiar de aires y presentarlo al mismísimo rey Carlos I de España con el que consigue entrevistarse en privado en Valladolid y le argumenta sus razones. El joven rey accedió al plan de Magallanes y en 1518 firmaron un acuerdo poniéndole a su disposición una flota de cinco naves pagadas con fondos de la Corona española y otros privados.

Según el último informe elaborado por al Real Academia de la Historia, "en 1517, Magallanes, enojado con Manuel de Portugal por no reconocer sus méritos, decide abandonar su país, dejar de servir a su Rey y viajar a España, concretamente a Sevilla, donde se instaló, contrajo matrimonio y desde entonces estuvo al servicio del Rey Carlos I, castellanizando su nombre portugués, Fernão de Magalhaes por Fernando de Magallanes".

Además dicho informe señala que el coste de la expedición estuvo sufragada de la siguiente manera: un 75% por la Corona castellana y el otro 25% por un grupo de comerciantes burgaleses entre los que destaca Cristóbal de Haro, importante mercader en el comercio de las especias.

En el siglo XVI el puerto de Sevilla tuvo que ser un referente a nivel mundial, sobre todo después del descubrimiento de América cuando la ciudad del Guadalquivir se universalizó y su puerto se convirtió en escala obligada para el comercio entre el viejo y el nuevo continente. Hoy en día caminar por su ribera da una ligera idea de cómo pudo haber sido la bulliciosa vida cotidiana de aquella época, el ir y venir de navíos repletos de objetos exóticos, animales y otros bienes traídos del Nuevo Mundo.

Tras dos años de preparativos, el 10 de agosto de 1519 la flota española está lista para enfrentarse al mundo. Desde el muelle de las Mulas en Triana las cinco naos anuncian su partida: la Trinidad, la San Antonio, la Concepción, la Victoria y la Santiago. Tan sólo la nao Victoria cumplió con la misión y regresó a Sevilla casi tres años después con 18 hombres a bordo y la bodega repleta de especias. Los que sobrevivieron tuvieron que pasar grandes penalidades como consecuencia de los interminables días en el mar y la falta de tierra firme. En este sentido la comida escaseaba de forma alarmante hasta el límite y los hombres comen cuero remojado en agua salada, galletas con gusanos o ratas,como manjar más apetecible.

Sin teléfono móvil o sin radares, estar comunicados en el mar en esos tiempos era misión imposible. Los barcos partían de los puertos sin una fecha de regreso, lo que convierte a esta hazaña en algo único e irrepetible.

Según el citado informe de la Real Academia de la Historia, Fernando de Magallanes, tras una serie de contratiempos y motines entre la tripulación, logró encontrar el paso al Océano Pacífico por el Estrecho que lleva su nombre y una vez cruzado este océano, con sólo tres navíos, Magallanes muere en Mactán, una isla del archipiélago de las Filipinas. Después de la desaparición de Magallanes, ya en el Índico, se hicieron cargo de los dos navíos que quedaban una vez que llegaron a las Molucas, Juan Sebastián Elcano de la Victoria y Gonzalo Gómez de Espinosa de la Trinidad.

El relato de la aventura que protagonizó la expedición de Magallanes y Elcano fue encargado a una especie de periodista de la época, Antonio Pigafetta. Por suerte para la Historia, Pigafetta fue uno de los 18 afortunados que consiguieron regresar a España a bordo de la Nao Victoria y gracias a su relato hoy conocemos al detalle lo sucedido.
Su vuelta a Sevilla, no cabe duda de que cambió el mundo para siempre. Aquellos dieciocho hombres al borde de la muerte que desembarcaron de la nao Victoria eran las primeras personas que habían dado la primera vuelta al mundo. Todos los mapas y los libros de la época quedaron obsoletos ante la gran cantidad de nuevos datos, nombres y accidentes geográficos que los integrantes de esta gran empresa pudieron descubrir y anotar.

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La réplica de la Nao Victoria en alta mar. | Fundación Nao Victoria

Cómo eran las embarcaciones de la primera vuelta al mundo

Eran pequeñas naves de unos 25 metros de largo (eslora) y 7 metros de ancho (manga). Tenían tres mástiles con velas cuadradas y un palo mayor que medía unos 20 metros sobre la cubierta principal. La tripulación era de lo más variada: españoles, sobre todo andaluces, vascos, gallegos, portugueses, griegos, italianos, alemanes o franceses.

Para tamaño viaje en las bodegas de los navíos fue necesario cargar una enorme cantidad de provisiones para poder abastecer a casi 240 hombres durante dos años, que era la estimación inicial, porque luego resultaron ser tres años. Varias toneladas comida entre otras como sardinas, vino de Jerez, carne de cerdo salada o vacas vivas para que les proporcionaran carne y leche fresca; entre otros objetos también se cargaron velas, utensilios para el barco, cañones, pólvora, escudos, arcabuces, armaduras, etc.

La Fundación Nao Victoria

La Fundación Nao Victoria es una entidad sin ánimo de lucro que está especializada en la promoción y desarrollo de eventos a través de sus réplicas de barcos históricos (Nao Victoria, El Galeón y la Nao Santa María) en puertos de todo el mundo.

En este caso tiene en su haber la réplica del navío que entre 1519 y 1522 realizó la Primera Vuelta al Mundo, la mayor hazaña marítima de todos los tiempos.

La réplica de la Nao Victoria fue construida en España en 1991, después de un largo proceso de investigación histórica, ya que no se tiene constancia de planos originales de la nave. Durante los años 2004 a 2006 se navegaron 26.894 millas y se visitaron 17 países, siendo la primera réplica histórica en circunnavegar la tierra.

El principal objetivo de la Fundación desde su creación, hace más de diez años, ha sido el de divulgar la gesta de Magallanes y Elcano habiendo realizado ya actividades en más de una veintena de países.

Durante el presente año 2019, la Nao Victoria va a realizar una gira por los principales puertos del Mediterráneo de España y Francia y estará presente en Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre, coincidiendo con los 500 años de la salida de los 5 barcos de la Armada de la Especería.

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