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Rosa Belmonte

Rodillas y señores desnudos

Qué bonita esa imagen rodillera de la Semana Santa de León. Qué feos y ordinarios los tíos desnudos de Sevilla.

Rosa Belmonte
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Mujeres de luto el Domingo de Ramos | Cordon Press

El pasado Domingo de Ramos dos hombres se asomaron por una ventana con el torso desnudo cuando la hermandad de la Cena entraba por la sevillana Avenida de la Constitución. La ventana era del Banco de España. La gente estaba escandalizada, escandalizada como se puede estar en 2019 ante una falta de respeto. Tampoco vamos a exagerar. Según fuentes de la entidad, "se trataba de familiares de empleados que viven en el Banco de España que estaban de visita en Sevilla". Unos burrancos cualquiera. No se trata de religión ni de ser meapilas, se trata de nuestra historia cultural. Tampoco eructamos en la mesa recitando las vocales. Aunque seamos capaces.

Semanas antes, el primer plano de una rodilla femenina en la portada de una publicación de la Semana Santa de León provocaba protestas. Pero no porque estemos viviendo en 'Entre visillos' sino por la piel fina podemita. La rodilla en una media negra. Una manola por las calles. Una de las imágenes más bonitas de la Semana Santa española, pasos aparte. El acabose. Desde León en Común se quejaron: "Hasta para un asunto religioso hay que usar un cuerpo de mujer". La publicación (Pasión) da cuenta de los actos religiosos de estos días. Desde Izquierda Unida han atacado a la "Iglesia patriarcal" que hace de las mujeres "un adorno" o "meras servidoras". El Ayuntamiento asegura que la publicación es "un programa no oficial editado por una empresa privada". Por supuesto, tampoco tiene nada que ver con esa iglesia patriarcal. Y claro que sigue habiendo cofradías en las que las mujeres sólo pueden salir de manolas. Pero eso va cambiando. Y desde luego, entre salir guapa o con la cabeza tapada, pues cada una con lo que quiera (y pueda) enseñar. Soy muy partidaria de las rodillas bonitas y el cartel me gusta mucho. Como me gusta La rodilla de Clara de Rohmer.

Durante el incendio de Notre Dame, muchos jóvenes se pusieron de rodillas a rezar. He pasado mi infancia de rodillas. Lo de más vale morir de pie que vivir de rodillas que se lo digan a las monjas de mi colegio. No sólo se trataba de las muchas horas de rodillas en las misas y en los rosarios diarios (cuando iba a una misa fuera del colegio no me arrodillaba tanto), es que durante primero de EGB, ni siquiera me acuerdo por qué, no nos sentábamos en las sillas sino que pasamos meses de rodillas ante la mesa. Desde luego, soy la misma persona ahora que entre los seis y los trece años, cuando estaba bajo el yugo del monjerío cerril. Con los mismos gustos, intereses y manías. Pero las rodillas no son las mismas. Si ahora voy a una misa preconciliar supongo que debería sentirme más cerca de Dios siguiendo la teoría (otra monja) de Teresa de Calcuta. Según Debasis Bhattacharya, hacía sufrir a los pobres para así poder recibir el amor de Dios. Si ves las estrellas en las rodillas todo ese tiempo que estás postrada de hinojos supongo que Dios está pendiente.

Una vez, durante un discurso del estado de la Unión, la juez del Tribunal Supremo estadounidense Ruth Bader Ginsburg se durmió. Como miembro del alto tribunal no podía hacer gesto alguno. Dijo que los otros no se duermen porque están todo el rato levantándose para aplaudir y volviéndose a sentar. Ponerse de rodillas de vez en cuando es garantía de no dormirse. De pequeña podría haberlo hecho (dormirme). Ya no. Cómo se estropean los cuerpos, que diría Lina Morgan. Y qué bonita esa imagen rodillera de la Semana Santa de León. Qué feos y ordinarios los tíos desnudos de Sevilla.

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