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Pedro Fernández Barbadillo

El desembarco español en Escocia

La corte planeó una campaña para recuperar las islas de Cerdeña y Sicilia más el reino de Nápoles, que habían sido españoles los dos siglos anteriores

Pedro Fernández Barbadillo
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Pedro Fernández Barbadillo - El desembarco español en Escocia
Castillo de Eilean Donan. | Wikipedia

Donde los franceses y los alemanes fracasaron, triunfaron los españoles. Desde mediados del siglo XVIII a 1941, varios gobernantes de Francia y Alemania planearon desembarcos e invasiones de Gran Bretaña, desde Luis XV y Napoleón a Adolf Hitler. Ninguno pudo poner un solo soldado en la isla, con la excepción del Directorio de la Revolución francesa, que logró desembarcar un millar de hombres en el pueblo galés de Fishguard en febrero de 1797 y otro millar en Irlanda en 1798. Sin embargo, España, desde finales del siglo XVI a comienzos del siglo XVIII, desembarcó varias veces tropas en las islas Británicas, aunque al final tuviesen que retirarse. Se cumplen ahora 300 años de la última de estas campañas, la realizada en la primavera y el verano de 1719.

El renacer español

Los Tratados de Utrecht y Rastatt pusieron fin a la guerra de Sucesión española. Felipe V, sin embargo, no se resignó a las mutilaciones padecidas por España y planeó la reconquista de varias de ellas. La corte planeó una campaña para recuperar las islas de Cerdeña y Sicilia más el reino de Nápoles, que habían sido españoles en los dos siglos anteriores.

En 1717, una flota tomó Cerdeña y al año siguiente otra mayor trasladó un ejército de 36.000 hombres a Sicilia. La fortaleza de España era asombrosa. La población local aplaudió el regreso de los españoles. El rey de Gran Bretaña, el regente de Francia, el emperador de Austria (que seguía reclamando la corona española) y las Provincias Unidas formaron la Cuádruple Alianza para escarmentar al díscolo. En agosto de 1718, sin mediar declaración de guerra, una flota británica atacó y derrotó a otra española en el cabo Pessaro.

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Giulio Alberoni

Felipe V y su ministro Alberoni planearon un golpe audaz contra el más poderoso de sus enemigos, Gran Bretaña, que además ocupaba Gibraltar y Menorca. Dos imperios navales que combatían por el dominio de los mares. En el recién formado Reino de la Gran Bretaña, por la unión de Inglaterra, que controlaba Irlanda, y Escocia en 1707. Desde 1714, la corona la ceñía Jorge I, un monarca alemán elegido por los whigs exclusivamente por su fe protestante, para apartar a los católicos Estuardo. Esta dinastía tenía muchos partidarios, tanto en Irlanda, por su condición de católica, como en Escocia, por ser natural de este reino, y en la misma Inglaterra. En 1689, el destronado Jacobo II desembarcó en Irlanda para reclamar su trono, pero fue vencido. En 1715, su hijo, Jacobo III, realizó otro desembarco en Escocia para animar un levantamiento que ya había comenzado; también fue aplastado por el ejército inglés.

La corte española decidió aprovechar el gran descontento de los pueblos de las islas británicas con el Hannover y los whigs y organizó nada menos que una invasión. Los españoles ya habían pisado Inglaterra (Cornualles) e Irlanda (Kinsale) en los reinados de Felipe II y Felipe III, aunque esas expediciones acabaron con retiradas o derrotas. El plan consistía en el envío de una pequeña fuerza naval a Escocia, con tropas y armas para los jacobitas, bajo el mando del conde George Keith. Una vez que el ejército inglés hubiera marchado al norte, una fuerza naval mayor, con unos 5.000 soldados y 30.000 mosquetes, desembarcaría en Gales o en Cornualles, armaría a los jacobitas de esa zona y marcharía sobre Londres.

Infantes de marina en un castillo escocés

La flota mayor no pudo zarpar de La Coruña a finales de marzo de 1719 debido al mal tiempo, pero la expedición destinada a Escocia y formada por dos fragatas, 307 infantes de marina y 2.000 mosquetes, había salido días antes de san Sebastián. El 4 de abril, las dos fragatas arribaron a la isla de Lewis, la principal del archipiélago de las Hébridas y se apoderaron de su capital.

Los jefes de la expedición y los caudillos jacobitas acordaron atacar la ciudad de Inverness, capital de las Tierras Altas (Highlands) por diversas razones: tenía una guarnición muy reducida, de 300 hombres; se hallaba muy alejada de las plazas controladas por los ingleses; y ya había sido tomada en el alzamiento jacobita de 1689. Los españoles y los escoceses establecieron su cuartel en el castillo Eilean Donan, que aparece en casi todas las películas ambientadas en Escocia, como El señor de Ballantree, Los inmortales y La trampa. Allí dejaron las armas y las municiones, junto con una pequeña guarnición.

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Vista del castillo de Eilean Donan desde el lago Alsh.

Al poco, las malas noticias se acumularon: no se produciría la invasión en el sur, los clanes no acababan de reclutar hombres y Londres había enviado tropas y buques. Las dos fragatas habían vuelto a España, y los infantes de marina, mandados por el coronel Nicolás Bolaño, se unieron a los jacobitas. Los anteriores guerreros extranjeros que habían marchado por esas frías y desoladas tierras fueron noruegos en la Edad Media.

En Eilean Donan quedó una pequeña guarnición de una cuarentena de infantes de marina para proteger las armas, y el resto de los militares españoles se adentró en el país. Tres fragatas inglesas irrumpieron en el lago Loch Alsh y ofrecieron la rendición a los soldados españoles; como éstos se negaron, el 10 de mayo las fragatas bombardearon el castillo. Aunque el edificio aguantó, los escoceses flojearon y se entregaron a los ingleses; solos, los soldados españoles también depusieron las armas. Por si acaso, los artilleros británicos demolieron el castillo.

El gobernador militar inglés, Joseph Wightman, veterano de la guerra de Sucesión española y levantamiento de 1715, se enfrentó con fuerzas superiores (disponía de cuatro morteros) a unos 1.500 jacobitas y 250 españoles. El 10 de junio, aniversario del pretendiente Jacobo III, se libró la batalla de Glen Shiel, en la que los ingleses, apoyados por escoceses leales a los Hannover vencieron. Los soldados españoles supervivientes fueron confinados en Inverness y en Edimburgo. Por un acuerdo entre Madrid y Londres, los prisioneros españoles fueron canjeados por otros ingleses detenidos en España.

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La batalla de Glen Shiel, 1719, por Peter Tillemans

Los jacobitas volverían a rebelarse en 1745 y la nueva derrota sería definitiva para su causa. Los Estuardo se extinguieron en el exilio. El castillo Eilean Donan conoció mejor suerte: permaneció dos siglos en ruinas hasta que se reconstruyó a principios del siglo XX.

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