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Pedro Fernández Barbadillo

La puñalada de Stalin a Polonia

Stalin odiaba a los polacos y admiraba a los alemanes. Los alemanes eran cultos y trabajadores; los polacos eran campesinos y tradicionales.

Pedro Fernández Barbadillo
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Stalin odiaba a los polacos y admiraba a los alemanes. Los alemanes eran cultos y trabajadores; los polacos eran campesinos y tradicionales.
Stalin. | Cordon Press

Stalin odiaba a los polacos y admiraba a los alemanes. Igual que cientos de bolcheviques. Los alemanes eran cultos, trabajadores e industriales, mientras que los polacos eran campesinos, tradicionales, reaccionarios y católicos. Encima, cuando el Ejército Rojo comenzó su marcha triunfal hacia Berlín para desencadenar la revolución mundial, fueron los polacos, dirigidos por el general Pilsudski, los que lo derrotaron en la batalla de Varsovia de agosto de 1920.

Además, Pilsudski comprendió la importancia del vacío geopolítico que dejó la desaparición de los Imperios de los Habsburgo y los Románov en Centroeuropa. Elaboró, por tanto, el concepto de "Intermarium" (Miedzymorze), una federación de países que abarcaría desde Finlandia a los Balcanes y el mar Negro, cuyo objetivo sería resistir el expansionismo germano y ruso-soviético.

Durante los años 20, Polonia constituyó un muro a los soviéticos para penetrar en Europa. Por eso, Stalin no tuvo reparos en pactar con Adolf Hitler el cuarto reparto del país en agosto de 1939. Stalin esperaba que las democracias burguesas y los fascismos, otra fase del capitalismo según la doctrina marxista-leninista, se enfrentasen entre ellos y, una vez se hubiesen destrozado, la URSS se apoderaría de Europa.

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Hitler y Stalin como amigos. Viñeta de David Low | Cordon Press

La rápida campaña militar de los alemanes y la falta de ataques franco-británicos en el oeste en los primeros días de la guerra, le decepcionaron. En consecuencia, Stalin reclamó su parte del botín, decidida en los protocolos secretos del acuerdo de no agresión con el III Reich, y, a las dos de la madrugada del 17 de septiembre, comunicó al embajador alemán que cuatro horas más tarde atacaría Polonia. Su excusa fue la de proteger las minorías ucraniana y bielorrusa ante el colapso del régimen polaco, al que había retirado el reconocimiento diplomático.

Desfile conjunto del Ejército Rojo y el Heer

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General Józef Olszyna-Wilczy´nski

La campaña fue un paseo militar. Muchos militares polacos se entregaron a los soviéticos pensando que les protegerían de los alemanes, pero los desarmaron y convirtieron en prisioneros; otros resistieron. La cifra de polacos muertos en esta campaña se calcula en un máximo de 7.000. El 22 de septiembre, fue asesinado el general polaco Józef Olszyna-Wilczy´nski.

En las alucinaciones propias de las guerras, hubo rumores en la Varsovia sitiada de que la aviación del Ejército Rojo estaba combatiendo a la Luftwaffe. Nada de eso ocurrió. Los dos bigotes se repartieron amigablemente Polonia. El 6 de octubre se consideró concluida la campaña. Las repúblicas soviéticas de Bielorrusia y Ucrania se anexionaron 200.000 kilómetros cuadrados de territorio antes polaco, en el que vivían más de 13 millones de personas. Inmediatamente, la NKVD comenzó las deportaciones al este de las poblaciones polaca y judía (casi un millón y medio de personas), así como el asesinato de sacerdotes, intelectuales y funcionarios del anterior Estado. El genocidio alcanzó su punto culminante con el exterminio de más de 20.000 oficiales polacos presos en los campos de detención de la URSS, medida aprobada por el propio Stalin.

Las relaciones entre el III Reich y la URSS eran tan buenas que hubo reuniones de confraternización, intercambio de prisioneros y hasta un desfile conjunto en Brest-Litovsk el 22 de septiembre, donde unidades militares de ambos países habían combatido juntas contra los polacos. El 28, los ministros de Asuntos Exteriores de la URSS y Alemania, Molotov y Ribbentrop, acordaron fijar los nuevos límites de sus países, y Hitler cedió Lituania a Stalin.

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Molotov y Ribbentrop

Los Aliados no tomaron ninguna medida contra la URSS, no ya declararle la guerra en cumplimiento de los tratados y garantías de apoyo a la independencia dadas al Gobierno polaco; ni siquiera un comunicado comprometiéndose a restaurar la soberanía polaca después de la guerra.

El Gobierno polaco escapó el mismo 17 a Rumanía y le siguieron varias decenas de miles de soldados, que también fueron acogidos en Hungría. Luego, infantes, aviadores y marinos se trasladaron a Gran Bretaña y Francia. Los polacos combatieron en Noruega y en la batalla de Inglaterra; también en Montecassino y en la desastrosa operación Market Garden. El Gobierno en el exilio se estableció en París y, después de la capitulación de Francia, en Londres.

En España, la invasión de Polonia se vivió con desagrado, pero éste no se expresó públicamente. La prensa alababa el valor polaco, pero sin atacar a Alemania. El régimen franquista había ordenado la "neutralidad absoluta". El Reich no era aliado, pero… Ni el Gobierno ni la prensa criticaron tampoco la agresión soviética.

Sin embargo, Franco siguió reconociendo diplomáticamente a Polonia, aunque su territorio estaba ocupado. Pese a las exigencias alemanas, el régimen no cerró ni la embajada en Madrid ni el consulado en Barcelona, que se convirtieron en centros de una red de acogida de polacos huidos de la Europa bajo dominio alemán.

Los comunistas justificaron la invasión de Polonia

Quienes se cubrieron de vergüenza cuando la URSS apuñaló a Polonia por la espalda fueron los comunistas de todo el mundo, pues justificaron la invasión, de igual manera que, desde el inicio de la guerra, achacaban ésta al imperialismo franco-británico.

El 9 de septiembre, el búlgaro Georgi Dimitrov, secretario general de la Internacional Comunista, envió un telegrama a la cúpula del PCF afirmando: "El proletariado mundial no debe defender a la fascista Polonia". La consigna fue la misma para los demás PC, incluido el español.

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Dolores Ibárruri

En el primer número de un panfleto del PCE editado en México, España Popular (18 de febrero de 1940), publicado después de que la URSS se hubiera anexionado los países bálticos y atacado a Finlandia, Dolores Ibárruri firmó un artículo en el que, en la lista de culpas de Francia y Gran Bretaña, añadía su apoyo a Polonia.

La sicaria de Stalin se limitó a difundir el argumentario de la URSS. En Polonia "millones de ukranianos, bielorrusos y judíos ni siquiera tenían el derecho de hablar libremente su idioma, y vivían en condiciones de parias".

Según ella, el régimen polaco era dictatorial y lacayo de las finanzas de Londres y París:

...la Polonia reaccionaria, desaparecida sin honor y sin gloria, porque los terratenientes polacos, los coroneles venales y que formaban su gobierno y que no representaban la voluntad del pueblo polaco -que no tenía ni voz ni voto para decidir sus destinos-, representaban, sin embargo, los intereses de los banqueros y grandes capitalistas de Londres y París.

Excluidos del desfile de la victoria

A pesar de sus sacrificios, las democracias abandonaron a Polonia y se la entregaron a la URSS: aprobaron las fronteras pactadas entre Stalin y Hitler y aceptaron un Gobierno títere de Moscú como representante del pueblo polaco. La humillación llegó al punto de que el Gobierno del socialista Clement Attlee excluyó a los polacos del gran desfile de la victoria celebrado en junio de 1946; sólo invitó a los pilotos que combatieron en la RAF, pero éstos lo rechazaron.

Los comunistas no sólo se apoderaron de Polonia, sino que consiguieron triunfar donde los nazis alemanes fracasaron: convertir su propaganda en historia.

En uno de los actos de mayor cinismo de la historia del siglo XX, el Gobierno rojo polaco planteó en las Naciones Unidas en 1946 la cuestión española, que acarreó sanciones que sufrió el pueblo español.

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