Menú
Pedro Fernández Barbadillo

El gran regalo de Hitler a Franco: el Mercedes G4

Lo usó en pocos actos oficiales y cuando no era políticamente correcto dejarse ver con un regalo de Hitler lo reservó para excursiones y cacerías.

Pedro Fernández Barbadillo
0
Lo usó en pocos actos oficiales y cuando no era políticamente correcto dejarse ver con un regalo de Hitler lo reservó para excursiones y cacerías.
El Mercedes-Benz G4 W31 regalado por Hitler a Franco. | Archivo

La gran sorpresa de la publicación por El Mundo del testamento Francisco Franco es la pequeñez del patrimonio que dejó quien fue jefe del Estado español durante casi cuarenta años. ¡Menos bienes y dinero que los acumulados por Jordi Pujol, José Bono y el Wyoming!

Por eso, algunos se han lanzado a levantar alfombras por si encuentran más objetos de valor que sumar a la inexistente fortuna de Franco. En varias televisiones, como RTVE, la Sexta y Antena 3 se han asombrado de que no se incluyera entre las propiedades franquistas el Mercedes-Benz G4 W31. Un mastodonte de 3.500 kilos de peso, con un motor de 115 CV y ocho cilindros en línea, reconocible por sus tres ejes, que fue un regalo de Adolf Hitler, y cuyo valor hoy se calcula en varios millones de euros.

La mayor información sobre este príncipe de los automóviles se halla en el libro Mercedes Benz Type G4(W31): The Ultimate Study (2016), de Lewis Pershing, que sorprendentemente no se ha publicado en España. Con la ayuda de ésa y otras fuentes hemos podido la curiosa aventura del famoso automóvil.

Sólo cuatro unidades fabricadas

El G4 era un vehículo de lujo, diseñado por orden de Hitler para los más altos dirigentes de su Reich. Cuando comenzó la guerra, en septiembre de 1939, sólo se habían fabricado cuatro de ellos. El führer se reservó dos, uno de los cuales se guardó en Berlín y el otro en su finca de recreo en Berchtesgaden; el tercero se lo regaló a su aliado Benito Mussolini; y el cuarto se lo envió a Franco.

Más tarde, la casa Mercedes fabricó 57 unidades de una serie menor, menos lujosa, de los que sobreviven unos pocos. Tres de los G4 desaparecieron en la guerra. Un piloto norteamericano contó a miembros de la Guardia Real española que en Italia, en los estertores de la guerra, descubrió en un aeropuerto el Mercedes de Mussolini abandonado, que desapareció.

El único documento que justifica la entrega del Mercedes G4 a Franco es una carta de Hitler de 1940 en que éste le explica que se lo envía como regalo por su cumpleaños. La entrega se realizó en enero en la explanada del Palacio Real de manos del embajador alemán.

Franco lo usó en pocos actos oficiales (tal vez por su gran consumo de combustible). Y a partir de 1945, cuando no era políticamente correcto dejarse ver con un regalo de Hitler, lo reservó para excursiones y cacerías.

A pesar de los tres ejes, el Mercedes G4 no es un todo terreno, pues la tracción se concentra en los dos ejes traseros, mientras que el delantero es un eje muerto. A Franco le ocurrió que salió a cazar una Nochebuena de los años 50 y el vehículo se atascó en una zanja. El militar español tuvo que regresar en un jeep Willis de transmisiones, de fabricación norteamericana, escoltado por un destacamento de la Guardia Mora (los cristianos y los musulmanes que custodiaban a Franco se turnaban en las fiestas religiosas: en las musulmanas, las guardias y salidas corrían a cargo de los católicos y en las cristianas correspondía a los musulmanes), mientras echaba pestes de la supuesta maravilla de la ingeniería germánica.

A Franco, que era de vivir austero, no le gustaban los lujos innecesarios. Y cuando su paisano el empresario Eduardo Barreiros quiso regalarle un Chrysler Imperial blindado rechazó todos los complementos que le ofreció.

La cesión a Patrimonio Nacional

En 1975, poco antes del fallecimiento de Franco, el militar asturiano Fernando Fuertes de Villavicencio, que era consejero delegado de Patrimonio Nacional, aconsejó a la familia del jefe del Estado que cediesen al organismo estatal el Mercedes G4 y otro vehículo de la misma casa adquirido por el Estado en los años 40, el Mercedes 770 K. Se quería evitar un desastre como el padecido por las Cocheras Reales, de las que desapareció, por obra del Frente Popular, la magnífica colección de automóviles de Alfonso XIII. El Hispano-Suiza en que el rey huyó a Cartagena el 14 de abril de 1931 ya no existe.

En los 80, los directivos de Mercedes quisieron hacerse con el coche y trató de comprarlo a Patrimonio Nacional y cuando el organismo, respaldado por el Gobierno, rechazó las ofertas, que se calculan en mil millones de pesetas, se dirigieron a la hija y el yerno de Franco para que lo reclamasen como regalo personal. En el pleito, según nos confirman fuentes conocedoras del mismo, no llegó a dictarse sentencia, pues la familia lo retiró por sugerencia de la Casa Real.

Desmontado pieza a pieza

Unos años más tarde, ya en el siglo XXI, Patrimonio Nacional aceptó el ofrecimiento de Mercedes de revisar el G4, a pesar de los mecánicos de la Guardia Real, que han cuidado de él, así como del resto de la flota de vehículos oficiales. Su atención ha llegado al punto de fabricar ellos las piezas necesarias cuando se agotaban.

En los talleres de Mercedes, la joya fue desmontada pieza a pieza en Stuttgart y durante tres años los técnicos alemanes dibujaron el plano del coche y, aprovecharon para reparar con fidelidad el único de los automóviles de la serie inferior que se exhibe en su museo. Según las informaciones de las que disponemos, el fabricante le pasó una factura al Reino de España por sus servicios.

El Mercedes G4 se encuentra en el Museo de la Guardia Real, en El Pardo, junto con otros vehículos usados por el generalísimo, Juan Carlos I y Felipe VI cuando era príncipe. Vaya a verlo cuanto antes, amigo lector, porque quizás el nuevo Gobierno roji-morado decida desprenderse de esta herencia del franquismo en aplicación de la memoria histórica, y esta obra de arte podría acabar en Alemania, Las Vegas o, paradojas del destino, en Moscú. Como el uniforme que llevaba Hitler cuando estalló la bomba del coronel von Stauffenberg, que Stalin guardó en el Kremlin.

En Cultura

    Lo más popular

    0
    comentarios

    Servicios