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Pedro Fernández Barbadillo

¿Cuál fue el peor año de la historia de la Humanidad?

Aunque algunas personas crean que podemos someter y dominar la naturaleza y el clima, en realidad somos esclavos de ellos.

Pedro Fernández Barbadillo
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Aunque algunas personas crean que podemos someter y dominar la naturaleza y el clima, en realidad somos esclavos de ellos.
Nicolas Poussin (1631) | Museo del Louvre

Pues esa marca no la tienen 2019, ni los nueve años anteriores, que forman, según nos dicen, la década más calurosa desde que se tienen registros. Tampoco 2008, el año en que comenzó la crisis financiera que todavía sufrimos. Ni 1945, cuando acabó la Segunda Guerra Mundial, el conflicto más mortífero que hemos sufrido. Ni 1918 y 1919, el período en que la epidemia de gripe mató a unos 50 millones de personas en todo el planeta, más que la Gran Guerra. Ni la Rebelión Taiping, producida en China entre 1850 y 1865, en la que pudieron morir por lo menos hasta 20 millones de individuos. Ni la Peste Negra del siglo XIV…

El año que se ha escogido como el más duro para la Humanidad, que supuso una crisis de supervivencia, fue el 536 después de Cristo. El Imperio romano de Occidente había desaparecido hacía más de medio siglo, pero el emperador de oriente, Justiniano, que reinó entre el 527 y el 565, empezó a reconquistar los territorios mediterráneos dominados por los pueblos germanos: destruyó el reino de los vándalos, en Norteáfrica, y ocupó Sicilia y Roma; posteriormente conquistaría todas las islas del Mare Nostrum, Ceuta, Milán y hasta arrebataría una provincia entre Cartagena y el Guadalquivir a los visigodos. Faltaban décadas para que en el 570 naciera Mahoma y arrojara a los árabes sobre el mundo civilizado.

Pero en el 536 se produjo un cataclismo que afectó al menos a Europa, Oriente Próximo y parte de Asia: la erupción de un volcán en Islandia que lanzó tal cantidad de ceniza a la atmósfera que esas regiones del hemisferio norte quedaron cubiertas por una neblina que atenuó el brillo y el calor del Sol durante varios meses. Por supuesto, la gente que vivía en torno al Mediterráneo y en Persia no sabía a qué se debía cambio tan inquietante. Este hecho, ya conocido por testimonios de la época como el de Procopio de Cesarea, fue confirmado hace poco por el análisis del hielo de un glaciar alpino, el Colle Gnifetti. La misma investigación registró los efectos de otras dos erupciones en años cercanos: 540 y 547. Los científicos aseguran que la primera erupción inauguró la década más fría de los últimos 2.300 años.

Una década de frío

Las temperaturas en el verano del 536 bajaron entre -1’5 y -2´5 grados. Semejante caída supuso la pérdida de cosechas y provocó hambrunas. Además, en el 541 la peste bubónica, venida al parecer de China, penetró en el Mediterráneo por el puerto egipcio de Pelusio. Esta epidemia, a la que los historiadores han llamado la Plaga de Justiniano, mató a millones de personas; según algunos cálculos la mortandad en el Imperio Romano de Oriente comprendió entre un tercio y la mitad de su población. Las consecuencias de la Plaga de Justiniano debilitaron a Bizancio de tal manera que contribuyó a su caída ante los árabes.

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El hielo del mismo glaciar ha permitido datar la recuperación de Europa gracias al hallazgo de un pico de plomo en torno al año 640 que indica un aumento de la minería de plata, usada para la elaboración de moneadas y joyas.

Los árabes invadieron España en otro momento en que las hambrunas y las enfermedades habían diezmado la población local, provocado protestas y desgastado la autoridad de la Corona goda.

El Óptimo Climático Medieval en el Atlántico Norte, que se extendió del siglo X al XIV, en el que las temperaturas aumentaron sólo una media de un grado, amplió las áreas de cultivo de la vid y el trigo e influyó en el aumento de la población y de la riqueza en Europa.

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Área afectada por el volcán en 1850

La dependencia de la Humanidad de los volcanes se comprobó de nuevo cuando en 1815 la explosión del Tambora en Indonesia arruinó las cosechas en Norteamérica, Europa y China. 1816 se ha llamado el ‘año sin verano’. Los efectos consistieron en un aumento de las muertes y, también, revueltas en todo el mundo. El historiador John Post tituló el libro que escribió sobre ese año La última gran crisis de supervivencia del mundo occidental. No tuvo consecuencias tan graves la erupción en 2010 del volcán islandés Eyjafjallajökull, que expulsó una nube de cenizas que llevó a suspender durante casi una semana los vuelos en Europa.

Aunque algunas personas crean que podemos someter y dominar la naturaleza y el clima, en realidad somos esclavos de ellos. Mientras se gastan miles de millones de euros en transiciones energéticas y subvenciones a coches eléctricos, ¿cuánto dinero se destina a preparar a la Humanidad para superar un desastre como el del 536, que puede ocurrir en cualquier momento?

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