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Supervivientes en Auschwitz: "¡Que nadie lo niegue, yo estuve aquí y lo vi!"

75 años tras de la liberación del campo de Auschwitz es necesario recordar y homenajear a los que pudieron contar en primera persona lo que ocurrió.

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75 años tras de la liberación del campo de Auschwitz es necesario recordar y homenajear a los que pudieron contar en primera persona lo que ocurrió.
Supervivientes, a la entrada de Auschwitz. | C.Jordá

Cuando se celebraron los 70 años de la liberación de Auschwitz tuve la inmensa fortuna de visitar el campo de exterminio con un grupo de supervivientes. Era un día muy frío y la nieve se enseñoreaba de la mayor parte del lugar, pero el manto albo de la nevada no transmitía la habitual sensación de bondad y paz, sino más bien un aire un tanto siniestro: no era un blanco de pureza sino de crimen, de frío criminal y asesino.

Imagino lo que la crudeza de aquel invierno, duro para los que vestíamos con todas las comodidades de la ropa del siglo XXI, debía traer a la memoria de los supervivientes a los que acompañábamos, que superaron allí mismo inviernos igual o aún más duros pero en los ralos pijamas de rayas de los presos de Auschwitz.

La Hatikva en Auschwitz

Durante aquella mañana en Auschwitz tuve la oportunidad de contemplar la actitud tan distinta con la que los supervivientes visitaron el campo de exterminio: algunos llegaron con un ánimo que podríamos denominar como combativo y, exaltados por el momento, se pusieron a cantar la Hatikva -el himno de Israel- un poco más allá de la infame puerta y del aún más infame Arbeit Macht Frei. Era la escenificación rotunda y a gritos de la gran derrota del nazismo, que pese a su gigantesco esfuerzo criminal no sólo no acabó con el pueblo judío, sino que 70 años después ese pueblo tiene un país y un Estado, cosa que no había ocurrido en los dos milenios anteriores.

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Supervivientes cantan la Haktivá en Auschwitz | C.Jordá

Otros compartían, seguro, ese orgullo y esa sensación de triunfo, pero tenían una actitud más reflexiva, como si de alguna forma necesitasen calma para procesar sus recuerdos, la parte dramática de sus vidas que tenía a Auschwitz como punto central, pues allí sufrieron lo que literalmente era insoportable, allí perdieron a los suyos, allí conocieron el grado más profundo del horror.

"Hitler no cumplió su plan"

Sus historias podrían perderse en el inmenso mar de la historia general del Holocausto, un acontecimiento tan fundamental para el conjunto de la humanidad que cabe el peligro de olvidar a los humanos que lo sufrieron. Yo no quiero hacerlo, quiero recordar a Masha Schainberg, un mujer de origen polaco, pequeña, morena, enjuta, que sobrevivió a Auschwitz pero perdió allí a su madre y a tres hermanas y que había ido allí a enseñarle el lugar a su hija y a sentirse "feliz" porque "puedo volver aquí y Hitler no cumplió su plan"

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Masha Schaimberg, superviviente de Auschwitz | C.Jordá

Quiero recordar a Edgar Wildform, judío de origen eslovaco que vio como los Einsatzgruppen mataron en un día a 32 miembros de su familia -absolutamente todos sus parientes más o menos cercanos- y luego sobrevivió a una odisea indescriptible de casi seis años en campos de trabajo y alguno, al menos Auschwitz, de exterminio.

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Edgar Wildform, superviviente de Auschwitz | C.Jordá

Masha y Edgar tenían 87 y 91 años cuando los conocí, quiero pensar que aún habrán celebrado este nuevo aniversario, pero quizás no sea así. Si es este el caso aún es más necesario evitar que su historia personal, sus vivencias únicas y en primera persona, caigan en el olvido.

"¡Yo estuve aquí y lo vi!"

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Mordechai Ronen, superviviente de Auschwitz, en una visita al campo de exterminio | C.Jordá

Porque inevitablemente el paso del tiempo nos robará la posibilidad de escuchar en persona a Masha, a Edgar y a muchos otros. Como nos la ha hurtado ya con Mordechai Ronen, fallecido hace un año, que aquel día hace cinco entró llorando al lugar en el que fueron asesinadas su madre y dos hermanas. Allí, sobreponiéndose a sus propias lágrimas dijo, más bien gritó, una frase importante: "¡Que nadie lo niegue, yo estuve aquí y lo vi!".

Esa ha sido, es aún y, gracias a las grabaciones que se han hecho -como la excepcional película Shoah- y a nuestros recuerdos, seguirá siendo la labor esencial que los supervivientes de Auschwitz y todos los demás campos de la muerte lograron cumplir: dar un testimonio de primera mano del horror absoluto, decirnos que es verdad y no porque lo digan los historiadores o los trabajos arqueológicos, sino porque ellos estuvieron allí y lo vieron y lo sufrieron.

Y quizá aun había algo más importante en esa tarea que muchos emprendieron a pesar de que les producía un dolor casi insoportable, a pesar de que probablemente la respuesta natural para la mayoría habría sido esforzarse en olvidar en lugar de esforzarse en recordar: poner un rostro humano y real a una tragedia que sin su testimonio podría quedarse solo en las cifras, por muy descomunales que éstas sean.

Ahora, 75 años después, a todos ellos, a Masha, a Edgar, a Mordechai, quiero daros las gracias y deciros que yo no os olvidaré. Nunca.

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