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Pedro Fernández Barbadillo

"¿Qué hiciste en la guerra, amado Stalin?"

Uno de los mayores tiranos del pasado siglo aún tiene millones de seguidores, algunos de los cuales se sientan en el consejo de ministros de España.

Pedro Fernández Barbadillo
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Uno de los mayores tiranos del pasado siglo aún tiene millones de seguidores, algunos de los cuales se sientan en el consejo de ministros de España.
1945, soldados rusos en el hospital de Auschwitz | Cordon Press

En un debate sobre el aniversario de la caída del Muro Antifascista que separaba la Alemania socialista de la Alemania occidental en el que participé, un dirigente español de Izquierda Unida justificó la existencia de las tiranías comunistas porque eran un contrapeso al "mercado" y al "neoliberalismo".

Estamos en un momento de blanqueo del comunismo, objetivo para el que la formidable máquina de propaganda de la extrema izquierda emplea cualquier recurso. Estos días han recurrido al LXXV aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, por parte del Ejército Rojo en su avance hacia Berlín.

Los tuiteros de la extrema izquierda, encabezados por Pablo Iglesias, clamaron que el III Reich nacional-socialista fue vencido sólo gracias a la URSS y, en consecuencia, si no le agradecemos a Stalin haber derrotado a Hitler somos o ignorantes o fascistas.

Y lo primero que hay que responder es que la URSS se unió a la guerra contra el nazismo tarde, casi dos años después de que empezase, cuando los polacos la estaban librando desde el primer día y los británicos desde el tercero.

El cuarto reparto de Polonia

En la primavera de 1939, en Europa sólo había tres poderes capaces de determinar la guerra o la paz: la URSS soviética, el Reich nacional-socialista y el Imperio británico. Francia estaba subordinada a Londres; Italia y Polonia carecían de fuerza suficiente para inclinar la balanza; y España acaba de salir de una guerra. Stalin optó por firmar un pacto de no agresión con Hitler. Y Stalin sabía que su decisión provocaría la guerra, tal como dijo a sus camaradas (Simón Montefiori, en La corte del zar rojo).

"Naturalmente el juego consiste en ver quién engaña a quién. Ya sé lo que trama Hitler. Cree que es más listo que yo, pero en realidad soy yo quien lo ha engañado. La guerra tardará en afectarnos todavía un poco".

El plan de Stalin consistía en que "los burgueses" se destrozasen entre ellos para luego invadir Europa, como había intentado el Ejército Rojo, pero fue detenido en 1920 a las puertas de Varsovia.

Stalin atacó Polonia por la espalda el 17 de septiembre de 1939 y las tropas soviéticas desfilaron junto a las alemanas en Brest-Litovsk. Luego, absorbió Lituania. Letonia y Estonia y en noviembre atacó Finlandia, motivo por el que la URSS fue expulsada de la Sociedad de Naciones.

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Bosque de Katyn, descubrimiento de la masacre

En los meses siguientes, y sobre todo después de la victoria de Alemania sobre Francia, Stalin colaboró con los nazis: suministro de materias primas imprescindibles para el ejército alemán, como el petróleo, y alimentos. Moscú quería ganar tiempo, mientras se preparaba, y por tanto no quería indisponerse con Berlín. Sirva como ejemplo de esta entente la derrota del crucero Komet. En el verano de 1940, un rompehielos soviético abrió paso al barco alemán por el mar Ártico hasta que salió al Pacífico. Allí atacó varios mercantes aliados.

Además, Stalin tuvo tiempo para ordenar, con su firma, el genocidio de Katyn: la matanza de 22.000 oficiales polacos capturados, entre los que había un 8% de judíos. También entregó a los militares, las SS y la Gestapo a miles de polacos huidos y a comunistas alemanes.

La ruptura entre Alemania y la URSS sólo se realizó cuando Hitler invadió a su vecino. Para entonces, ya existía Auschwitz, construido en la zona de Polonia conquistada por Alemania.

La victoria, imposible por separado

Sin el sacrificio de los soviéticos, ¿habría sido posible la victoria de los anglosajones sobre Alemania? Seguramente, no. Pero tampoco la URSS habría podido soportar las ofensivas del Eje y realizar sus contraataques.

El historiador Anthony Beevor me dijo en una entrevista que "el 80% de las bajas alemanas las causó el Ejército Rojo" en el frente oriental, pero la ayuda de Gran Bretaña y, sobre todo, de EEUU, fue imprescindible.

"Sabemos que tanto Stalin como el mariscal Zukov reconocieron que la URSS jamás habría sobrevivido para ganar la guerra sin la ayuda británica y sobre todo de EEUU: acero, comida y en especial 500.000 vehículos militares que transformaron la movilidad del Ejército Rojo. Otro aspecto que los historiadores rusos se niegan a aceptar hoy es que los bombardeos británicos de ciudades alemanas forzaron a la Luftwaffe a trasladar la mayoría de sus escuadrones de combate y artillería antiaérea del frente Oriental a la defensa del Reich. Y esto dio la superioridad aérea a la Unión Soviética".

Uno de los argumentos más usados por los neo-comunistas es el recuerdo de las bajas sufridas por los soviéticos, que en la actualidad se calculan en cerca de 27 millones de seres humanos. Es cierto que los nazis trataron a los eslavos (fuesen polacos o rusos o ucranianos) casi tan mal como a los judíos; en su ideología tenían reservado el papel de esclavos. Millones de ellos murieron de hambre, explotados en las fábricas, las minas o los campos y asesinados en represalias.

Paracaidistas sin paracaídas

Pero a Stalin y su camarilla les corresponde una enorme responsabilidad en esa orgía de sangre. El Gobierno, el Partido y la Stavka (mando soviético) trataron a su propio pueblo con una crueldad que en Alemania los nazis solo aplicaron en los últimos meses de la guerra, cuando ésta ya estaba perdida.

En los primeros días de Barbarroja, Moscú ordenó contra-ataques desesperados, que sólo causaron más muertos y no detuvieron el avance alemán. En cumplimiento de la Orden 227, firmada por Stalin en julio de 1942, llamada '¡Ni un paso atrás!', casi 430.000 militares fueron destinados a batallones de castigo, por delitos como derrotismo, o flojedad en el combate. Los comisarios políticos ametrallaban sin vacilar a los soldados que no ponían suficiente empeño en lanzarse contra los tanques alemanes. Los ataques frontales fueron una táctica constante hasta la batalla de Berlín, aunque costasen más bajas y la Stavka dispusiera de la artillería, los vehículos, el espacio de maniobra y la masa humana necesarios para evitarlos.

Para asegurar el triunfo del cerco de Stalingrado (Operación Urano), Stalin aprobó la revelación de otra operación, llamada Marte, a los alemanes mediante un agente doble. La distracción se consiguió, pero al coste de entre 70.000 y 100.000 muertos en el Ejército Rojo.

Los rojos aplicaron métodos espantosos en el campo de batalla. Cuando la nieve tenía un metro de espesor, lanzaban a los paracaidistas sin paracaídas y daban por aceptables un treinta por ciento de bajas. Colocaban infantes sin protección encima de los plintos de sus blindados para aprovechar las penetraciones. Y el mariscal Zhukov mandaba a sus tropas penetrar en los campos de minas sin detenerse a desminarlos:

Las bajas que sufrimos por minas las consideramos equivalentes a las que habríamos sufrido por ametralladoras y artillería si los alemanes hubieran decidido defender el área con grandes cuerpos de tropas en lugar de minas.

Stalin deportó en condiciones inhumanas a millones de seres humanos, como las poblaciones de alemanes del Volga y los tártaros de Crimea ante las sospechas de colaboración con los invasores.

Mientras en Inglaterra hubo huelgas obreras en las fábricas de armamento en petición de mejores condiciones (descansos y paga), el Kremlin estableció jornadas de 18 horas en las fábricas de armamento y la pena de muerte para el personal para delitos como no cumplir la producción asignada o llegar tarde al puesto.

La maquinaria de represión no se detuvo, porque ésta era la única manera en que los bolcheviques podían mantener su régimen, que sabían odiado por el pueblo. A continuación, unos datos sacados de La tormenta de la guerra, de Andrew Roberts.

Entre junio y octubre de 1941, en los peores meses de la guerra para la URSS, la NKVD detuvo a unas 26.000 personas y mató a no menos de 10.000. En 1942, los Gulags tenían cuatro millones de presos, algunos de ellos condenados por la pantomima de ser espías de las potencias que, por la vía de los hechos, se habían convertido en aliadas de la URSS. "No menos de 135.000 soldados del Ejército Rojo –el equivalente a 12 divisiones— fueron fusilados por su propio bando, entre ellos muchos que se habían rendido a los alemanes y habían sido recapturados".

Cambio de tiranos

Sí, el Ejército Rojo fue imprescindible en la derrota de Hitler, pero sin Stalin y su marxismo la Segunda Guerra Mundial no habría comenzado cuando y como lo hizo y la victoria no le habría costado tantos millones de muertos a los rusos y demás pueblos sometidos a la URSS.

En Europa Oriental entre 1944 y 1945 se cambió a un tirano por otro. A uno de esos tiranos hoy solo lo defiende un puñado de locos; por el contrario, el otro, debido a la superioridad moral de la izquierda, aún tiene millones de seguidores, algunos de los cuales se sientan en el consejo de ministros del Reino de España.

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