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Pedro Fernández Barbadillo

Franco planeó suprimir la Guardia Civil

En julio de 1936, la Guardia Civil tenía entre 33.000 y 34.000 hombres. El instituto armado sufrió enormemente, sobre todo en los primeros meses de la guerra, perdiendo el 20% de sus efectivos.

Pedro Fernández Barbadillo
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Ante el avance de las investigaciones judiciales al Gobierno de izquierdas sobre su responsabilidad en la expansión de la pandemia que ya ha matado a 43.000 españoles, sus ministros y sus ‘creadores de opinión’ se defienden embarrando todas las instituciones y envenenando el ambiente social. Como ya ocurrió en los años 80 y 90, con los Gobiernos de Felipe González, se destrozaron hasta las cuentas y el prestigio del BOE. Hoy se repite la misma conducta. Se ataca a la Guardia Civil, la judicatura y la oposición, y se les acusa de participar en un golpe de estado.

En esta campaña, no hay rezagados. Los tertulianos jubilados defienden a Fernando Simón; y la veterana periodista Rosa Montero justifica que el Gobierno nos mintiese sobre el uso de las mascarillas (por nuestro bien, claro). También se ha unido a la batahola un periodista que fue jefe de prensa del PSOE entre 2004 y 2008, cuando era secretario general del partido José Luis Rodríguez Zapatero.

La Guardia Civil es "fascista"

En un tuit de 26 de mayo, Carlos Hernández afirma que "la inmensa mayoría de la Guardia Civil se sublevó en 1936", como había hecho antes la izquierda en octubre de 1934, por cierto.

Para Hernández, supongo que ateo, la pertenencia a la Guardia Civil imprime carácter, como el sacerdocio, y transmite a sus miembros más jóvenes, la conducta realizada por sus predecesores hace más de ochenta años. El alma personal no existe; pero el alma de los cuerpos administrativos, sí. Sin embargo, Hernández miente, y digo miente porque escribe libros sobre la guerra civil y la posguerra, y se supone que sabe de lo que habla.

Para la proclamación de la II República fue fundamental la sedición de la Guardia Civil, cuyo director general, el general José Sanjurjo, envió el 13 de abril de 1931 a sus subordinados un telegrama que en Correos y Telégrafos descifraron otros funcionarios desleales:

"Disponga usía las órdenes convenientes para que las fuerzas de su mando no se opongan a la justa manifestación del triunfo republicano que pueda surgir del Ejército y del pueblo."

Entonces, la Guardia Civil no era represora ni reaccionaria…

Y cualquiera que lea un poco sobre julio de 1936 sabe que la Guardia Civil se dividió por la mitad, como el resto de la sociedad española.

Ni a Franco le obedeció en Las Palmas

Entre las leyendas sobre la guerra civil, hay una que sostiene que donde la Guardia Civil se unió al alzamiento, éste triunfó; y en cambio donde se opuso, éste fracasó. Alimenta esa leyenda el hecho de que en Madrid, Barcelona y Valencia la obediencia de la Guardia Civil al Gobierno del Frente Popular fuera decisiva para la derrota de los sublevados en estas ciudades. La realidad indica que no es cierta.

En Albacete, se unió a los militares, pero el Gobierno aplastó la sublevación. En Asturias, donde en 1934 los terroristas de izquierdas habían asaltado con dinamita varias casas-cuartel donde había mujeres y niños, la Guardia Civil se puso a las órdenes del coronel Aranda, jefe de la guarnición de Oviedo. Sin embargo, en la mayor parte de la región, la organización izquierdista arrolló a los alzados, salvo en la capital. En la defensa del Alcázar de Toledo participaron casi 700 guardias.

Ni el general Franco contó con la Guardia Civil. El jefe de la comandancia de Las Palmas era el teniente coronel Emilio Baraibar y el segundo jefe el comandante Joaquín Laurerio. A pesar de los requerimientos de Franco, Baraibar permaneció en el edificio del Gobierno Civil a las órdenes del gobernador Antonio Boix Roig. Sin embargo, se negó a disparar al remolcador España II, que trasladaba a Franco al aeropuerto de Gando.

Cuando el alzamiento triunfó en Canarias, el 19, Baraibar fue juzgado y condenado a muerte. Como a tantos miles, se le indultó la pena capital y acabó en libertad. Murió en Sevilla en los años 60.

Más dividida que Carabineros y Guardia de Asalto

En julio de 1936, la Guardia Civil tenía entre 33.000 y 34.000 hombres. El instituto armado sufrió enormemente, sobre todo en los primeros meses. En ambos bandos sumó 2.714 muertos y 4.117 heridos, el 20% de sus efectivos.

De acuerdo con un informe del Estado Mayor del Cuartel del Generalísimo, fechado en julio de 1937 y depositado en el Archivo Militar de Ávila, 20.100 guardias permanecieron leales al Frente Popular y 14.200 participaron en el alzamiento. Luego, unos 3.000 guardias en las semanas siguientes al 18 de julio se pasaron a la zona rebelde.

En su libro El cuerpo de oficiales en la guerra de España, Carlos Engel Masoliver describe así la suerte de los generales, jefes y oficiales de la Guardia Civil en la provincia de Madrid, que incluía la Inspección General (organismo que sustituyó a la Dirección General en 1932): de los 257, 43 fueron asesinados por los milicianos, 26 fueron juzgados y condenados y otros 26 se pasaron a la otra zona; el resto, leal, ya por ideología, ya por deber, ya por miedo.

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Guardia de asalto durante la Guerra Civil en Barcelona

Según los datos de Juan Blázquez Miguel (La Guardia Civil en la guerra de España. 1936-1939), la oficialidad se implicó más en la rebelión que la tropa. De los cinco generales que había, se sumaron al alzamiento dos. De los 36 coroneles, 26. De los 75 tenientes coronel, 45. De los 126 comandantes, 78. De los 333 capitanes, 262. De los 544 tenientes, 412. Y de los 412 alféreces, 279. Según el mismo autor, de las 219 compañías que había, siguieron obedientes al Gobierno de Madrid 108, poco menos de la mitad.

Por el contrario, la mayoría del generalato y el almirantazgo del Ejército y la Armada fue leal al Frente Popular, lo que no les libró a varios de ellos de ser fusilados por los milicianos. En la guerra española murieron cuarenta generales y almirantes, diez de ellos en la nacional y el triple, treinta, en la republicana.

Es decir, el instituto armado se dividió por la mitad. Incluso algunos historiadores sostienen que el porcentaje de guardias en la zona republicana fue ligeramente superior al de la zona nacional, en torno al 52-55%.

Disolución de la Guardia Civil

Franco estuvo a punto de cumplir el sueño de muchos anarquistas, socialistas y republicanos de disolver la Guardia Civil, un cuerpo que es una de las pocas instituciones estatales que han sobrevivido en España durante tres siglos.

La Guardia de Asalto apoyó en un 70% al Gobierno republicano. Este cuerpo de policía y antidisturbios nació en 1932 para retirar a la Guardia Civil del orden público en las ciudades. Su primer jefe fue Agustín Muñoz Grandes, luego comandante de la División Azul y vicepresidente de los gobiernos del general Franco. La disolvió el Gobierno de Largo Caballero y la integró en la Guardia Nacional Republicana, nuevo nombre dado a la Guardia Civil.

Para sustituirla, el Gobierno franquista fundó la Policía Armada en 1939, que se reformó en 1978 y luego se integró en el Cuerpo Nacional de Policía.

Los Carabineros, encargados de la custodia de las fronteras y la persecución del contrabando (una pareja detuvo al diputado socialista Indalecio Prieto cuando traía armas para preparar el golpe de estado de 1934), eran en torno a 16.000 efectivos. También la mayoría mantuvo su lealtad al régimen republicano y formó uno de los núcleos fundamentales del Ejército Popular.

Por la ley de 15 de marzo de 1940 de reorganización del Cuerpo de la Guardia Civil, este cuerpo fue disuelto e integrado en la Guardia Civil.

Un decreto a mano en el Pardo

Sin embargo, Franco mantuvo en su despacho, al alcance de su mano, el decreto de disolución de la Guardia Civil. Pesaban hechos como que el comando terrorista formado por funcionarios policiales y pistoleros del PSOE que asesinó al diputado José Calvo-Sotelo lo mandaba un capitán de la Guardia Civil, Fernando Condés.

Cambió de opinión debido a que dos generales, Francisco Gómez Jordana y Camilo Alonso Vega (su director general desde 1943), le insistieron en la necesidad de conservar la Guardia Civil, sobre todo en los años 40, para luchar contra los huidos al monte y luego el maquis. Y también por la petición de supervivientes del sitio al Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza (Andújar), cuya resistencia durante ocho meses corrió a cargo de casi doscientos guardias mandados por el capitán Santiago Cortés.

En cuanto llegaron al Gobierno en 1982, los socialistas "descubrieron" a la Guardia Civil. Hasta la saquearon, con la colaboración de algún general. Ahora otros izquierdistas la enlodan, para ponerla a tono con su Gobierno y sus partidos.

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