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Pedro Fernández Barbadillo

Lema demócrata: “Este es un país para el hombre blanco”

Se olvida que el demócrata es el partido racista de EEUU por antonomasia. ¿Alguien recuerda al gobernador de Arkansas, Orval Faubu, que trató de impedir la asistencia de nueve estudiantes negros a un instituto?

Pedro Fernández Barbadillo
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Se olvida que el demócrata es el partido racista de EEUU por antonomasia. ¿Alguien recuerda al gobernador de Arkansas, Orval Faubu, que trató de impedir la asistencia de nueve estudiantes negros a un instituto?
Cordon Press

Aunque les sorprenda a muchos españoles que contemplan la política de Estados Unidos a través de sus recuerdos del presidente Reagan (más bien de lo que decían El País y TVE de él) y las películas de la Guerra Fría, en el Partido Demócrata hay una corriente cada vez más poderosa que puede calificarse de izquierdista, en el sentido de proponer la elevación de impuestos a las clases medias y baja y un asfixiante control social mediante las emergencias climática y feminista.

Ante la absolución del presidente Donald Trump por el ‘Russiagate’ y el comienzo de las investigaciones a altos cargos de la Administración de Obama implicados en el espionaje al equipo de Trump, los demócratas han montado una gigantesca campaña de agitación con motivo del homicidio de un delincuente afroamericano por un policía blanco en la ciudad de Minneapolis. El resto de las izquierdas occidentales ha extendido esta campaña a Europa y América y han celebrado manifestaciones durante la epidemia de Covid-19 sin aplicar ninguna de las medidas de seguridad que exigen a otros.

Además, estamos en año electoral y el candidato demócrata, Joe Biden, muestra una decadencia mental inadmisible para un jefe de Estado que controla armamento nuclear. Gracias a las protestas y los derribos de estatuas de personajes condenados por la corrección política, no se habla de la salud del ex vicepresidente de Obama. También se oculta que el cuerpo policial de Minéapolis, como la alcaldía, lo dirigen políticos demócratas desde hace décadas.

Y se olvida que el demócrata es el partido racista de EEUU por antonomasia.

Despojar a los negros del voto

El republicano Abraham Lincoln fue elegido en las elecciones de 1860. No ganó en ninguno de los quince estados donde la esclavitud era legal. Aunque el nuevo presidente, opuesto a la esclavitud, declaró que no suprimiría la ‘peculiar institución’, once de esos estados, donde vencieron los candidatos demócratas, proclamaron su independencia y formaron una Confederación. Fueron: Texas, Arkansas, Luisiana, Misisipí, Alabama, Florida, Georgia, las Carolinas, Virginia y Tennessee.

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Durante cuatro años, libró una guerra por mantener la Unión, en la que abolió la esclavitud en los estados de la Confederación (1863). Más tarde, se aprobó la Enmienda XIII (1865), que introdujo en la Constitución la supresión completa de la esclavitud. Entonces, quedaban sólo cuatro estados que la mantenían: Delaware, Maryland, Misuri y Kentucky.

La primera convención del Partido Demócrata después de la guerra se celebró en julio de 1868 en Nueva York. A ella asistieron muchos políticos sureños que habían apoyado a la Confederación. Su lema fue: «This is a white man’s country. Let white men rule».

Puesto que les habían dado la libertad, los negros, la mayoría de los cuales vivía en el Sur, votaban a los republicanos. El primer objetivo de los demócratas, tanto en el Norte y el Oeste (California, Oregón y Nevada ya eran estados) como en el Sur, era terminar la llamada Reconstrucción y retirar a los militares y funcionarios federales de los estados reconquistados. El objetivo se cumplió en 1877, debido a un apaño entre los dos partidos a cuenta de las dudosas elecciones presidenciales de 1876.

Entonces, los derrotados en el Sur, con la ayuda de sus correligionarios en el Congreso, construyeron un sistema de ‘supremacía blanca’ (white supremacy). En política, para defender en Washington su inmunidad, se fundó un régimen de partido único.

En cualquier elección a la Presidencia o al Congreso, los demócratas contaban siempre con un bloque, el ‘Sólido Sur’ (‘Solid South’): la vieja Confederación, más algún que otro estado de los llamados fronterizos. Este bloque solo se agrietó en las elecciones de 1928, debido a un triunfo arrollador de Herbert Hoover en vísperas de la Gran Depresión, y perduró hasta las victorias de los años 50 de Eisenhower.

Linchamientos e impuestos para votar

El Ku Klux Klan, también fundado por demócratas, era menos importante en este régimen que las administraciones estatales. En cuanto los supremacistas se apoderaron de la Administración local, los Parlamentos estatales aprobaron requisitos para emitir el voto que incluían pruebas de lectoescritura y un patrimonio. El Tribunal Supremo, que ahora legaliza el matrimonio homosexual, avaló la segregación de las repugnantes leyes de Jim Crow.

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Los linchamientos abundaban mucho más en el Sur que en los pueblos del supuesto Salvaje Oeste. Entre 1880 y mediados del siglo XX se cometieron unos 5.000 de estos delitos. Aunque afectaban a presuntos delincuentes blancos y a mexicanos (en Texas, la cuarta parte de los linchados era blanca), la mayoría de las víctimas era negra. Así, en los años 90 del siglo XIX votaban en el Sur menos personas que en los años 70.

Los demócratas del Congreso se opusieron a toda la legislación de los republicanos por convertir el linchamiento en un crimen federal y detraerlo de la investigación de los jueces y policías locales.

Grover Cleveland (1885-1889 y 1893-1897), el primer presidente demócrata elegido desde Zachary Taylor (1848), se opuso a un proyecto de ley federal presentado por unos republicanos en el Congreso que habría protegido el derecho constitucional de los negros a votar en el ‘Solid South’. El lema de los demócratas fue ‘No force Bill!’, ampliado en el Sur a ‘No Negro Domination!’. Ninguna otra legislación similar se presentó en el Congreso hasta la Ley de Derechos Civiles, impulsada por Lyndon B. Johnson, en 1964.

Wilson: universitario, filántropo y racista

El primer sureño que llegó a la presidencia después de la guerra de Secesión fue el demócrata Woodrow Wilson, en 1912. Si su papel en Europa fue lamentable por la destrucción de la Monarquía de los Habsburgo, en su país extendió las leyes racistas.

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Woodrow Wilson

En Washington, ciudad sureña, se aplicaba la segregación, salvo en la Administración federal. En las oficinas trabajaban juntos blancos y negros. Semanas después de prestar juramento, en marzo de 1913, Wilson permitió a sus ministros acabar con esos islotes de igualdad. En abril empezó la instalación de baños, vestuarios, salas de descanso y comedores separados; también se despidió y degradó a muchos negros. En noviembre de 1914, Wilson recibió en la Casa Blanca a una representación de ciudadanos negros, encabezada por el empresario William Monroe Trotter, graduado de Harvard. Ante las protestas, el presidente demócrata se justificó diciendo que lo hacía para proteger a los negros y respetar a los sentimientos de algunos blancos que se sentían incómodos al convivir con los negros.

El Sur presenta un candidato a presidente

Si solo Nixon podía haber viajado la China roja, el desmantelamiento del régimen de segregación en el ‘Deep South’ sólo podían realizarlo los demócratas. Comenzó con las presidencias de John F. Kennedy (1961-1963) y Lyndon B. Johnson (1963-1969).

Kennedy había ido a Dallas para preparar la campaña electoral del año siguiente, pues las medidas a favor de los derechos civiles que su Administración estaba elaborando habían soliviantado a muchos sureños. Desde las primeras elecciones en que participaron los texanos (1848), sólo tres candidatos republicanos habían vencido en el estado, pero en 1960 JFK superó a Nixon por 50.000 papeletas, arrambladas quizás por el fraude electoral.

Johnson hizo suyos los planes de Kennedy. Entre los escasos senadores que votaron contra la Ley de Derechos Civiles, estuvieron el republicano Barry Goldwater (por injerencia en las empresas) y los demócratas Al Gore, padre del vicepresidente de Bill Clinton, y el longevo Robert Byrd, que luego se arrepintió públicamente y apoyó a Barack Obama en las primarias de 2008.

Los demócratas del Sur presentaron a un candidato en las elecciones de 1968, el gobernador de Alabama George Wallace, que ha sido el último representante de un tercer partido que ha obtenido delegados en el colegio electoral. Se llevó Arkansas, Misisipí, Luisiana, Alabama y Georgia.

El Sur ya no es un bastión de nadie

Las conmociones de los años 60 alteraron los equilibrios políticos en toda la nación.

California pasó de republicana a demócrata; la última vez que este estado dio como ganador a un candidato rojo fue en 1988. Después de las últimas elecciones realizadas bajo la Reconstrucción, Arkansas no votó a un republicano entre 1876 y 1972; desde este último año, su voto ha oscilado entre los dos partidos; votó a Reagan, a los dos Bush, a Clinton (su gobernador), a Obama y a Trump. En Alabama y Misisipí sólo un republicano quedó primero entre 1876 y 1968.

Después de la victoria de Donald Trump en noviembre de 2016, los demócratas comenzaron una serie de protestas, incluido un golpe de estado ‘blanco’ cuando algunos de ellos incitaron a los miembros del colegio electoral a no votarle. Entonces se dijo que los demócratas no estaban tan enfadados con un presidente republicano desde que Abraham Lincoln les quitó sus esclavos.

El partido de Wilson, de Wallace y de Orval Faubus (el gobernador de Arkansas que trató de impedir la asistencia de nueve estudiantes negros a un instituto) sigue usando a los negros como una propiedad suya.

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