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Pedro de Tena

Memoria de África: la comunista casi perfecta (I). Una autobiografía

Tratamos de la coronela África, alias 'Patria', máximo rango del KGB soviético hasta la caída del imperio comunista de la URSS.

Pedro de Tena
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Tratamos de la coronela África, alias 'Patria', máximo rango del KGB soviético hasta la caída del imperio comunista de la URSS.
Africa de las Heras | Archivo

África de las Heras Gavilán, Afriquita, recuerdan que la llamaban de pequeña. Tratamos, téngase en cuenta desde el comienzo, de la coronela África, alias Patria, máximo rango del KGB soviético hasta la caída del imperio comunista de la URSS, rango que muy pocos alcanzaron. Fue una de las dos personas nacidas de España que lo consiguió. La otra fue Ramón Mercader, su amigo, y asesino de Trotsky.

Logró ascender a la cúpula de unos de los servicios secretos más temidos del mundo y obtuvo numerosos galardones por su trayectoria como agente y por los servicios prestados a su patria de elección, la Unión Soviética. África de las Heras Gavilán (Ceuta, 1909) fue la española más condecorada por la URSS y una de las muy pocas coronelas del KGB, a cuyas dependencias rectoras llamaba, como todos sus agentes, el "Centro".

Su eficacia como agente de dicho "Centro" hubo de ser tal que participó en muchas operaciones bajo el estalinismo, la mayoría de ellas aún desconocidas. Superó con éxito las terribles purgas internas del propio Stalin y sobrevivió sin problemas tras el XX Informe del Partido Comunista de la Unión Soviética(1955) que denunció los crímenes de Stalin.

Murió en Moscú en 1988, un año antes de la caída del Muro de Berlín, a los 79 años, ya retirada de una KGB en la que fue durante años instructora de nuevo agentes. Tiene una tumba bien visible en el cementerio Khovanskoye de Moscú, donde fue enterrada con honores militares el mismo día en que debía recibir una nueva condecoración, la de Colaboradora Honoraria de los Órganos de Seguridad del Estado.

Fue una entre los centenares de españoles galardonados en la Unión Soviética, pero sólo ella logró alcanzar entre 8 y 12 condecoraciones, según los autores, entre ellas la Orden de Lenin, 2 Órdenes de la Estrella Roja, Orden de 2º Grado de la Gran Guerra Patria, Medalla Guerrillera de la Guerra Patria de 1º Grado, por las acciones en la retaguardia y 2 Medallas al valor.

Su vida puede ser considerada un ejemplo de servicio, fidelidad, obediencia, disciplina y arrojo al servicio del estalinismo, el comunismo en su grado de desarrollo histórico más real y completo. También puede estimarse como el arquetipo de una persona fanática, despiadada, insensible hacia la vida y la libertad ajenas, capaz de torturar y de matar para cumplir las órdenes procedentes de su idolatrado Stalin.

Cabe deducir que lo primero es cierto porque es imposible que alguien cuya conducta no fuera de completa sumisión al estalinismo primero, y desde luego a la URSS en general, hubiera podido alcanzar tal consideración. Lo segundo puede colegirse por las mismas razones si bien las pruebas están a resguardo de las autoridades rusas, lideradas precisamente por alguien procedente del KGB, que mantienen el secreto sobre las operaciones en las que participó y en qué consistieron.

Puede considerarse que esta serie de artículos sobre la coronela África hubiera estado más justificada en otro momento, como el centenario de su nacimiento en 2009 o en el 30 aniversario de su muerte en 2018. Pero en realidad son fruto de un diálogo imprevisto con algunos de sus familiares con los que he coincidido recientemente (I) y con los que he conversado extensamente sobre su pariente.

Además, si se quiere una percha oportuna, digamos que en 2019 se anunció el comienzo del rodaje de una segunda película (II) rusa sobre su vida que aún no ha sido estrenada en España, aunque se espera que lo sea a lo largo de este año 2020.

El que haya logrado pasar desapercibida para muchos, y durante tanto tiempo, incluso para las más detalladas publicaciones generales sobre el comunismo, da una idea de su secreta excelencia como espía y agente comunista. Podría ser calificada como la comunista casi perfecta, capaz de cualquier cosa por servir a su fe, como ella misma consideraba lo que sentía por el comunismo:

Soy miembro del Partido Comunista y creo en los ideales de la revolución, que siempre me han guiado. Ni los años ni las dificultades de la lucha han deteriorado mis convicciones. Al contrario. Estas dificultades siempre han sido una fuente de energía para seguir combatiendo por mis ideas. Gracias a ello puedo vivir tranquila y con la cabeza bien alta. Nadie ni nada podrán arrebatarme mi fe hasta la muerte.

Firmado: PATRIA (su principal nombre en clave en el KGB)

Así acaba el único texto conocido, se supone que escrito por ella misma, porque ni eso puede asegurarse en el caso de una KGB que ordenaba firmar falsas confesiones a los ex camaradas de Stalin en los famosos procesos tantas veces denunciados después, que nunca durante. En estos papeles "autobiográficos" no hace referencia a los principales acontecimientos en los que participó según testimonios bien diferentes. Está incluido en el libro de Javier Juárez, Patria. Una española en el KGB (III), sin duda el más recomendable para conocer a esta asombrosa agente soviética.

En su lápida actual, que hubo otra anterior, aparece la palabra Patria, en español y bien visible, junto con el texto "Coronel África de las Heras, 1909-1988" en ruso.​ Pero "Patria" no es ninguna referencia a España sino que expresa su devoción por su nueva y única "patria", la URSS, y alude además a uno de sus más conocidos alias, Patria, especialmente en Iberoamérica, donde logró configurar una red de agentes al servicio de Stalin hacia la mitad del siglo XX.

Sobre África de las Heras no se ha escrito mucho. Las noticias sobre ella comenzaron a extenderse por España desde 1995. Se ha creído que El Faro de Ceuta publicó una necrológica al conocerse su fallecimiento. Así lo indicó su sobrina lejana África de Madariaga de las Heras, profesora titular de la Universidad de Barcelona, en el escrito que recoge el libro de Javier Juárez (IV) pero otros familiares afirman que sufrió una confusión.

En 1995, y esto sí está comprobado, el periodista Germán Sánchez publicó un reportaje en la revista Cambio 16 en el que la presentó, junto con otras españolas, como miembro del servicio de espionaje soviético. Posteriormente, en 1998, El País publicó una crónica de Rodrigo Hernández sobre la espía comunista que llegó a las manos del uruguayo Raúl Vallarino, que luego noveló las peripecias de "María Luisa de las Heras", como se hizo llamar entonces, en Montevideo.

En 1998, el historiador uruguayo Fernando Barreiro, en la revista Tres, la identificó como María Luisa de las Heras de Arbat, esposa de Felisberto Hernández, el gran escritor montevideano, que es posible que nunca se enterase de cómo fue seleccionado como marido excelente para que su esposa, África, para él María Luisa, construyese una red de espionaje desde Montevideo.

En mi opinión el libro más consistente sobre su figura, aunque incompleto porque los archivos oficiales del KGB en Moscú no son accesibles para nadie todavía si es que no han sido destruidos, es el ya citado de Javier Juárez, periodista y escritor que, en 2007, dio a la imprenta para la editorial Debate su Patria: una española en el KGB, agotado y descatalogado desgraciadamente.

Bien difícil tuvo su meritorio trabajo porque, además de la orfandad documental aludida, África no escribió, que se sepa, sus Memorias como lo hicieron otros agentes soviéticos como el británico Kim Philby o el alemán del Este, Markus Wolf, jefe de la Stasi y otros muchos.

Incluso Alexander M. Orlov, el temido jeje de operaciones de la NKVD en España durante la Guerra Civil y al que muchos señalan como responsable de la tortura y asesinato del dirigente del POUM trotskista, Andreu Nin y del traslado del oro español a Moscú entre otras actividades, escribió un relato sobre sus andanzas una vez exiliado en Estados Unidos. Se llamó Historia secreta de los crímenes de Stalin y en sus páginas niega muchas de las acusaciones que se le hicieron.

Hay otros tres libros que tratan directa o indirectamente de África de las Heras, todos ellos fechados entre 2008 y 2011. Uno, el de la escritora argentina Alicia Dujovne Ortiz, titulado en España La muñeca rusa y en Francia La estrella roja y el poeta. Otro, el de quien fuera director de la Biblioteca General de Uruguay, Raúl Vallarino, titulado Mi nombre es Patria.

El tercero, y más reciente, es el libro del escritor cubano Leonardo Padura, El hombre que amaba a los perros. Pero los tres son recreaciones noveladas en las que es difícil separar lo verdadero de lo fantástico porque no se sabe en qué documentos e investigaciones se basan los hechos que se recrean. Hay, naturalmente, muchos artículos que se refieren a ella desde no hace más de 25 años, varios después de su muerte. Trataremos de la imagen de África de las Heras en todos ellos más adelante.

Naturalmente, no se trata de aportar datos nuevos, aunque algún elemento desconocido podrá aparecer, sino de precisar, con la escasez de palabras que permiten unos pocos artículos, algunos hechos fundamentales que conforman la biografía de África de las Heras. Luego, será posible incluir algunas interpretaciones, valoraciones y juicios, para finalmente exponer lo que un liberal de buena voluntad puede considerar sobre esta comunista casi perfecta.

En esta primera parte, centrémonos en las únicas líneas que escribió la propia África de las Heras sobre su persona. Estos pocos folios, cuenta Javier Juárez, fueron escritos en ruso y a máquina, con correcciones varias. Es una incompleta y supuesta autobiografía que está en su expediente, probablemente un formalismo burocrático, y que se guarda en los archivos del KGB.

Se conocen porque estuvieron expuestos en 2001 en el Museo del Servicio Exterior de Espionaje. Nada dice de sus misiones, aunque se deduce que fue parte de los grupos que se llamaban "ilegales" en la instrucción de agentes que realizaban trabajos especiales en el extranjero (V).

La autobiografía oficial de una coronela del KGB

¿Qué valor de verdad ha de darse a las afirmaciones de una comunista del servicio secreto soviético – "la mejor de todos", según Pável y Anatoli Sudoplátov, en su libro Operaciones especiales? Memorias de un testigo indeseado. Un maestro de espías—, al que por convicción o por prudencia ni podía ni quería dañar?

De hecho, de España sólo menciona que era un país "capitalista" atrasado con un régimen dictatorial, que se afilió a las Juventudes Socialistas Unificadas(1936) que dirigía Santiago Carrillo y que trabajó para el Comité de Seguridad de Estado, el KGB, en sus orígenes llamado el NKVD, Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, que fue quien actuó en España durante la presencia soviética.

No dice una palabra sobre su "conversión", ni sobre la Guerra Civil española, ni sobre su presencia en las checas catalanas, ni sobre su amistad con su mentora Caridad Mercader, la madre del asesino de Trotsky, Ramón Mercader, y pieza clave de la organización del asesinato, en cuya planificación parece que África participó y que examinaremos. Tampoco dice nada sobre su trabajo de agente "ilegal" en la Alemania nazi ni de su trabajo de espía en Iberoamérica.

Sólo menciona que tras cumplir con "una tarea del Centro", tal vez la preparación del asesinato de Trotsky sobre el que volveremos, llegó a Moscú en 1941. Lo valoró de este modo:

Durante mucho tiempo no podía creer que mi sueño se hubiera hecho realidad. Estaba en la patria de la Revolución de octubre. No podía asumir que veía con mis propios ojos la Plaza Roja, que paseaba por sus calles concurridas o que podía detenerme a contemplar el rio Moskova…

Devota extrema de Stalin, para algunos una enamorada mística, perdida y políticamente de él como Caridad Mercader, su mentora inicial, no dijo nada del pacto nazi-soviético latente desde 1934 y explícito desde 1939. Sólo se refirió a la "agresión fascista" de Hitler en 1941. Aunque nunca tuvo responsabilidades políticas, que se conozcan, tuvo que saber de un pacto que afectó a la guerra española.

Puede detectarse el paroxismo ideológico arrebatado de una África joven, de poco más de treinta años, pero ya con hazañas comentadas en las checas catalanas, que había abandonado a su familia, a su marido y seguramente a su hijo, y todo aquello que la conformó desde niña en la plaza militar de Ceuta donde sus parientes acomodados estaban divididos, como tantos otros, entre el respeto a la legalidad republicana y la afinidad con el levantamiento franquista.

Tras hacer unos cursillos de enfermería en Moscú quiso ir al frente. Merece la pena reproducir lo que ella misma destaca de la conversación-interrogatorio tras que lo logró:

Abrí la puerta. Tras ella se encontraba el camarada Medvédev y dos hombres a los que no conocía. Me preguntaron:

- ¿Sabes disparar?
- Sí, tengo una insignia de tirador de Voroshilov.
- ¿Sabes nadar?
- Sí, era la mejor nadadora de mi ciudad.
- ¿Has saltado alguna vez en paracaídas?
- No, pero puedo aprender con rapidez.
- Muy bien. Mañana te presentarán al camarada Stejo y serás trasladada a nuestro grupo. (VI)

Su reacción de una alegría desbordante. "Iba a ir al frente. Era la persona más feliz del mundo". Se le entregaron dos granadas, una pistola y un cuchillo, de los que nunca se separó. Se supone que fue instruida en todas las formas de operar y matar como las que se incluyen en el Lexicón KGB editado por Vasiliy Mitrokhin y el Manual del Agente KGB, no sabemos si fiable, que Josép Matute ha escrito sobre los procedimientos históricos de la NKVD y luego la KGB

Tras un entrenamiento muy duro, pasó casi tres años en la retaguardia alemana como radiografista, con cuyo aparato a la espalda, fue lanzada en paracaídas tras las líneas enemigas.

Saltamos una única vez en paracaídas, aunque lo hicimos juntos toda la unidad. Allí me encontré por primera vez con Simona, Lukin, Tsisarski y otros. Dos días después realicé el juramento como radista. Juré que no me rendiría viva al enemigo y que antes de morir destruiría la emisora y los códigos. Me dieron dos granadas, una pistola y un cuchillo. Desde entonces siempre los llevé conmigo. La noche del 16 de junio de 1942 subimos a un avión que nos lanzó en el interior de Ucrania, cerca de Kiev, en la estación de Tolsty Les…. En nuestra unidad imperaba una disciplina férrea y una profunda amistad, casi una hermandad de combatientes.

Tras referirse brevemente a sus tareas, añadió lacónicamente:

Después de concluida la guerra, proseguí mi formación y entre octubre de 1945 y 1968 trabajé en condiciones especiales en diferentes misiones. Mi patria es la Unión Soviética. Así lo siento en mi cabeza y en mi corazón. Toda mi vida he estado vinculada con la Unión Soviética.

Esto es todo lo que ella misma dijo de su vida. Lo demás se ha deducido de quienes la conocieron u oyeron hablar de ella. Pero hay algunos elementos que convienen ser tenidos en cuenta antes de consumar un juicio sobre el personaje: su iniciación y su papel en la Guerra Civil española, su participación en el asesinato de Trotsky y sus dos matrimonios planeados por el KGB.

El primero de ellos, diseñado con detalle, terminó con su boda con el gran escritor uruguayo Felisberto Hernández, anticomunista notorio, motivo por el que fue seleccionado para tal función, además de por disponer de su amplia red de relaciones en el Montevideo de la época. Javier Juárez me ha recordado que, en su selección como marido, influyó el que Uruguay fuera el único país de Iberoamérica con embajada soviética a mediados del siglo XX.

Por último, trataremos de su último matrimonio, decidido asimismo por el KGB, con el espía comunista, Giovanni Antonio Bertoni, alias Valentino Marchetti, entre otros apodos. Sobre su muerte inesperada, cuando eran cada vez más evidentes sus discrepancias con el comunismo soviético, se ha escrito de todo, incluso llegó a sospecharse que la propia África de las Heras tuvo parte en ella.

Aunque hay quien la ha tratado de asimilar a una "estrella roja" (VII), condecoración soviética que recibió dos veces, más de 50 años bajo las órdenes del servicio secreto soviético, primero NKVD y luego KGB, dan estructura a una trayectoria que motiva no pocas reflexiones que no pueden ni deben eludirse.

Es comprensible que, en la propia Ceuta, sus paisanos, de izquierda o no, e incluso algunos pocos de sus familiares, muy divididos en sus juicios sobre ella porque su mayoría está vinculada al africanismo tradicional de un sector del Ejército español, procuren destacar su dimensión de "personaje" histórico al margen de otras consideraciones. Pero la valoración global de su figura la dejaremos para el artículo final de la tanda.

Inicialmente socialista y luego comunista sobrevenida en el Madrid de la II República, no era versada en marxismo, si bien hay quienes la presentan recitando pasajes enteros de algunas obras de Marx, Engels y Lenin. Es decir, fue sentimental y previamente, no racional ni intelectualmente, comunista, como suele ocurrirles a casi todos los jóvenes partidarios de esta y otras doctrinas.

Todo comenzó en Ceuta cuando estallaba la II República.


NOTAS

(I) Estos familiares no quieren que sus nombres aparezcan en estas reflexiones.

(II) Mujer clasificada "Secreta" es el título más inteligible del largometraje que hizo la Televisión Central Rusa en 2011 con participación de Estrella Zapatero, Assumpta Serna, Manu Fullola, Marina Shimanskaya y otros actores españoles y rusos. Fue escrito y dirigido por el vasco-ruso Algis Arlasuka. El rodaje de un segundo largometraje fue anunciado por el experto en historia ceutí, Francisco Sánchez Montoya a la agencia EFE a finales de septiembre de 2019. pero no sabemos si ha concluido.

(III) Como está agotado, puede verse, aunque no completo, en el formato al que conduce el link, previo clic.

(IV) Javier Juárez, Patria. Una española en el KGB, editorial Debate, 20089, pág. 275

(V) En el Manual del Oficial de Inteligencia Soviética, conocido también como Lexicón KGB, de Vasiliy Mitrokhin, se dice que había oficiales especialmente adiestrados para operaciones ilegales que podían ser reclutados entre varios tipos de personas, uno de ellos el de los apátridas que vivían en la URSS.

(VI) Javier Juárez, obra citada, pág. 24

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