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Pedro de Tena

La conquista española de América, una lucha por la justicia única en la historia

Tómese en consideración cualquier otra conquista por cualquier otro país y se advertirá que la explotación y la ocupación sin más ha sido lo habitual.

Pedro de Tena
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Tómese en consideración cualquier otra conquista por cualquier otro país y se advertirá que la explotación y la ocupación sin más ha sido lo habitual.
Película La misión (1986) | Youtube

No todo iba a ser leyenda negra. Cuenta la reconocida hispanista española Mercedes Junquera, especialista en Historia de América, a quien he accedido gracias a la información del colega Jorge Casesmeiro, que el surgimiento de América en el mundo español tuvo un impacto asombroso. Muy especialmente, además de otros evidentes, fue la repercusión moral e intelectual que condujo a una búsqueda sin precedentes de un trato justo hacia los habitantes del continente descubierto.  

Dice Mercedes Junquera:

Desde los tratados de Santo Tomás de Aquino en el siglo XIII no se había visto otro momento igual. Dice Robert Blakey [I] "que no hubo país en Europa en que las teorías políticas, como ciencia, llegarán a tal investigación y cuidado como en España, con libertad de exposición y con talento y afán de aprender y buscar la verdad que diera honor y orgullo a cualquier país". La importancia de estos tratados masivos sería una prueba de la búsqueda de justicia que existía en el ambiente [II]

En el artículo titulado "La legalización de la conquista de América" defiende la tesis de que, aunque el mundo conocido del siglo XVI europeo "sólo estaba acostumbrado a la simple usurpación militar", España y, muy especialmente su monarquía, sufrió una zozobra intelectual, moral y legal incesantes durante el siglo que siguió a la gesta de Cristóbal Colón.

El motivo de la inquietud derivaba de su convicción en la necesidad de la aplicación de un trato no discriminatorio hacia los indígenas, aunque, naturalmente, no disponían de otra idea de justicia que la deducible de la teología moral construida por el cristianismo en España y Europa. De hecho, era imposible que concibieran otra.

Sin embargo, que se conozca, ninguna otra conquista de territorios antes, durante y después del siglo XVI, se formuló jamás cuestiones de una entidad moral desconocida hasta entonces y posteriormente. Por ejemplo, ¿qué derechos políticos y económicos debería gozar España por su dominio? ¿Eran los indios seres racionales? Y si lo eran, ¿cuáles podían ser sus derechos? ¿Cómo debería predicárseles la fe? ¿ En qué circunstancias podía hacérseles trabajar para los españoles? ¿Cuándo se les podría hacer la guerra justamente?

Independientemente de consideraciones abusivas sobre tal mentalidad y la idea del mundo que manifiesta, no cabe duda que en todas ellas está implícita la consideración del indio como ser humano y su derecho a ser tratado como tal. Tómese en consideración cualquier otra conquista perpetrada por cualquier otro país y se advertirá que la explotación y la ocupación sin más ha sido lo habitual sin tener cuenta ningún tipo de trato justo.

Mercedes Junquera quiere demostrar que la conquista española en América fue más que una conquista militar y de explotación indígena. Como ella misma dice:

Fue también uno de los grandes intentos en el mundo de hacer que los preceptos cristianos prevalecieran en las relaciones entre razas. Este intento se basó en la aserción de que todos los hombres son creados iguales y que los cristianos tenían la responsabilidad de evangelizar a estos hermanos.

En su apoyo trae a un historiador e hispanista norteamericano doctorado en Harvard, Lewis Hanke, que en su libro La lucha española por la justicia en la conquista de América [III] expone que "después de investigar a fondo los Archivos de Indias, Simancas, los depósitos de Madrid, París y Londres", llegó a la conclusión de que "otras naciones enviaron osados exploradores y establecieron imperios. Pero ningún otro pueblo europeo, antes o desde la conquista de América, se lanzó a una lucha por la justicia como la que se desarrolló entre los españoles poco después del descubrimiento de América y continuó a través del siglo XVI".

La mayoría de los historiadores norteamericanos, subraya Junquera, reconocían este afán de trato justo de la monarquía española hacia los indígenas, pero destacaban la distancia existente entre la teoría y los hechos.

Mercedes Junquera destaca tres factores esenciales en el comportamiento de la monarquía y la iglesia, que fueron los que tuvieron la responsabilidad de encontrar y practicar el "trato justo":

El primero es el clima teológico de religiosidad que vivía España. El segundo punto sería la mentalidad legalística del siglo XVI, en que la rúbrica notarial era imprescindible para todo (hasta la traición de Lope de Aguirre se hizo ante notario), y el tercero sería la libertad de expresión, que nos parece imposible hoy día por no poder compararla con ningún modelo actual.

No cabe negar - hasta Bernal Díaz del Castillo lo reconoce y no digamos nada de Francisco Pizarro – que servir a Dios y enriquecerse eran dos fines unidos para los españoles, aunque en diferentes proporciones según los personajes. Para enriquecerse, lo más rápido era esclavizar a los indios y traficar con ellos. Hasta el padre Bartolomé de las Casas admitió durante un tiempo la esclavitud.

Declaración de derechos humanos de los indios

No obstante,  si la primera venta de esclavos legal tuvo lugar el 12 de abril de 1495, al día siguiente se recibió una contraorden real prohibiendo el uso del dinero derivado "hasta que los teólogos se pronunciaran sobre la moralidad o la inmoralidad de este acto". El pirata Drake, pongamos por ejemplo, no tuvo nunca tales miramientos y el dictamen final español sobre el tema fue contrario a la esclavitud.
 

La respuesta de la monarquía española cerró la puerta, al menos formalmente, a la esclavitud y trató de ensayar un nuevo procedimiento, la encomienda, que no gustó a los críticos como los padres Domingo de Betanzos y Antonio de Montesinos, que convirtió a Las Casas a la causa y dio paso a una primera "declaración de derechos humanos de los indios" y a las leyes de Burgos de 1512 que llevaban por título "Las Reales Ordenanzas dadas para el buen Regimiento y Tratamiento de los Indios".

Se ha resumido su contenido, en lo relativo a los derechos de los indios, de este modo:

Los indios son libres y deben ser tratados como tales, según ordenan los Reyes. Los indios han de ser instruidos en la fe, como mandan las bulas pontificias. Los indios tienen obligación de trabajar, sin que ello estorbe a su educación en la fe, y de modo que sea de provecho para ellos y para la república. El trabajo que deben realizar los indios debe ser conforme a su constitución, de modo que lo puedan soportar, y ha de ir acompañado de sus horas de distracción y de descanso. Los indios han de tener casas y haciendas propias, y deben tener tiempo para dedicarlas a su cultivo y mantenimiento. Los indios han de tener contacto y comunicación con los cristianos. Los indios han de recibir un salario justo por su trabajo.

Si tenemos en cuenta que tales leyes se dictaron hace más de 500 años, no hay duda de que se estaba ante una propuesta de enorme importancia. Frente a las maneras exterminadoras de otros imperios, la diferencia es esencial.
 

Rafael Altamira, en su Historia de España y de la civilización española expone que "la costumbre jurídica seguida en las conquistas de territorios no europeos (v. gr. de África), sancionada por la doctrina común a todos los jurisconsultos de la época, era de reducir a esclavitud a las poblaciones tenidas por bárbaras o, cuando menos, utilizarlas en relación semi-servil. De conformidad con esto, Colón trajo ya en concepto de esclavos algunos indios, a la vuelta de su primer viaje. Los reyes, y especialmente Doña Isabel, tendieron, sin embargo, a una política diferente desde los primeros momentos".

Seguramente por eso fue posible una libertad de expresión tan pasmosa y fecunda. Como confiesa Lewis Hanke, su descubrimiento más importante sobre el padre Las Casas fue que "él era solamente uno de aquellos españoles, seguramente el más agresivo y claro, que buscaban que la conquista siguiera principios cristianos y justos".

En su libro ya mencionado, Hanke trata de demostrar "que la conquista española de América fue mucho más que una extraordinaria hazaña militar y política; que fue también uno de los mayores intentos que ha presenciado el mundo para que prevalezcan los preceptos cristianos en las relaciones entre las gentes. Este intento se convirtió fundamentalmente en una fogosa defensa de los derechos de los indios, que descansaba en dos de las presunciones básicas que puede hacer un cristiano, a saber: que todos los hombres son iguales ante Dios, y que un cristiano es responsable del bienestar de sus hermanos, a pesar de lo ajenos o humildes que sean".

Esta lucha por la justicia y el trato justo hacia los indios era consecuencia de la inquietud de "soldados, eclesiásticos y la Corona para que fueran justas todas las leyes y acciones de España en América". Se trató de saber qué era lo justo y cómo podía concretarse, lo que condujo a importantes polémicas que todavía impresionan por su libertad de palabra y su calado jurídico y político.

Resulta curioso que Hanke confiese que la inspiración para escribir su más que interesante y documentado libro radicó en la lectura de las reflexiones del socialista Fernando de los Ríos que le revelaron que en la conquista de América se implicaban muchas teorías sobre el gobierno. Se refería más que nada a dos breves estudios titulados El carácter religioso de la ley colonial en el siglo XVI y Religión y Estado en la España del siglo XVI.

Según menciona Mercedes Junquera en la compilación citada, de los Ríos invitaba a estudiar las actividades americanas de España "como observadores en la objetividad necesaria del que se propone estudiar un problema de gran significancia en la historia", una manera bien lejana de situarse ante los hechos a la que acostumbran a exhibir algunos socialistas posteriores.

La izquierda española actual

Cuando uno repasa el comportamiento de la izquierda española actual y de la izquierda occidental en general sobre el extraordinario y fascinante acontecimiento que fue el encuentro de Europa con América en lo que fue responsabilidad de la España de entonces, se da cuenta de cómo las más superficiales, simplistas y sectarias ideologías abordan un proceso tan complejo donde al lado de excesos innegables floreció una aventura destacada de mestizaje y transmisión cultural.

Durante siglos ha triunfado la leyenda negra sobre la conquista de América ocurrida durante la España de los Austrias. A ello contribuyó, cómo no, la ceguera de buena parte de la izquierda española atareada, no en aprender a comprender la España real y a integrar sus tradiciones, sino a erigirse en una especie de anti-España, algo que fue muy aplaudido por los enemigos radicales de la nación española.

Ahora, tras una reacción largamente esperada por muchos, se están multiplicando los estudios y las reflexiones que ponen de manifiesto la falta de rigor de la leyenda negra. Tampoco necesitamos ni deseamos, es cierto, leyendas blancas. Precisamos sencillamente que se establezca la verdad de los hechos.

Exámen de nuestra historia

Uno de los gobernadores españoles de América, Antonio de Mendoza, el primer virrey de Nueva España, llegó a una conclusión que expuso en una relación de consejos que elaboró para su sucesor. Consideraba este hombre de gobierno que los españoles no debían creer que los indios eran sencillos, industriosos, humildes e incapaces de maldad o malicia ni tampoco lo contrario. Por ello, recomendaba "tratar a los indios como a las demás personas y no hacer reglas y regulaciones especiales para ellos".

Deberíamos aceptar este consejo para el examen de nuestra historia: ni creer que todo fue un terrible crimen ni creer que todo fue inmaculado.  Atenernos a los hechos comprobados es el único camino que debe merecer nuestro respeto. Negar que en la conquista española hubo un importante intento de trato justo hacia los indios según el entender de la época, puede responder a muchas intenciones, pero no a la de la búsqueda de la verdad. 


[I] Autor de una Historia de la Literatura Política en dos volúmenes, Londres, 1855
[II] El trabajo que consultamos es una recopilación de artículos de Junqueras que puede consultarse libremente en Sociedad de Amigos de la Cultura de Vélez Málaga, con el título La pasión de una vida: Mercedes Junquera, 2014
[III]Editorial Aguilar, Madrid, 1959

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