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Pedro Fernández Barbadillo

Los cosechadores de votos en EEUU

Cada estado tiene normas diferentes sobre el voto. Los trucos para acarrear votos se mantienen idénticos a los que usaban los caciques demócratas en el Sur para impedir votar a los negros.

Pedro Fernández Barbadillo
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Cada estado tiene normas diferentes sobre el voto. Los trucos para acarrear votos se mantienen idénticos a los que usaban los caciques demócratas en el Sur para impedir votar a los negros.
Pennsylvania, manifestante piden el recuento de todos los votos | Cordon Press

Las dos superpotencias de la Guerra Fría enviaban astronautas al espacio, pero fallaban estrepitosamente en otros asuntos. La agricultura de la Unión Soviética era incapaz de cultivar cereales suficientes para alimentar a su población; y el sistema electoral de Estados Unidos avergonzaba a sus ciudadanos.

Décadas después, la Unión Soviética no existe y Rusia exporta trigo gracias a la aplicación del capitalismo. Por el contrario, el desorden en las papeletas y los recuentos en Estados Unidos prosigue como si no hubiera pasado el tiempo. Y los trucos para acarrear votos se mantienen idénticos a los que usaban los caciques demócratas en el Sur para impedir votar a los negros.

El caos del voto por correo

La noche del 3 al 4 de noviembre, los ciudadanos de Estados Unidos se fueron a dormir de madrugada con la sospecha de que Donald Trump había conseguido la reelección, igual que diez de los catorce presidentes anteriores desde 1924. Por la noche, los gobiernos (demócratas) de algunos estados donde la candidatura de Trump y Pence iba primera, como Míchigan, Wisconsin, Pensilvania y Carolina del Norte, decidieron que sus empleados se tomaran un descanso. Al salir el sol, brotaron cataratas de papeletas para Biden-Harris, que pusieron al senil ex vicepresidente de Obama y a su compañera en cabeza en el número de electores y cerca de alcanzar el número de 270 que concede la corona de césar americano.

De la misma manera que cada gobernador ha tomado medidas distintas frente al covid-19, también cada estado tiene normas diferentes sobre el voto y, más en concreto, sobre el voto por correo. Desde antes del verano, los demócratas insistieron en que los ciudadanos debían recurrir a este método de votación y para preservar su salud, que ahora se ha convertido en excusa para todo abuso gubernamental, y varios estados rebajaron los ya exiguos requisitos que se exigen.

En el país no existe un documento nacional de identidad, como en España, y suelen usarse como sustitutos los carnés de conducir, de la Seguridad Social y de la universidad, algunos de ellos con foto y otros sin ella.

Virginia, cuyo parlamento y gobernador son demócratas, aprobaron en abril una ley que amplía el voto anticipado hasta cuarenta y cinco días antes de la fecha y elimina el requisito de mostrar en los colegios electorales un documento de identidad con una foto. La ley virginiana podría dar lugar a conflictos como el siguiente: un individuo usurpa la identidad de otro mostrando un documento sin foto y el nombre que da se registra; más tarde, se presenta el ciudadano perjudicado que demuestra su identidad con un documento con fotografía, pero ha sido despojado de su derecho.

En algunos estados se admiten como documento identificativo suficiente para la emisión del voto los impresos de solicitud de un carné de conducir y de registro de un vehículo.

En New Hampshire, donde no es necesario demostrar la residencia en el estado para votar, basta llenar un impreso con una dirección local, asegurar que se reside en ella y firmarlo. Una ley estatal trató de asegurar la limpieza del voto, con requisitos como la obtención de un permiso de conducir, pero la asociación izquierdista ACLU presentó un recurso en nombre de varios estudiantes de fuera del estado que se quejaban de que se vulneraba su derecho a la participación política. Un juez federal suspendió la entrada en vigor de la norma, amparándose entre otros argumentos en que los casos de fraude son tan pocos que no se justifican semejantes medidas.

En Nevada, otro estado con gobernador demócrata, el plazo para recibir el voto por correo concluirá el 10 de noviembre, una semana después de las elecciones. En Pensilvania, se admitieron sobres hasta el viernes pasado. Y en Arizona se ha discutido el uso de rotuladores para marcar las papeletas contadas.

Pero nada hay tan sorprendente como los ‘cosechadores de votos’.

Votos ajenos entregados en mano

La Asamblea de California, controlada por los demócratas, aprobó en 2016 una reforma de su ley electoral para ampliar la recogida a domicilio o recepción de votos, no ya por familiares o vecinos del votante, como se permitía antes, sino también por empleados o voluntarios de asociaciones, que el día de los comicios los llevan a los centros de votación.

Este sorprendente método de privatización del derecho de sufragio, que carece de garantías sobre la identidad del emisor y la custodia del sobre, se denomina "harvest balloting". Los republicanos hicieron responsable a la «recogida de votos» de la pérdida de media docena de sus escaños en la Asamblea californiana. Sólo en el condado de Orange, los sufragios entregados y aceptados por este método rondaron los 250.000 en las elecciones de 2018.

El presidente Trump denunció en un tuit la falta de garantías del voto por correo en California, que la empresa Twitter apostilló. Texas, el segundo país en población y también el segundo en extensión, ha prohibido el "harvest balloting". La prohibición en Arizona ha sido denunciada, aunque se ha aplicado en estas elecciones. Pero veintiséis estados lo permiten. Aceptando que pueden darse usurpaciones y fraudes, doce estados que lo autorizan limitan el número de papeletas que el benefactor, el pariente o el voluntario puede recoger.

Los cosechadores los usan ambos partidos, pero los expertos en el fraude, son los demócratas.

La experiencia demócrata en fraudes

La primera elección discutida después de la guerra civil fue la de 1876. El pésimo candidato republicano, Rutheford Hayes, sacó menos votos populares que el demócrata, Samuel Tilden, y ganó gracias a los electores de tres estados del Sur donde todavía se mantenían tropas y funcionarios federales (Carolina del Sur, Florida y Luisiana). Las acusaciones de fraude y las amenazas incluso personales contra Hayes duraron meses y al final los republicanos y demócratas aceptaron que Hayes fuera nombrado presidente. A éste le acompañó el apodo de 'Su Fraudulencia’ y a cambio los demócratas obtuvieron la retirada de las empleados federales de esos estados y, también, la libertad para levantar en el Sur su régimen de ‘partido único’.

En los años siguientes, los parlamentos de los once estados derrotados despojaron a los negros del derecho de voto al establecer requisitos como un impuesto de capitación y pruebas de alfabetización. La purga fue tal que en algunos estados el censo electoral en, por ejemplo, 1910, era menor que al de 1890. Bien que se vengó la Confederación.

Richard Nixon estaba convencido de que las mañas demócratas le robaron la Presidencia en 1960. Gracias a 46.000 votos en Texas y 10.000 en Illinois, Kennedy obtuvo 51 compromisarios y con ellos la mayoría absoluta en el colegio electoral. Antes de la votación definitiva, Kennedy visitó a Nixon en Miami, donde el republicano y su familia descansaban. El derrotado prometió al vencedor que no impugnaría los resultados. ¿Por qué fue Kennedy a visitar a Nixon?, ¿es que sabía que su triunfo era dudoso?

En cambio, el demócrata Al Gore impugnó en 2000 el recuento en Florida, con lo que desencadenó una crisis constitucional que tuvo que zanjar el Tribunal Supremo, aunque, en opinión de algunos juristas, carecía de competencias para ello al tratarse de una competencia estatal.

Los estadounidenses no aprendieron de ese episodio y veinte años después puede repetirse. Ambos partidos, pero sobre todo el demócrata, se oponen a un proyecto que propone conceder a todos los ciudadanos inscritos en el censo electoral un carné con foto que se destruye o invalida al votar.

El lunes siguiente al segundo miércoles de diciembre, los 538 electores, seleccionados por los partidos, se reúnen en la capital de su estado correspondiente para emitir su voto a favor del presidente y del vicepresidente. Como mínimo, el espectáculo durará hasta entonces.

Pedro Fernández Barbadillo es autor de Los césares del imperio americano.

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