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Pedro Fernández Barbadillo

Los tres gibraltares que el PSOE planeó dar a Inglaterra

Es uno de los acontecimientos más olvidados de la guerra civil española. Indalecio Prieto ofreció varios puertos españoles a los ingleses a cambio de su apoyo. El objetivo era frenar el creciente predominio soviético.

Pedro Fernández Barbadillo
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Es uno de los acontecimientos más olvidados de la guerra civil española. Indalecio Prieto ofreció varios puertos españoles a los ingleses a cambio de su apoyo. El objetivo era frenar el creciente predominio soviético.
Tropas británicas pasando por Gibraltar en 1936 | Cordon Press

“Ni hay pruebas ni las habrá”, dijo presuntuoso un dirigente socialista a cuenta de uno de los muchos crímenes perpetrados por el PSOE. Al final, las pruebas aparecieron y un ministro de Interior socialista fue condenado a cárcel por secuestro.

Lo mismo ha ocurrido hace pocas semanas con uno de los acontecimientos más olvidados de la guerra civil española y cuya confirmación corrobora que el PSOE, partido que no ha vacilado en alentar magnicidios, actos terroristas y golpes de estado para alcanzar el poder, y, también, en saquear el patrimonio de los españoles, tanto público como privado, es una amenaza para la convivencia y hasta la supervivencia de la nación española.

Prieto ofrece Vigo, Cartagena y Mahón a Londres

Alberto Bayo Giraud (1892-1967) desveló en sus memorias (Mi desembarco en Mallorca, México, 1944) que a principios de 1938 asistió al ofrecimiento por parte de Indalecio Prieto, ministro de Defensa Nacional, a dos oficiales británicos de los puertos de Vigo, Cartagena y Mahón. A cambio pedía la implicación del entonces poderoso imperio británico en la guerra española, no sólo contra el bando nacional, sino, además, contra el creciente predominio soviético en la zona ‘leal’, a través del PCE y de los ‘tontos útiles’ socialistas y burgueses.

Indalecio Prieto

¿Era un testimonio fiable o estaba originado por el resentimiento de Bayo contra Prieto? Bayo era un oficial de artillería que había dirigido en agosto y septiembre de 1936 el desembarco de una fuerza militar en Ibiza y Mallorca. Como la organización correspondió a la Generalidad de Companys y la operación concluyó en derrota por falta de medios navales y aéreos, Bayo culpó de ella a Prieto, ministro de Marina y Aire desde el 4 de septiembre. A pesar de esta enemistad, Bayo, ascendido ya a coronel, aceptó incorporarse al Ministerio de Defensa como consejero de Prieto, donde, dijo, asistió a semejante traición.

Bayo publicó su libro en México, donde también estaba refugiado Prieto desde hacía años, disfrutando del botín del Vita y metido en politiqueos, pues soñaba que el final de la guerra mundial le permitiría regresar a España. Entonces, ni a los partidarios de Juan de Borbón ni, por supuesto, a Londres, les interesaba airear este asunto.

El historiador Burnett Bolloten encontró en 1948 en la embajada británica en Lima a uno de los dos oficiales citados por Bayo. El militar le contestó que correspondía confirmar la existencia de ese aceurdo al Ministerio de Asuntos Exteriores británico.

El historiador Manuel Aguilera, que investigó el golpe de estado del Consejo Nacional de Defensa de marzo de 1939, intentó hacer lo mismo con semejante acusación. Al final, otro historiador, Julius Ruiz, le pasó un catálogo de todos los documentos del Ministerio británico relacionados con la guerra civil española que había elaborado él mismo. ¡Éste sí es el trabajo del historiador, no recurrir al argumento del “porque lo digo yo, que soy catedrático”! Ahí aparecía, con el apellido de uno de esos oficiales, Robert Goddard, un informe enviado a Londres con fecha de 1 de marzo de 1938 en el que exponía que Prieto había ofrecido los puertos de Cartagena y Mahón (la isla de Menorca estuvo ocupada por los británicos durante setenta y un años en el siglo XVIII).

En su blog, Aguilera explica los detalles de su descubrimiento. Como conclusión, escribe:

“El ministro socialista estaba dispuesto a ceder soberanía española a cambio de la victoria. Los ingleses no se movieron. Seis meses después pactarían con Hitler en Múnich.”

Los sublevados eran el ‘bando nacional’

Prieto sabía perfectamente lo que suponía Gibraltar. Por eso encabezó, la campaña contra el primer proyecto de estatuto vasco, que incluía una relación directa entre las Vascongadas y Navarra y el Vaticano a efectos eclesiásticos (a la manera de Baviera dentro de Alemania), hablando del riesgo de creación de “un Gibraltar vaticanista”. Más tarde, el PSOE apoyó la aprobación del estatuto vasco para comprar el apoyo del PNV al Frente Popular, lo que no impidió que los ‘abertzales’, más listos, se entregaran a los fascistas italianos cuando se cansaron de jugar a la guerra.

El generalísimo Franco y sus gobiernos supieron obtener recursos de Alemania, de Italia y de Estados Unidos sin hipotecar la economía española, ni ceder territorio, ni convertirse en satélite político. Por ejemplo, el gobierno de Burgos declaró su neutralidad en la crisis de los Sudetes (septiembre de 1938), lo que causó la ira de Berlín y de Roma. Por el contrario, los gobiernos de los socialistas Francisco Largo Caballero (septiembre de 1936-mayo de 1937) y Juan Negrín (mayo de 1937-marzo de 1939) se entregaron a la URSS de tal forma que, en marzo de 1939, un sector de su ejército y del Frente Popular se sublevó contra la prolongación de la guerra para satisfacer los planes de Stalin.

A la vista de lo que acabamos de conocer, que se une a lo que ya sabíamos, al bando que la historiografía dominante en la universidad trata de descalificar imponiendo como canónico el apodo de “rebelde” o “sublevado”, se ajusta mejor el nombre de “nacional”, porque describe su carácter netamente español.

Así lo describió Gregorio Marañón:

“Lo importante es la captación del espíritu. Aunque en el lado rojo no hubiera un solo soldado ni un solo fusil moscovitas, sería igual: la España roja es espiritualmente comunista rusa. En el lado nacional, aunque hubiera millones de italianos y alemanes, el espíritu de la gente es, con sus virtudes y con sus defectos, infinitamente español, más español que nunca. Y es inútil atacar con sofismas esta absoluta y terminante verdad, de la que depende, desde antes del principio de la lucha, la fuerza de uno de los bandos y la debilidad del otro.”

Los cipayos sobreviven en España

Después de los sitios de Gibraltar ordenados por los reyes Felipe V y Carlos III, poco pudo hacerse en el siglo XIX y hasta mediados del siglo XX, dada la debilidad nacional, el aislamiento internacional y la injerencia política y financiera franco-británica. Por ejemplo, todos los presidentes de la I República se pronunciaron a favor de recuperar el Peñón, pero estaban sumidos en conspiraciones para mantener su sillón o quitárselo al rival.

El último gobernante español que tuvo una estrategia para recuperar el Peñón y eliminar ese pozo negro fue Francisco Franco. En los años 60, España, que ya no estaba aislada internacionalmente, consiguió que la ONU ordenara la descolonización de Gibraltar y su reintegración a España (de ninguna manera, su conversión en paisito independiente), cerró las comunicaciones y aprobó un Plan de Desarrollo del Campo de Gibraltar.

Vista la conducta de los socialistas actuales ante Gibraltar, desde Felipe González, que abrió la verja y las comunicaciones con el Peñón, a Pedro Sánchez, que ha permitido que la colonia se integre en el espacio Schengen sin obtener ninguna contraprestación (siquiera el control del tráfico del aeropuerto y el registro de mercancías), cabe deducir que Londres mantendría hoy en España no una, sino cuatro plazas ocupadas.

Si los españoles sufrimos la última colonia de Europa se debe a que los cipayos de Inglaterra ya no están en la India.

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