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Pedro Fernández Barbadillo

El chantaje de Marruecos es a toda Europa

Estoy convencido de que una medida efectiva ante los chantajes de Marruecos sería suspenderle todas las transferencias y programas. Austeridad también en el timo de la ayuda oficial al desarrollo.

Pedro Fernández Barbadillo
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Estoy convencido de que una medida efectiva ante los chantajes de Marruecos sería suspenderle todas las transferencias y programas. Austeridad también en el timo de la ayuda oficial al desarrollo.
Hassán II llegando al Palacio Real en Casablanca en 1964 | Cordon Press

Mi admiración por Donald Trump va en aumento, sobre todo después de que Joe Biden haya ordenado a sus servicios de inteligencia que investiguen si el origen del coronavirus se encuentra en algún laboratorio de Wuhan, justo un año después de que el anterior presidente insinuara lo mismo. Entonces a Trump la prensa de las ‘fake news’ y sus enemigos políticos le llamaron belicista, racista y conspiranoico; ahora esa ‘chifladura’ vuelve a ser aceptada como plausible por la Casa Blanca y los mismos medios de manipulación. Y eso que Biden venía a "sanar las heridas"…

Entre los cuatro o cinco errores que ha cometido Trump en su presidencia uno de los más llamativos fue el reconocimiento de la anexión del Sáhara Occidental por Marruecos el 10 de diciembre. En los meses anteriores, el supuestamente atrabiliario presidente republicano había conseguido que varios países árabes, como Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Sudán del Norte, establecieran relaciones diplomáticas con Israel. Después de las oscuras elecciones presidenciales del 3 de noviembre, esta campaña no se detuvo y ese 10 de diciembre Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara y en ese toma y daca (‘do ut des’) que suelen ser las relaciones internacionales, Rabat recuperó los contactos diplomáticos con Jerusalén. Otra de las consecuencias es la venta por EEUU de cazas F35 a Marruecos.

Como ya escribimos en un artículo anterior, en Marruecos toda la política gira en torno al Sáhara. La explicación de que la última crisis desencadena por Rabat en Ceuta responde al permiso dado por el Gobierno de Sánchez a Brahim Gali, presidente de la República Árabe Saharaui Democrática, para entrar en España para recibir tratamiento médico es, como poco, incompleta. Después del alto el fuego en el Sáhara acordado por Marruecos y la RASD en 1991, la monarquía alauita mantuvo contactos con el Polisario. En 2017, el propio sultán Mohamed VI se reunió con Gali, entonces ministro de Defensa de la RASD, en Abiyán (Costa de Marfil), durante la cumbre entre la UE y la Unión Africana. Desde entonces, han ocurrido muchas cosas.

En el otoño de 2020 se rompió el cómodo ‘statu quo’ de Marruecos, asentado en el ‘Sáhara útil’ detrás de varios muros, con una renovación permanente y monótona de la MINURSO, aplazándose una y otra vez el referéndum de autodeterminación exigido por la ONU y usurpando unas riquezas ajenas (pesca y minería). El 14 de noviembre, Gali declaró roto el alto el fuego y ordenó la reanudación de los combates contra el ocupante. Menos de un mes después, EEUU reconoció la anexión del Sáhara y se despejó el veto israelí a la venta de un arma tan poderosa como los F35. No hay casualidades, sino causalidades.

Desde su victoria en Washington, el ‘majzén’ está tratando de que la Unión Europea y, sobre todo, España, acepten romper con el derecho internacional, aprueben la invasión del Sáhara y le permitan la explotación del territorio y de las aguas anexionados sin trabas legales. Incluso el aliado preferente de Marruecos en la UE, Francia, se ha negado a imitar a EEUU. Las pateras empezaron a llegar por docenas a Canarias a finales del año pasado, antes de que Gali entrase en España. Varios periodistas lo han explicado este invierno.

No parece que la diplomacia ni los servicios de información ni, por supuesto, el Gobierno españoles se hayan enterado o hayan preparado planes de réplica. ¡Igual que ocurrió cuando Hassán II convocó la ‘marcha verde’! Entonces, los oficiales del SECED estaban más dedicados a cenar con personajes de la oposición en restaurantes de Madrid, tal como relató uno de esos militares en sus memorias, que a patear el desierto o infiltrarse en Marruecos.

Todo parece indicar que se ha instalado en las élites políticas españolas una versión cutre de la teoría del ‘colchón de intereses’. Ésta, elaborada ya en el posfranquismo, consistía en animar a empresas españolas a instalarse en Marruecos para elevar el nivel de vida de su pueblo (visto que el régimen alauita no sabe hacerlo o no quiere) y crear unos intereses que persuadan al sultán de turno de que no le conviene enfrentarse con su socio comercial. Ahora consiste en enviar a Rabat un río de dinero de los contribuyentes europeos. La Comisión Europea ha reconocido que entre 2007 y 2020 ha dado a Marruecos 13.000 millones de euros, que no han servido ni para mejorar la vida de los súbditos del príncipe de los creyentes ni frenar la inmigración ilegal. Estoy convencido de que una medida efectiva ante los chantajes de Marruecos sería suspenderle todas las transferencias y programas. Austeridad también en el timo de la ayuda oficial al desarrollo.

Europa empieza a estar rodeada de vecinos cada vez más hostiles y envalentonados, a algunos de los cuales no les importa usar a seres humanos como carne de cañón, como Marruecos y Turquía. Pero los vividores de Bruselas sólo sacan músculo ante el Reino Unido por haber cometido la aberración de marcharse de esta granja de hámsters. Y los españoles, como los polacos y los griegos, estamos en la primera línea de defensa, la que más sufre los ataques del enemigo.

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