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Pedro Fernández Barbadillo

Irán invadido, ¿el destino que pudo sufrir España?

Muchos historiadores antifranquistas están convencidos de que Franco gozó de una libertad de actuación en la IIGM, pero su política dio varios giros.

Pedro Fernández Barbadillo
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Muchos historiadores antifranquistas están convencidos de que Franco gozó de una libertad de actuación en la IIGM, pero su política dio varios giros.
Los aliados entran en Irán: acción conjunta británica y rusa. (Agosto de 1941( | Cordon Press

La especialización académica o científica, ya denunciada por Ortega y Gasset, conduce a que el especialista ignore lo que sucede fuera de su minúsculo campo de conocimiento. En ocasiones, sobre todo en las ciencias sociales, esa ignorancia también la causan la ideología y el odio.

Muchos historiadores antifranquistas están convencidos (o eso aparentan) de que el general Franco gozó de una libertad de actuación en la Segunda Guerra Mundial parecida a la del presidente de Bolivia, y que por tanto todos los movimientos de simpatía hacia el III Reich respondían al entusiasmo del ‘caudillo’ por el führer alemán. Sin embargo, la frase que mejor define la situación de España en la SGM es el título del libro de memorias de Serrano Súñer: Entre Hendaya y Gibraltar. España estuvo durante cuatro años encajonada entre el Eje y los Aliados, lo que provocó varios giros en la política exterior española: neutralidad, no beligerancia (1940-1943) y de nuevo neutralidad.

Suecia, colaboradora de los nazis

Igual que Suecia, por cierto. El Gobierno de Estocolmo, presidido por el socialdemócrata Per Alvin Hansson, permitió el tránsito de trenes militares entre la Noruega ocupada por los alemanes y la Finlandia aliada de Berlín, entre el verano de 1941 y el de 1943, que coincide (casualmente, claro) con el período de mayor extensión de las conquistas del Eje y el comienzo de su retroceso.

España se halló en riesgo de ser invadida varias veces por los dos bandos. En octubre de 1944 se cumplió esa amenaza cuando unos miles de maquis obedientes al PCE penetraron en el valle de Arán desde la Francia liberada.

Los neutrales en la SGM no fueron tan respetados por los contendientes como en la Primera Guerra Mundial. Las grandes potencias trataron de conseguir fuerza nuevos aliados o al menos eliminar regímenes hostiles mediante la.

Hitler y Stalin se constituyeron en los mayores bandoleros internacionales. El Reich nacional-socialista invadió naciones neutrales como Dinamarca, Noruega, Holanda y Yugoslavia y las sometió a una dura ocupación o incluso a su desmembramiento. En el otoño de 1939, la URSS, aprovechando las cláusulas secretas de su pacto con Alemania, ocupó Lituania, Letonia y Estonia; atacó a Finlandia; y mutiló Rumanía.

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El Primer Ministro Winston Churchil visita Teherán en diciembre de 1943

Pero los paladines de la democracia tampoco vacilaron en atropellar la legalidad internacional. Winston Churchill y Franklin Roosevelt presionaron al primer ministro de Estado Libre de Irlanda, Éamon de Valera, para disponer de los puertos de la isla para sus flotas. Churchill reconoció, después de la guerra, que se planteó la invasión del pequeño país.

El primer ministro británico ordenó en mayo de 1940 la ocupación del reino de Islandia, nación neutral vinculada con Dinamarca en la persona de su monarca. A Portugal su secular alianza con Inglaterra tampoco le protegió. En diciembre de 1941, soldados australianos y neerlandeses ocuparon su colonia de Timor Oriental; y los anglosajones consiguieron en agosto de 1943 que Lisboa les cediera puertos y aeropuertos en las Azores.

Pero la intervención más flagrante se realizó fuera de Europa, lo que explica que sea poco conocida.

Antes Alemania que Inglaterra

La inicial victoria del Eje sobre los franco-británicos animó las rebeliones en países musulmanes sometidos a los vencedores de la Gran Guerra.

En Irak, nacido del desmembramiento del imperio otomano, el ex primer ministro Rashid-Alí dio un golpe de Estado en abril de 1941 contra su sucesor, Nuri al Said, y pidió ayuda a Alemania. Aunque contó con la ayuda de los franceses de Siria, el Eje sólo pudo enviar unos pocos aviones de combate alemanes e italianos. En Basora desembarcaron unidades del RAJ (ejército británico de la India) y derrotaron a los iraquíes en mayo de 1941. Después, conquistaron Siria y Líbano.

Egipto, nominalmente independiente y neutral, pero controlado por Inglaterra, no declaró nunca la guerra a Italia, y a Alemania lo hizo en febrero de 1945, a pesar de que tropas de las tres naciones combatieron en su territorio.

A Irán el petróleo y su geografía le condenaron al desastre. Antes de la Primera Guerra Mundial, Churchill, como jefe de la Armada, había cambiado la fuente de propulsión de los barcos del carbón al gasóleo. Para asegurarse un suministro permanente de combustible, Inglaterra controlaba la producción a través de la Anglo Persian Oil Company. La refinería de Abadán era entonces la mayor del mundo. Los iraníes soportaban a los británicos pero no los querían, debido a la soberbia de éstos y a que los beneficios que recibían del petróleo eran minúsculos.

Desde 1925, el emperador del país era Reza Pahlaví, un bizarro militar que había derrocado al anterior emperador en 1921. Como Kemal Atatürk en Turquía, trató de reformar y occidentalizar su patria, para lo que contrató, entre otros, a ingenieros y técnicos alemanes. Una de las medidas consistió en el cambio del nombre de Persia por el de Irán.

Castigado por neutral

Después de que Hitler atacara la URSS el 22 de junio de 1941, tan importante se volvió Irán para los dos paradójicos aliados, el imperio del libre comercio y el imperio comunista, que Londres y Moscú pactaron su ocupación con la excusa de que su gobierno permitía la presencia de agentes alemanes. Fuerzas del Ejército Rojo y del Raj la ejecutaron a finales de agosto de 1941. Atacado desde la URSS, Irak y la India, el ejército iraní fue vencido en días.

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Mohamed Reza Pahleví y su esposa Farah Diba Pahlevi en 1967

Los supuestos agentes nazis no intervinieron; en Irán sólo vivían unas docenas de ciudadanos alemanes, que se apresuraron a huir a Turquía. Los muertos iraníes, tanto civiles como militares, superaron el millar, más que los fallecidos en el bombardeo germano de la ciudad holandesa de Róterdam.

En el septiembre de hace ochenta años, los invasores entraron en Teherán. La ‘luz de los arios’ se rindió, abdicó en su heredero, Mohamed Reza Pahleví, de 21 años de edad, y marchó al exilio. Los británicos lo desterraron primero a la isla Mauricio y luego a Durban, en Sudáfrica, donde murió en 1944. En este país también vivían entonces miembros de otra familia real, que en este caso huía de los nazis, la griega; entre ellos, una niña, la princesa Sofía, luego reina de España.

Los soviéticos, que en el otoño de 1939 habían desfilado junto a los alemanes en la Polonia invadida, lo hicieron en septiembre de 1941 junto a los británicos en el Irán ocupado.

El 9 de enero de 1942 Londres y Moscú se comprometieron a respetar la integridad territorial de Irán y a retirar sus tropas seis meses después del fin de la SGM. En septiembre de 1943, el nuevo sha declaró la guerra a Alemania y a Italia. En noviembre y diciembre, Teherán, acogió la conferencia a la que asistieron Roosevelt, Churchill y Stalin. A partir de ella, se consideró a Irán país miembro de las Naciones Unidas y no ocupado.

En 1946, la URSS amagó con no retirarse del Azerbaiyán iraní y Teherán presentó en la ONU la primera queja registrada en el organismo. Se libró una campaña militar entre separatistas y el ejército imperial en la que murieron unas 2.000 personas. La presencia aliada supuso para Irán la construcción de carreteras y vías de tren para que EEUU enviara material a la URSS. Pero también provocó inflación, desorden administrativo y una hambruna en el norte, ocupado por los soviéticos.

En 1953, la CIA, apoyada por el gobierno de Churchill, dirigió un golpe de Estado para derrocar al primer ministro Mossadeq, que había nacionalizado el petróleo, y restaurar al débil sha.

La dinastía Pahleví ha sido una de las más fugaces de la historia, aunque gobernara uno de los países más antiguos: de 1925 a 1979, cuando Mohamed Reza tuvo que exiliarse de Irán, abandonado por los sucesores de quienes le habían colocado en el trono, ante el imán Jomeini.

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