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Agapito Maestre

Don Marcelino y los historiadores de Colón: la hispanidad

Espero que estas notas de don Marcelino estimulen para celebrar el día de la Hispanidad releyendo 'De los historiadores de Colón'.

Agapito Maestre
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Espero que estas notas de don Marcelino estimulen para celebrar el día de la Hispanidad releyendo 'De los historiadores de Colón'.
Estatua de Cristóbal Colón en Ciudad de México | Wikipedia

Dos libros lleva en su Ipad el Brujo de Villahizán para leer en su viaje a la República Dominicana. Entre todas las obras citadas y comentadas por don Marcelino, en el capítulo dedicado a Santo Domingo de su Historia de la Poesía de Hispano-América, ha elegido las memorias del primer Alcaide de la fortaleza de Santo Domingo, Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, tituladas la Historia general y natural de las Indias, considerado el primer cronista de Indias, y adversario de uno de los hombres que, directa e indirectamente, más daño ha hecho a la historia España en América, Bartolomé de las Casas, un fanático medio loco, según la última gran obra escrita por don Ramón Menéndez Pidal, porque su Brevísima relación de destrucción de las Indias consolidó la terrible Leyenda Negra contra España.

El otro libro elegido es de poemas. Se trata de una edición digital de un poemario de Salomé Ureña de Enríquez, una excelente poetisa y madre del famoso crítico e historiador de la cultura de la América Hispánica, Pedro Henríquez Ureña, y gran colaboradora del educador Eugenio María de Hostos, quien fundó la primera escuela en la República Dominicana para formar maestras. Menéndez Pelayo llamó a doña Salomé "egregia poetisa que sostiene con firmeza en sus brazos feminiles la lira de Quintana, arrancando de ella robustos sones de loor de la patria y la civilización"; todavía los dominicanos repiten con cariño y admiración algunos versos de su poema El cantar de los cantares:

Quisqueya ¡oh, Patria! ¿Quién, si en tu suelo
le dio la suerte nacer feliz,
quién, si te adora con fiel desvelo,
cuando te nombra no oye en su anhelo
músicas gratas reproducir?

Bella y hermosa cual la esperanza,
lozana y joven, así eres tú;
a copiar nunca la mente alcanza
tus perfecciones, tu semejanza,
de sus delirios en la inquietud.

La elección de mi amigo no puede ser más oportuna. Memorias de un hombre y poemas de una mujer son dos extraordinarias guías para entrar en las entrañas históricas de un país, en realidad, de todo un Continente, porque Santo Domingo fue el origen de la labor civilizadora de España en América.

Para Menéndez Pelayo el libro de las memorias de Fernández de Oviedo, entre los primitivos libros sobre América, es uno de los más interesantes. Las razones de ese comentario son dadas por don Marcelino en un texto sobresaliente escrito para conmemorar el cuarto centenario del descubrimiento de América: Los historiadores de Colón. Sí, fueron muchos y buenos los libros que se escribieron para esa conmemoración, pero, en mi opinión, junto a la nunca suficientemente bien ponderada Antología de poetas hispanoamericanos, pocos pueden compararse al citado, que le pidió como favor especial don Juan Valera a Menéndez Pelayo. Un par de notas deseo recordar de este trabajo sencillo, claro y didáctico de don Marcelino para aquí y ahora. La limpieza de este texto contra la Leyenda Negra vale más que las mil hojarascas para combatir esa mentira. La grandeza de este texto contrasta con el escaso eco intelectual que tuvo la celebración del Quinto Centenario, organizado por el gobierno socialista de Felipe González. ¿Aparte del AVE Madrid-Sevilla y vuelta qué cosa relevante queda hoy de aquellas fastuosas celebraciones del Quinto Centenario? ¡Pobre cultura española si tiene que esperar algo de lo montado por los socialistas en Sevilla! ¿Cuántos libros hay en 1992 comparables a los de don Marcelino en 1892?

Don Marcelino toma la figura de Colón como pretexto, percha periodística diríamos hoy, para pasar revista a los primeros grandes cronistas de las Indias y a los principales historiadores de la América española. Por ese estudio pasan Antonio Herrera, Juan Bautista Muñoz, Martín Fernández Navarrete, Alejandro Humboldt, Fernández Duro, Fernández de Oviedo, Las Casas, Pedro Martír de Angleria, Andrés Fernández de Oviedo , Ginés de Sepúlveda, Francisco López de Gómara y Hernán Pérez de Oliva, etcétera. Además, don Marcelino comenta los últimos grandes libros de su época sobre la historia de América, especialmente se hace eco de la obra de José María Asensio dedicada a Cristobal Colón, sus viajes y descubrimientos. En fin, don Marcelino no se olvida de nadie en esta gran cita del cuarto centenario, incluso recuerda con cariño la clásica y bellísima biografía sobre Colón de Washington Irving.

Este trabajo sobre los historiadores de Colón, sí, es todavía una gran referencia de sentido histórico para aquí y ahora. Es toda una seña de identidad de los hispanoamericanos para celebrar el 12 de octubre como la gran fiesta de la Hispanidad. La semblanza del hombre renacentista Fernández de Oviedo trazada por don Marcelino, especialmente comparada con la de Bartolomé de las Casas, es inolvidable. Gana a la de su contrincante las Casas. Es la semblanza de un arquetipo español. Sobre la Historia general y natural de las Indias destaca que no hay ninguna otra obra comparable en honradez: "Resulta un inapreciable colector de memorias, que otro varón de más letras y más severo gusto hubiera dejado perderse con grave detrimento de la futura ciencia histórica, que de todo saca partido, y muchas veces encuentra en lo pequeño la revelación de lo grande. En la parte de historia natural (…) fue ventaja de Oviedo el ser extraño a la Física oficial de su tiempo, tan apartada todavía de la realidad, tan formalista y escolástica (…), porque logró, aunque fuese de un modo enteramente empírico, describir el primero la fauna y la flora de regiones nunca imaginadas por Plinio. Fundó la Historia Natural de América. Sus descripciones no son las de un naturalista, pero los naturalistas las reconocen como muy exactas. En la historia civil hay que distinguir lo que Oviedo pudo ver por sí durante sus repetidos viajes; y lo que supo por relaciones de conquistadores y navegantes, más o menos fidedignos, como él mismo reconoce, adelántandose al cargo que en esto se le pudiera hacer".

A pesar de los defectos de conciencia moral de Oviedo, y sobre todo a pesar de las críticas cruelísimas que le hiciera su peor enemigo Fray Bartolomé de las Casas, antes encomendero, el historiador siempre se ha fiado más de Oviedo que de las Casas, "porque siquiera no escribía como éste bajo la obsesión de una idea dominante y tiránica (…). Las Casas era un sectario (…) y como tal sectario procedía con absoluta buena fe, aun en sus mayores aberraciones. Fue un hombre que había alcanzado los mejores días del Renacimiento, aunque el Renacimiento no hubiese penetrado en él, dejando intacta su bravía naturaleza de fraile de la Edad Media". Amén. Don Marcelino otra vez nos sorprende por su apuesta por la inteligencia y la sutileza. Espero que estas notas de don Marcelino hayan estimulado a mi amigo Ángel, el Brujo de Villahizán, para celebrar el día de la Hispanidad releyendo De los historiadores de Colón.

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