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Yanire Guillén

Antonio Escohotado, el hombre que mecía la vida

Antonio luchaba contra un abatimiento físico que jamás traspasó su mente. Lúcido y entregado al estudio hasta el final.

Antonio luchaba contra un abatimiento físico que jamás traspasó su mente. Lúcido y entregado al estudio hasta el final.
Antonio Escohotado, filósofo y escritor. | David Alonso Rincón | David Alonso Rincón

… nunca vamos a hacer algo más bonito que reproducirnos. Mi vida está centrada en la obra que decidí hacer, pero reconozco que mis hijos valen mucho más que mi obra. Su mera existencia, la posibilidad de que tengan hijos, de que algunos de ellos, o muchos, sean grandes hombres.

Posiblemente sean las palabras de Antonio que más me han conmovido. El intelectual hecho padre.

De Escohotado lo hemos leído todo. Lo complejo, lo divulgativo, lo humano y lo divino. Lo descatalogado y lo nuevo. Gracias a su hijo Jorge, que dedicó los últimos años de la vida de su padre a rescatar textos, conferencias, entrevistas. A editar sus libros antiguos y nuevos. Jorge nos trajo a su padre al mundo de todos, el de los seres normales que nos arrastramos por la modernidad. Escohotado no cayó en el olvido, como sucede con casi todos nuestros grandes sabios contemporáneos, porque decidió salir de su estudio, de su refugio en Galapagar y en Ibiza, para participar en debates, congresos y conferencias, ya en una evidente senectud. Había que estar allí para percatarse de que el alma de Antonio lo llenaba todo. Su paz interior, su sabiduría, su paciencia… su luz. Esa lentitud que dan los años y que Escohotado acompasaba como una orquesta sinfónica para que cada palabra de sus respuestas fueran dignas de un ser elevado. Una melodía perfecta que perforaba el corazón y la mente.

Yo conocí a Escohotado el hombre, el padre, el amigo. En una ocasión me preguntó por ese destello triste de mi rostro. No hizo falta que yo dijera nada. Me puso una mano en el hombro y sentí su cuerpo etéreo; su consejo (que me guardo); su mirada dulce y compasiva fueron suficientes para resucitarme aquella tarde -"La ternura es la médula de mis huesos"-.

Él no era creyente, pero obraba espiritualidad por la fuerza de su psique. Jamás he visto un alma igual. "Mírame, soy un espectro", me dijo la última vez que le vi. "Un espectro hermoso", le respondí. Y luego me pidió un café.

Antonio luchaba contra un abatimiento físico que jamás traspasó su mente. Lúcido y entregado al estudio hasta el final. "Todo lo que he deseado en la vida es conocer, aprender, pensar. Quién no cambia de idea nunca, está muerto".

Su contribución al conocimiento de las drogas es la más reconocida. Un día le pregunté si en sus "excursiones psíquicas" había encontrado una verdad absoluta. Esto me respondió: "Pues sí, diría que más de una vez. Sobre todo en una actividad muy concreta, la del saber. O sea, quitarle el velo de ignorancia que las cosas llevan puestas antes de que nosotros nos pongamos a investigarlas. Esto puede considerarse incondicional y, por lo tanto, absoluto. Date cuenta que "absoluto" viene de "absuelto". De qué está absuelto lo absoluto, pues de demostrarse a sí mismo."

Sobre el hogar y la placidez, Escohotado recordaba con melancolía, la cual circunscribía al ámbito más privado del ser humano, su época en Ibiza. La creación de Amnesia. La cárcel. No se arrepentía de nada salvo de haber dejado a su familia sola durante ese tiempo. Pero desarrolló un amor por lo rural, entorno en el que vivió plácidamente sus últimos años: "Yo hablo de los placeres que son específicamente rurales. Mucho monte a tu alrededor, muy poca presencia humana y sacándote las castañas del fuego con cierta incomodidad; pero al tiempo lo que se consigue es una luz inusualmente cálida. Una chimenea en el campo es algo especialmente hermoso. Me gusta el campo porque siempre que sales hay algo nuevo, está vivo. Y también me reconforta el interior de las casas; fuera hay intemperie y el ambiente dentro de casa se torna deliciosamente acogedor. La vida rural hoy en día puede ser una aventura de retirada. De disfrute de esos placeres. Una bocanada de salud en términos orgánicos."

Desfloró la guerra de los sexos volviendo a publicar Rameras y esposas. Y sentenció un día que dedicaría el resto de su vida a contar cómo nos han enfrentados a hombres y mujeres de manera vil. Qué falta nos vas a hacer, Antonio, para los enfrentamientos que están por venir.

Escohotadismo significa vida entregada al estudio, a la práctica del hedonismo con buen espíritu y del estoicismo por autorregulación. Eso de que no hay libertad sin responsabilidad. Es una descripción de una servidora, a la que Escohotado confirmó no ponerle ni quitarle una coma. Tomadla y bebed de ella como caballeros recién ordenados para la lealtad eterna.

Siento la pena de su familia, su hija Claudia es muy joven aún. Siento la pérdida de sus pupilos. Siento el horror de quedarnos sin sabios en un mundo oscuro. Pero también puedo escuchar el eco de su voz, nítida y sobrecogedora. Su Filosofía será escuela, lo sé. Se hará justicia al hombre que la academia española le negó todo. No le hará falta. Deja un legado incomparable. Un asidero en el camino de este último cuarto de siglo donde estábamos huérfanos. No será en vano una vida dedicada al saber y al buen vivir. Seremos dignos herederos.

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