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Stanley G. Payne

Stanley Payne en su homenaje: "Ha habido muchísima tergiversación con la historia de España, más que con la de cualquier otro país de Occidente"

En el campo de la historia, la tendencia actual en casi todas partes es hacia la politización y la imposición de las ideologías, aunque con énfasis muy diferentes según el país en consideración.

En el campo de la historia, la tendencia actual en casi todas partes es hacia la politización y la imposición de las ideologías, aunque con énfasis muy diferentes según el país en consideración.
Stanley Payne | Universidad de Wisconsin

Mis primeras palabras han de ser de un profundo agradecimiento a todos los que están presentes en este acto, a Jesús Palacios y a los que con él lo han organizado, a los distinguidos participantes que han tomado la palabra y a todos losasistentes que me han honrado con su presencia o sus buenos deseos. Al CEU y a quienes lo están siguiendo a través de la plataforma 7nn.tv.

Confieso que todo esto me deja algo atónito, pues de las diversas distinciones que he recibido en mi larga vida, esta representa su cénit. Es un gran honor y estoy profundamente agradecido por ello. Gracias a todos.

En gran parte, este acto ha sido organizado en clave de "hispanismo"; el neologismo que surgió en el siglo XIX para designar al estudioso profesional dedicado a la investigación, análisis y publicación sobre España. Esta es una calificación de un estatus singular que se da en España, sin que exista un término exactamente equivalente para designar a los especialistas similares en Francia o Inglaterra. Incluso en el caso de Alemania, la apelación "germanista" no se ha establecido bien. Para ello, hay que ir a un país algo extraeuropeo, como Rusia, para encontrar su equivalente. Esto puede también señalar ciertas complicaciones implícitas en tal cometido.

Durante el siglo XIX, y por bastante tiempo, se prefirió la palabra "hispanófilo", porque los escritores románticos, principalmente franceses e ingleses que escribían sobre España, ensalzaban y normalmente exageraban aspectos que les gustaban (y también interpretaban mal), con los desenfoques que se podían anticipar. El hispanismo como estudio profesional y objetivo, basado en la investigación, había emergido con historiadores en Francia y Escocia en el siglo XVIII, y luego alcanzó otro nivel, especialmente con los grandes expertos de Boston; como Prescott y Ticknor, antes de mediados del siglo XIX. En el extranjero, las obras de los hispanófilos románticos y a veces algo histéricos, habían disminuido hacia la segunda mitad de ese siglo, para ser lentamente reemplazadas por las de los hispanistas de una nueva generación. Esto alcanzó mayor importancia por la poca presencia de la historiografía española en el mundo, dadas las pocas traducciones de obras españolas a otros idiomas, que representaba una laguna enorme.

Ahora, en mi propio caso no puedo negar que soy hispanófilo, aunque de ningún modo llegué en España como tal, sino meramente como alumno doctorando en un proyecto de investigación, y tratándose de un país de reputación tan exótica y diferente como España, también tenía todo sentido que fuera un viaje de descubrimiento. En otras ocasiones he contado que dediqué una parte de mis dos primeros meses a esta tarea, hasta que llegué a la conclusión de que los españoles eran de verdad gente normal como cualquier otro grupo de occidentales, aunque con las cualidades o peculiaridades individuales que se pudiera encontrar en cualquier nación. En mi caso, la hispanofilia no era nada asumido de libros o de un breve viaje exótico, sino algo aprendido a través de una larga experiencia personal.

Sin embargo, deseo subrayar que nunca he practicado la hispanofilia profesional. El objetivo de todas mis investigaciones ha sido, modestamente, contar la verdad del modo más objetivo que me ha sido posible como investigador individual, reconociendo al mismo tiempo las limitaciones inevitables de cualquier obra personal. Así, pronto aprendí que la realidad no era exactamente como había creído originalmente, que tenía la perspectiva casi inevitablemente distorsionada de alguien que no había penetrado más allá de la superficie, y que sería necesario decir y señalar cosas que estaba descubriendo y aprendiendo que, posiblemente, no agradarían a algunos o incluso a muchos. Nunca me he arredrado en este empeño y nunca he dado, que yo sepa, un paso atrás, a pesar de las limitaciones de cualquier obra individual.

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Homenaje a Stanley Payne

Con los años vi con toda claridad que ha habido muchísima tergiversación con la historia de España, más que con la de cualquier otro país de Occidente, que parece ser casi el destino de esta historia nacional, y así he hecho lo que me ha sido posible para rectificarla, bien de forma parcial o en gran medida dentro de mi modesto alcance.

Uno de los grandes problemas que tiene la historia es la cuestión de perspectiva, de contexto y de comparación. Pienso que la perspectiva con que se juzga la historia de España es demasiado restringida y parcial o hasta algo inauténtica. Dentro del mundo historiográfico español hubo durante mucho tiempo una tendencia al ensimismamiento, y cuando se hacía en un contexto internacional, lo más frecuente era en un estudio con Francia e Inglaterra, cuando una relación válida debe ser mucho más amplia, con todo el sur de Europa y otras naciones del continente, y a veces hasta dentro de una perspectiva mayor aún. Pienso en este aspecto en la clásica historia romántica del polaco Jan Lelewel y en su muy imaginativo libro decimonónico Paralelo histórico entre España y Polonia en los siglos XVI, XVII y XVIII, una historia no "científica" pero muy sugestiva.

Ha sido gran ventaja para mí haber vivido en lo que es probablemente una de las dos épocas más extraordinarias en la larga historia del país. Llegué a España cuando no habían transcurrido veinte años desde la Guerra Civil y pude observar la última etapa de la sociedad y cultura tradicional, la transformación del franquismo y la definitiva modernización del país, que había quedado pendiente durante generaciones; después, la época de reconciliación política, porque los españoles ya se habían reconciliado varios años atrás, y la democratización después de Franco y, finalmente, el cuarto de siglo de vida en democracia; el del llamado Estado del bienestar y la estabilidad, una época interrumpida finalmente por la nueva radicalización política y el atentado achacado a los yihadistas de 2004, los dos factores que inauguraron la nueva época en que vivimos y que seguirá, según parece, por algún tiempo. Esa época quedó marcada por la resolución de grandes desafíos y problemas históricos, aunque al final truncada por la vuelta de los demonios familiares.

No pedir nunca perdón por decir la verdad

En el campo de la historia, la tendencia actual en casi todas partes es hacia la politización y la imposición de las ideologías, aunque con énfasis muy diferentes según el país en consideración. Un caso significativo es el surgido en Estados Unidos este último mes. Se trata de uno de mis colegas más notables de Wisconsin, James Sweet, presidente de la American Historical Association, quien publicó unas observaciones en el boletín oficial de la Asociación, señalando los efectos profundamente distorsionadores del énfasis actual sobre el "presentismo" y el sesgo ideológico.

Sweet es un hombre de izquierdas, pero se atrevió a decir la verdad, lo que provocó de inmediato una oleada de denuncias en Twitter, que calificaban unánimemente a este profesor relativamente distinguido, casado con una mujer negra y padre de una hija mestiza, de "racista" y "fascista."

Como parece natural en el mundo actual, el pobre profesor Sweet se vino abajo al momento y sin hacer un mínimo intento de defenderse ni dar la batalla, pidió pública y reiteradamente perdón por sus errores; es decir, por haber dicho la verdad, prometiendo hacer todo lo posible para ‘rectificar’ y merecer "la redención," como se dice tan absurdamente dentro del corrompido lenguaje actual. De esta manera, lo que empezó como una declaración honrada y valiente por el presidente de la American Historical Association, acabó en la típica irracionalidad y degradación de nuestra época. Lo que demuestra lo importante que es no pedir nunca perdón por decir la verdad.

Estados Unidos no tiene todavía ninguna ley oficial de censura histórica, como hay en España con la mal llamada Ley de Memoria Histórica de 2007 del presidente Zapatero y la que se está fraguando ahora con la Ley de Memoria Democrática de Pedro Sánchez, que supone a todas luces una aberración superior. Ello es así, porque la táctica norteamericana es la de extender una red de carácter general totalitario, pero siempre tildada de "democrática," como en los antiguos países comunistas del este de Europa.

Los españoles no me fallaron

El trabajo del estudioso profesional es inevitablemente individual, pero no únicamente, porque al fin y al cabo sus investigaciones, además de las fuentes, siempre dependen de un trabajo colectivo de la comunidad de enseñantes e investigadores. Cualquier estudiante ha gozado del amparo, de la pedagogía y del estímulo de muchas personas, una gran parte de ellas normalmente olvidadas. En mi propio caso, cuando llegué a España por vez primera, hace casi exactamente sesenta y cuatro años, no tenía muy claro cómo iba a poder llevar a cabo un proyecto original de investigación de la historia más contemporánea del país, pero algo que sí tenía muy claro era que ello tendría que depender en una parte considerable de la cooperación y ayuda de los españoles. Y los españoles no me fallaron. Como es casi inevitable en un extenso proyecto de historia oral, hubo quienes me trataron de engañar o de encubrir la realidad, pero el grado de cooperación de buena voluntad fue impresionante e indispensable para el éxito del proyecto.

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Es cierto que el momento era propicio; casi veinte años después de la Guerra Civil, con cierta perspectiva en el tiempo y capacidad, era posible presentar aquel trauma como historia y no como propaganda sectaria. Además, en esas circunstancias, un investigador extranjero gozaba de una aceptación y una libertad antes imposibles. El éxito en los asuntos humanos siempre depende en parte de las circunstancias y de las contribuciones y apoyo de los otros.

Por ello, estoy profundamente agradecido no solo a los muchos españoles a quienes traté y conocí durante aquel primer año, sino a los muchísimos más que he tenido la oportunidad de tratar, conocer y trabar grandes amistades a lo largo de los tercios de siglo que siguieron. La cordialidad, la simpatía y la generosidad han sido siempre las notas dominantes. Unas relaciones y apoyos de los que siempre he dependido. Es verdad que los moralistas españoles en ocasiones han tachado a sus compatriotas de envidiosos y resentidos, pero a mí siempre me ha sorprendido el poco resentimiento que el hispanista encuentra en España. Cuando hay crítica, es muy raro encontrarla en términos xenófobos, porque normalmente son los mismos términos que estos críticos aplican a muchos, a veces a millones, de los mismos españoles. Así, esta larga obra mía no es meramente un estudio sobre los españoles o a ellos aplicado, pero ha sido en una gran medida un trabajo hecho con los mismos españoles. A todos ellos, y a todos los participantes, asistentes y espectadores de este acto, mis más profundas y sentidas gracias. Yo no hubiera podido hacerlo sin su ayuda.

De corazón.

(Libertad Digital agradece a Jesús Palacios la cesión de las imágenes y los textos del homenaje)

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