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Pedro Fernández Barbadillo

Dolores Ibárruri, reina de mentiras

Conocida como La Pasionaria, antes de comer carne roja, contribuyó con sus gritos y sus consignas a difundir el odio entre los españoles que condujo a la guerra civil.

Conocida como La Pasionaria, antes de comer carne roja, contribuyó con sus gritos y sus consignas a difundir el odio entre los españoles que condujo a la guerra civil.
La Pasionaria saluda a los miembros de las Brigadas Internacionales | Cordon Press

Pocas historias de terror y de ingratitud hay tan estremecedoras como la de los comunistas, por encima incluso de los emperadores chinos o los nacional-socialistas alemanes. Los nazis tenían entre sus planes el exterminio y la esclavización de pueblos que consideraban subhumanos, como los judíos y los eslavos, y la erradicación del cristianismo. En esto no se diferencian de los comunistas, que masacraron a otros pueblos y martirizaron cristianos. Sin embargo, los comunistas aumentaron el grado y la extensión de sus genocidios, porque emplearon la noción de clase social, que ha causado más dolor que la de raza, y encima se diezmaron entre ellos.

Los escasos -por fortuna para los demás españoles- comunistas celtibéricos tampoco escaparon a esta regla de que el "partido se fortalece purgándose" y se dedicaron con saña a eliminarse unos a otros. Dolores Ibárruri (1895-1989), conocida como La Pasionaria, antes de comer carne roja, contribuyó con sus gritos y sus consignas a difundir el odio entre los españoles que condujo a la guerra civil.

Deslumbrada por Stalin

Su militancia política comenzó en el PSOE, pero luego se adhirió al comunismo. En 1920 fue elegida para el comité del PCE en Vizcaya, la provincia con más militantes comunistas. Después de no ser elegida diputada en las elecciones de 1933, viajó al Moscú de Stalin, donde, por supuesto, no vio hambre ni miseria, ni despotismo, ni opresión. Es admirable la ceguera de los comunistas para los crímenes de sus regímenes admirados y, en cambio, la agudeza visual para detectar la pobreza en los países capitalistas.

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En las Cortes de 1936, Ibárruri, convertida en lo que Unamuno llamó "tiorra", competía con otros diputados de la izquierda en insultos y amenazas a los parlamentarios de la derecha y, también, en la defensa del golpe revolucionario de octubre de 1934. Por ejemplo:

"La revolución de octubre fue la defensa del pueblo contra el fascismo. De ese pueblo que aprecia más la dignidad que la vida. En la represión de ese movimiento llegasteis a extremos incalificables, a martirios extraordinarios."

A José María Gil Robles y José Calvo Sotelo dedicó abundantes amenazas de muerte, muchas de las cuales eran borradas del Diario de Sesiones por el presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio. Josep Tarradellas, diputado de ERC, declaró en 1985 que él le escuchó espetar a Calvo Sotelo que había hablado por última vez. Poco después, un comando terrorista formado por policías y pistoleros del PSOE secuestró y asesinó al diputado monárquico.

La invención del mito de la ‘quinta columna’

En la guerra que ella había pedido con fruición, Ibárruri dadas sus limitaciones intelectuales y el machismo de sus camaradas, se limitó a la propaganda: difundió el bulo de la quinta columna para amparar el genocidio de enemigos de clase en Madrid en el otoño de 1936, que se realizó en Paracuellos de Jarama; apeló a la resistencia de los madrileños con el ejemplo del 2 de mayo de 1808; y justificó el aplastamiento del POUM como trostkista. Siempre vestida de negro, como si viviera en la casa de Bernarda Alba.

En marzo de 1939, producido el golpe de Estado del coronel Casado, la CNT y un sector del PSOE, se apresuró a huir de España en un avión, junto con Santiago Carrillo, que, pese a su juventud (nació en 1915) y su salud se había emboscado en el aparato del PCE y pasó toda la guerra sin pisar una trinchera.

A partir de entonces, destacó por su servilismo al jefe de la URSS, fuera el que fuese, y su pasión por hacerse con el poder en el PCE. Cuando su protector e ídolo, Stalin, firmó el pacto nazi-soviético, pasó de insultar al fascismo a culpar de la guerra mundial a las potencias capitalistas y burguesas.

También justificó el asesinato de León Trostki en 1940 por un sicario español. Escribe su biógrafo Ángel Maestro que, cuando México liberó a Ramón Mercader en 1960, ella consiguió que el KGB le concediera una ‘dacha’ cerca de Moscú y una pensión equivalente a la de un general de división retirado.

Cuando Alemania y sus aliados invadieron la URSS, de nuevo se dedicó a la propaganda y a afianzar su poder en el PCE. Un veterano comunista, Jesús Hernández, y un 'niño de Rusia', José Fernando Sánchez, afirman que Ibárruri intervenía en los estudios de los 4.000 niños enviados a la URSS durante la guerra civil y controlaba su comportamiento. Se negaba a que cursasen estudios superiores o universitarios, ya que prefería obreros con conciencia proletaria. Llegaba a reñir en público a las niñas por comportamientos tan burgueses para ella como pintarse las uñas. Vetó la devolución de esos niños a sus familias, de modo que sufrieron la Segunda Guerra Mundial en la que muchos murieron. Otros se dedicaron a prostitución y el robo para sobrevivir.

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La Pasionaria en París en 1938

Gracias a su lealtad a la Unión Soviética, Moscú le nombró secretaria general del PCE en 1944. Se trasladó a Toulouse y luego a París para dirigir las actividades del partido con el objetivo de derrocar al general Franco, entre ellas la petición de ruptura de relaciones diplomáticas, la invasión del norte de España y la ejecución de golpes terroristas en las ciudades. Las campañas fracasaron y en 1948 volvió a Moscú para entrevistarse con Stalin. Su señor le aconsejó que se abandonase la guerrilla y se adoptase la táctica de infiltrarse en los sindicatos del régimen.

Tuvo tiempo para vengarse de su amante, Francisco Antón, que le había dejado por otra mujer mucho más joven y menos comprometida: le obligó a realizar varias feroces autocríticas y le calificó como agente enemigo.

Liquidadora y calumniadora de sus camaradas

Para quitarse las culpas del fracaso de la lucha terrorista contra el franquismo, que en vez de debilitar al régimen lo reforzó, ella y Carrillo se las echaron a los comunistas del interior, a algunos de los cuales hicieron asesinar.

Jesús Monzón salvó su vida gracias a que le detuvo la policía española. En cambio, Gabriel Trilla fue asesinado en 1945 por unos sicarios comunistas, que le mataron a puñaladas en un solar de Madrid y desnudaron su cadáver para que pareciera un asesinato entre "maricones". La policía detuvo al jefe de esos sicarios, Cristino García, que fue juzgado, condenado a muerte y fusilado. Este asesino tiene calle en Alcalá de Henares.

Ibárruri justificó la eliminación de Trilla como espía del propio franquismo y así escupió sobre su tumba:

"Como un viejo y experimentado provocador, Trilla entregó a la policía la organización del partido y de guerrilleros... Monzón y Trilla estuvieron ligados con el policía norteamericano Field, dándole la posibilidad de reclutar para su trabajo a elementos vacilantes, aventureros y arribistas."

Durante años, ésa fue la versión del PCE sobre varios de sus más arriesgados luchadores. Enrique Líster acusó a Carrillo y Pasionaria de planear su asesinato, pero añade que se salvó porque Stalin se lo prohibió.

Un PCE controlado por gentes siniestras que liquidaban a sus propios camaradas fue una de las causas del mantenimiento del franquismo. Franco, por cierto, a diferencia de Carrillo y Pasionaria, no mató a ninguno de los suyos.

En 1960 se le nombró presidenta del PCE, cargo completamente decorativo que mantuvo hasta su muerte. Sus propios camaradas la relegaron a la condición de jarrón chino, no sólo por su edad, sino también porque sus gritos y sus amenazas perjudicaban la estrategia de ‘reconciliación nacional’ planteada en 1956 y la táctica de acercamiento a grupos católicos, monárquicos y liberales. Prefería vivir en el Moscú comunista que en el París democrático.

Prueba de su sectarismo y de su rencor son sus declaraciones al semanario italiano Il Borghese en 1974 lo siguiente:

"La guerra civil sigue. Han pasado 39 años y esperaremos algún año más, pero nuestra venganza durará cuarenta veces 39 años. Se lo prometo."

Amordaza por su partido

En la transición, pudo regresar a España. A sus 82 años, fue elegida diputada por Asturias en las elecciones de 1977. Curiosamente, su lista fue la cuarta en votos, detrás de las del PSOE, la UCD y AP. No era tan popular como ella y sus correligionarios creían.

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La Pasionaria en 1963

Aprobó con su voto la amnistía y la Constitución, dos leyes que ahora sus nietos ideológicos consideran que fueron un pacto con el franquismo secreto. En la legislatura constituyente (1977-1979) no pronunció ningún discurso. Vivió hasta diciembre de 1989 y tuvo tiempo de contemplar la caída el muro 'antifascista' de Berlín.

En los doce años que estuvo en España yo no sé que participara en ninguna exhumación de víctimas del franquismo ni revelara la localización de ninguna fosa común. Tampoco pidió disculpas por haber apoyado a Stalin, el mayor genocida europeo -por encima de Hitler-, ni por haber difamado a camaradas o haberlos entregado a la policía de la dictadura, ni por haber abandonado a los combatientes en marzo de 1939, ni por haber amenazado de muerte a los diputados de la derecha en las Cortes de la República, ni por su trato a los niños de Rusia, ni...

Por esas paradojas de la vida, su nieta Lola Sergueyeva, se emparejó con el multimillonario judío Marc Rich, no con un obrero, ni un sindicalista, ni un luchador antifascista.

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