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Pablo Molina

Lo que queda del cantón de Cartagena 150 años después

La revolución federalista del Cantón se ha convertido con el paso del tiempo en una batalla posibilista centrada en recuperar la influencia política, económica y social de Cartagena.

La revolución federalista del Cantón se ha convertido con el paso del tiempo en una batalla posibilista centrada en recuperar la influencia política, económica y social de Cartagena.
Cortes de Madrid durante la proclamación de la República | Wikipedia

La I República Española, a pesar de su vigencia fugaz, dio lugar a todo tipo de situaciones insólitas fruto de la improvisación de las elites políticas y militares tras la caída de Isabel II, lo que constituyó un preludio ominoso de la decadencia que poco después culminaría en la crisis del 98. Pero el Cantón de Murcia, que finalmente se acabó conociendo como el de Cartagena por ser esa ciudad la última en tratar de mantener con las armas el sueño federalista, sigue teniendo cierta influencia política, al menos en la esfera local, tras hacerse con la alcaldía de la ciudad departamental a finales de los años 80 del siglo pasado.

El Partido Cantonal (PCAN), fundado tras la muerte de Franco por un abogado conservador procedente del Movimiento Nacional, se hizo con la alcaldía de la ciudad de Cartagena en 1987, al convertirse en la fuerza política más votada y sacar 400 votos a PSOE. Un pacto con Alianza Popular le daría la alcaldía deshaciendo el empate técnico entre los dos partidos. La primera legislatura del PCAN al frente del ayuntamiento cartagenero estuvo caracterizada por la realización de importantes obras públicas que reformaron una ciudad en franca decadencia y la creación de iniciativas turísticas y culturales que todavía siguen dando sus frutos, como las excavaciones del Teatro Romano o las Fiestas de Carthagineses y Romanos, uno de los acontecimientos festivos del año en la región de Murcia, declarado recientemente Fiesta de Interés Turístico Internacional.

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Antonete Gálvez, líder del republicanismo federal

Tras esa primera legislatura, el movimiento cantonalista fue perdiendo fuerza en las sucesivas citas electorales hasta que en 2003 nace el actual Movimiento Ciudadano (MC) una coalición de distintas fuerzas cuyo programa político no dista mucho del PCAN, integrado a su vez en esas siglas. Tras varias elecciones con pobres resultados, MC se hace con la alcaldía de Cartagena en 2015 con el apoyo del PSOE. El alcalde, un personaje pintoresco encumbrado al liderazgo del movimiento, se distingue durante su mandato por sus broncas interminables con la oposición en los plenos del ayuntamiento, cuyas grabaciones en vídeo se convirtieron en un fenómeno viral en las redes sociales.

El programa político de los sucesores del cantonalismo se aleja de los objetivos nacionales federalistas que lo vieron nacer y ahora se centran en buscar una independencia política y administrativa de Murcia, la potencia opresora contra la que lanzan todo tipo de diatribas y a la que culpan de todos los males de la ciudad portuaria, una crítica muy dura a la que, sin embargo, no le falta algo de razón.

La revolución federalista del Cantón se ha convertido con el paso del tiempo en una batalla posibilista centrada en recuperar la influencia política, económica y social de Cartagena, subyugada injustamente por la "puta Murcia", epíteto que el líder de este movimiento y sus fieles más cercanos suelen emplear para referirse a este contencioso. Este 28-M, el partido va a dar el salto a la política regional tratando de obtener una representación en el parlamento autonómico que las encuestas, sin embargo, aún no han acusado siquiera recibo.

La disolución progresiva del Partido Cantonalista y su utopía federalista ha desembocado en una coalición que pretende objetivos eminentemente prácticos. Los herederos de Antonete Gálvez han pasado de la épica al utilitarismo y de la revolución al procedimiento administrativo. Algo hemos avanzado.

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