
Se cumple en este mes el aniversario de la entrada de las tropas de Franco en Madrid, el 28 de marzo de 1939. Aquel día se formalizó la rendición de la capital del "¡No pasarán!" en las proximidades del Hospital Clínico, con la presencia del coronel Adolfo Prada, jefe del Ejército de Centro republicano, y el teniente coronel Eduardo Losas, jefe de la 16.ª División franquista.
El papel del doctor Medina Garijo como enlace con la "quinta columna" franquista para establecer las negociaciones de una "paz honrosa" ha sido siempre destacado por la historiografía, y más recientemente por Gutmaro Gómez Bravo en Cómo terminó la Guerra Civil española (Crítica), y por Alberto Laguna y Antonio Vargas en La quinta columna (La Esfera de los Libros).
En la comitiva de Prada figuraba el doctor Diego Medina Garijo, que tuvo un papel clave en las negociaciones para la entrega de la zona republicana. En las imágenes de la rendición de Madrid, el doctor Medina aparecería retratado a la derecha en el grupo de los emisarios republicanos, vestido de civil, con abrigo oscuro.
Su condición de médico personal del coronel Segismundo Casado, jefe del Ejército del Centro desde mayo de 1938, fue un eficaz camuflaje para mantener sin sospechas sus relaciones con el espionaje franquista en Madrid.
Un año después de comenzada la guerra, ya ascendido a comandante médico, será nombrado jefe de Sanidad de la 1.ª División Orgánica y director del Hospital de Gaseados, pues era el máximo experto español en guerra química. Allí dio protección, empleo y sueldo a un capellán castrense, así como a otras personas perseguidas por el Frente Popular.
A la vez, Medina Garijo mantuvo su destino en la escolta y el Cuarto Militar del presidente Azaña, después de haber desempeñado el mismo cometido con su antecesor, Niceto Alcalá-Zamora. Será también presidente de un tribunal de reconocimiento de quintos de los años 1918 y 1921, declarando inútiles o para servicios auxiliares a un total de 235 reclutas que le señaló la Falange clandestina.
En abril de 1937 establece sus primeros contactos con la Falange clandestina. Más tarde se relacionará con la organización "Antonio" de la "quinta columna", creada por el catedrático Antonio Luna, que antes de la guerra compartía tertulia en Granada con Federico García Lorca. A Medina le introdujo en la organización otro médico militar, Ricardo Bertoloty, antiguo galeno personal de Alfonso XIII, que logró emboscarse en la Sanidad Militar republicana, según cuentan Laguna y Vargas en su ensayo.
Tan decisivo como este contacto fue su misión como enlace del coronel Casado con el Consejo Asesor, un organismo creado en 1938 por el servicio de información franquista para colaborar en la ocupación y rendición de Madrid.
El historiador Gómez Bravo relata que en una reunión que el doctor Medina Garijo tuvo con este Consejo Asesor el 5 de febrero de 1939, nuestro protagonista transmitió a los franquistas que Casado "se compromete a poner fin a la contienda, entregando la zona republicana", con la condición de que se estableciera una amnistía para todos los militares y civiles que colaborasen a la conclusión de la guerra.
El cuartel de la Montaña
De la turbulenta peripecia del doctor Medina Garijo en la Guerra Civil hemos rescatado gracias al buscador www.vistik.es un episodio de los primeros días de la contienda, cuando se produce el golpe militar de julio de 1936. Este médico militar protagonizará entonces una historia escrita al margen de las grandes líneas del relato histórico, pero que nos asoma a la infinita complejidad de la Guerra Civil.
Medina Garijo había ingresado en Sanidad Militar en 1917. Desde febrero de 1933 estaba destinado en el Palacio Nacional, antiguo Palacio Real, como capitán médico del Escuadrón de la Escolta Presidencial, cuyo jefe desde enero de 1935 sería Segismundo Casado, con el que estableció una estrecha amistad. Tenía 44 años cuando se produce la sublevación del Ejército de África, que pronto se extendería a las guarniciones de toda la península.
El 20 de julio de 1936, después de ser bombardeado por artillería y aviación, las fuerzas leales al Gobierno asaltan el Cuartel de la Montaña, principal foco de los sublevados en la capital. En esos momentos, el capitán Medina Garijo solicita a sus superiores permiso para acudir al acuartelamiento y atender a los heridos en los combates y se ofrece para ello por ser el más antiguo ante su compañero, el también capitán médico José Pieltain Manso. El secretario general de la Presidencia, el entomólogo Cándido Bolívar, firmará a Medina Garijo la autorización "para salir del Palacio y dedicarse a la cura de heridos procedentes del ataque al Cuartel de la Montaña".
Según su declaración de abril de 1939 en el procedimiento sumarísimo número 517 que le siguen los vencedores por rebelión militar, Medina Garijo acudió al cuartel de la calle de Ferraz acompañado del practicante de la Escolta Presidencial, Eliseo Santo Tomás, y de su asistente, Francisco Espínola.
Con ellos realizó una primera evacuación de heridos al hospital del Buen Suceso, en la calle de la Princesa, convertido en clínica militar de urgencia, bajo las órdenes del teniente coronel médico Francisco Muñoz Cortázar, a quien "anunció su propósito de practicar rápidamente las ulteriores evacuaciones para librar así a aquellos desventurados de las iras y ferocidad del populacho".
El practicante Eliseo Santo Tomás se sumó a la misión de atender a los heridos del cuartel porque entre los sublevados se hallaba su hermano, al que no encontró. Salieron de palacio en un automóvil conducido por un ordenanza. Medina Garijo y él entraron en el cuartel alrededor de las once y media de la mañana, cuando ya habían pasado cuarenta minutos desde la rendición de la guarnición.
Al entrar en el acantonamiento, Medina Garijo se dirigió a un capitán de guardias de asalto que dirigía las fuerzas asaltantes para que le permitiese la salida de los coches que evacuaban heridos. Después preguntó por la enfermería y el botiquín para proveerse de material sanitario para atender a los heridos, pues venían del Palacio Nacional sin él.
Alguien de la guarnición los guio hasta un cuarto que daba al patio, junto a la enfermería, que pertenecía al batallón de Zapadores Minadores n.º 6. Allí encontraron a dos o tres heridos graves y varios leves, rodeados de milicianos. El doctor Medina Garijo ordenó a los asaltantes que desalojaran la sala y encargó al practicante que atendiera a los heridos más graves, que estaban postrados en camillas sobre el suelo, mientras él salía con los leves en busca de coches para sacarlos del cuartel.
El practicante Eliseo Santos Tomás declaró que al quedarse solo con los heridos unos milicianos entraron de nuevo en el cuarto y lo sacaron a culatazos y empujones, al tiempo que mataban a tiros a un brigada o suboficial que tenía un balazo en el vientre, amenazándole con matarlo a él también si continuaba cuidando de los demás heridos.
Al regresar Medina Garijo, encontró al practicante
muy violento por las salvajadas cometidas por los rojos durante su ausencia, pues le comunicó que después de salir la primera evacuación habían irrumpido las turbas en el cuarto donde había quedado para cuidar de los heridos graves, lo que no pudo impedir por haber sido amenazado de muerte.
No todo fueron comportamientos bestiales como el relatado por el practicante. El doctor Medina Garijo aseguró que
habló con algunos guardias de asalto, y les rogó que, en aquellos momentos de gran dramatismo, protegieran a los desdichados heridos que él había podido recoger en espera de transportarlos a la clínica de urgencia.
El médico y el practicante, a pesar de ir vestidos con el característico uniforme azul de la Escolta Presidencial, estuvieron a punto de ser detenidos al confundirles con militares sublevados, por lo que consideraron que debían cesar en la búsqueda de más heridos pues se hallaban en peligro.
Antes de abandonar definitivamente el cuartel, descubrieron una escena dantesca a través de la puerta del cuarto de banderas, "donde en horrible montón yacían los cadáveres de muchos oficiales y un jefe, que parecía haberse suicidado, estando sentado en un sillón", relató Eliseo Santo Tomás. Un guardia de asalto les impidió la entrada.
Con los heridos fueron evacuados muchos que no lo estaban, pero era para mí una satisfacción el que pudiera abandonar aquel lugar de exterminio todo el que pudiera", afirmó Medina Garijo, que recuerda "la sangrienta escena de ver asesinados un gran número de compañeros oficiales.
Los heridos evacuados por el doctor Medina Garijo y su ayudante fueron conducidos en su mayor parte al hospital del Buen Suceso, aunque otros terminaron en un puesto de socorro que la Cruz Roja había establecido en el cine Velussia, en la Gran Vía.
El responsable del hospital del Buen Suceso, el teniente coronel Francisco Muñoz Cortázar, confirmó que Medina Garijo "se presentó con una ambulancia y dos taxis conduciendo heridos". "Transportados estos a las salas, volvió mi compañero con otro grupo de seis o siete, lo que me extrañó, pues en su primera llegada me había encargado [que] preparara bastantes camas", declaró Muñoz Cortázar.
Medina Garijo logró finalmente evacuar entre quince y veinte heridos entre los defensores del cuartel. En la primera ocasión utilizó taxis y un camión descubierto, y en la segunda, dos coches y una ambulancia. Más de un centenar de los sublevados fueron asesinados a sangre fría en el patio por las milicias asaltantes, como prueba la famosa y dramática fotografía del reportero Alfonso.
El doctor Muñoz Cortázar reveló precisamente que los heridos evacuados por Medina Garijo eran "oficiales, clases y soldados que pudo recoger con vida entre los cadáveres que había dentro del Cuartel de la Montaña".
Detenido por abandonar a los heridos
Medina Garijo fue detenido dos semanas después de la entrada de las fuerzas de Franco en Madrid por un antiguo amigo suyo, el capitán Antenor Betancourt, que, al encontrarse con él en el café Gijón, le dio varias bofetadas recriminándole que le hubiera abandonado sin asistencia en el Cuartel de la Montaña junto con dos oficiales heridos por metralla de aviación y varios soldados, que el propio Betancourt consiguió evacuar finalmente en un coche. Esta acusación fue confirmada por uno de los oficiales y uno de los soldados que estaban en aquella dependencia con Betancourt.
El médico militar negó dicha acusación, asegurando que la única vez que vio a Betancourt en el cuartel fue precisamente subido en la parte trasera de un taxi que transportaba varios heridos, y que le hizo señas con el brazo para que "saliera pronto de aquel infierno y se alejara".
El consejo de guerra, reunido en agosto de 1939, absolvió al capitán Medina Garijo al considerarlo "persona de intachable espíritu militar, de sentimientos afectos al Movimiento Nacional". Sin embargo, el auditor de Guerra anuló la sentencia. En enero de 1940, el Consejo Supremo de Justicia Militar le impuso la pena de tres años y un día de prisión menor por delito de auxilio a la rebelión militar, aunque un mes después fue indultado por Franco.

