En una nueva entrega de la sección Historia orgullosa de España en esRadio, Carlos Cuesta y Nuria Richart reciben a la periodista y escritora Isabel San Sebastián para conversar sobre su última novela histórica, La venganza del apóstol (Plaza y Janés, 2026).

La periodista hace unos años decidió alejarse de los focos y de la actualidad política, era asidua de programas y tertulias, para centrarse en la escritura de novela histórica. Ha creado la saga de La Reconquista, con gran éxito de ventas, que pone en valor la identidad y el origen de la nación española.
En La venganza del apóstol la autora viaja al siglo XIII y recrea tres episodios fundamentales de nuestra historia: la Batalla de las Navas de Tolosa, la reconquista de Córdoba, "cubil diabólico" lo llaman los cronistas de la época, y el regreso de las campanas de Santiago a Compostela, a la Catedral, a hombros de sarracenos. Los tres son capítulos "del final del principio de la Reconquista" y fueron "los hitos que marcaron el destino de la península ibérica", cuenta la autora, sucesos determinantes "para configurar la nación y permitir que la sociedad actual ocupe el lugar que tiene en el mundo libre".
San Sebastián hace una lectura actual de aquellos momentos y afirma que "no sabe cuánto le queda a la Unión Europea". Con una amarga sonrisa afirma que "lo mismo hay que volver a empezar la Reconquista".
La escritora sostiene que España se forjó a lo largo de siete siglos de lucha constante y que es esencial recordar el "porqué y el cómo de esa gesta". Critica el presentismo actual, defendiendo la necesidad de conservar la información y el orgullo por una historia que define la esencia del país.
La novela, amenísima, combina el tono épico con personajes de carne y hueso, espionaje, momentos de providencia divina, mucha acción... Arranca en la "primavera del año 1231 de Nuestro Señor" y recoge de forma literal pasajes del Corán sobre el trato vejatorio de los musulmanes hacia las mujeres. Recuerda la brutalidad de aquellos almorávides y almohades, algo similar al Isis actual, lo que facilitó el avance cristiano, porque muchos andalusíes odiaban casi más a los almohades que a los cristianos.

