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Carlos V y el día que España paralizó su imperio para debatir si la conquista era justa

La histórica decisión real de frenar la expansión ultramarina abrió un debate teológico y jurídico pionero en la defensa de los derechos humanos.

La histórica decisión real de frenar la expansión ultramarina abrió un debate teológico y jurídico pionero en la defensa de los derechos humanos.
Retrato de Carlos V | Wikipedia

Carlos V gobernaba el mayor imperio de su tiempo cuando tomó una decisión que ningún otro monarca había adoptado hasta entonces. El 3 de julio de 1549 ordenó suspender todas las nuevas expediciones de conquista en América hasta resolver una cuestión que iba mucho más allá de la política o la guerra: si era justo continuar con ellas.

En Es la Mañana de Fin de Semana de esRadio, el divulgador histórico Rubén García recordó esta efeméride y la calificó como un hecho excepcional. "Ningún imperio lo había hecho nunca. No se paró por perder una guerra ni por falta de recursos, sino para preguntarse si estaba obrando de forma recta y moral", explicó.

La orden que sorprendió a todo un imperio

La suspensión fue impulsada a través del Consejo de Indias y afectó a las nuevas expediciones mientras se analizaban las implicaciones morales y jurídicas de la conquista. La comunicación tardó meses en llegar a América, pero el gesto marcó el inicio de uno de los debates más importantes del siglo XVI.

Para Rubén García, lo realmente trascendente no fue únicamente la orden de detener las conquistas, sino todo lo que surgió después. "Fue el inicio de uno de los debates intelectuales más trascendentales de la historia", afirmó.

Una discusión que había comenzado décadas antes

La decisión de Carlos V no nació de la nada. Durante años habían surgido voces que denunciaban los abusos cometidos contra la población indígena.

Uno de los primeros fue el dominico Antonio de Montesinos, que en 1511 pronunció un sermón en la isla La Española cuestionando el trato que recibían los indígenas. Aquellas críticas impulsaron la celebración de la Junta de Burgos y la aprobación de las Leyes de Burgos de 1512, consideradas la primera normativa destinada a regular las condiciones de vida y trabajo de los indígenas en los territorios americanos.

Rubén García recordó que incluso Isabel la Católica dejó escrito en su testamento de 1504 que los indígenas "no debían recibir agravio alguno en sus personas ni bienes" y que debían ser "bien y justamente tratados".

Francisco de Vitoria cambió el enfoque del debate

Años después, el teólogo Francisco de Vitoria dio un paso más al cuestionar los llamados justos títulos que pretendían legitimar la conquista.

Según explicó García, el profesor salmantino rechazó que el simple hecho de no ser cristianos o pertenecer a otra cultura justificara el sometimiento de los pueblos indígenas. Defendía que todos los hombres nacían libres y que ninguna persona era superior a otra por naturaleza.

Aquellas ideas acabarían convirtiéndose en uno de los pilares de la Escuela de Salamanca y del desarrollo del derecho internacional moderno.

La Controversia de Valladolid

La orden de Carlos V desembocó poco después en la célebre Controversia de Valladolid, celebrada entre 1550 y 1551, donde algunos de los principales intelectuales del reino debatieron sobre la legitimidad de la conquista.

Bartolomé de las Casas defendía que los indígenas eran plenamente racionales y debían decidir libremente su destino, mientras que Juan Ginés de Sepúlveda justificaba la conquista alegando que era necesaria para poner fin a determinadas prácticas, como los sacrificios humanos.

El debate terminó sin un vencedor oficial, pero supuso un punto de inflexión en la reflexión política y jurídica de la época.

El origen de una idea que siglos después seguiría vigente

Rubén García sostiene que aquellos debates anticiparon conceptos que hoy forman parte de los derechos humanos. "Era la primera vez que se planteaba que todos los seres humanos tenían derechos por el simple hecho de ser humanos", señaló durante la entrevista.

En su opinión, la gran cuestión que se abrió entonces era "dónde terminaban los derechos del conquistador y dónde comenzaban los del conquistado", una reflexión que, cinco siglos después, continúa ocupando un lugar destacado en la historia del pensamiento occidental.

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