
La madrugada del 13 de julio de 1936 asesinaron a José Calvo Sotelo. Ese día comenzó la Guerra Civil. Hoy se cumplen 90 años de ese terrible magnicidio. Otros dirán que nuestra guerra comenzó el 16 de febrero de 1936, el día que el Frente Popular manipuló los resultados electorales, y otros, quizá con argumentos no menos sólidos que los anteriores, retrotraerán el luctuoso acontecimiento al 14 de abril de 1931, cuando unas fuerzas revolucionarias declararon el régimen republicano, se dice pronto, surgido de unas elecciones municipales.
¡Qué locura de país! El conflicto de interpretaciones de la mayor tragedia de la historia de España sigue abierto. Han querido cerrarlo, o peor, matarlo con una Ley de Memoria Democrática que "prohibe (sic)" la libre interpretación de la gestación y desarrollo de la Guerra Civil, del Franquismo y de la Transición.
El debate, sin embargo, sigue vivo. Ni José Luis Rodríguez Zapatero ni Pedro Sánchez han conseguido cerrarle la boca a quienes disienten de sus imposiciones totalitarias. ¿O acaso no es totalitaria una Ley que delinque, o peor, nos sitúa al borde del abismo del autogolpe de Estado —la nacionalización de cientos de miles de personas extranjeras es sólo uno de los efectos de esa normativa—, en un contexto donde la Justicia prevarica, la fuerza pública se envilece y, en fin, la Autoridad se deshonra al convertirse en verdugo de unos ciudadanos que sólo quieren saber la historia de su nación, o sea, de los orígenes de su nacionalidad? Ha llegado, pues, la hora de repetir todas las tesis posibles sobre la Guerra Civil española. Es otra forma de combatir el totalitarismo sanchunero, o sea de Zapatero.
Insistamos: la Guerra civil comenzó con el asesinato de uno de los más grandes tribunos que ha dado la historia de España, José Calvo Sotelo. Recuérdese quienes lo asesinaron y que órdenes seguían. Dígase todo lo que se quiera sobre ese asesinato siempre que tenga algún fundamento. Repítase sin miedo y hasta que les duela la cabeza a los agitadores y propagandistas de la Ley de Memoria Democrática: el inicio de la guerra fue el 13 de julio de 1936. Hagámoslo con plena libertad, sin miedo, entre otras razones, porque esa desastrosa ley de Memoria Democrática nadie nos la podrá aplicar a no ser que se la incumpla. La ley se refiere a partir del 18 de julio. Nada dicen ni se atreven a decir del 13 de julio. ¡Está claro!
Esta ley de Memoria Democrática, hecha para reprimir, como han demostrado juristas tan reputados como Tomás-Ramón Fernández, Andrés Betancor, Manuel Aragón Reyes y Roberto L. Blanco Valdés; no podrá aplicársele a quienes justifiquen que la Guerra Civil empezó el 13 de julio de 1936.
Ese bodrio de ley, incompatible con la libertad de expresión y la libertad de investigación histórica, es inaplicable a quienes disiente de la mentira que ella pretende imponer. Si nos atenemos a su artículo 1, nadie podrá ser perseguido por airear las 100 hipótesis sobre ese crimen de Estado del 13 de julio de 1936. Nadie podrá someterse a esa ley por decir que Calvo Sotelo fue asesinado por guardias de Asalto que seguían las órdenes de sus jefes socialistas.
Nadie podrá perseguirnos por mantener que los asesinos seguían el plan trazado por Bela Kun, el famoso comunista húngaro a las órdenes de Stalin, que se reunió en abril de 1936, en Madrid, con los principales dirigentes del Frente Popular. Indalecio Prieto, Vicente Uribe, Jesús Hernández y Carlos Esplá en representación de su jefe inmediato en la masonería, el presidente Santiago Casares Quiroga, fueron algunos de los asistentes a esa reunión con el representante de la Internacional de Moscú que inspiró el Frente Popular.
Háblese, pues, a tumba abierta sobre el crimen de Calvo Sotelo, porque nadie podrá someternos a la triste y represora ley de Memoria Democrática, que se aplica desde el 18 de julio de 1936 hasta la Constitución de 1978, aunque luego la han extendido, añadiendo otras disposiciones, hasta 1983 para contentar a los socios de Sánchez, especialmente a los exterroristas de ETA y a los separatistas catalanes.
¡Estos bárbaros legisladores han fallado en lo más elemental! Las fechas. El asunto clave no fue el 18 de julio de 1936 sino el 14 de abril de 1931, o mejor dicho, la madrugada del 13 de julio de 1936. Durante el franquismo y la Transición creímos que España podía superar el trauma de nuestra guerra civil con olvido, mucho olvido, que nos preparase para después recordarla con criterio histórico, inteligencia holgada y sensibilidad poética.
Esas dos tareas exigían que todos asumiésemos la tragedia de esta guerra, que fue, exactamente eso, una guerra civil, una horrorosa guerra entre hermanos. Era imprescindible, en mi opinión, el reconocimiento de la culpa colectiva. ¡Culpa colectiva! Sí. O eso o nos seguimos matando como animales feroces.
Sin embargo, la Guerra Civil, el suceso más trágico y cruel de la España contemporánea, ha sido reabierta en canal por Zapatero y Sánchez. Ha sido el eje ideológico básico del socialismo, el separatismo y el comunismo españoles para mantenerse en el poder desde el año 2004 hasta hoy. Zapatero y Sánchez han mimetizado lo peor de las primeras décadas el régimen franquista: se trataba de una continuación teórica de la Guerra Civil.
Los medios de propaganda del poder y todos sus aparatos ideológicos no han tenido otro objetivo que reabrir las heridas, enfrentar a los españoles, no tanto por la interpretación del triste y cruel acontecimiento cuanto por negar lo evidente: la culpa fue de todos. No se trata de diluir las culpas individuales en un magma colectivo, sino de reconocer lo evidente: una sociedad libre no puede construirse sobre el odio y el resentimiento.
Es menester olvidar de verdad para después volver con el corazón a lo que nos une. Mejor que peor, eso funcionó hasta la llegada de Zapatero. A partir de 2004 la obsesión de los dirigentes políticos del PSOE fue culpar a una parte de la sociedad española de la guerra. La culpa ya no era colectiva sino de "quienes se levantaron en armas contra una República feliz". Falso. La República fue un horror desde el 31 hasta el final, como ha demostrado la historiografía más seria y la propia visión crítica que muchos republicanos en el exilio hicieron del cruel suceso.
Solo hay un camino para superar esa catástrofe social e individual, ese huracán de maldad y sangre que fue la guerra civil, asumirlo como culpa colectiva. Quienes la nieguen, como hacen Zapatero y Sánchez, estarán reabriendo lo que ellos quisieron cerrar: la Causa General.
