Dentro de este ciclo del podcast de Pensar la Vendée, llegamos a un episodio particularmente dramático, triste y desconocido: la destrucción masónica del católico Reino de las Dos Sicilias. Porque hoy mismo, si pensamos en Italia, imaginamos un sur empobrecido, con la mafia, la camorra, la 'Ndrangheta, etc. Pensamos en El Padrino, pensamos en Gomorra, pensamos en todas las series sobre mafias que conocemos. Y pensamos en los pobres, los pobres del sur. Un sur agrícola, atrasado, que el norte intenta redimir sin mucho éxito y del que, de vez en cuando, se quiere desprender. Son los terroni, los apegados a la tierra, los más atrasados, los sin ilustrar, los analfabetos, los católicos… Pero la realidad histórica es exactamente la contraria.
Cuando en 1860 los masones del Reino de Piamonte-Cerdeña, el del rey Víctor Manuel II, masón, el de su primer ministro, el conde de Cavour, masón, con el aventurero Garibaldi, masón, y con el respaldo de Mazzini, la eminencia del Risorgimento, invaden el Reino católico de las Dos Sicilias (con el respaldo militar y político de Gran Bretaña) lo que intentan es destruirlo. Como en la Vendée, fueron a acabar con una región católica que no se sometía a la Ilustración, al hombre nuevo, a la Revolución.
Pero si la Vendée tenía entre ochocientos y novecientos mil habitantes y era una provincia de Francia, el Reino de las Dos Sicilias tenía nueve millones y era un Estado internacionalmente reconocido que nunca había tenido guerras con nadie. Nápoles era la tercera ciudad más poblada del mundo, tras Constantinopla y París. Las Dos Sicilias era el reino más rico, más ilustrado, más poderoso, más industrializado y más pacífico de todos los que había en Italia antes de la unificación. Un lugar próspero y vanguardista.
La resistencia: los Sanfedisti y el Brigantaggio

En esta zona surgen dos contrarrevoluciones, una entre los años 1799 y 1814 y otra entre 1860 y 1870. La primera se revela contra la invasión napoleónica capitaneada por Joaquín Murat, verdugo de los patriotas madrileños del 3 de mayo. Se llamaron los sanfedisti, el ejército de la Santa Fe, y fueron reclutados por el cardenal Fabrizio Ruffo. La bandera era la misma que la del Ejército Real y católico de la Vendée, blanca y con el escudo de los Borbones, en este caso, los Borbón-Dos Sicilias. A la segunda se la conoce como el Brigantaggio y aparece tras la unificación de Italia y la rendición en Gaeta de Francisco II, último rey de las Dos Sicilias, y que ahora está en proceso de canonización.
Los 'duosicilianos' fueron invadidos, masacrados, robados, saqueados en unos términos muy parecidos en crueldad a los del nordeste de Francia: aldeas quemadas y cañoneadas, campos de concentración, violaciones, niñas de diez años condenadas a veinte de cárcel por ser familiar de briganti. Y especial crueldad sufrieron las mujeres, ahí está el caso de la brigantessa Michela Di Cesare.
En 1863 se aprobó la Ley Pica, que declaró el estado de sitio en las provincias meridionales, permitiendo juicios sumarios por tribunales militares, ejecuciones sin proceso previo y el fusilamiento de colaboradores.

La guerra duró casi diez años y el Reino de las Dos Sicilias tuvo, según algunas fuentes, un millón de muertos. La población restante fue obligada a emigrar por varias generaciones. La unificación de Italia se edificó sobre una inmensa masacre. Deliberadamente el sur fue triturado y expoliado por el norte, por el norte masón, por el norte anticatólico.
Y como en la Vendée, al genocidio le acompaña hasta hoy el memoricidio. Las víctimas heroicas han sido desterradas de la memoria de los italianos. La realidad histórica fue borrada y para justificar la anexión se inventó una pobreza y una opresión de los Borbones y de la Iglesia que no habían existido nunca, al contrario. El endiosamiento de los invasores y los asesinos del norte se presentó, según el tradicional guión masónico, como un sacrificio ilustrado para liberar al sur de la miseria y la superstición.
España y el Reino de las Dos Sicilias
En el podcast recordamos la vinculación de este reino con España. En 2024 Felipe VI recibió su primer doctorado honoris causa en la Universidad Federico II de Nápoles y dijo una frase que es rigurosamente cierta: que no se puede entender España sin Nápoles y no se puede entender Nápoles sin España. El rey tiene en su despacho un retrato de Carlos III, que durante veinte años creó la doble corona de Nápoles y Sicilia. El vínculo con España se remonta al siglo XIII, porque Alfonso V de Aragón, el Magnánimo, que es el primero que consigue ser rey de todo el sur de Italia y crea allí una esplendorosa corte renacentista.
En esta nueva entrega del podcast Pensar la Vendée, como otras muchas veces y siempre por causas que lo merecen, Libertad Digital abre la espita de una parte desconocida de la historia. La leyenda negra antiespañola hoy es la leyenda negra contra el sur de Italia.

