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Así resistió el ejercito católico del rey Francisco II al masón Garibaldi

En la Fortaleza de Gaeta murieron tres mil personas. Allí el rey Francisco II y su esposa resistieron de forma heroica a la ocupación anticatólica.

La caída de los territorios del sur de la península italiana a las directrices de Francia se vio propiciada por la masonería de este país. En Turín, la capital del Reino de Piamonte-Cerdeña, la logia carecía de autonomía propia hasta que el primer ministro Camillo Benso, conde de Cavour, decidió crear un Gran Oriente de Italia para sus planes políticos. Cavour situó al revolucionario Giuseppe Garibaldi como su gran maestro con el Grado 33. Esta organización profundamente anticatólica se propuso minar la influencia de la Iglesia mediante sociedades satélites como la carbonería, que camuflaban su doctrina bajo un falso barniz evangélico.

La traición de Víctor Manuel II a su primo Francisco II

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conde de Cavour

La sucesión en el trono de las Dos Sicilias tras la muerte de Fernando II propició la llegada del joven Francisco II, un monarca noble y caballeroso pero sumamente ingenuo y carente de malicia política, un 'pardillo'. A pesar de los constantes informes de sus servicios de inteligencia que advertían de una invasión inminente de los norteños, apoyada por el Reino piamontés, el rey prefirió otorgar credibilidad a su primo Víctor Manuel II, que negaba cualquier respaldo a los atacantes. La falta de determinación de Francisco II y evitar un conflicto armado con Inglaterra permitió el avance de Giuseppe Garibaldi.

El desembarco del masón se produjo en el puerto de Marsala, en la costa occidental de Sicilia, el 11 de mayo de 1860. Este enclave operaba como una base comercial y militar británica. Una vez en tierra, la red de sobornos que Cavour había tejido entre los altos mandos del Ejército de las Dos Sicilias hizo el resto. La indignación de la tropa fiel al rey ante la flagrante traición de sus oficiales, a quienes llegaron a fusilar en algunos cuarteles por impedirles presentar batalla, facilitó el avance de Garibaldi hacia el corazón del Reino de las Dos Sicilias.

Para consumar la entrada en Nápoles Cavour recurrió a la intervención de la Camorra. Garibaldi pactó con la organización criminal el control de las prisiones y la seguridad de las calles a cambio de impunidad, desactivando cualquier conato de alzamiento entre las clases populares. Entretanto, las tropas regulares de Piamonte al mando del general Enrico Cialdini penetraron en el territorio sin mediar declaración formal de guerra, superando la desorganizada defensa de un Ejército borbónico mermado por las deserciones y la propaganda carbonaria.

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La reina María Sofía en Gaeta

La última página de la soberanía napolitana se escribió en el heroico asedio de la Fortaleza de Gaeta, donde Francisco II y la reina María Sofía resistieron con gran dignidad para evitar el bombardeo de Nápoles. Durante más de cien días, la fortaleza fue sometida a un despiadado cañoneo por las baterías de Cialdini, que prosiguieron la agresión incluso en plena negociación para la capitulación, causando millares de víctimas entre militares y civiles.

La partida del monarca hacia el exilio papal, despedido con honores por sus leales soldados y el llanto del vecindario, marcó el inicio de una devastadora guerra de guerrillas campesina que la historiografía oficial catalogaría de forma despectiva como brigantaggio. Otro capítulo de la leyenda negra anticatólica.

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