En un exhaustivo repaso cronológico que abarca desde mediados del siglo XVIII hasta 1860, se demuestra cómo el Reino de las Dos Sicilias y, especialmente, la ciudad de Nápoles, lideraban a nivel europeo y mundial en ámbitos cruciales como la ciencia, la medicina, la tecnología y el bienestar social.
En el campo de la salud pública, el sur italiano se situó a la vanguardia de la época. Se destacan hitos extraordinarios como la creación del primer colegio chino de Europa en 1732, el inicio de los estudios de epidemiología en 1764 y la fundación de la primera oficina de vacunación del mundo en 1802. Además, en 1833 el reino contaba con la mayor tasa de vacunados contra la viruela y la mayor esperanza de vida de todo el continente. Un nombre propio sobresale en este ámbito: el científico Raffaele Piria, quien en 1838 descubrió el ácido acetilsalicílico, principio activo de la futura aspirina. Asimismo, para 1860, la región registraba la mortalidad infantil más baja y el mayor número de médicos por habitante de toda la península itálica.
Pioneros en innovación tecnológica
El territorio albergó la primera gran fábrica metalúrgica de Italia, el primer ascensor, la primera lavadora a motor y el primer telégrafo eléctrico del país.
En el sector marítimo, el sur vio nacer el primer código de navegación del mundo, el primer barco de vapor del Mediterráneo —el Ferdinando I— y el primer buque de crucero. Los astilleros de Castellammare constituían la mayor industria naval de la península por número de obreros, mientras que la línea Nápoles-Portici fue el primer ferrocarril italiano. Esta pujanza tecnológica llamó tanto la atención internacional que el propio zar del Imperio Ruso visitó las instalaciones de Pietrarsa para tomarlas como modelo de desarrollo.
Una gestión eficiente
El Estado contaba con el primer tribunal de comercio, el primer sistema de pensiones para jubilados e inválidos y la menor presión fiscal de Europa, lo que atraía la inmigración en lugar de provocar el exilio de sus habitantes. Además, las Dos Sicilias poseían la mayor cantidad de moneda de oro circulante y las mayores reservas financieras de toda Italia, muy por encima de los estados del norte o de los Estados Pontificios.
Finalmente, el plano cultural y del bienestar social evidenciaba una sociedad altamente desarrollada. Nápoles contaba con el mayor número de teatros, la primera escuela de baile y servicios públicos sumamente avanzados para la época, como la recogida de basuras regulada por ordenanza, la asistencia sanitaria gratuita en San Leucio y una red de orfanatos y colegios de asistencia. Por todo ello, el ponente concluye de manera tajante que la narrativa oficial que justifica la invasión del norte como una misión civilizadora es una falacia. La unificación italiana, lejos de ser una redención masónica o ilustrada, consistió en un sistemático saqueo y destrucción de una de las regiones más ricas y avanzadas de la Europa del siglo XIX.
