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Breve historia del esperpento: de las pinturas de Goya al baile de Carmona

"El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada", decía Valle.

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"Esperpento", según la primera acepción del DRAE, significa "hecho grotesco o desatinado". Su origen es desconocido y, según el filólogo Joan Corominas autor del Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico-, nadie ha investigado su étimo. El vocablo aliña, cada día, la conversación en el bar, la página del periódico, el ruido de la calle:

–Buenos días, Raúl. Un cortado, por favor.

–Aquí tiene, comandante. ¿Conoce el último escándalo del PP?

–Uf, un esperpento.

–¿Y ha visto al de Podemos cantando en el mitin? Caray, cómo desafina.

Qué le voy a contar. Esperpéntico.

Rafael Alberti, en su poema dedicado a Goya, fabrica un derivado: "Y la Borbón esperpenticia / con su Borbón esperpenticio". Ahí están los retratos de Carlos IV y de la reina María Luisa. Ahí están las pinturas negras. El pintor zaragozano cosificó, animalizó, exageró en sus obras. La génesis del esperpento es pictórica; su conceptualización, literaria. Si bien el término ya se utilizaba a finales del siglo XIX para referirse a un "desatino literario", es Ramón María del Valle-Inclán quien, en Luces de bohemia, acuña su definición más completa, viva y personal:

MAX: Los ultraístas son unos farsantes. El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato.

DON LATINO: ¡Estás completamente curda!

MAX: Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.

DON LATINO: ¡Miau! ¡Te estás contagiando!

MAX: España es una deformación grotesca de la civilización europea.

En su edición de 1970, el DRAE oficializa la definición del término: "Género literario creado por Ramón del Valle-Inclán, escritor español de la generación del 98, en el que se deforma la realidad, recargando sus rasgos grotescos, sometiendo a una elaboración muy personal el lenguaje coloquial y desgarrado".

Valle destila esperpento a medida que se aleja o, mejor aún, deforma los cánones modernistas. En Las palabras de la tribu, Francisco Umbral escribe: "Valle tremendiza a Rubén -Darío-, principia a hacer la estética del horror. (…) Todo el Valle mejor parece escrito, sí, con la mano zurda que le falta, y esto es lo que da deformación a su obra, como él quería, más que los espejos del callejón del Gato". Así, si bien el escritor gallego sólo catalogó como "esperpentos" cuatro obras -Luces de bohemia, Los cuernos de don Friolera, Las galas del difunto y La hija del capitán, estas tres últimas integradas en Martes de Carnaval-, la esencia del género la encontramos, de un modo más que menos claro, en Divinas palabras, quizá su comedia más goyesca, con su idiota hidrocéfalo, sus gritos y su latín venciendo a la mujer desnuda, así como en las novelas que integran el -ay- inconcluso El Ruedo Ibérico.

El filólogo José Antonio Soto Cruz nos dice que, con el esperpento, Valle trata "de despojar a los personajes de un gesto sublime, y de llevarlos -mediante la degradación hiperbolizada de sus rasgos, de sus vicios y de sus defectos- hacia un destino trágico". Fernando Sánchez Dragó explica que "lo que viene a hacer el autor en ese género, que viene de Petronio, de Quevedo y de Torres Villarroel, es retorcer el pescuezo a las personas y a sus actos, quebrarles la columna vertebral y convertirlos en un pingajo por cuyas costuras asoman los entresijos". Es "un subrayado violento de lo que no se ve, para que se vea" (Umbral), pero con la "perspectiva de la otra ribera", como se define en el diálogo entre don Estrafalario y don Manolito en Los cuernos de don Friolera. La estética, la metáfora, la ofrecen los espejos del callejón del Gato; el concepto, Goya, y la fotografía, la crítica, la bofetada política y social, personajes ficticios como sor Patrocinio -religiosa-, Don Friolera -militar- o Juanito Ventolera -excombatiente de la Guerra de Cuba-, y personajes reales como en -importante el pronombre posesivo- su Isabel II o su general Prim.

El paradigma fundacional

La génesis oficial del género la encontramos en Luces de bohemia. La acción transcurre en un Madrid "absurdo, brillante y hambriento", adjetivos que conforman una tríada expresionista, caótica y coherente: la ciudad es absurda -Valle utiliza "absurdo" en el sentido que hoy empleamos con "surrealista" o "kafkiano"- por su repentina modernización, su tráfico, sus manifestaciones, sus edificios demasiado altos; brillante por sus monumentos, sus teatros, sus avenidas alumbradas, su intelectualidad, y hambrienta porque existe el lumpen, el extrarradio miserable, los otros.

A través de una narración cuasi cinematográfica, Valle marca una ruta de Madrid a través de sus calles, sus tascas o sus cárceles. Con sus gentes, su lenguaje y sus costumbres. En Luces de bohemia sólo se salvan de la esperpentización Rubén Darío -que aparece como personaje-, el Marqués de Bradomín y el preso anarquista catalán. El tópico señala que su protagonista, Max Estrella, está inspirado en el poeta ciego Alejandro Sawa. Sin embargo, al leer la obra, la sensación es la de que Valle se refugia en el personaje para disparar -metafóricamente, digo- contra todo Dios: políticos como Maura, la policía, los "demagogos de la extrema izquierda" y "los puritanos de conducta", la religión -"España, en su concepción religiosa, es una tribu del Centro de África"-, la costumbre, los académicos, Ibsen -"aburrido"- o Galdós -"Don Benito el Garbancero". El grupo de modernistas está compuesto por jóvenes pedantes, altaneros en el discurso pero cobardes a la hora de actuar. El ministro barrigón es un corrupto que le pone una paga a Max tomada "de los fondos de Policía" por ser un viejo amigo. Alfonso XIII "tiene la vileza madrileña y borbónica". Y el periodista se limita a ser "el plumífero parlamentario".

No sé ahora pero, hace unos años, los profesores de Bachiller encargaban a sus alumnos la lectura de la obra para prepararse la selectividad. Es evidente que Luces de bohemia se entiende -y se paladea- mucho mejor cuando uno supera la adolescencia, o como se diga eso.

Los herederos

¿Quiénes son los herederos literarios de Valle? El columnista Juan Soto Ivars nos cuenta que "tenemos escritores que usan la deformación sistemática de los héroes clásicos en sus libros, como Manuel Vilas o Pérez Andújar, y a autores que se convierten en personajes clásicos deformados, devorados por sus personajes públicos, como Pérez Reverte o el difunto Umbral".

Sánchez Dragó señala a "Agustín de Foxá -más hijo que nieto, apunta-, el Gabo de El otoño del patriarca, Nieva, Arrabal, Umbral, Montero Glez, yo...". José Antonio Soto también se refiere a Montero Glez: "Sobre todo Manteca colorá y Pólvora negra, por la animalización de los personajes, el lenguaje popular, los coloquialismos, la jerga gitana, los bares de la peor reputación, los traficantes, los asesinos, las prostitutas, los corruptos, todo el lumpen denigrado, sucio y feo viene de la herencia valleinclanesca, que Montero absorbe con maestría y plasma admirablemente en su obra".

Por su parte, Albert Boadella nos dice que Valle "no tiene ni hijos ni nietos en su estilo", porque "empieza y termina con su obra". "Valle no se inventa una forma que pueda crear seguidores, sino que absorbe distintas modalidades del pasado que él mezcla de una manera muy propia. Es una óptica de las personas y la vida absolutamente intransferible", añade el fundador de Els Joglars.

Por último, el columnista Jesús Nieto Jurado -cuya tronera en El Mundo se llama Pica Lagartos, como el bar de Luces…- señala que los herederos de Valle son "los que prestigian el idioma y no se casan con nadie. Esto se ve más en los periódicos que en otro sitio. La realidad nos hace a los columnistas o unos Valles o unos tragaespadas".

El esperpento de lo cotidiano

Al comienzo del artículo señalábamos la cotidianidad del esperpento, pan mohoso nuestro de cada día, divertido en unas ocasiones, indigesto e indignante en otras. Para terminar, formulamos la siguiente pregunta a quienes hemos consultado para escribir este texto: ¿cómo aplicaría el concepto de esperpento a la situación política/social del momento?

Responden:

  • Fernando Sánchez Dragó: "Basta con contar lo que sucede. No se necesitan espejos deformantes. Nuestra realidad es, en sí misma, esperpéntica. Las idioteces que hacen los candidatos en las campañas electorales son esperpénticas en estado puro. El gran guiñol nacional. O sea: El Ruedo Ibérico, en el que sólo cortan orejas y arramblan con la taquilla los enanitos toreros".

  • José Antonio Soto: "España, el país donde se inventó la picaresca –no lo olvidemos–, es en la actualidad un esperpento en sí misma. Los ciudadanos españoles resultamos ser unos fantoches ridículos, los muñecos manejados por un poder político que nos ve desde arriba y que nos conduce sin escrúpulos hacia un final trágico, hacia una tragedia inevitable".

  • Juan Soto Ivars: "No es necesario que aplique yo el esperpento, porque la situación política actual, como la de los tiempos de Valle Inclán, viene deformada de serie. En mis columnas intento sacarle todo el partido posible a esa deformación, pero reconozco que tengo que hacer muy poca cosa. Cuando -Antonio Miguel- Carmona canta una canción en el programa de María Teresa Campos pienso que está intentando quitarnos el trabajo a los deformadores de la actualidad".

  • Albert Boadella: "La situación actual no es ni menos ni más demente que hace treinta años o cien años. Lo que sucede es que los aspectos más íntimos de las personas y de la propia sociedad son ahora públicos. El ser humano lleva muchos milenios sin variaciones apreciables en sus comportamientos esenciales. Lo cual nos lleva a deducir que las situaciones más inimaginables se han venido produciendo siempre a lo largo de la historia. La única diferencia sustancial es que hoy todo se hace público y se exhibe ante la masa".

A ver qué esperpentos nos ofrece el periódico de hoy.

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