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Crueldad, pecado y poesía en las raíces de 'La Mandrágora'

Entrevista con Luis Alberto de Cuenca a propósito de la primera traducción del cuento "irrepetible" de 'La Mandrágora' de Jean Lorrain.

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Crueldad, pecado y poesía en las raíces de 'La Mandrágora'
Grabado del libro | Editorial Reino de Cordelia

Jean Lorrain es agudo, con una intuición para el arte, el dolor, el horror y el humor únicos. Preciso, fino, mordaz. Su prosa te mancha la piel con la misma viscosidad y suavidad que una rana que pasearas cogida del anca por las calle.

La editorial Reino de Cordelia ha publicado por primera vez en español el cuento o novela corta La Mandrágora del escritor francés Paul Alexandre Martin Duval (1855- 1906) que siempre firmó bajo el pseudónimo de Jean Lorrain. La traducción de esta joya literaria ha caído en manos de Luis Alberto de Cuenta y Alicia Mariño. Los escritores y poetas encontraron en una librería de viejo la rareza y en Madrid se pusieron a trabajar en ella. Es magistral. "Teníamos mucho miedo porque siempre que se traduce algo, hay alguien haciéndolo a la vez". Esta vez no. Quizá haya sido por "la dificultad de encontrar el original, no es una de esas obras que están en las librerías de toda Francia ni se consigue en bolsillo".

Interior del libro

Tras reponernos de la primera y de la segunda lectura, compartimos impresiones con el poeta. "Lo que hace verdaderamente irrepetible el cuento de La Mandrágora es sobre todo su originalidad, porque no te esperas lo que puede ocurrir. Empieza como un cuento infantil de carácter folklórico y acaba como un cuento cruel, en la apoteosis de esa crueldad muy típica de finales del siglo XIX".

El argumento delirante y "pre-surrealista", puntualiza Luis Alberto: una hermosa reina, casada con un apuesto rey, padres de un príncipe de ensueño, pero malo como la quina, pare una rana. ¡Horror! La fealdad sale al exterior. Perrault asoma la patita.

El flotador de salvación para el lector es el humor, "en la época todo se hace con ironía, dulcifica las cosas más brutales". Sí pero al final, estamos de acuerdo, nadie nos libra de un "desenlace feroz" elevado a la enésima potencia poética. El pecado nos persigue hasta el infierno más gélido.

Grabado de la edición princeps de 1899

Lorrain en La Mandrágora, "pone en tela de juicio todos los valores recibidos de la cultura convencional y tradicional europea". Para hacer más realista el cuento aparecen crucifixiones y herejes a los que combatir. Y violaciones. "No hay dioses que nos protejan", dice de Cuenca, "en ese sentido Lorrain es un moderno".

Moderno sin duda para su época. Confesó su homosexualidad y se vengó de la sociedad en unas aceradas columnas de prensa. Todos le temían. Un animal de sociedad, como Oscar Wilde pero de mirada más oscura y corrupta, dispuesto a abrir con su pluma "perversa y demoniaca el otro lado de la moral". Según la escritora, profesora y especialista en literatura fantástica, Alicia Mariño, fue el periodista mejor pagado de París. Reconoce Luis Alberto que le "divierte" el personaje pero sospecha "que sería insoportable".

Jean, el bebedor de éter

También había que compararlo con Thomas De Quincey. "Claro", responde Luis Alberto, "dos personajes que me fascinan. Yo creo que a quien le guste Lorrain le gusta De Quincey". Uno bebedor de éter y el otro opiómano. "Hay menos autenticidad en la adicción del autor de Monsieur de Phocas, hay más pose de época", porque en su experiencia con las drogas "no había una apuesta personal, como en De Quincey, de escudriñarse a sí mismo".

¿Y los rastros literarios de la adición que le costó la vida? "En La Mandrágora hay huella de alguien que tiene unas experiencias más allá de las habituales producidas por sustancias como el éter, alucinógenas o psicotrópicas. Delirio".

Jean Lorrain escribió de todo. También teatro para la actriz Sarah Bernard. El poeta me informa de que hizo una versión teatral de La Mandrágora. "Sus valores teatrales y dramáticos son muy interesantes".

En la traducción Alicia Mariño y Luis Alberto de Cuenca han conservado el aire arcaico y "barroquizante" del francés utilizado por este escritor simbolista. Es delicioso y encantador recorrer degustar algunas de las palabras rescatadas de nuestro idioma por los traductores.

La Mandrágora es pesadilla, premonición, brujería, sacrificio, violencia, naturaleza, y justicia divina.

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