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Nacho Carretero: "Sin tanta ostentación, los narcos hubieran controlado Galicia sin problema"

El periodista ha publicado Fariña (Libros del KO, 2015), un tesauro detallado, documentado e indiscreto sobre la Historia del narcotráfico en Galicia.

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Portada de \'Fariña\', de Nacho Carretero | Libros del KO

El periodista Nacho Carretero ha publicado Fariña (Libros del KO, 2015), un tesauro detallado, documentado e indiscreto sobre la Historia del narcotráfico en Galicia. Si bien el autor arranca su discurso remontándose a los temidos requeiros, al Couto Mixto y, en definitiva, a los orígenes sociológicos de la cosa, el libro se conjuga en pretérito perfecto y en presente de indicativo, presentando no ya a los grandes capos de los 80-90 ("Sito Miñanco", Marcial Dorado, Laureano Oubiña…) como últimos géneros de una especie, sino a los que aún operan, destrozan familias, protagonizan juicios y persecuciones. Conversamos con él en una terraza del Callejón del Gato, donde los espejos de Valle, como recordando que la historia del narcotráfico gallego no está libre de esperpentos.

P: ¿Cómo se liberó de un "sueño periodístico enquistado"?

R: Consiguiendo que alguien te dé la oportunidad, en este caso, Libros del KO. Era algo que siempre estaba ahí, al menos, en la mente de muchos cronistas gallegos. Un fenómeno tan singular, tan bestial, como es el narcotráfico y el contrabando en Galicia. Como está el periodismo, es difícil decir: ¿dónde hago una serie de reportajes, un libro o un documental? Libros del KO apuesta no por nombres, sino por trabajo, confiaron y, de momento, la cosa va bien. No sé si se arrepentirán luego (risas).

P: En una parte del libro, cita al personaje que interpreta Paco Rabal en Airbag: "La ciudad es mía". ¿Fue Galicia propiedad de los narcos?

R: Propiedad de los narcos, como hay zonas en Italia que han estado bajo el control de la mafia, como un contraestado, no. Pero estuvo muy cerca. Antes de la Operación Nécora estuvo a punto de formarse un contraestado, o un poder paralelo al Estado controlado por los capos del narcotráfico. El Estado no llegaba como debía a ciertas zonas de Galicia, y llegaron a infiltrarse en las instituciones. Tuvieron mucho poder a nivel de autoridades, poderes judiciales, ejecutivos… Llegaron a tener el beneplácito de buena parte de la sociedad.

Nacho Carretero | LD/D.A.

P: ¿Qué faltó para que Galicia fuera como Sicilia?

R: Primero faltó que fueran más listos los narcos gallegos. Se dedicaron a hacer una ostentación y un alarde de su poder que fue, precisamente, su perdición. Si hubieran sido más discretos, más inteligentes y, sobre todo, si se hubieran organizado más entre ellos, hubieran conseguido una red mafiosa que controlase Galicia sin problema ninguno. De hecho, hubo un personaje que se llamaba Pablo Vioque que, además de narco, era abogado y presidente de la Cámara de Comercio de Vilagarcía. También estuvo en el círculo de AP. Este tío llegó a estar en las instituciones, y la Cámara de Comercio de Vilagarcía se convirtió en un centro operacional del narcotráfico. Les faltó un último paso, organizarse un poquito. También les sorprendió Garzón, que se arremangó y se puso al tema.

P: ¿Por qué, si bien no tanto los narcos, los contrabandistas gozaron no ya sólo de permisividad, sino de admiración de parte de la sociedad civil?

R: El contrabando no brota y la gente dice "vamos a tolerarlo". Hay un proceso lento, alargado en el tiempo, y tolerado. Empieza con un contrabando fronterizo con Portugal, de necesidad: alimentos, medicinas, elementos de primera necesidad… Ese contrabando es beneficioso para la sociedad y, quien lo lleva a cabo, está bien visto. Eso evoluciona y se convierte en un contrabando de lo rentable, y lo más rentable es el tabaco. Cuando estos mayoristas se centran en el tabaco, heredan la tolerancia que tenían los contrabandistas y, además, se conforman en figuras que dan trabajo, trabajo a los jóvenes, y generan riqueza en zonas muy abandonadas por el Estado. El razonamiento es: el Estado no llega, estos señores meten dinero, ¿por qué les vamos a criticar? Cuando llega el narcotráfico, hay tal cultura de respeto a estas figuras, que ya si es droga o tabaco no importa tanto. Ellos siguen dando dinero. Eso cambia cuando una generación de chavales empieza a caer por las cunetas.

P: ¿Cómo de estrecha es la vinculación políticos-contrabandistas-narcos?

R: En la época del contrabando de tabaco, en los 70-80, no es que fuera estrecha, es que estaban mezclados. Había alcaldes de localidades importantes, como Ribadumia o A Guarda, que eran contrabandistas. El capo de todos los capos del tabaco, Vicente Otero, "Terito", tenía la insignia de oro y brillantes de Alianza Popular. Había contrabandistas que eran miembros de AP. Ojo, porque AP era quien ganaba: ellos no tenían ideología política más allá del poder. Fraga era amigo personal e íntimo de "Terito" y fue a su funeral. Con el narcotráfico se dio un paso atrás, pero sigue habiendo vinculaciones. Un juez me dice en el libro, textualmente, que no ha habido un sólo partido gallego que no haya sido financiado por el narcotráfico. ¿Hoy en día? No. Los políticos están claramente al otro lado de la línea.

P: Si yo le digo Fraga…

R: La posición de Fraga admite debate. Por un lado, Carmen Avendaño dice en el libro que ni Fraga ni ningún alto cargo era consciente de verdad del daño que estaba haciendo el narcotráfico. Muchísima gente en Galicia cree que sí, que lo sabían, pero no hacían nada. Si tengo que mojarme, hombre… Cuesta creer que no supieran lo que estaba pasado. Era vox populi. De hecho, hubo políticos que no bailaron el agua. El propio Mariano Rajoy fue alguien que siempre alzó la voz contra el narcotráfico y el contrabando, y lo apartaron. Cuando hubo la primera operación seria contra el contrabando, el macrosumario 11/84, que acabó en nada, pero fue una gran redada, bueno, pues el juez que lo llevó a cabo, y el gobernador de Pontevedra que lo respaldó, uno acabó en Albacete y el otro en Santander. Hay cosas que huelen mal. Los hechos te llevan a concluir que la política estaba en connivencia con el contrabando.

P: ¿Cuándo se empieza a combatir el cáncer?

R: Empieza con la Operación Nécora. Sirve para poner sobre la mesa, sobre todo, para el resto de España, lo que ocurre en Galicia. La Operación Nécora pone nombre y apellidos a los capos gallegos. En Galicia eran conocidos, pero no en el resto de España. El Telediario de TVE abre con eso a las tres, y, de repente, la gente piensa: "coño, ¿qué está pasando en esa esquina? Es más importante de lo que parecía". La reacción del Estado viene porque la sociedad gallega se rebela, sobre todo, encabezada por las madres. Miles de jóvenes tienen problemas de drogadicción y empiezan a morir. Se conoce como la ‘Generación Perdida’. Las madres reaccionan, se rebelan contra los narcos… Lo que hoy llamamos "escraches" lo empiezan ellas con los narcos. Mucha gente se piensa que el narcotráfico acabó con la Operación Nécora. No. Fue un primer paso, pero el narcotráfico en Galicia siguió y sigue.

P: Si no llega a ser por jueces como Garzón y Vázquez Taín…

R: A Garzón se le debe ser el primer representante del Estado que hace algo contra el narcotráfico o, al menos, lo intenta. La Operación Nécora sale mal, salen todos absueltos, pero es una reacción del Estado. ¡Por fin! Y a Vázquez Taín se le debe ser el mejor juez contra el narcotráfico. Es un tío que moderniza la lucha contra el narco, va contra todos los flancos, y desbarata, en tres años, hasta 19 grandes operaciones. Vázquez Taín estima que, entre 2001 y 2003, en Galicia entraron 150.000 kilos de cocaína. El 95% de la cocaína que entró en Europa. Los efectos de Taín, de su azote, duran hasta hoy. Cabe preguntarse por qué, en el año 2003, es apartado del caso.

P: ¿Qué papel jugó/juega el periodismo?

R: El periodismo gallego siempre ha estado a la altura. Algunos periodistas se han jugado la vida. Han recibido amenazas constantes, y a sus familias. Se han encontrado balas en el buzón, fotos de sus hijos, coronas de flores… Algunos han recibido palizas. Lo que es el redactor de a pie, es irreprochable. Siempre ha estado ahí. Sí se puede criticar el actual abandono al fenómeno que se experimenta y que hace percibir que el narcotráfico ya ha pasado, cuando no es así. Sigue habiendo narcocultura y descargas.

P: Dice que "no se debe olvidar lo que todavía no se ha terminado".

R: Es que no se ha terminado. Mucha gente cree que el narcotráfico es pasado, que el libro retrata lo que ocurrió hace veinte años, pero no. En Galicia sigue habiendo clanes. Este año detuvieron a "O Mulo", un capo muy importante que traía cocaína, directamente, de paramilitares colombianos. Este año también desmantelaron el clan de Los Pasteleros. Está pendiente de juicio aún y, el primer juicio, salieron absueltos, porque el testigo clave desapareció el día anterior. Son los hechos. Y existen un montón de negocios: hostelería, gasolineras, empresas náuticas… que vienen del dinero del narcotráfico. Como dice una madre de un chico que se suicidó por los problemas con la droga: antes se miraba para otro lado con el narcotráfico; ahora, con el dinero del narcotráfico. Te das una vuelta por Vilanova o Vilagarcía, charlar un rato con la gente, y te das cuenta de cómo está presente el narcotráfico.

P: Muchos de los testimonios recopilados prefieren refugiarse en el anonimato. ¿Aún hay miedo a posibles represalias?

R: Nunca los narcos han ido contra el Estado, al menos, directamente o más allá de cosas puntuales. Por ejemplo, Pablo Vioque planeó asesinar a Javier Zaragoza desde la cárcel, y no lo consiguió. O alguna amenaza a jueces…, pero nunca, directamente, han ido a por el Estado. Tampoco a por los periodistas, sobre todo, en los últimos tiempos. El anonimato se debe a, primero, si viene de las autoridades, a que no quiere que su nombre figure porque no quiere que se revelen datos; cuando viene por vecinos, tiene que ver con la narcocultura, entre el miedo, el "no quiero saber nada" y el "no es asunto mío". Los que alzan la voz, con nombre y apellido, son los que siempre lo han hecho. El vecino de a pie no quiere figurar.

Nacho Carretero durante la entrevista | LD/D.A.

P: Todos los personajes que aparecen en Fariña terminan en la cárcel o en la cuneta.

R: Los que acaban en una cuneta o en la cárcel son los que conocemos; aparecen en el libro porque les salió mal. ¿Pero qué hay de los que triunfaron? Los que hicieron una, dos o tres descargas y, sin mancharse las manos, invirtieron ese dinero y se forraron. Grandes empresarios gallegos que han probado suerte y les ha salido bien, o gente a la que no le ha podido la ambición. Dos o tres descargas suponen millones de euros. Inviertes en empresas, y solucionas la vida de tus hijos y de tus nietos.

P: Durante la lectura de Fariña, recordé que Sabina dijo -en más de una ocasión- que todas las drogas debieran ser legales. ¿Qué le parece tal afirmación?

R: No tengo una opinión muy formada sobre los beneficios de la legalidad o no de la droga. Sí tengo más claro que hay un pelín de falacia en eso de "ya decido yo, es asunto mío". Cuando una persona decide consumir cocaína, yo no lo juzgo desde un punto de vista ético, pero si analizas de dónde sale esta cocaína, hasta dónde llega, lo que ha pasado por el medio, a cuánta gente ha hecho daño y, sobre todo, las consecuencias para miles de personas que tiene que este flujo de cocaína exista… Me planteo muchas cosas. Desde dónde se cultiva y en qué condiciones trabaja la gente que la cultiva, pasando por las mafias que la sacan ahí…, los países intermedios viven en guerras civiles de facto, porque hay pandillas que tienen de rodillas al estado… Es toda una cadena. Ahí está la frontera de EEUU y los carteles mexicanos… Todo eso, por unos polvitos que salen de una planta. Vale, tú decides, pero hay mucha gente detrás. Si no consumes, rompes esa cadena y miles de personas dejan de morir o de malvivir.

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