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Pérez-Reverte: "Los políticos han sustituido a los historiadores, y eso es gravísimo"

El escritor presentó este viernes La Guerra Civil contada a los jóvenes (Alfaguara, 2015), con dibujos del ilustrador Fernando Vicente.

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El escritor presentó este viernes La Guerra Civil contada a los jóvenes (Alfaguara, 2015), con dibujos del ilustrador Fernando Vicente.
Pérez-Reverte, este viernes | EFE

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) ha escrito La Guerra Civil contada a los jóvenes (Alfaguara, 2015) para gente como los hijos de Fernando Vicente (Madrid, 1963) –el ilustrador de la obra-, críos de once, doce, trece años a los que, yendo más allá del palo-selfie y de la red social, cuando se les habla de la batalla de las Termópilas, de la Antigua Roma o de Lepanto, muestran curiosidad, interés, ganas de culturizarse.

Porque, en los colegios españoles, la Guerra Civil pasa como de puntillas, sin ánimo de molestar, evitando la posterior visita del padre al profesor. Dice Pérez-Reverte que, ante este desconocimiento, no cree que haya "intencionalidad" alguna por parte de las instituciones educativas: "Es dejadez, desidia". Le pregunta LD si cree que los políticos han sustituido a los historiadores a la hora de divulgar el relato del fratricidio: "Ese es el núcleo del problema. Los historiadores, gente con bagaje, magníficamente preparada, han sido suplantados por políticos incultos. Esa sustitución está haciendo estragos muy graves". "El político utiliza el pasado que desconoce para manejar el presente", añade.

La Guerra Civil contada a los jóvenes es un libro pobre en adjetivos que va a lo básico, "a los puntos comunes", "una introducción, un prólogo a los libros de Historia que están ahí". El escritor cuenta que su "generación conoció la Guerra Civil a través de testigos" –que si, por ejemplo, un tío republicano, que si una abuela falangista, etcétera-, pero, ahora, "los testimonios son de segunda mano. Y ahí es fácil entrar a manipular, y eso es peligroso".

Pérez-Reverte recuerda su infancia en los Maristas, con ese libro de Edelvives en el que se hablaba de la Cruzada y se recogían versos de Pemán. "Por sentido común, eso se apartó. Teníamos testigos, nos vacunaron contra el odio. Luego vino la Transición y se dijo: 'Vamos a olvidar'. El problema viene cuando se olvidan las lecciones". "Que los jóvenes no sepan –continúa- es muy peligroso. Su única defensa es la Educación, en el sentido noble de la palabra. La Educación debe crear ciudadanos críticos y lúcidos. De nada vale una urna si el votante es analfabeto. (…) La Educación se ha convertido en una papilla sin sabor, desnatada, pasteurizada, donde no hay que disgustar al mediocre. No hay sal ni pimienta".

El autor se refiere a "los extremos (que) necesitan demonizar al adversario, negándole hasta la respiración", a los clichés –"o bien todos son falangistas repeinados y perversos, u hordas rojas republicanas sin Dios, ni patria ni ley"-, a su propia experiencia periodística. "He hecho muchas guerras civiles, y ahí, lo que hay, es condición humana. En las guerras de verdad puede haber ideas buenas, por ejemplo, los nazis contra los aliados, pero, en la vida personal, el ser humano es siempre igual".

Además, Pérez-Reverte reivindicó la figura de Manuel Chaves Nogales: "Su sombra planeó sobre mí a la hora de hacer esta obra. Es el lúcido que está en medio de los dos bandos, y que es detestado por los dos bandos. Imaginé cómo Chaves Nogales le hubiera contado la Guerra Civil a sus hijos".

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