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Así late el franquismo en nuestra democracia

De aquellos polvos, estos lodos. El historiador inglés Tom Burns en último libro abre la herencia recibida por todos los españoles.

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La sombra del franquismo es alargada como la del ciprés que bordea el cementerio. Así empieza el libro de Tom Burns, De la fruta madura a la manzana podrida:

Todo se transformó en España durante los casi cuarenta años que duró el franquismo salvo el sistema político. (...) Pero el poder lo controló siempre la misma persona y lo administró su partido único. (...) La España de la Hoja del lunes pasó a tener la oferta plural de la información digital, pero la gobernanza de su ciudadanía siguió en manos de un estamento político sellado, compacto y endogámico.

El nuevo libro del periodista, escritor e historiador de origen inglés entra en el laberinto de los comportamientos políticos de nuestra sociedad en los últimos cuarenta años, origen los males institucionales actuales. No es todo democracia lo que reluce.

"Las tipologías del sistema dictatorial fenecido fueron heredadas por el democrático que le sustituyó".

Concluye un maduro y apaisado Burns gracias a sus "vivencias esclarecedoras". Fue corresponsal de la agencia Reuters en Madrid desde el año 1974. El periodismo aporta a la historia un ensayo que nos pone a comer, a la fuerza, una manzana pestilente.

"Al igual que el franquismo, el ejercicio del poder de la democracia se distinguió por el hiperliderazgo, la jerarquización del mando, el dirigismo y por la aversión a la transparencia y a la rendición de cuentas. Los partidos políticos, al crear aparatos para intermediar en la administración, reprodujeron el intrusismo del Movimiento Nacional franquista. En la percepción pública, los pagos a la partidocracia se convirtieron en cotos cerrados de cohecho".

Sobre la Constitución del 78, apunta que se vistió demasiado rápido el muñeco:

"La constitución del 78 obvió la inclusión de normas y de fluidos mecanismos corregidores para su continua puesta a punto y mejora. Se esculpió en piedra granítica".

Burns echa por tierra la existencia del bipartidismo:

"Lo que no hubo en los veinte primeros años de la Monarquía parlamentaria fue un sistema bipartidista. En su lugar hubo la vigencia de un poder único, la creación de una cultura política que empezaba y acababa con el control de un opaco aparato partidista, y la exaltación del hiperliderazgo".

El felipismo: yo y sólo yo

El diagnóstico del libro: "PSOE estableció la cerrazón y de la jerarquización del poderoso aparato del partido". Y añade:

El hiperliderazgo de Felipe González, dejó una profunda huella sobre el comportamiento del poder en el recién estrenado sistema del pluralismo político.

Como en otras épocas España también en este caso fue a contracorriente de Europa:

"Así como en la década de los noventa la patente en la Europa del Este para decir quién era demócrata y quién no correspondía al centro-derecha, en España la patente del nihil obstat democrático le pertenecía a la izquierda. Las democracias consolidadas no tienen este problema, y la cosecha de la reconciliadora fruta madura no puso fin a la conducta cainita de la política española".

Y llegó Aznar

No menos interesantes son los capítulos dedicados al centro-derecha español, ese "centro reformista que no cuajó". Para el autor, Adolfo Suárez y la Unión del Centro Democrático fueron un "espejismo", "la vida de UCD fue demasiado efímera para superar las dos Españas".

José María Aznar, líder liberal-conservador de un partido "democristiano" hizo posible que catorce años después el centro-derecha recuperara el poder que perdió en el 82,

"y, al conseguirlo, el Partido Popular se adaptó a los comportamientos y a las conductas que heredó. La euforia al repartir las mieles del triunfo esfumó cualquier comportamiento de regenerar y robustecer la sociedad civil. La alternancia del poder se había demorado en demasía".

Es decir, José María Aznar heredó "una manzana podrida" que tampoco quiso extirpar.

Aquí nadie tiene la culpa

Burns cree que si Felipe González no hubiera defendido su "dulce derrota" electoral, quizá lo de ser culpable en política sería un gesto honorable. La falta de autocrítica que sufrimos desde entonces hace muy difícil la renovación.

"Desde entonces, el sistema político español ha huido de cualquier saludable ejercicio de catarsis. Las elecciones las ganan todos, incluso los que las pierden. El partido estigmatiza a todo el que pretende provocar un debate interno, y excomulga al que osa lavar en público la ropa sucia de sus órganos directivos".

¿Seguimos sometidos a las últimas voluntades de un anciano dictador? Así lo cree este inglés y "es posible que para ver las cosas bien convenga ser algo forastero", concluye Burns.

Tom Burns Marañón nació en Londres en 1948. Fue alumno del profesor Raymond Carr en la Universidad de Oxford, donde estudió Historia Moderna. Ha trabajado para Reuters, Newsweek, The Washington Post y Financial Times. Fue nombrado caballero de la Orden del Imperio Británico por la reina Isabel II.

Tom Burns Marañón: De la fruta madura a la manzana podrida. El laberinto de la Transición española. Barcelona, ed. Galaxia Gutemberg, Colección: Ensayo. Octubre 2015, 336 págs, 22,5 euros. ISBN: 978-84-16252-97-8

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