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Maya Angelou y un clásico que no lo es tanto

Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado vuelve a las librerías españolas tras un largo olvido.

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Maya Angelou | Cordon Press

Seamos francos: una de las características de los clásicos es que nadie los ha leído. No hay que irse al lejano -y a la vez omnipresente- Quijote: ocurre con Cela, con Joyce, con Pardo Bazán. Un clásico por descubrir es como una promesa abierta, una recomendación permanente. Pero, ¿qué ocurre cuando uno se atreve con una de esas obras inmortales e intocables y descubre que la fama era infundada? Quizá la acogida fue en exceso amable en su momento o el tiempo ha sido demasiado cruel. Pero lo cierto es que Blasco Ibáñez era el hermano pequeño del realismo y a Benavente el Nobel le vino grande. Que Jane Austen y Henry James tienen obras farragosas, y que Hunter S. Thompson y Burroughs solo ofrecieron al mundo verborreas muy sujetas a su momento. Y este afán desacralizador nos lleva a Maya Angelou.

Descatalogado en nuestro país durante años y rescatado ahora por Libros del Asteroide, Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado (1969) es el primer volumen de una heptalogía autobiográfica que Angelou (EEUU, 1928-2014) estuvo escribiendo hasta el año anterior de su fallecimiento. Este libro comprende su infancia y adolescencia, con el conflicto racial siempre presente, a caballo entre la Arkansas rural y California, acompañada de su carismática abuela, dueña de un colmado, su adorado hermano, una madre poco ejemplar y un padre irresponsable y aventurero.

Toda autobiografía que se precie debería tener al menos uno de los dos siguientes elementos: estar escrita en un estilo apasionante o narrar sucesos memorables. Ninguno hallamos en este volumen: aquellos que conozcan la vitalista figura de Angelou, una mujer que tuvo que prostituirse para sobrevivir pero acabó siendo una popularísima cantante, bailarina, actriz y directora editorial, se sorprenderán por su prosa desapasionada y convencional. El leit motiv de su obra literaria -una vida difícil que cobra sentido gracias a la literatura y la música- apenas se atisba aquí. El lector no acierta a comprender la fascinación de Maya por su hermano Bailey, un niño de lo más corriente, ni vibra de indignación con el racismo que imperaba aquellos años. La traducción de Carlos Manzano tampoco ayuda en este cometido: a la anarquía en la puntuación ortográfica se unen frases poco afortunadas ("Y entonces él me ordenó que no me marchara, pero no te mates", "En aquel momento me sentí más unida a él que nunca antes o después").

Angelou, en definitiva, no es Toni Morrison ni Alice Walker. Pero hay dos episodios brillantes que amenizan la lectura de Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado: una escena trágica entre la Maya niña y su padrastro, cuyo impecable y epatante estilo desvelan a una prometedora narradora, y la epifanía que vivió la protagonista en su graduación al escuchar los poemas de los autores afroamericanos, cuya lucha, aunque fuera literaria, supuso avances en toda una comunidad ("Sobrevivimos en relación exacta con la dedicación de nuestros poetas"). Si no como documento literario, al menos resulta interesante desde el punto de vista sociológico, como retrato de un pueblo siempre maltratado. El lector que no se consuela es porque no quiere.

Maya Angelou. Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado. Madrid, Libros del Asteroide, 2016. 352 páginas, 21,95 euros. ISBN: 9788416213665

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